Mostrando entradas con la etiqueta viaje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta viaje. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de octubre de 2014

ARGONAUTA



Navegar é preciso
viver nâo é preciso
Caetano Veloso





Encuentro esto hoy, casi exactamente catorce años después, y dice así:

«Estimado Señor Rumbo,
Yo Julie de Lu Jefa de los puertos, le pido que por favor haga entrar al Puerto de Coco Solo al Sr. Maya León Miguel Ángel de Nacionalidad Español con Pasaporte #28641873-L para que busque un barco hacia Colombia.
Sin más que agregar se despide de Usted,
Atentamente
Julie de Lu
Jefa de Puertos
[Sello: República de Panamá. Depto. de Migración. Colón]»

Miguel Ángel Maya
9 de octubre de 2014
*     *     *

domingo, 4 de mayo de 2014

NI ES CIELO NI ES AZUL


...A veces me acuerdo de cosas que tenía ya muy lejos, inalcanzables...
...Me acuerdo de las catacumbas de Nápoles, de las batallas y escaramuzas durante la Liberación de Italia. Me acuerdo de cuando iba al circo a ver a mis primos. Me acuerdo del circo desde las caravanas. Recuerdo a las trapecistas. Recuerdo las lentejuelas. Recuerdo el olor de los animales y las jaulas...
...Recuerdo el archipiélago de San Blas, al sur de Panamá, la soledad y la quietud de la noche bocarriba sobre la cubierta de un barco. Recuerdo los primeros pasos de una historia que sucede en un circo en el archipiélago de San Blas...
...El sol me rocía la piel como material incandescente. El mar empieza a acunarme. El cielo está bello y azul, aunque Adriana Valera me diga eso de «porque ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo ni es azul, lástima grande que no sea verdad tanta belleza»...

Miguel Ángel Maya
4 de mayo de 2014

*     *     *

viernes, 25 de abril de 2014

PRIPYIAT



Abandonar.
(Del fr. abandonner, y este del germ.*banna 'orden').
1. tr. Dejar, desamparar a alguien o algo.
2. tr. Dejar una ocupación, un intento, un derecho, etc., emprendido ya. En juegos y deportes, u. m. c. intr. Al tercer asalto, abandonó.
3. tr. Dejar un lugar, apartarse de él.
4. tr. Cesar de frecuentar o habitar un lugar.
5. tr. Apoyar, reclinar con dejadez. U. m. c. prnl.
6. tr. Entregar, confiar algo a una persona o cosa. U. m. c. prnl.
7. prnl. Dejarse dominar por afectos, pasiones o vicios.
8. prnl. Descuidar los intereses o las obligaciones.
9. prnl. Descuidar el aseo y la compostura.
10. prnl. Caer de ánimo, rendirse en las adversidades y contratiempos.

...De entre todos los lugares míticos en los que nunca he estado guardo con especial celo en mi futuro el centro mismo del abandono...
...A veces busco este lugar entre mis propias tinieblas. A veces sueño que estamos ahí y nos veo como una metáfora desolada. El pasado está ahí para rescatarlo o para volverlo grotesco. A veces soy demasiado duro con mis propias heridas y huyo...
...A veces no puedo escapar de las cicatrices y me enredo en esa maleza o me ahogo en ese pozo. A veces intuyo esa autobiografía a la que no llegan ni siquiera las palabras y los recuerdos de los demás, porque no estaban allí, porque se fueron, porque desertaron, porque se olvidaron de mí...
...De entre todos los lugares mitológicos en los que me gustaría morir, no en paz sino en plena guerra, en pleno fuego cruzado, no estamos ya nosotros, no queda ni una sola lágrima en la cantimplora ni un átomo de oxígeno en las mascarillas. No sirven ya estas palabras para explicarnos el mundo...

Miguel Ángel Maya
25 de abril de 2014

*     *     *

domingo, 10 de marzo de 2013

PERCHÉ SEI ANDATO VIA PROPRIO IL GIORNO DEL TUO COMPLEANNO?


...Busqué un libro en la estantería...
...Muchas veces uno no sabe hasta qué punto unas cosas llevan a otras...
...La muerte de Pasolini me llevó a una tarde de verano en Piazza San Domenico y a su vez, cuando el recuerdo me lleva a Nápoles, tiendo a quedarme, tiendo al deseo de volver, a la necesidad de volver...
...No sé hasta qué punto regresar a Nápoles es un autoengaño: más que regresar a Nápoles quiero regresar a quien yo era en Nápoles hace diez años, a la Nápoles de hace diez años, a los miedos de hace diez años, a los amores imposibles de hace diez años...
...Siguen haciéndome pruebas médicas. Sigo escribiendo. Sigo acordándome de libros que sé que tenía y espero que mi cabeza haya seguido un orden lógico a la hora de la mudanza, y que siga siendo fácil encontrarlos como cuando eran los libros protagonistas de mis sucesivas casas. Ayer buscaba un libro que T. me regaló. Lo buscaba porque creía recordar vagamente que lo que me pasa a mí en la garganta y en el cuello le sucede a la protagonista del libro en el oído. Sus síntomas, no oír música, son una metáfora, como los míos: los síntomas podrían ser vistos como metáforas...
...Encontré el libro. Estaba junto a La pelle, de Curzio Malaparte, junto a La scoperta dell'inconscio, de Ellenberger, junto a Tango italiano, de Rino Genovese. Se titula Musica, y está escrito por Yokio Misima. Dentro, en la primera página, había un cuarto de folio que empezaba así: Perché sei andato via proprio il giorno del tuo compleanno? Después sigue la nota, firmada por T. el día 2-7-2003...
...Me acordé del principio del verano en Nápoles, de cuando regresaba a España para pasar esos dos meses, para volver en septiembre y empezar de nuevo. Me acuerdo perfectamente de ese verano de 2003, de lo que hice, de lo que me pasó, de que murió Bolaño, de que volví a sentarme a escribir. Me acuerdo perfectamente de quién me había enamorado, de por qué no se me iban de la cabeza los últimos dos meses de primavera napolitana...
...La protagonista del libro se llama Reiko, y se presenta en el estudio del doctor Shiomi Kazunori y le dice que no puede oír la música. El doctor Kazunori empieza a investigar ese síntoma, esa metáfora. No me leí el libro, a pesar de la insistencia de T., pero sabía que, ahora, inmerso en la muerte de Pasolini, tomándole el pulso a una nueva historia, y con mi agenda llena de visitas médicas y mi cabeza llena de hipocondrías, ese libro era necesario en este momento...
...Y los libros necesarios se vuelven imprescindibles si dentro de ellos uno encuentra una nota dirigida a quien era él hace diez años, una nota que empieza: Perché sei andato via proprio il giorno del tuo compleanno? Todavía hoy, casi diez años después, no sabría que responder a esa pregunta...

Miguel Ángel Maya
10 de marzo de 2013

*

jueves, 29 de marzo de 2012

SEGUNDA MANO




...En esta destilería de boca a boca, este alcoholismo latido de andar por casa, todo parece de segunda mano, como en esos anticuarios de San Telmo llenos de gramófonos y de polvo y de japoneses que hacen fotografías...




...Si un japonés fuera capaz de fotografiar vísceras e intenciones, o lo que el sinvergüenza Platón definió chapuceramente como alma, se encontraría con un suicidio de Grosz, con un maniquí harto de llorar, con casi todas las tijeras abiertas y casi todas las ventanas cerradas, las balas en la recámara, los sueños bien guardaditos, la cama bien helada, la manta cubriéndome hasta la frente, la fiebre en pleno desierto, la lengua en plena escala técnica, la yema de los dedos, los tímpanos anestesiados, los ojos cerrados, los ojos malditasea mojados como el origen del mundo...

...Me agarro a un billete de avión como si de un tesoro se tratara, me agarro a la ensangrentada camisa verde de Pasolini, me agarro al canibalismo, tiemblo de futuro y me relamo sólo de imaginar mis pies sobre el adoquinado de Nápoles y mi voz de segunda mano entrelazada al salitre. En fin, una cutre destilería anacrónica, como las destilerías de los lugares a los que no llegan los trenes y en los que sigue imperando la ley seca, los pobres malabares que uno tiene que hacer para fabricarse su amnesia, para que todo duela un poco menos, para preparar una huida que deje un número insignificante de víctimas y de ruido...

Miguel Ángel Maya
Madrid/Sevilla, 29 marzo, 2012
*

martes, 6 de marzo de 2012

MENOS TUS OJOS




...Me desperezo underground. El sueño me sorprende casi siempre en fuera de juego o hecho un faquir. La espuma de la cerveza es una felicidad ojerosa y enfermiza. Los últimos minutos de esta prórroga parecen llegar a su fin. Ya no lloro. Ya no bostezo. Las armas de doble filo están ordenaditas en sus estuches. Son estuches de colores. Cualquier insignificancia me rescata. Tus ojos eran para mí la guerra de los mundos. Tus ojos eran para mí...






...Y tendrá tus ojos, como la muerte de Pavese, mis ciclones, mis titubeos, mi tiritera, mi traquetreo, mis estuches de colores, la música de Bill Evans sonando en el coche cuando las calles están desiertas y se apodera de mí el terrible dilema de regresar o desaparecer...
...Con Bill Evans todo es más fácil...
...Todo menos tus ojos...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 6 marzo, 2012

P.D. La fotografía es de Luna Trujillo. El ojo que aparece en ella, también.
*

sábado, 14 de enero de 2012

JUGUETE RABIOSO




...La disyuntiva es esta: tener un nudo en la garganta o teorizar sobre literatura. Refugiarse en el Tratado de armonía de Schoenberg, del que extraje intelectuales conclusiones, o mirarme al espejo, con el corazón en un puño, o con la mano en el pecho, ya no sé ni lo que digo, e ir párrafo a párrafo aceptando imposturas y recreándome en lo que me he convertido: soy como esos personajes de cuento que se convierten en animales sin que nada en ellos cambie. Kafka, al menos, problematizó ese gran tema literario y vital: la metamorfosis...




...La resurrección puede esperar, el crimen, el frío...

...La escritura de mi nueva novela

ya está el bluff, dirá cualquiera, ya está la diva loca contando batallitas, sigue diciendo que escribe: es curioso cómo lo que no se ve muchas veces no existe: es curiosa también mi coartada o mi teoría literaria: el libro es una anécdota: siempre lo he pensado: la ficción, al menos la mía, es perpetua, continua: los personajes están ahí siempre, no sé cómo llamar a ese mundo en el que están, son pequeños Daseins, la escritura de un libro o de un relato en el que aparezcan, es siempre muy parecido al montaje de una película magmática: no sé cómo explicarlo mejor que con la imagen del montaje: es como tomar uno de los tantos momentos de sus biografías, y contarlo: las historias siguen, antes, durante y después del libro

de mi nueva novela está siendo curiosa: a la escritura como redacción se le están uniendo trabajos manuales: recortes de periódico, fotografías (¿qué está haciendo, por qué me fotografía sin permiso?: estoy escribiendo una novela, señora), papelitos originales con notas reales y escaneados...




...Escribir así me parece una especie de camino: supongo que el libro digital, cuando por fin abandonemos el debate que quieren los fabricantes de libros digitales (¿a quién quieres más, a papá o a mamá: libro digital o libro analógico: cueces o enriqueces, cuerpo o alma, boca o river, madrid o barça? josfieufhoiseufyvosieufyvg) y el hastío que provoca lo extremadamente simple, la idea de venta, las razones del comercial con sonrisa pulcra y dientes blancos, cuando por fin abandonemos la patraña y nos centremos en sus posibilidades artísticas, las del libro digital, supongo que la escritura podrá contener eso, y los que nos dedicamos en silencio a casi todo y somos músicos y guionistas y escritores y fotógrafos y la polla en verso, encontraremos posibilidades nunca antes vistas: ¿por qué no esos fotogramas que aparecen en la novela no se convierten en película?, ¿por qué no compongo además la música de la película, y dirijo a los actores, y además puedo ver la película en el libro digital mientras leo y...?





...Pero siempre que pienso en estas cosas pienso en el nudo en la garganta, y pienso en el blues, por ejemplo, o pienso en las ganas de llorar sin ningún tipo de formato, y pienso en escribir una novela de 380 páginas sólo para decir aquello de "tengo un verso atragantado, donde te mando a la mierda, después vuelvo a suplicar"...
...Al fin y al cabo, pienso, me digo, si el libro es anecdótico o circunstancial en la escritura, es anecdótico en cualquier formato...





...Mi problema con lo digital viene precisamente de ahí: al final el formato se termina convirtiendo en una especie de túnel o de embudo en el que hay que estructurar algo que sea mínimamente decente: hay que terminar montando algo que termine teniendo sentido de entre todo aquello que se quiere decir, y tal vez ése sea el problema: para hacer el montaje final de un continuum escrito se hace necesario apostar, y para apostar es imprescindible un criterio, un sentido, y es ahí donde la aventura puede terminar en naufragio, y jode que, después de todo, con un magma tan poderoso, todo se vaya al carajo por haber apostado mal...
...Me resulta curioso lo claras que tengo ciertas teorías en mi cabeza, y lo poco que puedo demostrar con mi obra: me es imposible avalar nada de lo que digo con hechos, y eso me frustra...




...Vicente Luis Mora hizo una crítica, que yo en su momento percibí como demoledora, de mi único aval con el que cuento como escritor hasta la fecha:

claro que me jode que los vaivenes editoriales me hayan impedido poder tener más avales, y es un cabreo casi decimonónico, casi pueril: la historia viene a ser así:

MIGUEL ÁNGEL MAYA:
[Voz de monólogo interior]

Joder, llevo entregadas a montones de editores varias novelas infinitamente "mejores" (por apuesta literaria, por discurso literario, por evolución de aquello de lo que partía en mi prescindible novela de debut) que la única novela que decidieron publicarme. Mi discurso sigue ahí, pero nadie lo ve, nadie sabe de él, nadie lo ha visto, por lo tanto, no existe: no existen ni las horas de escritura, ni el aprendizaje de la escritura dramática, ni las aplicaciones dramáticas o guionísticas en las horas de escritura, ni las fotos, ni la música, ni las partituras que llevo compuestas para la novela: nada existe, y bla bla bla bla bla... Patraña tras patraña soeruosieuvfyoweihv.

Miguel Ángel Maya no es más que el autor de una novela titulada "Últimas 2 horas y 58 minutos", según google, o el autor del blog "Migue y el fabuloso trompetista invisible": el overbooking de la escritura en espera de convertirse en hecho público y visible por cualquiera sigue ahí, lo sé yo, lo vivo yo, pero no está en google, no existe

hasta la fecha: "Últimas 2 horas y 58 minutos". De todo lo que dijo, lo que más me entristeció fue que no mencionara nada acerca de un pequeño detalle, insignificante, pero que abría una puerta precisamente a ese magma del que el libro físico era un remedo, o bien un fallido exponente: el narrador daba al lector la dirección de email del personaje latente (fallido, sí, pero latente) durante toda la novela. No sólo no mencionó nada de ese detalle, sino que nunca le escribió un email a ese personaje. Todo en esa novela es hoy prescindible (a pesar de que luego el propio Vicente Luis Mora la legitimara -quizás incluso demasiado- aquí, lo cual es de agradecer), absolutamente todo: hoy quizás no la habría publicado: sólo permanece, y continúa, años después, la historia de algunos de los personajes que aparecían en el libro. Nadie sabe que continúa (sólo quizás los que alguna vez escribieron a Laura, y siguieron manteniendo una correspondencia digital con ella). Todo en la novela es prescindible porque la novela es anecdótica en sí misma, es un pretexto para continuar de forma subterránea hasta la muerte en la ficción y fuera de los focos de los personajes: de eso se trataba esa novela: de mi primer intento de poner en pie, de llevar a la práctica, eso que tanto decía en las barras de los bares: el libro es anecdótico e incluso prescindible frente al magma que lo sustenta. Es el magma lo que da sentido al libro (como ese sonido "más bajo posible" de ficción -metafísico- del que manarían todos los sonidos del universo que se inventó Schoenberg para sustentar todo su entramado armónico y para contarnos la historia de los sonidos "vagantes" y darle la vuelta al modo de ver la armonía clásica). Lo único que hay que hacer con el libro, es canalizar las salidas del magma, darle forma a esa salida: estructurar lo visible, sean palabras o personajes de ficción al otro lado del email o del teléfono o...

...Me entristeció no ser capaz de trasladar esa idea simple a la anécdota del libro, y me entristeció que Vicente Luis Mora no supiera ver al menos el intento fallido de eso que ni menciona y que es lo esencial de mi escritura: una escritura tan invisible como el trompetista de este blog...

...Me entristeció en su momento, se entiende, ahora lo entiendo mejor, o más, y además, ya nada de eso importa. Bastante tengo ahora con mi vida (con lo mío, que diría una maruja) como para preocuparme de la repercusión de una ficción que, a día de hoy, yo considero fallida y que él supo ver así antes que yo...





...Pero el nudo en la garganta sigue ahí, y Laura sigue perdida en Buenos Aires, y un tipo con amnesia sigue rebotando en alguna parte del Buenos Aires de ficción, y ese mundo de ficción se parece demasiado a mi vida ahora: a menudo me pregunto, como hago con gente que quiero, qué habrá pasado con Laura...
...Es como si yo también hubiera perdido el contacto con ella: y pienso a menudo en ella: esta película le gustaría, o con quién estará ahora, o ¿se habrá ido de Buenos Aires?...
...Caminando por París en septiembre me pareció verla salir de una librería de partituras con un violín a la espalda, y la seguí: no sabía que Laura tocara el violín...





...El problema de todo esto es, me digo, ahora sí, mirándome al espejo, sin sombrero ni elegancia, dónde termina el juego, dónde termina la ficción, dónde termina el refugio y empieza la intemperie, cuando a mí lo que me pasa es que tengo ganas de llorar y no me satisfacen ni los libros, ni los píxeles, ni Wittgenstein, ni Walter Benjamin: yo entiendo a Benjamin desde el asedio y el vacío, yo lo entiendo como las bestias presienten los terremotos, y lo entendería si todos sus libros hubieran sido pasto o pacto de las llamas, yo lo entiendo desde el impulso que tuvo en Port Bou con una bala entrando en su cráneo y una maleta abandonada...





...Cómo conjugar el olor de la lluvia mojada, la necesidad perentoria de blues, el piano desnudo, las manos y los pies descalzos, las ganas de sentirme en tu cuerpo como en mi casa, la necesidad de abrigo para este frío inmenso que me paraliza y me mata, y me mata, y me mata, y la impostura de ponerme sombrero y elegante, dejar la pornografía a un lado, y hablar de literatura cuando a nadie le interesa ni esto ni la literatura, y menos, lo que yo podría decir acerca de la literatura con los pobres avales con los que cuento...





...No sé por qué he escrito todo esto: detrás palpitan dos documentos word, y yo los he minimizado y me he puesto a escribir esto, así, sin parar, escribir...
...Y tengo unas ganas inmensas de llorar. Y Laura es un personaje de ficción, pero necesito su piel y su voz y saber qué ha sido de ella. Y estoy solo. Y te necesito. Y suena Damien Rice. Y vendrán tiempos mejores o peores, pero escribir seguirá siendo el más insignificante de los verbos autobiográficos, y tocar el piano seguirá siendo el más autobiográfico de los verbos insignificantes. Nada tendrá sentido. Y yo seguiré sin existir a pesar de este nudo en la garganta...





Miguel Ángel Maya
Sevilla, 14 enero, 2012


P.D. Las fotos están tomadas de aquí
P.D. II: che senso ha scrivere?
*

miércoles, 28 de diciembre de 2011



Vigilas desde este cuarto
donde la sombra temible es la tuya

No hay silencio aquí
sino frases que evitas oír.

Signos en los muros
narran la bella lejanía.

(Haz que no muera
sin volver a verte)

Alejandra Pizarnik




...Y poco más: conduzco desde Madrid con los labios cortados. Conducir por una carretera solitaria es como hacer largos en una piscina solitaria: la cabeza está en otra parte, sólo con el cuerpo basta para apuntalar lo que hace falta, lo que se necesita para llegar a destino sin más pretensiones. Desde el retrovisor veo (otra vez) las ochenta y ocho teclas blancas y negras que llevan diez años dancing me to the end of love, que viajan en la parte de atrás, y se relamen y tiemblan de futuro, como si no conocieran mis dedos, todavía, como si todo esto fuera un encuentro inesperado entre un pintoresco autoestopista y un acompañante de películas mudas, que es, en definitiva, lo que soy...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 28 diciembre, 2011
*

miércoles, 21 de septiembre de 2011

LES OISEAUX VONT MOURIR AU PÉROU




Il sortit sur la terrasse et reprit posession de sa solitude: le dunes, l’Océan, des milliers d’oiseaux morts dans la sable, un canot, la rouille d’un filet, avec parfois quelques signes nouveaux: la carcasse d’une baleine échouée, des traces de pas, un chapelet de barques de pêche au lointain, là, où les îles de guano luttaient de blancheur avec le ciel. Le café se dressait à cent mètres de là: on ne l’entendait pas.

Romain Gary, Les oiseaux vont mourir au Pérou






…Vengo a la Gare de Lyon sólo para ver el lugar desde el que se marchan Rick y Sam hacia Marsella, la noche antes de que los alemanes vestían de gris y tú vestías de azul entraran en París. El tren, la lluvia, la carta de Ilsa, la tinta negra mojada por la lluvia, rímel segregado por palabras tristes. I cannot go with you or ever see you again. El tropel de porqués, el asedio, el tren, la huida…

…En uno de los andenes de la Gare de Lyon hay una familia árabe. Un hombre va vestido con una camisa blanca y pantalón negro, es moreno. Tiene un pelo muy negro engominado y un reloj de bolsillo cuya cadena se balancea. A su lado hay una maleta trolley. Enfrente hay una niña que juguetea con un papel de periódico (lo pisa y lo despisa); un hombre con bigote, viejo, camisa de cuadros, que dice cosas y se acompaña de sus manos tajantes; una mujer mayor y gorda con la voz aguda interviene de vez en cuando en la conversación del hombre tajante. Lleva un vestido azulado estampado largo, un mantón blanco que de vez en cuando se pasa por los ojos y que le cubre la cabeza. Pasa un rato hasta que comprendo que tiene la voz aguda porque llora. Llora cada vez que el hombre de camisa blanca se marcha. Mira al cielo. Llora. Hay un momento en que se queda completamente sola en el andén. En la soledad llora y se derrumba. A su lado yacen unos pájaros que han salido de su pecho árabe. Algunos aletean todavía. Agonizan. La mayoría van muriendo hasta que el chico de la camisa blanca vuelve con una botella de agua o con un periódico deportivo bajo el brazo…
…En París he visto mucha gente llorando: llorando por la calle, llorando en un bar, frente a una cerveza, llorando en el metro o en el autobús. Personas acompañadas o personas solas. Si pienso en París imagino a alguien llorando y el agua corriendo a orillas de las aceras y el cielo gris a punto de llover…
…Yo también lloro en París. Rick no lloró en aquel tren. José Hierro no lloraba en sus poemas. Yo sí lloro, como Oliverio Girondo, como Alejandra Pizarnik, como Olivier Messiaen, como Arvo Pärt...
…Soy una montaña rusa, olisqueo el Sena, como un perro, quizás por eso lloro, y me froto sinuoso por sus puentes, como un gato o un clochard. Los clochards tampoco lloran, ni siquiera los clochards de Cortázar: arrastran maletas y piden monedas con voz de mastines cansados a las puertas de las boulangeries…




…Anoche esperé a V. en la parada del metro Anvers. Por la tarde había leído esa misma palabra en un libro de Roberto Bolaño, en la sección de libros españoles e hispanoamericanos de una librería de Montmartre. Amberes. Anvers. Roman. Roberto Bolaño, un des plus importants écrivains en langue spagnole des dernières annés. Né et mort. Pas mort. Vivant. Il aurait 58 ans aujourd’hui. Llovía en Amberes. V. había quedado con E. y yo las esperaba. No conocía a E. En Amberes había un bar, cruzando la calle. Me resguardé en el bar en cuya vidriera se esmerilaba la salida art-déco del metro y en cuyo interior había cuerpos calientes y conversaciones y tintineos cálidos…





…V. sale de la boca del metro. Me llama. Apuro mi cerveza y salgo. Corro junto a V. bajo la lluvia y llegamos al bar donde está E. E. y yo nos reímos al vernos. El azar nos hace reírnos mucho bajo la lluvia. Mai mi sarei immaginata che saresti tu. Nemmeno io. Hay un abrazo. No sé cómo poner las manos, dónde ponerlas. Lluvia y Francia. E. y yo estudiamos juntos en Nápoles: la clase de semiótica del profesor Martone. Después de Nápoles se fue a París, y vivió en Asia, y ahora hace un doctorado sobre los pueblos nómadas del Tibet, y lee Les oiseaux vont mourir au Pérou, de Romain Gary. Gary fue marido y tormenta de Jean Seberg. Jean Seberg en blanco y negro me enseñó París, con su pelo corto a lo garçon. Comimos un kebab. No Jean Seberg, sino nosotros tres. E. no sabe que una vez escribí en mi diario Elisa, vida mía, por ella. Era literatura, era mentira, sí, pero lo escribí por ella. Me la imagino con los nómadas del Tibet. Busco Le cinéma de l’occupation et de la resistánce, de André Bazin. Pregunto por él en una librería de Montparnasse. La librera se empeña en que quiero Qu'est-ce que le cinéma? Su voz se vuelve irritante y presuntuosa. Odio discutir con libreros cuando sé el libro que busco. Encuentro el libro de Gary por casualidad. La librera se convierte en un papagayo que habla, estira el cuello, mira por encima de sus gafas, bajo la que sobresalen unas ojeras estúpidas. Da igual, Madame Trépat, le digo al gallináceo. Hago un gesto como de mago, como si con él pudiera hacer desaparecer a todos los libreros del mundo que se empeñan en corregirme cuando sé lo que busco. Yo también soy un estúpido. Desaparece aleteando Madame Trépat, salope de merde. Los pájaros son ahora míos, y van a morir a Perú. No los pago. Los pájaros de Gary no tienen alarma, no suenan al pasar por la puerta. Nadie sospecha cuando me alejo. Con lo que no me han costado puedo comerme dos crêpes. Justo el día del cumpleaños de Leonard Cohen. Llevo los pájaros en el pecho, como Luna Miguel, y palpitan y agonizan cuando van a morir a Perú...
…Qué montaña rusa ésta…

Miguel Ángel Maya
París, 21 de septiembre 2011

P.D. La foto de la montaña rusa es de Ángela Pablo.
*

domingo, 18 de septiembre de 2011

DANS LA LUNE




Esa luna color de viejo saxofón
me retendrá en París.
Esa luna color de vieja mariposa,
de alma vieja buscando sobre el viento
ojos para mirar el fin de siglo,
gatos que son las dudas de la noche.

Luis García Montero, Diario cómplice






...Por la ventana se filtra una luz de domingo que parece sol. Espero el café. Leo. En un rato habré salido al frío. Tenía que haber ido a una lección de danza con la bailarina rota, pero las calles de París llevan unas a otras como naipes o vicios. De buenas a primera una chica pelirroja recorre el cementerio de Père Lachaise llevando consigo una maleta morada, o uno se encuentra una librería abandonada y lee desde la puerta los títulos amontonados y polvorientos en los tomos, o un enano gangoso y estrábico le pide a uno un euro o dos "para una cuestión importante que no le puedo decir, monsieur". Yo me perdí buscando a Georges Méliès, para agradecerle haberme llevado a la luna cuando sólo a él o a Cyrano se le ocurrían esas cosas. Después estuve un poco en Buenos Aires, junto a la bailarina rota y un vino. Después llovió, y corrí bajo la lluvia junto a V. y menos mal que en casa había vino y todos los fuegos el fuego y los calcetines. Me da cierto pudor contar que mis pasos me llevaron al París que hay en las páginas de mi novela, a los tejados, a una cerveza en un banco mientras la tinta roja corregía ficción de acuerdo a la realidad y mientras mis pupilas corregían la realidad de acuerdo a la ficción. Nunca llegaré a nada, calamidad: recorrocamino París, como quien se sienta solo en un cine en versión original y se deja empapar o engatusar como los gatos perezosos frente a las chimeneas. Bebo el primer café. La vida acontece, me pierdo, como cuando busco a Méliès y su luna y encuentro un poema de amor terrible en una tumba y de pronto asisto a un derrumbe...

Miguel Ángel Maya
París, 18 septiembre 2011

P.D. La foto es de Míriam Peña.
*

miércoles, 14 de septiembre de 2011

JE ME SUIS FAIT TOUT PETIT



...Ayer me quedé solo en casa. V. se levantó, trasteó en la cocina, puso a hacer un café, se duchó, salió el café e inhundó toda la casa. V. se fue y me dejó la cafetera recién hecha. Es lo raro de los ritmos. Yo vengo a París como flâneur. Ella vive aquí...
...Camino, quizás hoy vaya a visitar a Julio Cortázar y a César Vallejo a Montparnasse. Son casi vecinos. Suelo verlos a los dos, llevarles un regalo a los dos...
...Ayer caminaba sin referencias: husmeaba partituras en las tiendas de música de Saint Lazare, siguiendo a una violinista preciosa que no sabe que existo; me comía una focaccia en Square Berlioz; veía gente leyendo en los parques o dos maletas abandonadas; me sentaba en los puentes a respirar el rumor del Sena cara al sol; preguntaba en la FNAC por mis dos libros Moby Dick que no encuentro en ninguna parte. De París el recuerdo me llega estando aquí: las chicas sentadas en los cafés o en bicicletas, las fisonomías de las caras, las ropas, los cafés mirando a la calle, como en los países árabes. Me guardo en los bolsillos mis llaves prestadas, salgo de mi casa prestada, camino por calles desconocidas que sin embargo recuerdo. No supe en ningún momento hacia dónde iba. París me cobijaba, abro los ojos, una extraña melancolía me invade, silbo, canturreo...
...Sí, definitivamente creo que hoy iré a hacerles una visita a Julio Cortázar y a César Vallejo, quién sabe qué me encontraré de camino...

Miguel Ángel Maya
París, 14 septiembre 2011
*

domingo, 11 de septiembre de 2011

PARIGI



Lo so, lo so che questo non è cipria, è sorriso…
e sì, che non è luce, è solo un attimo di gloria
e riguarda me, che sono qui davanti a te sotto la pioggia
mentre tutto intorno è solamente pioggia e Francia…

Paolo Conte


...Soñé que estaba en una fiesta en medio de ninguna parte: que había una portuguesa con el pelo rizado que robaba cigarrillos en las mesas y se movía entrecerrando los ojos, borracha, y sonreía como Gilda, y cantaba Put the blame on mame, y una chica tailandesa bailaba descalza ajena a una manada de hombres babeando, y otra con un vestido azul cantaba funky y entraba a trompicones en los sueños de todos los que nos relamíamos. Soñé que me perdía en un campo de olivos, con luna llena, que caminaba por veredas, como Oliverio en El lado oscuro del corazón la noche que habla con una vaca, y soñé que L. me buscaba, y se levantaba el vestido al bailar y me guiñaba los ojos, y se quitaba las horquillas...





...Cuando despierto París sigue ahí. En realidad no estoy en París sino en Parigi. Ahora que lo pienso, París ha sido en mi vida más Parigi que París o que Paris (léase "Paguí"). Léolo veía a Bianca cantando mientras tendía la ropa. Yo desde la ventana veo hombres magrittianos con gabardina y sombrero, y gatos, y veo un Tiburón de película de Truffaut. Me acuerdo de mí tumbado en un colchón viendo París en películas en blanco y negro, mientras por la ventana se colaban los sonidos contrapuntísticos de Nápoles. Son curiosas estas formas cálidas de éxtasis (llamémosle éxtasis). Uno está leyendo un libro en un café, y está en esa cartografía, y levanta la vista un momento, y descubre que el café se está quedando frío, que en la mesa de al lado una mujer se quita una gorra roja, o que afuera una chica anuda su bicicleta a una farola. Descubre la realidad. Luego vuelve al libro y lee Quale enorme differenza: non si può dire "andavo in una città lontana" oppure "era un premuroso signore che mi teneva compagnia", oppure "non credo fosse amore, piuttosto una specie di tenerezza". Non si possono dire cose così, amore mio, o almeno non potevi dirle a me, perché quella era una tua illusione, la tua povera patetica illusione: quella città aveva un nome preciso e non era poi così lontana, e lui sono un uomo di una certa età con cui andavi a letto. Era un tuo amante che credevi fatto d'aria, ma che era di carne. Vuelvo a leer la última frase y necesito levantar los ojos del libro, y ver la bicicleta anudada a la farola, y la chica pidieno un café, y me dan ganas de llorar, y tal vez lo hago, y me repito: "creías que estaba hecho de aire pero era de carne", y remuevo el café cada vez más frío, cada vez más tarde. Si sta facendo sempre più tardi...




...La primera vez que leí ¿Qué venía yo a hacer al Pont des Arts? Me parece que ese jueves de diciembre tenía pensado cruzar a la orilla derecha y beber vino en el cafecito de la rue des Lombards donde madame Léonie me mira la palma de la mano y me anuncia viajes y sorpresas. Nunca te llevé a que madame Léonie te mirara la palma de la mano, a lo mejor tuve miedo de que leyera en tu mano alguna verdad sobre mí, porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizás que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro levanté la vista, me incorporé y se meció la hamaca sin querer. Atardecía en el río Amazonas, una enorme mariposa marrón golpeaba contra las bombillas del barco que seguía el curso del río, en la orilla de enfrente la silueta verdosa oscura de la selva contrastaba con el cielo anaranjado. El motor del barco no permitía escuchar la selva. Me asomaba a la barandilla del barco y veía abajo el Amazonas color café con crema. Después volvía a abrir el libro y volvía a París y me preguntaba si ese rodeo tenía un sentido, ya que para llegar a la rue des Lombards me hubiera convenido más cruzar el Pont Saint Michel y el Pont au Change. Pero si hubieras estado ahí esa noche, como tantas otras vecse, yo habría sabido que el rodeo tenía un sentido, y ahora en cambio envilecía mi fracaso llamándolo rodeo. Era cuestión, después de subirme el cuello de la canadiense, de seguir por los muelles hasta entrar en esa zona de grandes tiendas que se acabana en el Chatelet, pasar bajo la sombra violeta de la Tour Saint Jacques y subir por mi calle pensando en que no te había encontrado y en madame Léonie. Y la hamaca se mecía, y la selva se volvía cada vez más oscura, y yo en París siguiendo el curso del río Amazonas cada vez más turbio, nocturno, alevoso, con esa mariposa gigante golpeando las bombillas y una niña dicieno "Olha isso"...




...Apenas abrí el libro me acordé de ti. Recuerdo una tarde, en Nápoles, una de esas tardes primaverales de sol radiante y olor a salitre y granita di limone. Yo volvía del lungomare. En la mochila llevaba los libros con los que estaba preparando la tesi di laurea. Ahora escribo desde un café junto a la tienda de cómics que podría regentar uno de los personajes de Cabaret en las tripas del difunto, en Belleville. Escribo mis crónicas de Indias mientras espero y pienso cosas. Creo que el que canta es Boris Vian. Huele a polvo. Recuerdo que por aquel entonces miraba al horizonte y sentía que bastaba desearlo para convertirme en Marco Polo. Soñaba con Le città invisibili, de Cesare Pavese. El Mediterráneo me daba una alegría como de canción de Beirut o de Noir désir. Nunca me mentí más que entonces en cuanto al latido. Qué te voy a contar. El caso es que hace unas horas abrí la página 120 de un libro de Daniel Pennac que encontré por casualidad en una librería de Belleville, y leí esto:
- Quel photographe?
- Une femme. Celle qui as pris cete photo.
J'exhibe la photo que Clara a prise de nous deux le soir de mes prouesses. On y lit clairement sur le visage de Julia la fureur stupéfaite provoquée par la question de Thérèse quant au calibre de ses seins.
..."calibre de ses seins" está subrayado con un lápiz celeste. Lo subrayado se convierte en un dibujo al margen: un ojo del que sale una lágrima que termina en la parte inferior, rodeando el número de la página. Decía que me he acordado de esa tarde en que yo regresaba del lungomare, y en la Feltrinelli de Piazza dei Martiri anunciaban la presentación de un libro de Pennac, con la presencia del autor, dentro de no más de tres cuartos de hora. Recuerdo que corrí para buscarte y decírtelo. No recuerdo por qué no te encontré, sólo me acuerdo de mí corriendo Via Chiaia arriba, Piazza Trieste e Trento, Via Toledo, Spaccanapoli, Piazza del Gessù, Piazza San Domenico, Via Tribunali, Via Duomo, sonriendo y jadeando y pensando "verás cuando se entere que está aquí Pennac". Pennac venía de Parigi, no de Paris (léase "Paguí"). Levanto la vista, una pareja pasea abrazada junto a la vidriera. Miro el reloj del café. Me duele la cabeza. Le doy a "Publicar entrada". Guardo los libros, recojo las migajas de recuerdo, pero Paolo Conte no me deja ni siquiera tirar al cenicero ni una sola de esas miguitas de pan de Pulgarcito que... En fin...

Miguel Ángel Maya
Parigi, 11 septiembre, 2011
*
*

viernes, 9 de septiembre de 2011

VIEUX AMANTS Y OTRAS HISTORIAS



Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

César Vallejo




…Como Vallejo, también yo tengo París en el recuerdo…
…En cierto modo he venido a París a morirme, a quedar al menos varado, a sacudirme, a dispararte, a disparatarte. El sol de sur era demasiado para mi piel. Guiñaba demasiado los ojos. La voz de Melody Gardot, en París, es líquida. En el sur era triste. Basta cambiar la escenografía, los adoquines de las calles, los lavabos, las señales, las sábanas; basta cambiar de lengua, de olores, basta caminar por otro escenario, en otro fin de fiesta, para sentir mudar la piel, para desperezarse por fin, para mirar la Tierra desde la luna, y darse cuenta de que es preciosa y azul, pero tampoco es para tanto…





…Viajo a tu lado en el avión. Lo desconozco todo de ti, salvo que ahora, en estas dos horas y pico habremos tenido en los pulmones aire común. Ambos habremos respirado aire que previamente ha estado en los pulmones del otro. Hueles a un perfume suave, que no termino de reconocer, y un poco a sudor. La ciudad maqueta tras la ventanilla. El paisaje Gustave Klimt desde lo alto. Un manuscrito con correcciones en rojo en mi regazo, bocabajo, contraportada negra. Tu rodilla jeans a mi izquierda, tu calzado deportivo dando vaivenes. Live vest under your seat. Eres ajena por completo al hecho de que escuchar en el ipod la banda sonora de Verano del 42 mientras lees un libro hará que, unas horas después de aterrizar, esté escribiendo sobre ti en el blog, mientras miro el marco rojo de la ventana y las ventanas parisinas y grises de enfrente, y huelo los recovecos de otra casa y tomo un té. Te miro de reojo, te estudio. Me acuerdo de Tatami, de Alberto Olmos, repaso mentalmente las últimas escenas del guión (falta tanto todavía...). Mi protagonista (no la de la novela, sino la mía, la de la película) podría parecerse a ti. Escribo detalles en un folio. Apuesto a que en ningún momento se te ocurre pensar que estoy escribiendo sobre ti. “Se aparta de la frente un mechón de pelo, rizado, pelirrojo, y se lo sujeta detrás de la oreja” escribo mientras te apartas de la frente un mechón de pelo y te lo pasas por detrás de la oreja. No es muy rizado. Ondulado tal vez. Castaño oscuro. Te esbozo, te aventuro una voz. El canturreo de la melodía de Michel Legrand no me deja adivinarla. Una cosa es eso, otra cosa es encontrar el tema de conversación que me haga descubrirte. Tienes la mesita abierta y en ella hay un estuche. Bocabajo, como mi manuscrito en mi regazo. Yo tengo la mesita cerrada. Lees algo, sonríes. Abres la cremallera del estuche. Sacas un lápiz. Dentro hay un sacapuntas y un paquetito de pañuelos de papel. Dejas el estuche bocarriba. En el estuche hay un dibujo gastado de Inodoro Pereyra junto a Mendieta, ambos vestidos con los colores de Rosario Central. Me acuerdo de diálogos de Inodoro Pereyra: “Ché, ¿cómo le va?” “Y… Mal pero acostumbrado”. Sonrío.





…Subrayas esto del libro, página 120: “J’étais une vraie cinglée du cinéma argentin…
Por fin te detuviste en las fotos de Los muchachos de antes no usaban gomina, que te apasionaba. Compraste el boleto en la taquilla y entraste a ese cine pequeño, estrecho, con butacas de madera altas e incómodas, donde el ruido de los ventiladores era más fuerte que el de la banda sonora y encontraste un lugar en las primeras filas. Ya había empezado la película” y después de la película sigue la frase, pero tú no la subrayas. Casi al final de la página subrayas, también con la frase ya empezada: “los galanes envejecidos. Veinticinco abriles que no volverán. Pensaste que el tango era una de las pocas formas contemporáneas de la tragedia y te levantaste.” Sonríes. Dejas el libro, bocabajo, sobre la mesita, que cierras un poco, el estuche y el libro se deslizan. Te quitas los auriculares, te levantas, el ipod queda colgando. Lo dejas en el asiento. Te desencajas. Te ubicas, vas hacia la parte delantera del avión. Huelo el aire que has removido. Alargo el cuello para tratar de averiguar el título del libro, pero la mesita está medio cerrada. Sólo consigo leerlo en el momento del aterrizaje. Me sorprende. “Es rosarina”, es lo último que pienso cuando la veo abrazarse a un chico y la oigo hablar francés con esa musicalidad que...
…Y salgo y respiro París, pero esa es otra historia (todavía)…
…Se va a enfriar el té. Melody Gardot empieza otra canción. A veces te busco…

Miguel Ángel Maya
París, 9 septiembre, 2011
*

domingo, 4 de septiembre de 2011

*



...Los ojos y el calendario están rojos. Ningún corazón más rojo que tú, y me quedé a verlo, totalmente solo, ardiendo, volando. En el calendario está París, y París son muchas músicas y muchas páginas y muchas botas rotas...

...Fumo, y mi voz se resiente. Yo no fumo, pero ahora fumo, toco el piano y recuerdo. Rumio. Compuse Black coffee & diamond dress después de ver Los fabulosos Baker Boys con catorce años. Sigue siendo lo mejor que he compuesto. Lo compuse una mañana de domingo. Creo que cuando vi Los fabulosos Baker Boys entendí un poco lo que yo sentía por casi todo. Abría los conciertos con esa pieza mientras la gente se iba acomodando. La música se entrelazaba con las conversaciones y el tintineo de copas. Era una pieza ambiental a la que nadie hacía caso. Ahora la toco, sin darme cuenta. Miro a la pared, la toco y pienso cosas, vuelo un poco, rumio. Pienso que recordar es como rumiar. Uno se sienta al piano y rumia. En la novela que escribo ahora hay una mujer que se sienta al piano y recuerda: recuerda por el movimiento de sus manos sobre las teclas en el comienzo de La Catedral sumergida. El tacto y la música llegan casi siempre más lejos que el recuerdo, los olores, el recuerdo fabulado, lógico, oral, narrativo, tiene sus asideros y sus trampas para mantenernos a salvo: la música, no. Una música a destiempo nos destroza si el recuerdo nos duele, no siempre lo hace un relato de ese mismo infierno...

...Me siento al piano y pienso en las historias que tengo pendientes, por huir despavorido de las mías, hablo con departamentos de prensa del Betis, con la productora del documental Más allá de la alambrada, para conseguir dar con Sigfreid Meir. Busco las librerías de París donde supuestamente tienen Fils du Brouillard. Pienso en cómo será escribir tus propios recuerdos a cuatro manos, y escribirlos a cuatro manos con Georges Moustaky. En el coche suena a menudo la voz de Moustaky. Me lo imagino escribiendo a cuatro manos y bebiendo whisky junto a Meir. Recuerdo la primera vez que toqué el piano a cuatro manos: era como lanzarse al vacío y depender de la confianza en alguien. Recuerdo el escenario, el Steinway & Sons, M. a mi izquierda, el olor de M. a la izquierda, la presencia corporal de M. a la izquierda. Así, sentada al piano, podría incluso haberme enamorado de M...






...Nunca me enamoré de M. porque también ella se volvía vulgar al bajarse del escenario, porque confiábamos el uno en el otro sólo a cuatro manos, alrededor del cordón umbilical del Steinway & Sons, pero éramos vulgares cuando nos decíamos adiós, cuando arrastrábamos la banqueta, cuando su espalda no se contoneaba, cuando su mano izquierda no pulsaba los bajos y su mano izquierda tenía anillos y no sabía qué hacer con ella en el espacio normal. Éramos tristes cuando llovía y salíamos del conservatorio y era invierno. Miraba la ciudad a través de la ventana del autobús. Ahora siento que aquella soledad de entonces se parece mucho a esto de ahora. Podría verbalizarlo, fabularlo, siempre habrá una narración que se acomode a la memoria: ambas se domestican mutuamente. No sé por qué te estoy diciendo ahora esto. No sé por qué esta rabia ahora, por qué esta raspa de animal mitológico en los residuos orgánicos, no sé por qué el piano, por qué el espejo, por qué la noche, precisamente ahora que París me espera y estoy completamente desarmado...


Miguel Ángel Maya
Sevilla, 4 septiembre, 2011

P.D. Hablando de...
*

domingo, 28 de agosto de 2011




...Acaricio el arsenal, cálido, como tu alma, como una errata...
...Es absurdo hablar a estas alturas del asfalto: buena parte de los rock and rolls y de los blues giran a su alrededor en reverencias sonoras. Es absurdo hablar de la puesta de sol, de la música, del sonido del motor, de la soledad, del olor, del alcohol, de las tres heridas, de cómo engañar al dolor, de cómo emborracharse, de cómo cantar haciéndole la segunda voz a Pappo, mientras uno se jura no regresar jamás...



...Hubo otro huracán que se llamó Irene. Pasó en octubre de 1999 por La Habana. Yo estaba allí. Tapamos las ventanas con sacos de arroz. Todo quedó cerrado. El único vínculo con el exterior era una radio con pilas en la que no había ni radionovelas ni música, sino información sobre los movimientos del huracan. El arroz era vietnamita. La luz se fue. Las velas danzaban en toda la casa. Era imposible leer. El tiempo y el viento se sucedían a ráfagas feroces. Bebía ron y esperábamos. Me acordaba de Cayo Largo: Bogart y Bacall encerrados con aquellos tipos, esperando que todo pasara. Sabiendo que algo se iba larvando..



...Nueve meses después del paso del huracán Irene fui haciendo auto-stop de La Habana a Santiago. Me acordaba de ello cuando volvía de Córdoba, y el horizonte de la carretera era un inesperado telón de fondo. Todavía te olía en mi cuerpo. Te olía y veía el horizonte y sonaba un blues de Pappo. Puede ser que no te olvide nunca. Hacías auto-stop y yo quise ser ese tipo que te recogía y te llevaba al lugar que habías escrito en el cartel. No diré nada más de ti. Nunca soñarás conmigo. Como en los trenes nocturnos, como los besos en los trenes nocturnos. Te camuflo por pudor, porque casi no entiendo nada, porque nos reímos en el coche...
...Y porque la felicidad es un acogedor revólver...



Miguel Ángel Maya
Sevilla, 28 agosto, 2011

P.D. Las fotos están tomadas de aquí.
*