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martes, 6 de enero de 2015

VENIR A CUENTO



...Empieza el año...
...Muere Pino Daniele de infarto. No sé cómo explicar que es como si se muriera un poco Nápoles dentro de mí...
...Imagino una ciudad que se nos muere en los brazos. Como esas ciudades bombardeadas que mueren. Nápoles fue bombardeada. Fue liberada. No sé cómo explicar las conexiones que me llevan a pensar en el corazón de Pino Daniele deteniéndose y cómo con ese final sentir que también se muere un poco Nápoles...
...El mundo se muere un poco cuando ciertas personas dejan de mirarlo y de estar en él. Pino Daniele dice Napul'è mille culure, Napul'è mille paure, Napul'è a voce de' creature che saglie chianu chianu e tu sai ca nun si sule. Napul'è nu sole amaro, Napul'è addore e mare, Napul'è na carta sporca e nisciuno se ne importa e ognuno aspetta a 'ciorta. Napul'è na' camminata inte e viche miezo all'ato, Napul'è tutto nu' suonno e a sape tuto 'o munno. Y Nápoles se convierte un poco en eso que Pino Daniele ve. Por eso se muere cuando Pino Daniele deja de mirarla...
...Empieza el año. Y Nápoles de pronto viene a cuento, como un fantasma, una noche, con el tropiezo de un corazón...
...Miro el horizonte mediterráneo en esta luminosa primavera invernal y azul. Miro el mismo horizonte mediterráneo que cuando vivía en Nápoles. Tan diferente, tan antiguo, tan feroz...
...Camino il lungomare y dejo caer, en mi tímido y vergonzoso napolitano, mi pequeño homenaje íntimo y secreto: Napul'è mille culure. Napul'è mille paure. Napul'è nu sole amaro. Y sonrío y se me saltan las lágrimas por sentirme pertenecer a ella, por ser un napòlide más repartido por el mundo. Bastaría, le digo al horizonte, que ella me oyera pronunciar la "s" de "sporca", con ese amor salvaje que no sirve para nada, quizás solo para el dolor...
...Quizás solo para venirnos a cuento...

Miguel Ángel Maya
6 de enero de 2015

P.D. La foto está sacada de la maravillosa Malanapoli. En concreto de aquí.

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viernes, 16 de mayo de 2014

AMICO MIO






Per tutte le canzoni che avevamo ancora qui dentro, 
per tutte quelle che abbiamo vissuto, 
per la crepa del mio pianoforte 
e della nostra gola e dei nostri cuori, 
grazie, Claudio, amico.

Venètte da tanto luntano
nu furastiero,
nu furastiero...
Restaje 'ncantato do mare,
do sole e 'a luna,
nu furastiero...



Sergio Bruni, Na bruna



…Ayer por la tarde limpiaba las teclas del piano con un pañuelo húmedo, tecla a tecla. Y pasé mi mano por la cicatriz que dejaste en él cuando, bailando, en el pequeño escenario del Oh-la-lá, lo tiraste al suelo. Anoche me acordé de ti y sonreía con un nudo de emoción en la garganta. Es extraño el instinto. Es extraño recordarte al ver la huella que tu baile le dejó a mi piano y sentir un nudo de emoción en la garganta. Ayer te fuiste para siempre en Condofuri. Yo acariciaba la huella que tu baile dejó para siempre en este viejo piano y tú te ibas de aquí…

…La última vez que nos vimos fue en Nápoles, a principios del verano del 2009. Yo caminaba por Via Toledo, entré en la Galería y vi tu caballete. Me dio un vuelco en el estómago. Después hubo una época, no hace tanto, en que nos escribíamos mandándonos canciones por Facebook. Este verano estaba en Otranto, me dijeron que estabas en Condofuri. Se me pasó por la cabeza ir a verte de camino a Siena, pero no lo hice. Fui feliz en Condofuri. Fui feliz en aquella casa maravillosa con aquella gata recién parida, el fresco nocturno de la noche, los olores del campo, Cesárea Evora. Siempre tuve el presentimiento de que te irías para siempre en Condofuri…

…Desde la cicatriz de mi piano, el piano con el que tocaba en Via Roma, el piano con el que tocaba en el Oh-la-lá, donde después bailábamos, donde después bailabas, se me agolpan los recuerdos: se me agolpa la calidez y tu ternura, el pelo enmarañado cada vez más gris, tus pocas palabras, tu olor a tabaco y a sudor, tu whisky, tu forma de dibujar, tu extraña forma de bailar a medio camino entre un sirtaki ebrio. Cierro los ojos y te veo en Galleria Umberto I, veo tu caballete abandonado, colocado allí, y me recuerdo esperándote. Te veo dibujando, la cabeza enmarañada, la calma en tus gestos, el retratado sentado frente a ti, tú rodeado de gente. Te llamaban maestro, en Nápoles, donde respetan a los artistas porque saben que Nápoles se hizo de artistas antiguos. Nápoles está hecha también de los caparazones de los artistas callejeros antiguos, porque Nápoles es sus calles y porque sus calles están construidas por los rastros y muescas que le iba dejando gente maravillosa como tú. La canción de Maria era “Era di maggio”, la canción de todos era “Na bruna”, nuestra canción, la tuya y la mía, era “La malagueña”. Cierro los ojos, la canto, y te veo a ti, y recuerdo el sabor del vino de Don Giovannino, y abro los ojos y veo tus ojos brillantes, y veo a Martín, y veo a Wang, y veo a Iván, y veo a Maria, y veo a Manuel, y veo al quijotesco Diego, y veo a Don Giovannino. Ahora lloro y río acordándome de Kiro cantando “qué bonitos ojos tienes debajo de esas dos viejas” y te veo reírte, y me parece mentira que ya no estés, porque tu risa era demasiado poderosa, como tu presencia, como tu mundo, porque alguien tan poderoso parece que está a salvo de la muerte, y tú lo estabas…

…Nápoles se nos quedó a todos en la piel. Este verano tuve miedo de volver a encontrarme en sus calles, perdido, con todo mi pasado. En Nápoles fui brutalmente feliz gracias a la gente que me acunó. Y me acuerdo de ti como si esta fuera una pesadilla irreal de la que voy a despertar, y este verano veré tu caballete en el puerto de Ischia, frente a la enoteca de Raimondo, este verano cantaremos, hablaremos hasta el amanecer, te sentiré roncar en la tienda de al lado…

…Te recuerdo dibujando, te recuerdo riendo, nos recuerdo a todos da Don Giovannino, te recuerdo diciendo “señor gerente”, te recuerdo diciendo “no te das cuenta de nada”, te recuerdo bailando en el Mattone, con la sigaretta in bocca, recuerdo tu vaso de whisky, tu pelo despeinado en Ischia, tus dibujos en la casa de Condofuri, me acuerdo de Sierra Maestra, me acuerdo de Chichi Peralta, me acuerdo del Oh-la-lá, me acuerdo de esa felicidad, de mí llevando el teclado de un sitio a otro por la maltrecha Spaccanapoli, hecha de adoquines, me acuerdo de ti en casa de Iván, te recuerdo en casa de Adriano, tomando café a tu lado, tu “Miguel, che ti pigli?”, recuerdo tus preguntas, tus opiniones, tus palabras precisas. Me acuerdo de ti llamando a nuestra casa del Quartieri Spagnoli a las tantas, me acuerdo de ti duchándote a las 3 de la mañana. Me acuerdo de nosotros tres, tú, Martín y yo, nos recuerdo, nos recuerdo y casi se podría decir que nos toco a los tres con diez años menos, y me duele todo, me duele aquella felicidad y me duele que tú no estés y que tú hayas muerto porque tu corazón te ha dicho que ya basta, y veo en tu muro de Facebook la última canción de Chavela Vargas que colgaste, y recuerdo cuando yo hacía de mimo y me tiraron un petardo gli scugnizzi y en mi vestido plateado se abrió un boquete, y me acuerdo de ti diciendo “Che carino” la primera vez que me viste a medio desmaquillar, y te recuerdo en Piazza San Domenico, y te recuerdo caminando con el caballete a la espalda, y te recuerdo, y te recuerdo, y te recuerdo, y nos recuerdo, y todo es dolor, y no te vas, y siento que no hay extensión más grande que mi herida y que siento más tu muerte que mi vida y que no perdono a la muerte enamorada ni a la vida desatenta ni a la tierra ni a la nada…

…Pensé tantas, pero tantas veces, grabar “La malagueña” en el pequeño y rudimentario estudio que monté en casa, así, a capella, con palmas y silbidos, a la primera toma, junto a un vaso de ron, y mandártela para que pudieras escucharla tantas veces quisieras. Y no lo hice. Y ahora me dejas aquí, con “La malagueña” en mi maltrecha garganta hipocondríaca, desorientado, huérfano, preguntándome a quién se la canto yo, para qué, si al abrir los ojos no van a estar más los tuyos…

…Y paso la mano por la cicatriz de mi piano, y no, no puede ser, dai, maestro, no te has ido, non te ne sei andato davvero, amico mio, non è vero, non può essere vero…



 

Miguel Ángel Maya

15 de mayo de 2014

P.D. El dibujo es "Claudio", de Martín Elfman
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miércoles, 18 de diciembre de 2013

IL MARE NON BAGNA NAPOLI




La diceria, elogio o calunnia, sono gli ingredienti che nel corso del tempo sono precipitati in fama. Essa consiste in fame e le tecniche con cui la si inganna, il modo in cui si versa il sangue e lo si piange, i colpi che la natura sferra da un suolo che bolle più volte per secolo, il modo in cui si ride e gli strumenti a corda e percussione che scatenano il canto.

Erri de Luca, Napòlide

Miguel Ángel Maya
18 de diciembre de 2013

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viernes, 13 de diciembre de 2013

SIBERIA AND A BLUES



...Preparo mi viaje en el Transmongoliano...
...Lo preparo sumergido en viejos libros y papeles que hablan de Siberia y que me miran con los ojos rojos humo de blues...
...Anoche caminaba por la calle junto a mi perro y vi a una mujer gorda, árabe, vestida con un largo vestido y con la cabeza totalmente cubierta, haciendo ejercicio en uno de esos cacharros que los ayuntamientos ponen en los parques para que la gente haga ejercicio. Toda la plaza chirriaba al compás de sus movimientos...
...Hay más aparatos de esos en el paseo marítimo, pero ahí los usa gente con cuerpos que no se avergüenzan. No sé explicarlo. Me quedé mirándola. Delante de mí se paró un taxi del que se bajó un tipo muy parecido a Antón Reixa. Llevaba sombrero y una chaqueta algo estridente. Me pareció que también llevaba pajarita. Antes anotaba este tipo de escenas: un parque descascarado y solitario, una mujer árabe y gorda haciendo ejercicio, Anton Reixa bajando de un taxi. Tengo que volver a escribirlas...
...En el paseo marítimo no hay cruceros amarrados...
...Mi perro contempla la inmensidad del mar y yo olisqueo el aire de salitre, como si nos intercambiáramos los papeles: el debería manejarse en el olfato y yo en la vista...
...Anoche traducía a Erri de Luca, y volvía a leer esto: 

Chi si è staccato da Napoli, si stacca poi da tutto: non ha neanche lo sputo per incollarsi a qualcosa, a qualcuno.
Mai più ho sputato, ho solo inghiottito, inghiottito

...A veces me quedo paralizado cuando tengo que traducir ciertas puñaladas de Erri de Luca...
...Como cuando rumio algo que tiene que ver con Nápoles, hoy me he levantado con la inquietud de necesitar el mar...
...Preparo mi viaje en el Transmongoliano, e imagino Siberia, y tengo ojos rojos humo de blues, y no doy nunca con la palabra exacta para traducir puñaladas...

Miguel Ángel Maya
13 de diciembre de 2013

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jueves, 30 de mayo de 2013


Nostalgia.
(Del griego νόστος, regreso, y -algia).
1. f. Pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos.
2. f. Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.




...Le seguimos la pista a la palabra nostalgia, etimológicamente, brutal, como acostumbra a zarandearnos o a volvernos locos la etimología...
...Rastreando las huellas, en el origen, en el principio, está el regreso y el dolor, o el dolor por el regreso, o el regreso que duele...
...En el origen está Coney Island y sus monstruos de feria, o el mar, o tu pelo mojado, o tu piel mojada, o el Vesubio y su lava, o los cuentos de Cortázar y su tumba y sus babas y su vino, y está la periferia de Roma, y está Nápoles...
...Le seguimos la pista al dolor y al regreso: y nos damos cuenta de que, en el principio fue el gruñido, fue amar como aman los perros o las madres de los toxicodependientes, fue el fondo del mar, fue el magma, fue el contrapunto de dialectos y llantos, fue mi vida toda, fue llegar al jueves y sentirse derrotado, fue desear el mar, fue los poros de la piel, el miedo, la lava, el estallido de todo lo que nos falta...

Miguel Ángel Maya
30 de mayo de 2013

P.D. La foto está tomada de aquí

domingo, 10 de marzo de 2013

PERCHÉ SEI ANDATO VIA PROPRIO IL GIORNO DEL TUO COMPLEANNO?


...Busqué un libro en la estantería...
...Muchas veces uno no sabe hasta qué punto unas cosas llevan a otras...
...La muerte de Pasolini me llevó a una tarde de verano en Piazza San Domenico y a su vez, cuando el recuerdo me lleva a Nápoles, tiendo a quedarme, tiendo al deseo de volver, a la necesidad de volver...
...No sé hasta qué punto regresar a Nápoles es un autoengaño: más que regresar a Nápoles quiero regresar a quien yo era en Nápoles hace diez años, a la Nápoles de hace diez años, a los miedos de hace diez años, a los amores imposibles de hace diez años...
...Siguen haciéndome pruebas médicas. Sigo escribiendo. Sigo acordándome de libros que sé que tenía y espero que mi cabeza haya seguido un orden lógico a la hora de la mudanza, y que siga siendo fácil encontrarlos como cuando eran los libros protagonistas de mis sucesivas casas. Ayer buscaba un libro que T. me regaló. Lo buscaba porque creía recordar vagamente que lo que me pasa a mí en la garganta y en el cuello le sucede a la protagonista del libro en el oído. Sus síntomas, no oír música, son una metáfora, como los míos: los síntomas podrían ser vistos como metáforas...
...Encontré el libro. Estaba junto a La pelle, de Curzio Malaparte, junto a La scoperta dell'inconscio, de Ellenberger, junto a Tango italiano, de Rino Genovese. Se titula Musica, y está escrito por Yokio Misima. Dentro, en la primera página, había un cuarto de folio que empezaba así: Perché sei andato via proprio il giorno del tuo compleanno? Después sigue la nota, firmada por T. el día 2-7-2003...
...Me acordé del principio del verano en Nápoles, de cuando regresaba a España para pasar esos dos meses, para volver en septiembre y empezar de nuevo. Me acuerdo perfectamente de ese verano de 2003, de lo que hice, de lo que me pasó, de que murió Bolaño, de que volví a sentarme a escribir. Me acuerdo perfectamente de quién me había enamorado, de por qué no se me iban de la cabeza los últimos dos meses de primavera napolitana...
...La protagonista del libro se llama Reiko, y se presenta en el estudio del doctor Shiomi Kazunori y le dice que no puede oír la música. El doctor Kazunori empieza a investigar ese síntoma, esa metáfora. No me leí el libro, a pesar de la insistencia de T., pero sabía que, ahora, inmerso en la muerte de Pasolini, tomándole el pulso a una nueva historia, y con mi agenda llena de visitas médicas y mi cabeza llena de hipocondrías, ese libro era necesario en este momento...
...Y los libros necesarios se vuelven imprescindibles si dentro de ellos uno encuentra una nota dirigida a quien era él hace diez años, una nota que empieza: Perché sei andato via proprio il giorno del tuo compleanno? Todavía hoy, casi diez años después, no sabría que responder a esa pregunta...

Miguel Ángel Maya
10 de marzo de 2013

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miércoles, 22 de agosto de 2012

VOLVER




...Cuando el insomnio me gana la partida me sumerjo en la radio y en los folios a la orilla de la cama y en cantidades imprecisas de whisky on the rocks...
...La voz de Eduardo Lago es cálida: me lo imagino cocinando, me lo imagino hablando en una sobremesa con vino o con alcohol. Me lo imagino fumando marihuana junto a Thomas Pynchon después de haber subido a una azotea de Manhattan por las escaleras de incendio detrás del edificio. Me lo imagino cantándole una nana a una de sus lectoras treinteañeras, a una de sus alumnas veinteañeras. Me lo imagino sorprendido cuando le cuente que he conocido a Sofía y que hemos tenido una pequeña historia...
...Sin embargo, la voz de Eduardo Lago, llevándome a Nueva York, adonde en realidad me llevó fue a Nápoles: me llevó a la primera vez que pisé Nápoles, me llevó a la nitidez de mis pasos diez años atrás, me llevó a ese salvajismo tierno, a ese amasijo de desesperación y alegría, a los rincones donde me fui dejando años, piel, tiempo, palabras, llanto, me llevó a los sonidos y a los olores y me llevó a todos los estratos de mi piel y de su piel...
...Volver sin que nada se haya dulcificado, volver sin que el miedo se reblandezca, volver sin que diez años puedan con este bofetón de biografía...

Miguel Ángel Maya
Napoli, 22 de agosto de 2012.
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jueves, 29 de marzo de 2012

SEGUNDA MANO




...En esta destilería de boca a boca, este alcoholismo latido de andar por casa, todo parece de segunda mano, como en esos anticuarios de San Telmo llenos de gramófonos y de polvo y de japoneses que hacen fotografías...




...Si un japonés fuera capaz de fotografiar vísceras e intenciones, o lo que el sinvergüenza Platón definió chapuceramente como alma, se encontraría con un suicidio de Grosz, con un maniquí harto de llorar, con casi todas las tijeras abiertas y casi todas las ventanas cerradas, las balas en la recámara, los sueños bien guardaditos, la cama bien helada, la manta cubriéndome hasta la frente, la fiebre en pleno desierto, la lengua en plena escala técnica, la yema de los dedos, los tímpanos anestesiados, los ojos cerrados, los ojos malditasea mojados como el origen del mundo...

...Me agarro a un billete de avión como si de un tesoro se tratara, me agarro a la ensangrentada camisa verde de Pasolini, me agarro al canibalismo, tiemblo de futuro y me relamo sólo de imaginar mis pies sobre el adoquinado de Nápoles y mi voz de segunda mano entrelazada al salitre. En fin, una cutre destilería anacrónica, como las destilerías de los lugares a los que no llegan los trenes y en los que sigue imperando la ley seca, los pobres malabares que uno tiene que hacer para fabricarse su amnesia, para que todo duela un poco menos, para preparar una huida que deje un número insignificante de víctimas y de ruido...

Miguel Ángel Maya
Madrid/Sevilla, 29 marzo, 2012
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domingo, 11 de septiembre de 2011

PARIGI



Lo so, lo so che questo non è cipria, è sorriso…
e sì, che non è luce, è solo un attimo di gloria
e riguarda me, che sono qui davanti a te sotto la pioggia
mentre tutto intorno è solamente pioggia e Francia…

Paolo Conte


...Soñé que estaba en una fiesta en medio de ninguna parte: que había una portuguesa con el pelo rizado que robaba cigarrillos en las mesas y se movía entrecerrando los ojos, borracha, y sonreía como Gilda, y cantaba Put the blame on mame, y una chica tailandesa bailaba descalza ajena a una manada de hombres babeando, y otra con un vestido azul cantaba funky y entraba a trompicones en los sueños de todos los que nos relamíamos. Soñé que me perdía en un campo de olivos, con luna llena, que caminaba por veredas, como Oliverio en El lado oscuro del corazón la noche que habla con una vaca, y soñé que L. me buscaba, y se levantaba el vestido al bailar y me guiñaba los ojos, y se quitaba las horquillas...





...Cuando despierto París sigue ahí. En realidad no estoy en París sino en Parigi. Ahora que lo pienso, París ha sido en mi vida más Parigi que París o que Paris (léase "Paguí"). Léolo veía a Bianca cantando mientras tendía la ropa. Yo desde la ventana veo hombres magrittianos con gabardina y sombrero, y gatos, y veo un Tiburón de película de Truffaut. Me acuerdo de mí tumbado en un colchón viendo París en películas en blanco y negro, mientras por la ventana se colaban los sonidos contrapuntísticos de Nápoles. Son curiosas estas formas cálidas de éxtasis (llamémosle éxtasis). Uno está leyendo un libro en un café, y está en esa cartografía, y levanta la vista un momento, y descubre que el café se está quedando frío, que en la mesa de al lado una mujer se quita una gorra roja, o que afuera una chica anuda su bicicleta a una farola. Descubre la realidad. Luego vuelve al libro y lee Quale enorme differenza: non si può dire "andavo in una città lontana" oppure "era un premuroso signore che mi teneva compagnia", oppure "non credo fosse amore, piuttosto una specie di tenerezza". Non si possono dire cose così, amore mio, o almeno non potevi dirle a me, perché quella era una tua illusione, la tua povera patetica illusione: quella città aveva un nome preciso e non era poi così lontana, e lui sono un uomo di una certa età con cui andavi a letto. Era un tuo amante che credevi fatto d'aria, ma che era di carne. Vuelvo a leer la última frase y necesito levantar los ojos del libro, y ver la bicicleta anudada a la farola, y la chica pidieno un café, y me dan ganas de llorar, y tal vez lo hago, y me repito: "creías que estaba hecho de aire pero era de carne", y remuevo el café cada vez más frío, cada vez más tarde. Si sta facendo sempre più tardi...




...La primera vez que leí ¿Qué venía yo a hacer al Pont des Arts? Me parece que ese jueves de diciembre tenía pensado cruzar a la orilla derecha y beber vino en el cafecito de la rue des Lombards donde madame Léonie me mira la palma de la mano y me anuncia viajes y sorpresas. Nunca te llevé a que madame Léonie te mirara la palma de la mano, a lo mejor tuve miedo de que leyera en tu mano alguna verdad sobre mí, porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizás que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro levanté la vista, me incorporé y se meció la hamaca sin querer. Atardecía en el río Amazonas, una enorme mariposa marrón golpeaba contra las bombillas del barco que seguía el curso del río, en la orilla de enfrente la silueta verdosa oscura de la selva contrastaba con el cielo anaranjado. El motor del barco no permitía escuchar la selva. Me asomaba a la barandilla del barco y veía abajo el Amazonas color café con crema. Después volvía a abrir el libro y volvía a París y me preguntaba si ese rodeo tenía un sentido, ya que para llegar a la rue des Lombards me hubiera convenido más cruzar el Pont Saint Michel y el Pont au Change. Pero si hubieras estado ahí esa noche, como tantas otras vecse, yo habría sabido que el rodeo tenía un sentido, y ahora en cambio envilecía mi fracaso llamándolo rodeo. Era cuestión, después de subirme el cuello de la canadiense, de seguir por los muelles hasta entrar en esa zona de grandes tiendas que se acabana en el Chatelet, pasar bajo la sombra violeta de la Tour Saint Jacques y subir por mi calle pensando en que no te había encontrado y en madame Léonie. Y la hamaca se mecía, y la selva se volvía cada vez más oscura, y yo en París siguiendo el curso del río Amazonas cada vez más turbio, nocturno, alevoso, con esa mariposa gigante golpeando las bombillas y una niña dicieno "Olha isso"...




...Apenas abrí el libro me acordé de ti. Recuerdo una tarde, en Nápoles, una de esas tardes primaverales de sol radiante y olor a salitre y granita di limone. Yo volvía del lungomare. En la mochila llevaba los libros con los que estaba preparando la tesi di laurea. Ahora escribo desde un café junto a la tienda de cómics que podría regentar uno de los personajes de Cabaret en las tripas del difunto, en Belleville. Escribo mis crónicas de Indias mientras espero y pienso cosas. Creo que el que canta es Boris Vian. Huele a polvo. Recuerdo que por aquel entonces miraba al horizonte y sentía que bastaba desearlo para convertirme en Marco Polo. Soñaba con Le città invisibili, de Cesare Pavese. El Mediterráneo me daba una alegría como de canción de Beirut o de Noir désir. Nunca me mentí más que entonces en cuanto al latido. Qué te voy a contar. El caso es que hace unas horas abrí la página 120 de un libro de Daniel Pennac que encontré por casualidad en una librería de Belleville, y leí esto:
- Quel photographe?
- Une femme. Celle qui as pris cete photo.
J'exhibe la photo que Clara a prise de nous deux le soir de mes prouesses. On y lit clairement sur le visage de Julia la fureur stupéfaite provoquée par la question de Thérèse quant au calibre de ses seins.
..."calibre de ses seins" está subrayado con un lápiz celeste. Lo subrayado se convierte en un dibujo al margen: un ojo del que sale una lágrima que termina en la parte inferior, rodeando el número de la página. Decía que me he acordado de esa tarde en que yo regresaba del lungomare, y en la Feltrinelli de Piazza dei Martiri anunciaban la presentación de un libro de Pennac, con la presencia del autor, dentro de no más de tres cuartos de hora. Recuerdo que corrí para buscarte y decírtelo. No recuerdo por qué no te encontré, sólo me acuerdo de mí corriendo Via Chiaia arriba, Piazza Trieste e Trento, Via Toledo, Spaccanapoli, Piazza del Gessù, Piazza San Domenico, Via Tribunali, Via Duomo, sonriendo y jadeando y pensando "verás cuando se entere que está aquí Pennac". Pennac venía de Parigi, no de Paris (léase "Paguí"). Levanto la vista, una pareja pasea abrazada junto a la vidriera. Miro el reloj del café. Me duele la cabeza. Le doy a "Publicar entrada". Guardo los libros, recojo las migajas de recuerdo, pero Paolo Conte no me deja ni siquiera tirar al cenicero ni una sola de esas miguitas de pan de Pulgarcito que... En fin...

Miguel Ángel Maya
Parigi, 11 septiembre, 2011
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martes, 8 de marzo de 2011

NAPULE



...Pasan cosas curiosas: hoy hace diez años que llegué a Nápoles...
...Me refiero a que hace diez años que llegué a Nápoles para quedarme...
...Digo, pasan cosas curiosas: hoy, justo hoy, ha llegado a esta vieja entrada del blog este comentario:

Anónimo dijo...
Ahora entiendo. Amé a alguien que está perdido o encontrado en Nápoles y nunca entendí que hacía allí. Ahora lo sé .... perderse de sí mismo.
Gracias.
8 de marzo de 2011 13:21



...Es curioso que justo hoy llegue este comentario a mi blog...

...Lo recuerdo todo como hace muy poco tiempo: la llegada al aeropuerto, a Napoli Centrale, el metro hacia Mergellina, la chica de Alcorcón que conocí en el andén y que vivía en Trieste, los primeros pasos por la ciudad, el viento en la cara en el Lungomare, (el beso de la chica de Alcorcón en el Lungomare, de noche, en mi mejilla, sin venir a cuento: ¿por qué siempre me acuerdo de los besos que no vienen a cuento?), los primeros pasos por la ciudad, la pizza en I sette soldi...





...Recuerdo mis primeros pasos por la ciudad, como en la canción de Charly García: Acabo de llegar, no soy un extraño...
...No me parece que hayan pasado diez años: que por delante de mis ojos hayan pasado diez años, y por mis células, y por mis pasos, mi cabeza. No entiendo esta velocidad del paso del tiempo, que la vida sea tan rápida y que de Nápoles sólo me queden un par de cicatrices y un puñado de recuerdos...
...Es extraño que al final, aparte de fotografías, no tengamos más que eso: esos impulsos neuronales, eléctricos en ciertas zonas cerebrales, que nos hacen recordar, reinventar, que alguna vez caminamos por San Biaggio dei Librai, o hicimos la fotosíntesis frente al Castel dell'Ovo, o leímos Los detectives salvajes mirando al mar, que alguna vez estas calles fueron nuestras, y albergaron nuestros pies, y besamos ciertas bocas, y nos cruzamos con ciertas pupilas, que alguna vez habitamos en casas que ahora quién sabe por quién son habitadas...
...No sé de qué ínfimo porcentaje de desgaste de los adoquines napolitanos tienen la culpa mis suelas, ni qué cuatros paredes recuerdan nuestras conversaciones con vino o mis jadeos, tus jadeos, nuestros jadeos...
...No sé qué objetos o ropas me dejé olvidadas en qué casas y que ahora forman parte de otro microcosmos. Ni siquiera sé cuántas historias o heridas quedaron abiertas...
...En qué cortezas cerebrales napolitanas todavía alguien me recuerda (cómo me recordarán, quién sería yo hace diez años), y por qué o quiénes fui olvidado...
...En diez años puede pasar de todo...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 8 marzo, 2011