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martes, 18 de marzo de 2014

Y QUE NO SE ACOSTABAN PARA VER LAS ESTRELLAS


Cuando era niña
en la noche de París
veía yo desde Neully
la torre Eiffel
y creía que las luces
hacían feliz a la gente
y que no se acostaban
para ver a las estrellas
subir al cielo negro
Lloraba antes de dormirme
porque sentía el placer
venir con las estrellas
de la noche

Carmen Mondragón / Nahui Olin

Miguel Ángel Maya
18 de marzo de 2014

*     *     *

lunes, 23 de diciembre de 2013

LUMIÈRE



Les dancings étaient fermés, il faisait froid dans les maisons, on ne sortait de sa ville que pour aller chercher de la nourriture dans les fermes et, au moins pour ce qui concerne Paris, les théatres ne déemplaissent pas. Les fenêtres des escaliers étaient badigeonnées de bleu, dans les appartements il était obligatoire de calfeutrer les fenêtres et un volontire local appelé "Chef d'îlot" s'assurait, en passant dans les rues, que le black-out était bien observé; si une limière filtrait d'une fenêtre, il donnait un coup de sifflet d'avertissement. Aucun monument n'était éclaré et sourtout par la tour Eiffel; bref, il s'agissait, pour les Allemands et le gouvernement de Pétain, d'avoir la certitude que Paris n'était pas repérable vu d'avion. Ce qui n'empêcha guère les Anglais, en 1943, de bombarder le quartier de La Chapelle et particulièrement l'immense magasin Dufayel, due de Clignancourt, où l'on avait entreposé je ne sais quoi. Paris ne méritait vraiment plus le sournom de ville-lumière, chaque personne sortant le soir était munie d'unie petite lampe électrique qu'elle allumait de la sortie du metro jusqu'à chez elle afin de ne pas buter dans les trottoirs; d'après mes souvenirs, le film de Sacha Guitry, Donne-moi tes yeux, est le seul à rendre compte fidèlement de cette realité du black-out.
Pour montrer à quel point les intructions de black-out étaient strictement observées, il me suffira d'indiquer qu'il n'était pas rare d'entendre des couples d'amoureux faire l'amour das la rue, debout, devant des portes cochère. Mon jeune âge à l'époque ne me permet, hélas, de ne déposer ici que comme témoin auditif.

François Truffaut, en el prólogo de Le cinéma de l'occupation et de la résistance de André Bazin.


P.D. La foto esá tomada de aquí.

Miguel Ángel Maya
23 de diciembre de 2013

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domingo, 15 de septiembre de 2013

SAD SONGS FOR DIRTY LOVERS


...De nuevo preparo una maleta, una mudanza; de nuevo suenan Sad songs for dirty lovers...
...Te he elegido como protagonista por tus ojos. No necesité ni siquiera dos minutos para darme cuenta de que no podías ser más que tú. Me acordé de Pavese, y mientras me mirabas repetía en voz baja, como un suave mantra: e avrà i tuoi occhi...
...De nuevo la carretera, como un viejo rockero; como uno de esos viejos rockeros adictos al camino, tan adictos que no ven que son ridículos...
...Otra vez París, cada vez más lejos del mar. Otra vez un guión de cine. Otra vez un rodaje. Sin poder navegar through the light de tus ojos...
...Sin más clavo ardiendo que lo que queda por... 
...Buf...

Miguel Angel Maya
15 de septiembre de 2013

P.D. La foto es de Gloria Cattani. La modelo es Chiara Calliari.
P.D. II (E avrà i tuoi occhi)

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jueves, 3 de enero de 2013

IL ÉTAIT UNE FOIS




...El cuento empieza de nuevo. Todo empieza de nuevo. El cine, el cielo, la piel, el alcohol, el sueño, el lobo, los tejados...
...Subirse a un avión que sobrevuela París y ver la maqueta de París y los oasis en la noche, un avión con todos nuestros sueños y nuestras vísceras, con un motor que se rompe y un comandante que anuncia que ha decidido regresar a Orly por un problema técnico, y ver cómo se acerca París y ver cómo la noche tiene el color de un desierto emocionante...
...Y empezar de nuevo el cuento, sí, quemar las naves, desnudarte, devorarte... Publicar tu primer libro el primer mes del año; rodar tu primera película con la misma edad que tenía Georges Méliès cuando rodó su primera película, durante los primeros compases del año; dar tu primer beso el primer día de enero de 2013; hacer el amor o dejar que él nos haga, como en Muchacha Punk, en la penumbra de Montmartre, junto a las velas y al ron; aprender otra vez a volar, aprenderlo todo, mirarte; desperezarnos como gatos, ver películas como perezosos personajes, sin saber nada del fallo del motor del avión, del futuro de muerte, del cielo gris maravilloso y emocionante de París, de las calles y los adoquines y los libros abandonados y enjaulados como especies protegidas...
...El cuento empieza de nuevo, y estoy decidido a sacudirme la herrumbre y a lanzarme al vacío...
...Juro que nunca volveré a tener sed...

Miguel Ángel Maya
París, 3 de enero de 2013

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domingo, 30 de diciembre de 2012

USED BOOKS AND GUNS


...Descubrí una librería que lleva a un extraño universo de sillones polvorientos y personajes contrahechos escapados de los libros, clandestinos, armados, malignos...
...Anoche te dormías sobre mi pecho mientras yo veía una entrevista con Fogwill: veía a Fogwill ligando con la entrevistadora, Mariana Mariasch, y me bebía una botella de vino a su salud. Mis pies van atesorando calles de París y por mis manos pasan libros usados y armas de doble filo o peligroso fogueo o quién sabe qué sueño a medi terminar, como el boceto de un cuadro del peor y más olvidado de los pintores que malvivió sin talento y malmurió sin pena ni gloria...
...Esta mañana salí a comprar el pan y en el mueble del book-crossing, aquí en Rue de l'Agent Baily, ese mueble que los ancianos con perro protegen de la lluvia con cuidadosos plásticos, encontré dos libros de Valle-Inclán. Alguien los puso allí entre las 22:13 y las 10:38. Alguien cuyas iniciales son C.T. y que fechó los libros como: Paris'99...
...Una dama negra canta jazz mientras cocino. Termina el año y tengo cada vez los colmillos más afilados...
...El año que viene prometo ir mejor armado, o por lo menos, refugiarme mejor en los libros usados...
...Y prometérselo a París, sin que se deje...

Miguel Ángel Maya
París, 30 de diciembre de 2012
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jueves, 27 de diciembre de 2012

RENDEZ-VOUS



À la moitié du chemin de la vraie vie, nous étions environnés d'une sombre mélancolie, qu'ont exprimée tant de mots railleurs e tristes, dans le café de la jeunnesse perdue

Guy Debord

...El jazz suena en la radio. Miro al techo. Es un jazz lento. En el techo está escrito Il n'y a pas de moment ordinaire en letras caricaturescas y serpenteantes, junto a una foto que V. me regaló una vez. Una foto que también ella tiene. En la foto hay un contorsionista. Es una foto en blanco y negro. Hay dos vasos de vino y libros. Mis pies recorrieron librerías gastadas. En Rue de l'Agent Bailly alguien abandonó un mueble con libros. Un anciano saca libros de un carro y los coloca con cuidado bajo la lluvia. El anciano murmura. Se va. En el mueble hay libros de aventuras y Musique pour caméléons. Bajas el plástico con delicadeza. Proteges los libros de la lluvia. Ti proteggerò dai turbamenti che per tua natura normalmente attirerai. Es como si los taparas y les dieras un beso de buenas noches. El frío te pone la nariz roja y a veces ese detalle prende todos mis años vividos o los años que quise haber vivido...
...Una librera perezosa con dientes amontonados y amarillentos me sonríe parapetada detrás de todos los libros que quise haber devorado, y me cuenta la historia del porqué de mi desencuentro con ciertos libros. La historia de su siesta y de su après-midi es parecida a la rulotte de la futuróloga junto al puesto de perritos calientes cerca del cementerio de Montparnasse. Una futuróloga que descansa los domingos. El domingo festivo de una futuróloga tiene algo de metafórico y de intrigante: ¿pierde los poderes o se dedica a predecir su propio futuro? Es como el día de asuntos propios de una futuróloga...
...La lluvia derrite la barra de pintalabios que alguien ha dejado sobre la tumba de Cortázar. La tumba de Cortázar bajo la lluvia. Los billetes de metro. Las cartas, la tinta diuyéndose, los ríos negruzcos sobre el papel cuadriculado, la hoja arrancada del cuaderno, la chica arrodillada, escribiendo, frente a la tumba del Cronopio barbudo. Junto a la de Cortázar hay una nueva tumba que no estaba el año pasado: es de un pequeño niño rubio que nació en el 2001 y murió el año pasado. En la foto aparece sonriendo. Al fondo hay un mar insolentemente azul. Siempre las mismas cartas adolescentes y el vuelco en el estómago recordando la sonrisa del niño rubio: vine a París para buscarte, vine a París para encontrarme, estaba perdida y leí Rayuela. Hay algo en esa pasión unívoca y casi sin matices que me enciende y me enternece. Se parece mucho a esa admiración expresionista, a esa ilusión desbordante que me llena cada poro, cuando encuentro cassettes muevecitos de Gainsbourg y de Sinatra en Boulevard Saint Michel, frente a una librería de saldo donde se pueden comprar maravillas por un euro cincuenta, y después gastarse en vino lo que hubiera sobrado, como en la canción de Krahe...
...El vino y el jazz lento. Le rendez-vous (avec la vie?) dans le café de la jeunesse perdue. La lluvia, los paraguas compartidos, las botas empapadas. Estar de acuerdo con la vida y amarla sin reservas, a pesar de todo. Porque hay un todo que pesa y una melancolía que sigue ahí, doliendo, y unos pasos perdidos que a veces no dan más de sí. Pero París me abraza y es cálida y está dolorosamente preciosa...
...Y sí, nos habremos ido para siempre, y esta música seguirá sonando...



Miguel Ángel Maya
París, 27 de diciembre de 2012

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viernes, 21 de diciembre de 2012

BECAUSE



Because the world is round it turns me on...
Because the world is round...

Because the wind is high it blows my mind...
Because the wind is high...

Love is old, love is new,
love is all, love is you

Because the sky is blue, it makes me cry...
Because the sky is blue...

The Beatles



...Dicen que algunos preludios son demasiado altivos, demasiado bestias...
...La sal escuece a quien la escucha, como pasa con las caracolas. Si hay noche y hay danza del fuego será porque nos la habremos buscado. Algo habré hecho yo para merecer esto, que dice un amigo poeta, y me quedé a verlo...
...El mar está a orillas de este apartamento aquí en París. La voz de Melody Gardot me retuerce el corazón, como si fuera un alambre suave, una caricia casi imperceptible en cuyas moléculas está contenido el infinito...
...Hoy, te digo, empieza el primer día de mi vida...
...Y derramo todo el vino posible en tus palabras, y miro el mar azul, como si París fuera Cádiz, como si con desperezarnos abrazados bastara...

Miguel Ángel Maya
París, 21 de diciembre de 2012

P.D. La foto es de André Steiner y está sacada de aquí
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martes, 18 de diciembre de 2012

BRINDEMOS, POR SI ACASO



...Me acuerdo de Mr Bogart malherido en aquel barco a la deriva, mirando por la escotilla a Mr Edward G. Robinson antes de poner rumbo a Cayo Largo...
...A veces me pongo el momento de ese regreso con Bogart oprimiéndose la herida de su abdomen de regreso a la voz rota de Bacall en aquel motel...
...Paseé por las calles sevillanas de este cálido invierno. Firmé un contrato de edición. Corregí un manuscrito. Me compré un sombrero. Me batí a duelo. Te olvidé en esta especie de barco a la deriva que sabe a jazz y a decepción. Dentro de unos días moriré en París con aguacero. Escucharé a la Bersuit cantando mi caramelo. El viento te levantará la falda como a Marilyn. Y yo estaré allí para no perderme detalle...
...Los aniversarios redondos son a veces así de inesperados...
...Brindemos, por si acaso...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 18 de diciembre de 2012

P.D. La foto está sacada de aquí

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miércoles, 21 de septiembre de 2011

LES OISEAUX VONT MOURIR AU PÉROU




Il sortit sur la terrasse et reprit posession de sa solitude: le dunes, l’Océan, des milliers d’oiseaux morts dans la sable, un canot, la rouille d’un filet, avec parfois quelques signes nouveaux: la carcasse d’une baleine échouée, des traces de pas, un chapelet de barques de pêche au lointain, là, où les îles de guano luttaient de blancheur avec le ciel. Le café se dressait à cent mètres de là: on ne l’entendait pas.

Romain Gary, Les oiseaux vont mourir au Pérou






…Vengo a la Gare de Lyon sólo para ver el lugar desde el que se marchan Rick y Sam hacia Marsella, la noche antes de que los alemanes vestían de gris y tú vestías de azul entraran en París. El tren, la lluvia, la carta de Ilsa, la tinta negra mojada por la lluvia, rímel segregado por palabras tristes. I cannot go with you or ever see you again. El tropel de porqués, el asedio, el tren, la huida…

…En uno de los andenes de la Gare de Lyon hay una familia árabe. Un hombre va vestido con una camisa blanca y pantalón negro, es moreno. Tiene un pelo muy negro engominado y un reloj de bolsillo cuya cadena se balancea. A su lado hay una maleta trolley. Enfrente hay una niña que juguetea con un papel de periódico (lo pisa y lo despisa); un hombre con bigote, viejo, camisa de cuadros, que dice cosas y se acompaña de sus manos tajantes; una mujer mayor y gorda con la voz aguda interviene de vez en cuando en la conversación del hombre tajante. Lleva un vestido azulado estampado largo, un mantón blanco que de vez en cuando se pasa por los ojos y que le cubre la cabeza. Pasa un rato hasta que comprendo que tiene la voz aguda porque llora. Llora cada vez que el hombre de camisa blanca se marcha. Mira al cielo. Llora. Hay un momento en que se queda completamente sola en el andén. En la soledad llora y se derrumba. A su lado yacen unos pájaros que han salido de su pecho árabe. Algunos aletean todavía. Agonizan. La mayoría van muriendo hasta que el chico de la camisa blanca vuelve con una botella de agua o con un periódico deportivo bajo el brazo…
…En París he visto mucha gente llorando: llorando por la calle, llorando en un bar, frente a una cerveza, llorando en el metro o en el autobús. Personas acompañadas o personas solas. Si pienso en París imagino a alguien llorando y el agua corriendo a orillas de las aceras y el cielo gris a punto de llover…
…Yo también lloro en París. Rick no lloró en aquel tren. José Hierro no lloraba en sus poemas. Yo sí lloro, como Oliverio Girondo, como Alejandra Pizarnik, como Olivier Messiaen, como Arvo Pärt...
…Soy una montaña rusa, olisqueo el Sena, como un perro, quizás por eso lloro, y me froto sinuoso por sus puentes, como un gato o un clochard. Los clochards tampoco lloran, ni siquiera los clochards de Cortázar: arrastran maletas y piden monedas con voz de mastines cansados a las puertas de las boulangeries…




…Anoche esperé a V. en la parada del metro Anvers. Por la tarde había leído esa misma palabra en un libro de Roberto Bolaño, en la sección de libros españoles e hispanoamericanos de una librería de Montmartre. Amberes. Anvers. Roman. Roberto Bolaño, un des plus importants écrivains en langue spagnole des dernières annés. Né et mort. Pas mort. Vivant. Il aurait 58 ans aujourd’hui. Llovía en Amberes. V. había quedado con E. y yo las esperaba. No conocía a E. En Amberes había un bar, cruzando la calle. Me resguardé en el bar en cuya vidriera se esmerilaba la salida art-déco del metro y en cuyo interior había cuerpos calientes y conversaciones y tintineos cálidos…





…V. sale de la boca del metro. Me llama. Apuro mi cerveza y salgo. Corro junto a V. bajo la lluvia y llegamos al bar donde está E. E. y yo nos reímos al vernos. El azar nos hace reírnos mucho bajo la lluvia. Mai mi sarei immaginata che saresti tu. Nemmeno io. Hay un abrazo. No sé cómo poner las manos, dónde ponerlas. Lluvia y Francia. E. y yo estudiamos juntos en Nápoles: la clase de semiótica del profesor Martone. Después de Nápoles se fue a París, y vivió en Asia, y ahora hace un doctorado sobre los pueblos nómadas del Tibet, y lee Les oiseaux vont mourir au Pérou, de Romain Gary. Gary fue marido y tormenta de Jean Seberg. Jean Seberg en blanco y negro me enseñó París, con su pelo corto a lo garçon. Comimos un kebab. No Jean Seberg, sino nosotros tres. E. no sabe que una vez escribí en mi diario Elisa, vida mía, por ella. Era literatura, era mentira, sí, pero lo escribí por ella. Me la imagino con los nómadas del Tibet. Busco Le cinéma de l’occupation et de la resistánce, de André Bazin. Pregunto por él en una librería de Montparnasse. La librera se empeña en que quiero Qu'est-ce que le cinéma? Su voz se vuelve irritante y presuntuosa. Odio discutir con libreros cuando sé el libro que busco. Encuentro el libro de Gary por casualidad. La librera se convierte en un papagayo que habla, estira el cuello, mira por encima de sus gafas, bajo la que sobresalen unas ojeras estúpidas. Da igual, Madame Trépat, le digo al gallináceo. Hago un gesto como de mago, como si con él pudiera hacer desaparecer a todos los libreros del mundo que se empeñan en corregirme cuando sé lo que busco. Yo también soy un estúpido. Desaparece aleteando Madame Trépat, salope de merde. Los pájaros son ahora míos, y van a morir a Perú. No los pago. Los pájaros de Gary no tienen alarma, no suenan al pasar por la puerta. Nadie sospecha cuando me alejo. Con lo que no me han costado puedo comerme dos crêpes. Justo el día del cumpleaños de Leonard Cohen. Llevo los pájaros en el pecho, como Luna Miguel, y palpitan y agonizan cuando van a morir a Perú...
…Qué montaña rusa ésta…

Miguel Ángel Maya
París, 21 de septiembre 2011

P.D. La foto de la montaña rusa es de Ángela Pablo.
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domingo, 18 de septiembre de 2011

DANS LA LUNE




Esa luna color de viejo saxofón
me retendrá en París.
Esa luna color de vieja mariposa,
de alma vieja buscando sobre el viento
ojos para mirar el fin de siglo,
gatos que son las dudas de la noche.

Luis García Montero, Diario cómplice






...Por la ventana se filtra una luz de domingo que parece sol. Espero el café. Leo. En un rato habré salido al frío. Tenía que haber ido a una lección de danza con la bailarina rota, pero las calles de París llevan unas a otras como naipes o vicios. De buenas a primera una chica pelirroja recorre el cementerio de Père Lachaise llevando consigo una maleta morada, o uno se encuentra una librería abandonada y lee desde la puerta los títulos amontonados y polvorientos en los tomos, o un enano gangoso y estrábico le pide a uno un euro o dos "para una cuestión importante que no le puedo decir, monsieur". Yo me perdí buscando a Georges Méliès, para agradecerle haberme llevado a la luna cuando sólo a él o a Cyrano se le ocurrían esas cosas. Después estuve un poco en Buenos Aires, junto a la bailarina rota y un vino. Después llovió, y corrí bajo la lluvia junto a V. y menos mal que en casa había vino y todos los fuegos el fuego y los calcetines. Me da cierto pudor contar que mis pasos me llevaron al París que hay en las páginas de mi novela, a los tejados, a una cerveza en un banco mientras la tinta roja corregía ficción de acuerdo a la realidad y mientras mis pupilas corregían la realidad de acuerdo a la ficción. Nunca llegaré a nada, calamidad: recorrocamino París, como quien se sienta solo en un cine en versión original y se deja empapar o engatusar como los gatos perezosos frente a las chimeneas. Bebo el primer café. La vida acontece, me pierdo, como cuando busco a Méliès y su luna y encuentro un poema de amor terrible en una tumba y de pronto asisto a un derrumbe...

Miguel Ángel Maya
París, 18 septiembre 2011

P.D. La foto es de Míriam Peña.
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viernes, 16 de septiembre de 2011

TOUT S'EN VA



...Hoy el cielo de París vuelve a estar agrio, y las mismas brumas y nubes de fuera están dentro. Llueve, suena Radio FIP, una bossa-nova, los tejados de enfrente se mojan..
...Estuve con Cortázar bajo un cielo insultantemente azul, París bajo mis pies caminando, caminando, caminando, run, run, run, como te decías tú con la bicicleta cuando... Camino por París como una estrella de mar a la que le faltan demasiados brazos. Conocí a una bailarina que acababa de romperse, regresé por un instante a Buenos Aires, tomamos vino, y después fuimos a comer a un lugar donde había un piano y arroz con pollo. Regresé con la bailarina rota hablando de cine, a través de la noche de París y de calles que no eran más que un decorado nocturno y arquitectónico que sostenía la conversación. Cuando nos separamos volví a encontrarme solo y me vi obligado a orientarme. Cuando tengo que orientarme es cuando más miro enloquecidamente hacia ti, y pienso que avec le temps va, tout s'en va, y no quiero que sea demasiado tarde para...
...Le contaba a Cortázar los últimos acontecimientos de mi vida: ahora pienso si, dentro de tres años, cuando en la pestañita de la derecha de este blog ponga 2014, estaré hablando de mi hijo, o de una enfermedad terminal, o si estará lleno de malahierba porque decidí que lo difícil era vivir y no escribir novelas o guiones o hacer música, o lleno de malahierba a causa de una muerte repentina que lo deja todo a medio terminar: los asuntos pendientes, las palabras no dichas, la moderación del último comentario del blog que alguien ha escrito pensando que el que está al otro lado sigue vivo. Estoy vivo por ahora, y estar vivo es imaginar tus pasos, y hoy llueve y estoy solo mentre tutto intorno è solamente pioggia e Francia, et toute ça pluie, et crash, boom, bang, bang, bang, bang, bang y pienso cómo hacer para felicitar tu cumpleaños, para tomarme otro café, para esperarte sin hacértelo pesar ora che viaggi, vivi, ridi o sei perduta. Cortázar tampoco me dijo qué hacer. Por ahora sólo el café y el recuerdo de la bailarina rota es lo único que tengo a mano. Eso, supongo, será sobrevivir...

Miguel Ángel Maya
París, 16 septiembre, 2011
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miércoles, 14 de septiembre de 2011

JE ME SUIS FAIT TOUT PETIT



...Ayer me quedé solo en casa. V. se levantó, trasteó en la cocina, puso a hacer un café, se duchó, salió el café e inhundó toda la casa. V. se fue y me dejó la cafetera recién hecha. Es lo raro de los ritmos. Yo vengo a París como flâneur. Ella vive aquí...
...Camino, quizás hoy vaya a visitar a Julio Cortázar y a César Vallejo a Montparnasse. Son casi vecinos. Suelo verlos a los dos, llevarles un regalo a los dos...
...Ayer caminaba sin referencias: husmeaba partituras en las tiendas de música de Saint Lazare, siguiendo a una violinista preciosa que no sabe que existo; me comía una focaccia en Square Berlioz; veía gente leyendo en los parques o dos maletas abandonadas; me sentaba en los puentes a respirar el rumor del Sena cara al sol; preguntaba en la FNAC por mis dos libros Moby Dick que no encuentro en ninguna parte. De París el recuerdo me llega estando aquí: las chicas sentadas en los cafés o en bicicletas, las fisonomías de las caras, las ropas, los cafés mirando a la calle, como en los países árabes. Me guardo en los bolsillos mis llaves prestadas, salgo de mi casa prestada, camino por calles desconocidas que sin embargo recuerdo. No supe en ningún momento hacia dónde iba. París me cobijaba, abro los ojos, una extraña melancolía me invade, silbo, canturreo...
...Sí, definitivamente creo que hoy iré a hacerles una visita a Julio Cortázar y a César Vallejo, quién sabe qué me encontraré de camino...

Miguel Ángel Maya
París, 14 septiembre 2011
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domingo, 11 de septiembre de 2011

PARIGI



Lo so, lo so che questo non è cipria, è sorriso…
e sì, che non è luce, è solo un attimo di gloria
e riguarda me, che sono qui davanti a te sotto la pioggia
mentre tutto intorno è solamente pioggia e Francia…

Paolo Conte


...Soñé que estaba en una fiesta en medio de ninguna parte: que había una portuguesa con el pelo rizado que robaba cigarrillos en las mesas y se movía entrecerrando los ojos, borracha, y sonreía como Gilda, y cantaba Put the blame on mame, y una chica tailandesa bailaba descalza ajena a una manada de hombres babeando, y otra con un vestido azul cantaba funky y entraba a trompicones en los sueños de todos los que nos relamíamos. Soñé que me perdía en un campo de olivos, con luna llena, que caminaba por veredas, como Oliverio en El lado oscuro del corazón la noche que habla con una vaca, y soñé que L. me buscaba, y se levantaba el vestido al bailar y me guiñaba los ojos, y se quitaba las horquillas...





...Cuando despierto París sigue ahí. En realidad no estoy en París sino en Parigi. Ahora que lo pienso, París ha sido en mi vida más Parigi que París o que Paris (léase "Paguí"). Léolo veía a Bianca cantando mientras tendía la ropa. Yo desde la ventana veo hombres magrittianos con gabardina y sombrero, y gatos, y veo un Tiburón de película de Truffaut. Me acuerdo de mí tumbado en un colchón viendo París en películas en blanco y negro, mientras por la ventana se colaban los sonidos contrapuntísticos de Nápoles. Son curiosas estas formas cálidas de éxtasis (llamémosle éxtasis). Uno está leyendo un libro en un café, y está en esa cartografía, y levanta la vista un momento, y descubre que el café se está quedando frío, que en la mesa de al lado una mujer se quita una gorra roja, o que afuera una chica anuda su bicicleta a una farola. Descubre la realidad. Luego vuelve al libro y lee Quale enorme differenza: non si può dire "andavo in una città lontana" oppure "era un premuroso signore che mi teneva compagnia", oppure "non credo fosse amore, piuttosto una specie di tenerezza". Non si possono dire cose così, amore mio, o almeno non potevi dirle a me, perché quella era una tua illusione, la tua povera patetica illusione: quella città aveva un nome preciso e non era poi così lontana, e lui sono un uomo di una certa età con cui andavi a letto. Era un tuo amante che credevi fatto d'aria, ma che era di carne. Vuelvo a leer la última frase y necesito levantar los ojos del libro, y ver la bicicleta anudada a la farola, y la chica pidieno un café, y me dan ganas de llorar, y tal vez lo hago, y me repito: "creías que estaba hecho de aire pero era de carne", y remuevo el café cada vez más frío, cada vez más tarde. Si sta facendo sempre più tardi...




...La primera vez que leí ¿Qué venía yo a hacer al Pont des Arts? Me parece que ese jueves de diciembre tenía pensado cruzar a la orilla derecha y beber vino en el cafecito de la rue des Lombards donde madame Léonie me mira la palma de la mano y me anuncia viajes y sorpresas. Nunca te llevé a que madame Léonie te mirara la palma de la mano, a lo mejor tuve miedo de que leyera en tu mano alguna verdad sobre mí, porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizás que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro levanté la vista, me incorporé y se meció la hamaca sin querer. Atardecía en el río Amazonas, una enorme mariposa marrón golpeaba contra las bombillas del barco que seguía el curso del río, en la orilla de enfrente la silueta verdosa oscura de la selva contrastaba con el cielo anaranjado. El motor del barco no permitía escuchar la selva. Me asomaba a la barandilla del barco y veía abajo el Amazonas color café con crema. Después volvía a abrir el libro y volvía a París y me preguntaba si ese rodeo tenía un sentido, ya que para llegar a la rue des Lombards me hubiera convenido más cruzar el Pont Saint Michel y el Pont au Change. Pero si hubieras estado ahí esa noche, como tantas otras vecse, yo habría sabido que el rodeo tenía un sentido, y ahora en cambio envilecía mi fracaso llamándolo rodeo. Era cuestión, después de subirme el cuello de la canadiense, de seguir por los muelles hasta entrar en esa zona de grandes tiendas que se acabana en el Chatelet, pasar bajo la sombra violeta de la Tour Saint Jacques y subir por mi calle pensando en que no te había encontrado y en madame Léonie. Y la hamaca se mecía, y la selva se volvía cada vez más oscura, y yo en París siguiendo el curso del río Amazonas cada vez más turbio, nocturno, alevoso, con esa mariposa gigante golpeando las bombillas y una niña dicieno "Olha isso"...




...Apenas abrí el libro me acordé de ti. Recuerdo una tarde, en Nápoles, una de esas tardes primaverales de sol radiante y olor a salitre y granita di limone. Yo volvía del lungomare. En la mochila llevaba los libros con los que estaba preparando la tesi di laurea. Ahora escribo desde un café junto a la tienda de cómics que podría regentar uno de los personajes de Cabaret en las tripas del difunto, en Belleville. Escribo mis crónicas de Indias mientras espero y pienso cosas. Creo que el que canta es Boris Vian. Huele a polvo. Recuerdo que por aquel entonces miraba al horizonte y sentía que bastaba desearlo para convertirme en Marco Polo. Soñaba con Le città invisibili, de Cesare Pavese. El Mediterráneo me daba una alegría como de canción de Beirut o de Noir désir. Nunca me mentí más que entonces en cuanto al latido. Qué te voy a contar. El caso es que hace unas horas abrí la página 120 de un libro de Daniel Pennac que encontré por casualidad en una librería de Belleville, y leí esto:
- Quel photographe?
- Une femme. Celle qui as pris cete photo.
J'exhibe la photo que Clara a prise de nous deux le soir de mes prouesses. On y lit clairement sur le visage de Julia la fureur stupéfaite provoquée par la question de Thérèse quant au calibre de ses seins.
..."calibre de ses seins" está subrayado con un lápiz celeste. Lo subrayado se convierte en un dibujo al margen: un ojo del que sale una lágrima que termina en la parte inferior, rodeando el número de la página. Decía que me he acordado de esa tarde en que yo regresaba del lungomare, y en la Feltrinelli de Piazza dei Martiri anunciaban la presentación de un libro de Pennac, con la presencia del autor, dentro de no más de tres cuartos de hora. Recuerdo que corrí para buscarte y decírtelo. No recuerdo por qué no te encontré, sólo me acuerdo de mí corriendo Via Chiaia arriba, Piazza Trieste e Trento, Via Toledo, Spaccanapoli, Piazza del Gessù, Piazza San Domenico, Via Tribunali, Via Duomo, sonriendo y jadeando y pensando "verás cuando se entere que está aquí Pennac". Pennac venía de Parigi, no de Paris (léase "Paguí"). Levanto la vista, una pareja pasea abrazada junto a la vidriera. Miro el reloj del café. Me duele la cabeza. Le doy a "Publicar entrada". Guardo los libros, recojo las migajas de recuerdo, pero Paolo Conte no me deja ni siquiera tirar al cenicero ni una sola de esas miguitas de pan de Pulgarcito que... En fin...

Miguel Ángel Maya
Parigi, 11 septiembre, 2011
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viernes, 9 de septiembre de 2011

VIEUX AMANTS Y OTRAS HISTORIAS



Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

César Vallejo




…Como Vallejo, también yo tengo París en el recuerdo…
…En cierto modo he venido a París a morirme, a quedar al menos varado, a sacudirme, a dispararte, a disparatarte. El sol de sur era demasiado para mi piel. Guiñaba demasiado los ojos. La voz de Melody Gardot, en París, es líquida. En el sur era triste. Basta cambiar la escenografía, los adoquines de las calles, los lavabos, las señales, las sábanas; basta cambiar de lengua, de olores, basta caminar por otro escenario, en otro fin de fiesta, para sentir mudar la piel, para desperezarse por fin, para mirar la Tierra desde la luna, y darse cuenta de que es preciosa y azul, pero tampoco es para tanto…





…Viajo a tu lado en el avión. Lo desconozco todo de ti, salvo que ahora, en estas dos horas y pico habremos tenido en los pulmones aire común. Ambos habremos respirado aire que previamente ha estado en los pulmones del otro. Hueles a un perfume suave, que no termino de reconocer, y un poco a sudor. La ciudad maqueta tras la ventanilla. El paisaje Gustave Klimt desde lo alto. Un manuscrito con correcciones en rojo en mi regazo, bocabajo, contraportada negra. Tu rodilla jeans a mi izquierda, tu calzado deportivo dando vaivenes. Live vest under your seat. Eres ajena por completo al hecho de que escuchar en el ipod la banda sonora de Verano del 42 mientras lees un libro hará que, unas horas después de aterrizar, esté escribiendo sobre ti en el blog, mientras miro el marco rojo de la ventana y las ventanas parisinas y grises de enfrente, y huelo los recovecos de otra casa y tomo un té. Te miro de reojo, te estudio. Me acuerdo de Tatami, de Alberto Olmos, repaso mentalmente las últimas escenas del guión (falta tanto todavía...). Mi protagonista (no la de la novela, sino la mía, la de la película) podría parecerse a ti. Escribo detalles en un folio. Apuesto a que en ningún momento se te ocurre pensar que estoy escribiendo sobre ti. “Se aparta de la frente un mechón de pelo, rizado, pelirrojo, y se lo sujeta detrás de la oreja” escribo mientras te apartas de la frente un mechón de pelo y te lo pasas por detrás de la oreja. No es muy rizado. Ondulado tal vez. Castaño oscuro. Te esbozo, te aventuro una voz. El canturreo de la melodía de Michel Legrand no me deja adivinarla. Una cosa es eso, otra cosa es encontrar el tema de conversación que me haga descubrirte. Tienes la mesita abierta y en ella hay un estuche. Bocabajo, como mi manuscrito en mi regazo. Yo tengo la mesita cerrada. Lees algo, sonríes. Abres la cremallera del estuche. Sacas un lápiz. Dentro hay un sacapuntas y un paquetito de pañuelos de papel. Dejas el estuche bocarriba. En el estuche hay un dibujo gastado de Inodoro Pereyra junto a Mendieta, ambos vestidos con los colores de Rosario Central. Me acuerdo de diálogos de Inodoro Pereyra: “Ché, ¿cómo le va?” “Y… Mal pero acostumbrado”. Sonrío.





…Subrayas esto del libro, página 120: “J’étais une vraie cinglée du cinéma argentin…
Por fin te detuviste en las fotos de Los muchachos de antes no usaban gomina, que te apasionaba. Compraste el boleto en la taquilla y entraste a ese cine pequeño, estrecho, con butacas de madera altas e incómodas, donde el ruido de los ventiladores era más fuerte que el de la banda sonora y encontraste un lugar en las primeras filas. Ya había empezado la película” y después de la película sigue la frase, pero tú no la subrayas. Casi al final de la página subrayas, también con la frase ya empezada: “los galanes envejecidos. Veinticinco abriles que no volverán. Pensaste que el tango era una de las pocas formas contemporáneas de la tragedia y te levantaste.” Sonríes. Dejas el libro, bocabajo, sobre la mesita, que cierras un poco, el estuche y el libro se deslizan. Te quitas los auriculares, te levantas, el ipod queda colgando. Lo dejas en el asiento. Te desencajas. Te ubicas, vas hacia la parte delantera del avión. Huelo el aire que has removido. Alargo el cuello para tratar de averiguar el título del libro, pero la mesita está medio cerrada. Sólo consigo leerlo en el momento del aterrizaje. Me sorprende. “Es rosarina”, es lo último que pienso cuando la veo abrazarse a un chico y la oigo hablar francés con esa musicalidad que...
…Y salgo y respiro París, pero esa es otra historia (todavía)…
…Se va a enfriar el té. Melody Gardot empieza otra canción. A veces te busco…

Miguel Ángel Maya
París, 9 septiembre, 2011
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domingo, 4 de septiembre de 2011

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...Los ojos y el calendario están rojos. Ningún corazón más rojo que tú, y me quedé a verlo, totalmente solo, ardiendo, volando. En el calendario está París, y París son muchas músicas y muchas páginas y muchas botas rotas...

...Fumo, y mi voz se resiente. Yo no fumo, pero ahora fumo, toco el piano y recuerdo. Rumio. Compuse Black coffee & diamond dress después de ver Los fabulosos Baker Boys con catorce años. Sigue siendo lo mejor que he compuesto. Lo compuse una mañana de domingo. Creo que cuando vi Los fabulosos Baker Boys entendí un poco lo que yo sentía por casi todo. Abría los conciertos con esa pieza mientras la gente se iba acomodando. La música se entrelazaba con las conversaciones y el tintineo de copas. Era una pieza ambiental a la que nadie hacía caso. Ahora la toco, sin darme cuenta. Miro a la pared, la toco y pienso cosas, vuelo un poco, rumio. Pienso que recordar es como rumiar. Uno se sienta al piano y rumia. En la novela que escribo ahora hay una mujer que se sienta al piano y recuerda: recuerda por el movimiento de sus manos sobre las teclas en el comienzo de La Catedral sumergida. El tacto y la música llegan casi siempre más lejos que el recuerdo, los olores, el recuerdo fabulado, lógico, oral, narrativo, tiene sus asideros y sus trampas para mantenernos a salvo: la música, no. Una música a destiempo nos destroza si el recuerdo nos duele, no siempre lo hace un relato de ese mismo infierno...

...Me siento al piano y pienso en las historias que tengo pendientes, por huir despavorido de las mías, hablo con departamentos de prensa del Betis, con la productora del documental Más allá de la alambrada, para conseguir dar con Sigfreid Meir. Busco las librerías de París donde supuestamente tienen Fils du Brouillard. Pienso en cómo será escribir tus propios recuerdos a cuatro manos, y escribirlos a cuatro manos con Georges Moustaky. En el coche suena a menudo la voz de Moustaky. Me lo imagino escribiendo a cuatro manos y bebiendo whisky junto a Meir. Recuerdo la primera vez que toqué el piano a cuatro manos: era como lanzarse al vacío y depender de la confianza en alguien. Recuerdo el escenario, el Steinway & Sons, M. a mi izquierda, el olor de M. a la izquierda, la presencia corporal de M. a la izquierda. Así, sentada al piano, podría incluso haberme enamorado de M...






...Nunca me enamoré de M. porque también ella se volvía vulgar al bajarse del escenario, porque confiábamos el uno en el otro sólo a cuatro manos, alrededor del cordón umbilical del Steinway & Sons, pero éramos vulgares cuando nos decíamos adiós, cuando arrastrábamos la banqueta, cuando su espalda no se contoneaba, cuando su mano izquierda no pulsaba los bajos y su mano izquierda tenía anillos y no sabía qué hacer con ella en el espacio normal. Éramos tristes cuando llovía y salíamos del conservatorio y era invierno. Miraba la ciudad a través de la ventana del autobús. Ahora siento que aquella soledad de entonces se parece mucho a esto de ahora. Podría verbalizarlo, fabularlo, siempre habrá una narración que se acomode a la memoria: ambas se domestican mutuamente. No sé por qué te estoy diciendo ahora esto. No sé por qué esta rabia ahora, por qué esta raspa de animal mitológico en los residuos orgánicos, no sé por qué el piano, por qué el espejo, por qué la noche, precisamente ahora que París me espera y estoy completamente desarmado...


Miguel Ángel Maya
Sevilla, 4 septiembre, 2011

P.D. Hablando de...
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sábado, 6 de marzo de 2010

Je me suis fait tout petit



J'étais chien méchant, ell' me fait manger
Dans sa menotte
J'avais des dents d'loup, je les ai changées
Pour des quenottes

Georges Brassens, "Je me suis fait tout petit"



...Brassens también tenía a su trompetista invisible...
...Anoche caminaba bajo la lluvia, y me acordé de Brassens y de París, y de cuando era un perro feroz, ahora, que como de su manita, y me mojo bajo la lluvia, aunque me suba el cuello de la chaqueta y apresure el paso...
...Yo también me hice pequeño por una muñeca: me rendí a su boca, que también tenía dientes de leche cuando sonreía al cantar, y dientes de lobo cuando se volvía mala...




...A veces camino por la ciudad, cuyas llamas han quedado sepultadas bajo toneladas de agua, y recuerdo un olor repentino que me lleva a un tiempo inesperado, a una topografía a la que ni siquiera había soñado que volvería...
...Recuerdo cuando me gustaba conocer las ciudades en llamas, antes de caer rendido a sus pies. Después me volví dócil y afilé mis colmillos, que paradójicamente, sin embargo, se volvieron suaves...




...A veces trato de recordar lo que había al final de su mirada. No recuerdo si había un espléndido desierto con una luz tan poderosa como la de un fotograma velado, o si había un intenso mar azul en el que nos bañábamos y nos lamíamos...
...Suelo recordar los olores, porque creo que se me quedan tatuados para siempre, y la piel, porque no olvido fácilmente las topografías en las que he vivido y donde he llorado, o reído o caído, pero tiendo a olvidar lo que vieron mis ojos, aunque sea al final de las pupilas en las que me hice pequeño...




...Veo los tejados de mi calle mojados por la lluvia, mientras suena Chico César y Carlos Varela. Me estremecen sus voces porque me recuerdan a todos los lugares donde estuve o donde quise estar: ya sabes, tu piel, tu boca, tus ojos cerrándose, tu olor, esas cosas simples a los que uno vuelve porque amó la vida, como en el bolero. Creo que estuve en muchos sitios, pero los mil y ún pájaros volando que tengo entre la cabeza y el estómago quisieran haber estado en muchos más lugares de los que estuve...
...Es curioso: el otro día encontré el precio de "Últimas 2 horas y 58 minutos" en rupias: 1,037 rupias; y supe que está disponible en muchos países que yo sólo he soñado: Deliverable Countries: This product ships to United Arab Emirates, Australia, Belgium, Bahrain, Switzerland, China, Germany, Spain, Finland, France, Hong Kong, Indonesia, India, Japan, Kenya, Kuwait, Sri Lanka, Malaysia, Netherlands, New Zealand, Russia, Saudi Arabia, Singapore, Thailand, South Africa. Lo vi en esta página...
...Es bonito imaginar el libro, con mis palabras, sus guiños y sus historias, como un pequeño animalillo que late, viajando en el interior de un barco mercante, un estremecedor animal mitológico, llegando a un puerto y viajando por calles de países lejanos hasta que llegue a una librería en cuyos estantes dormirá olvidado hasta que un viajero casual lo encuentre...




...Cuando me imagino algo así, me meto las manos en los bolsillos, me vuelvo mucho más pequeño, y subo el volumen de la música, emocionado...

Miguel Ángel Maya
6 marzo 2010

domingo, 22 de noviembre de 2009

La última voz


...Yo quisiera no escribir palabras impregnadas en lógica, pero la poesía me queda grande, por eso trato de secar las palabras un poco, por si en la evaporación se vuelven poesía, pero es imposible...
...Últimamente pienso mucho en la muerte. Es como si la respirara con más fuerza, como si la sintiera calma y celada. Cabaret en las tripas del difunto me está ayudando a rumiarla, a suavizar mi inquietud ante ella. Escribo como si fuera un actor de método o la resistencia de una bombilla, por ello necesito ponerme todo el rato en el lugar de quien ya está allí. Creo que la experiencia me está dejando un sedimento bonito y estremecedor...

...Antonio Vega escribió una canción antes de morir, y llegó a cantarla y a grabarla, pero falló el sistema operativo del ordenador donde se grabó y ya no hubo modo de volverlo a hacer porque Antonio Vega se fue para siempre: la música y la voz de esa canción se ha perdido para siempre...
...El libro electrónico me parece un gran invento: pero no puedo evitar tenerle algo de pánico a todo lo que depende de un sistema operativo o del funcionamiento de una máquina. ¿Qué pasaría si el servidor externo de mi email, el disco duro de mi ordenador y el disco duro externo, los tres lugares donde guardo la novela que estoy terminando, de pronto fallaran (cae el servidor de gmail y ambos discos duros sufren un colapso y dejan de funcionar? No tendría absolutamente nada... Como le ha pasado a la voz de Antonio Vega y a su última canción...

...Yo adoro las entrevistas: leer entrevistas, escucharlas, hacerlas, que me las hagan. Siempre quise escuchar cómo sería por ejemplo la voz de Julio Cortázar...



...Cuando fui a París y fui a ver el lugar donde está sus restos no había escuchado nunca su voz ni cómo decía lo que decía, ni cómo miraba, ni cómo gesticulaba. Sólo había leído palabras, pero nunca todo lo demás...
...Nunca esto:




...El hecho es que me cuesta pensar que la misma persona que está ahí, vivo, hablando mientras bebe whisky; sea ahora un cúmulo de huesos bajo tierra y ocupe ese leve espacio en un lugar conciso y silencioso de París, ese París que tanto anduvo y tanto amó...



...Quienes van a ese lugar de París, en cierto modo, tratan de establecer algún contacto con ese Julio Cortázar vivo. Su tumba está llena de escritos, de guiños, de vida, detalles, regalos, caricias, cariño, de gente que se detiene en medio del silencio y del frío, y tocan la flauta, o le leen en voz alta uno de sus relatos. Cuántas veces habrá leído en voz alta sus relatos o le habrá leído sus relatos a otros muertos, como hice yo, nervioso (¿por qué me puse nervioso cuando me vi frente a su tumba y por qué no acertaba a dar con las palabras cuando le escribí una nota que probablemente terminó en el cubo de la basura de alguno de los de mantenimiento?)...






...¿Dónde estará? ¿Quién será la gente que ha dejado esas notas? ¿Qué estarán haciendo en este preciso momento?...



...César Vallejo (vecino de Cortázar en Montparnasse, si no recuerdo mal) tenía ya su muerte en el recuerdo:

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pgaban
todos sin que él haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los camin
os...

César Vallejo



...París desde lo alto se ve así:











Foto: Daniela Procaccino. París, julio 2007.

...Quién sabe cuántos mundos hay en ese microcosmos de cerebros y neuronas de todos y cada uno de los seres humanos que están ahí dentro, que transitan, sueñan, viven, se enferman, se enamoran, se suicidan, se desesperan, se frustran, se...

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustran, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.

Oliverio Girondo






Foto: Daniela Procaccino. El Cairo, septiembre 2008.

...Así se ve El Cairo desde lo alto...
...Y es terrible...
...Tan cerca del abismo y del espanto como de lo más salvaje de la vida. Tal vez todo se reduzca a ver cuánto se deja domesticar la realidad, si se reparte los sueños a partes iguales con la poesía, o si, al menos, nos concede escuchar la última voz de quien más queríamos, de quien menos hemos olvidado, de quien nos dio de comer en la mano y lamimos hasta la última migaja...

Miguel Ángel Maya
Madrid 22 noviembre 2009