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jueves, 9 de octubre de 2014

ARGONAUTA



Navegar é preciso
viver nâo é preciso
Caetano Veloso





Encuentro esto hoy, casi exactamente catorce años después, y dice así:

«Estimado Señor Rumbo,
Yo Julie de Lu Jefa de los puertos, le pido que por favor haga entrar al Puerto de Coco Solo al Sr. Maya León Miguel Ángel de Nacionalidad Español con Pasaporte #28641873-L para que busque un barco hacia Colombia.
Sin más que agregar se despide de Usted,
Atentamente
Julie de Lu
Jefa de Puertos
[Sello: República de Panamá. Depto. de Migración. Colón]»

Miguel Ángel Maya
9 de octubre de 2014
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lunes, 22 de septiembre de 2014

LAY DOWN IN THE GREEN GRASS


Don't say good bye to me
Describe the sky to me
And if the sky falls, mark my words
We'll catch mocking birds

Lay your head where my heart used to be
Hold the earth above me
Lay down in the green grass
Remember when you loved me

Green grass, Tom Waits






...De Centroeuropa me gustan los cielos agrios que me recuerdan a Tom Waits...
...Tenías que haber olido ayer el aire cerca del puerto, olía a mar lejano y a "entonces". El puerto de Hamburgo me trajo el recuerdo de los inviernos de Nápoles. Y le trajo en su piel el otoño de Siena, creo que decía el verso. Recordé a todos mis antepasados que se comían la tierra y danzaban en aquellos extraños ritos funerarios que tenían que ver con la sangre y con el jazz y con el ritmo. El olor del Mar del Norte y el frío, la garganta afilada, el cielo agrio, los monos danzando enloquecidos en todas mis vísceras...
...De Centroeuropa me gusta la lluvia y los papeles perdidos, y los cafés, y leer en los cafés rodeado de palabras desconocidas que no son mías, leer en los cafés cálidos, acogedores abrazos como luciérnagas en medio del frío azulado y gris de las tardes que se apagan hasta cerrarse en la noche...
...Me gustan los puertos, los barcos mercantes, las sirenas adormecidas y graves de los barcos, la fina lluvia, la caricia, la soledad, las calles vacías de los fríos atardeceres terminales...
...Atardecer terminal, la lluvia en la hierba fría, la mano mojada, el abrigo, la sombra, el humo, el vientre de los barcos, la cicatriz, esta cicatriz...

Miguel Ángel Maya
22 de septiembre de 2014
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martes, 2 de septiembre de 2014

PAINTED ON A WALL



who's gonna give a shit
who's gonna take the call
when you find out that the road ahead 
is painted on a wall

Ani DiFranco

...Escarbo las iniciales de la tierra, en las paranoicas fieritas que me muerden, me marcan la piel, me sueñan, me tiemblan, me asesinan...
..Escarbo en las iniciales de la tierra, mientras el alcohol se debate entre mis venas y la muerte, sin mapa, sin brújula, con esa suicida cantándole a la vida, ese mar abierto en canal, ese muro repleto de verdades y de tristeza, pintado, apuntalado de palabras, de dibujos, de mariposas...
...Escarbo hacia las iniciales de la tierra y saboreo la más espeluznante y lírica de mis derrotas...

Miguel Ángel Maya
2 de septiembre de 2014
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sábado, 23 de agosto de 2014

CONTINUIDAD




«El sol en los montes allá lejos.
El hombre miró hacia adelante y hacia atrás.
La mujer caminaba con la cabeza baja.
El ruido de un tren por el suburbio. El silencio por el suburbio.
Las casuchas blancas, oscuras, aplastadas.
El hombre dejó de caminar, y encendió un cigarro. Ahí, detenido sobre la hierba seca.
Era junio. Iba a llover. Y la hierba parecía brumosa, y esos perros que miraban también.
Cerca había huesos roídos.
El esqueleto de un gato.
La calavera de un gato en la basura.
Un jilguero en un árbol.
Las casuchas de colores en otra parte eran puntos tristes, verticalidades borrosas.
El hombre se sentó sobre la hierba; se levantó, sacudiéndose.
El sol tenue, nublado.
Junto a sus pies, entre las matas, un martillo sin mango.
No lejos de él, los perros en la basura.
El hombre hizo un ademán de fastidio, de soledad.
–Qué –dijo la mujer.
El hombre miró una gallina, un perro blanco, flaco de hambre.
Las plantas de maíz en verdes paralelos.
Una muñeca con los trapos de fuera sobre el polvo.
La mujer lo tomó del brazo.
El hombre la miró.
La mujer respondió a sus ojos con un breve, mudo sí.
El aire era un olor desatado, la luz un gris abriéndose a lo oscuro.
El sol entre los montes se hundía cada vez más rápido.
El hombre estaba pálido, impaciente.
La mujer tomó una piedra; la apretó; la soltó.
Un perro los miraba.
–Podríamos seguir, si tú deseas –dijo la mujer.
–Pronto lloverá –dijo el hombre.
Fumaba.
–Qué –dijo la mujer.
El hombre se acercó a un perro, pero el perro huyó. Ladró a unos metros de él, y sobre un montón de piedras se quedó parado, mirándolos.
El hombre le arrojó una piedra.
El perro no se movió.
–Es curioso –dijo el hombre–, de niño estaba tan pasmado que…
–Ya me lo has dicho –dijo la mujer.
El hombre fumaba.
–Lloverá –dijo después.
Un muchacho en bicicleta pasó cerca de ahí, hacia la ciudad.
Mejor nos vamos, pensó la mujer.
–Mejor nos vamos –dijo el hombre.
Las nubes a punto de llover. El hombre inmóvil. El aire caliente.
–Lloverá, ¿dijiste? –dijo la mujer.
Dos, tres perros merodeaban.
Podría tocarme, pensó la mujer, podría hacerlo.
Y miró al hombre.
–Vámonos –le dijo.
–Esos perros me molestan ahí –dijo el hombre. Y tomó otra piedra y se las arrojó.
–Ven conmigo –dijo la mujer.
El silencio, la ausencia del sol sobre los montes. Humedad.
La lluvia.
–Pero –dijo el hombre.
–Te amo –dijo la mujer con voz casi hueca.
–No –dijo el hombre–. Esta tarde no.
Uno, dos, tres graznidos pasaron volando hacia el caserío, hacia el humo.
–Ahí vivimos –dijo la mujer.
Y señaló con el dedo, como apuntando a un fantasma entre fantasmas iguales.
–No me importa –dijo el hombre.
La mujer lo miró junto a ella, inerme; y le dijo palabra que le gustaban al hombre para que sonriera, y el hombre sonrió.
Rápidas, escurridizas, afiladas gotas haciendo surcos en el polvo los rodearon, sonaron sobre las matas.
Los perros desaparecieron.
–¡Parraplum! –dijo el hombre–. Y eso y algo se desinflan.
–Vámonos –dijo la mujer.
–¿Hago lo que debo? –preguntó el hombre.
–Ya me lo has preguntado –dijo la mujer.
–Además, podríamos irnos –añadió.
–Camina –dijo.
Las plantas de maíz, la muñeca rota, el árbol y el jilguero habían desaparecido.
–Camino –dijo el hombre sin moverse.
El humo sobre el caserío, y el caserío mismo habían sido borrados por la lluvia.
–Vámonos –repitió la mujer.
–Camino –dijo el hombre.
–No más palabras. Vámonos.
El hombre sonrió.
Idiotizado, pensó la mujer.
La luz fue envuelta, llevada por la lluvia.
Las manos, los cabellos, la frente, la boca, eso que no está, empapados.
–La lluvia –dijo el hombre.
–Camina –dijo la mujer.
–Voy andando –dijo el hombre–- Ahora voy».

Homero Aridjis, Sobre una ausencia

Miguel Ángel Maya
23 de agosto de 2014

P.D. La foto es de Weegee. No recuerdo dónde la encontré.

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domingo, 10 de agosto de 2014

LAS HISTORIAS SE CUENTAN UNA VEZ Y SE PIERDEN




[…] «porque la sangre se nos va despacio,
sin borbotón apenas,
desmadejadamente por los labios.

Las historias se cuentan una vez y se pierden».

Javier Egea

Miguel Ángel Maya
10 de agoto de 2014
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