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jueves, 27 de diciembre de 2012

RENDEZ-VOUS



À la moitié du chemin de la vraie vie, nous étions environnés d'une sombre mélancolie, qu'ont exprimée tant de mots railleurs e tristes, dans le café de la jeunnesse perdue

Guy Debord

...El jazz suena en la radio. Miro al techo. Es un jazz lento. En el techo está escrito Il n'y a pas de moment ordinaire en letras caricaturescas y serpenteantes, junto a una foto que V. me regaló una vez. Una foto que también ella tiene. En la foto hay un contorsionista. Es una foto en blanco y negro. Hay dos vasos de vino y libros. Mis pies recorrieron librerías gastadas. En Rue de l'Agent Bailly alguien abandonó un mueble con libros. Un anciano saca libros de un carro y los coloca con cuidado bajo la lluvia. El anciano murmura. Se va. En el mueble hay libros de aventuras y Musique pour caméléons. Bajas el plástico con delicadeza. Proteges los libros de la lluvia. Ti proteggerò dai turbamenti che per tua natura normalmente attirerai. Es como si los taparas y les dieras un beso de buenas noches. El frío te pone la nariz roja y a veces ese detalle prende todos mis años vividos o los años que quise haber vivido...
...Una librera perezosa con dientes amontonados y amarillentos me sonríe parapetada detrás de todos los libros que quise haber devorado, y me cuenta la historia del porqué de mi desencuentro con ciertos libros. La historia de su siesta y de su après-midi es parecida a la rulotte de la futuróloga junto al puesto de perritos calientes cerca del cementerio de Montparnasse. Una futuróloga que descansa los domingos. El domingo festivo de una futuróloga tiene algo de metafórico y de intrigante: ¿pierde los poderes o se dedica a predecir su propio futuro? Es como el día de asuntos propios de una futuróloga...
...La lluvia derrite la barra de pintalabios que alguien ha dejado sobre la tumba de Cortázar. La tumba de Cortázar bajo la lluvia. Los billetes de metro. Las cartas, la tinta diuyéndose, los ríos negruzcos sobre el papel cuadriculado, la hoja arrancada del cuaderno, la chica arrodillada, escribiendo, frente a la tumba del Cronopio barbudo. Junto a la de Cortázar hay una nueva tumba que no estaba el año pasado: es de un pequeño niño rubio que nació en el 2001 y murió el año pasado. En la foto aparece sonriendo. Al fondo hay un mar insolentemente azul. Siempre las mismas cartas adolescentes y el vuelco en el estómago recordando la sonrisa del niño rubio: vine a París para buscarte, vine a París para encontrarme, estaba perdida y leí Rayuela. Hay algo en esa pasión unívoca y casi sin matices que me enciende y me enternece. Se parece mucho a esa admiración expresionista, a esa ilusión desbordante que me llena cada poro, cuando encuentro cassettes muevecitos de Gainsbourg y de Sinatra en Boulevard Saint Michel, frente a una librería de saldo donde se pueden comprar maravillas por un euro cincuenta, y después gastarse en vino lo que hubiera sobrado, como en la canción de Krahe...
...El vino y el jazz lento. Le rendez-vous (avec la vie?) dans le café de la jeunesse perdue. La lluvia, los paraguas compartidos, las botas empapadas. Estar de acuerdo con la vida y amarla sin reservas, a pesar de todo. Porque hay un todo que pesa y una melancolía que sigue ahí, doliendo, y unos pasos perdidos que a veces no dan más de sí. Pero París me abraza y es cálida y está dolorosamente preciosa...
...Y sí, nos habremos ido para siempre, y esta música seguirá sonando...



Miguel Ángel Maya
París, 27 de diciembre de 2012

*

miércoles, 3 de noviembre de 2010

BONJOUR, NOVEMBRE (POCKETWORDS)




...Como los papeles despiadados que dejó desperdigados Marilyn, estas palabras estaban perdidas entre los bolsillos de mi abrigo negro: el abrigo negro con el que conocí a Mademoisselle Amsterdam, lleno de papelitos, billetes, posavasos, servilletas, repletos de palabras...

...Palabras acumuladas escritas con grafía veloz sobre la cama del hostal, o en una cafetería reconfortante y cálida y con música, mientras afuera suena la lluvia y la calle...




...El otoño y las hojas sobre los canales, sobre las aguas plácidas y quietas, sobre los patos, mi gorra calada, mi chaqueta abrochada hasta arriba, el frío calándome los huesos, tu cuerpo, tu esqueleto, el cigarrillo en la comisura de los labios, como si fuera un personaje secundario en una olvidada película de cine negro, con tranvías, y deseo, y golpes en el hígado...

...Me olvidé de todo: de los barcos en los canales, de las puntas titilantes de luz en las ventanas, de tus labios abiertos de par en par, olvidándome de todo, incluso de todo lo que más me preocupaba, ese cincel extraño que me golpea con fuerza la cabeza, que me entristece cuando llega noviembre, y te doy los buenos días en francés...





...Amsterdam sabe al Café Fontayne, en Niewmarkt, y sabe a ti, que has dejado frío el otro lado de la cama, por el que puedo rodar, por el que podría hacer una expedición por el desierto, por el que podría delimitar territorios fronterizos, organizar batallas memorables, definir estrategias militares tristes, como todas las estrategias militares y todos los inviernos y todas las ojeras y todos los temblores...
...Y sabe a
Raymond Carver preguntándose por qué no bailas mientras bebes whisky y canturreas y te desnudas mientras me fotografías a través del espejo, mientras nos vamos marcando con esas huellas tan profundas...

...Un tipo entró en una librería, en Spui: llevaba una maleta que arrastraba escaleras arriba, con un ritmo pesado que hacía temblar las escaleras, iba empapado, el pelo rubio y unas gafitas redondas, y cuando llegó a la tercera planta se quedó mirando a la chica de la caja, vestida de negro, morena, con un lunar, y la chica, que le estaba cobrando un libro para niños a una señora francesa, se quedó mirándolo, se le dibujó una sonrisa, se apresuró a terminar con la francesa, salió del mostrador tras la caja registradora, sin ni siquiera darle la vuelta a la francesa, y se abrazó al chico, como si se colgara de él, como si la noche antes hubiera cometido el más atroz de los crímenes y él representara la más gloriosa de las coartadas...
...Mientras veía la escena, en la primera frase del libro que tenía entre las manos, un Horacio extrañamente angloparlante se preguntaba:
Would I find La Maga?...




...Te veo, pero tú ¿qué ves?...
...Cuando ves a esos adolescentes italianos que se detienen y te señalan y se ríen, ¿qué ves?...
...Yo te veo bajo las luces rojas, veo tu cuerpo, casi todo tu cuerpo, y cuando me miras mirándote, en el escaparate, ¿a quién ves?...
...Estás ahí al alcance de mi mano, tu piel está ahí tras el cristal, con mi tarjeta de crédito, tu cuerpo, tu piel, los labios vaginales que adivino desnudos bajo tu ropa interior fluorescente, tus jugos, tu saliva, tus células, tu olor, tus movimientos tienen un valor en euros, son una atracción turística...
...¿A qué tiempo se remonta? ¿Quién, cuándo, cómo, puso sobre el vaivén de tus caderas el peso de buena parte del plan turístico de toda una ciudad, a quién se le ocurrió, qué bisabuela libertina que ahora yace sobre algún cementerio olvidado de las afueras hizo soñar con su piel a los marineros de la canción de Jacques Brel que todavía busco entre estas calles?...
...Recojo el beso que me lanzaste, me lo guardo, me guiñas, me buscas, me sonríes, como si todo fuera verdad, como recorrer tu cuerpo, estar en tu cuerpo, no dependiera de la tarjeta de crédito que ahora está perdida entre estos papeles...




...El cielo centroeuropeo, frío, cuchillo, oscilando entre todas las gamas que van del blanco al gris tormenta, de la niebla a las nubes, donde parece que fuera a diluirse todo en la tinta que yo no he malgastado todavía, como el semen denso, marchito y brutal de los abstemios y los castos...
...Sería un acontecimiento doloroso, digno de una de esas películas que giran en torno al fin del mundo, que estas aguas crecieran monstruosamente y la ciudad se sumergiera, y Amsterdam, como Venecia, se convirtiera en una ciudad fantasma sepultada por cerveza negra, y estas débiles, tranquilas, falsas, luces rojas...





...Sería tan doloroso como seguir husmeándote en el otro lado de la cama, de cualquier cama que haya servido para que nuestros cuerpos se entrelacen, pero eso, como siempre, es otra historia que terminó con el avión de regreso y con la voz de Tom Waits...

Miguel Ángel Maya
Amsterdam, 28 octubre - 2 noviembre, 2010