Alguien hermano de tu muerte te arrebata te apresa te desquicia y tú indefenso estas cartas le escribes.
Raúl Gómez Jattin
...Siguiéndole los pasos a la poetisa Debrah Wycliffe me entero, casi por casualidad, de pasada en un artículo en The New Yorker, en una línea y media de un artículo en el que se hablaba de otra cosa, de algo alucinante: cuando fue asesinada estaba traduciendo al inglés dos libros de Andrés Caicedo: Que viva la música, para la editorial neoyorkina Farrar, Strauss & Giroux, y Angelitos empantanados, para una pequeña editorial de Chicago especializada en literatura infantil...
...Es entonces cuando, de nuevo casi sin quererlo, me entero de su viaje a Bogotá y de cómo entró en contacto con gente que había tenido que ver con el grupo de teatro de Andrés Caicedo en Cali, y con la filmoteca que puso en marcha y con Ciudad Solar, aquella especie de comuna en la que vivió durante un tiempo...
...Andrés Caicedo y Raúl Gómez Jattin, nacido y muerto en Cartagena de Indias, fueron mis grandes descubrimientos literarios cuando estuve en Bogotá. Es curioso cómo unos pasos que uno cree perdidos vuelven de pronto, una noche, sin avisar. Esa noche, siguiendo los pasos de Debrah Wycliffe encuentro conexiones entre el Nuevo Incendiarismo y Ciudad Solar, y con la poesía de Jattin. Esa noche me quedo hasta tarde viendo una extensa entrevista a Raúl Gómez Jattin...
...Siguiendo ahora los pasos de Jattin vuelvo a recordar mi búsqueda de dos de sus libros póstumos: Esplendor en la mariposa y Los poetas, amor mío. Esa misma noche, sin yo saberlo, L. se va a Cartagena de Indias porque la han invitado al Hay Festival. De Cartagena recuerdo un café y una tienda de discos a la que iba a escuchar a Charly García y a recuperarme sonoramente de la amigdalitis que me había traído del viaje en velero entre Panamá y Colombia. También recuerdo una librería pequeña, en una plaza. A ninguno de los tres sitios sabría volver. En Cartagena basta escarbar un poco para dejar atrás esa primera capa de tierra de cartón-piedra turística, que es García Márquez, y encontrarse de bruces, más cerca del infierno, con gente de la calaña de Raúl Gómez Jattin. Escribo a L. para que busque esos dos libros y sacie mi fiebre y sacie su fiebre, porque sé que son libros que ella no sabe que estaba buscando...
...Todo esto es casualidad. Me pregunto si tendrá sentido esta conjunción de noches en puntos tan distantes del mundo. No tengo respuesta a por qué ahora Debrah, por qué ahora estos pasos perdidos, por qué ahora todo esto. Leo el último email de Debrah que hay en la bandeja de entrada de mi email: es una fotografía de Weegee en la que aparecen unos niños jugando en una fuente rota en una calle de Nueva York. Como quería escribirle un email con detenimiento no le contesté, esperando que en los próximos días encontraría un hueco. Tres días después apareció brutalmente asesinada en Coney Island y las palabras que tenía para ella no se las he podido decir, todavía, a nadie...
Miguel Ángel Maya
1 de febrero de 2014
P.D. La foto es de Saul Leiter y está tomada de aquí.
...Hoy me ha llegado al email una oferta de trabajo como profesor de español...
...Es de una página a la que estoy suscrito: es en Ithaca, New York...
... Pienso, por este orden, en Monk, en un apartamento alto, viendo el río Hudson desde su piano. Pienso en Ulises atado al mástil mayor escuchando el canto de las sirenas. Pienso en Butes, el marinero que se arroja al mar para ir hacia ese canto. Pienso en Penélope haciendo y deshaciendo calcetines para el invierno. Pienso en Eduardo Lago. Pienso en lo mucho que me gustaría ser uno de sus alumnos. Pienso que la misma tarde que se presentaba en Madrid el libro de Lara, tambien, en otra parte de Madrid, se presentaba el libro de Eduardo Lago. Me lo dijo Paul durante la cerveza previa a Por si se va la luz. ¡¿Tiene un nuevo libro?! No sabía que podía relamerme porque Eduardo Lago había sacado un nuevo libro. Llámame Brooklyn me lo terminé de leer en la estación de Atocha, de madrugada, y no podía parar de llorar. Una noche se me ocurrió guionizarlo, y le escribí al email del Cervantes de Nueva York para pedirle permiso. Él me lo dio, pero el libro me superó y desistí. Creo que nunca se lo dije. Tal vez sí. La timidez, a veces, puede confundirse con mala educación...
...Cinco minutos después de saber que Eduardo Lago había sacado un nuevo libro, me dicen por teléfono que me lo acaban de comprar y que me lo dará en cuanto nos veamos. No le pregunto por el título. Quiero que todo sea nuevo: el título, el argumento. Abrir el libro por primera vez, empezar a adentrarme en él...
...Caigo en la cuenta de que Ithaca está en Nueva-York-Estado, no en Nueva-York-Ciudad, que es un lugar donde quiero vivir, y donde estoy convencido de que algún día viviré. Está de hecho lejos de Nueva York ciudad. Tanto como de Montreal. Entro en la página de la Facultad y me entero de que en ese lugar dio clases Nabokov y escribió "parte" de Lolita...
...Ahora suena jazz, de hecho suena el canturreo de Monk junto a Mr Oscar Peterson, y bebo vino, y tengo en mis manos Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee...
...Sabía que el título ya iba a tener algo de memorable...
...Lo abro y leo esto:
A través del cristal, oscuramente
Wild Games
Esta historia empieza y termina con un libro, aunque al final, el libro es lo de menos. Mi nombre, como se decía cuando aún había novelas, no importa demasiado. Surgirá cuando lo exija la estrategia de este informe. Una tarde de invierno, a finales de 2009 descubrí en la mesa de novedades de la librería St. Mark's, en el East Village neyorkino, un ejemplar de un libro de Vladimir Nabokov cuya existencia me era enteramente desconocida, El original de Laura. Lo cogí, con mucha curiosidad, y leí en la contraportada que se trataba de una novela que el escritor ruso había dejado inacabada al morir. Intrigado, me puse a hojear el volumen. Se trataba de un conjunto de fichas manuscritas, plgadas de borrones y tachaduras. No sé bien qué me hizo decidirme a comprar el libro, pero lo cierto es que lo leí de un tirón aquella misma noche y, cuando terminé, se había adueñado de mí una sensación sumamente extraña, una inquietud que no acababa de entender.
...Creo que más que las palabras o el mero placer de las historias y los libros, son estas cosas las que me apasionan de la literatura. Este tipo de casualidades que se presentan de pronto, y uno tampoco sabe descifrarlas del todo son las que terminan por apoderarse de mi pasión de leer...
...Eso y estar convencido de una afinidad literaria tan fuerte con el señor Lago que no dudo de que, si nos conociéramos, seríamos buenos amigos...
...Sólo una vez sentí una afinidad literaria parecida con un autor vivo. Fue con Sara Mesa, a quien no conocía más que a través de lo que había escrito. Ahora somos amigos, tal y como presentía por sus libros...
...Pienso, otra vez, en Ithaca. Pienso en Kavafis. Pienso en los regresos y en los perros que reconocen cicatrices y en los héroes que asesinan pretendientes...
...Pienso en Nabokov sorprendido por la muerte con un libro a medio escribir. Y estoy deseando terminar esta entrada para seguir leyendo Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee, acunado por el jazz del señor Gillespie, a quien imagino de noche en un hotel de Nueva York (no de Ithaca), por el vino, por Nabokov, por Lago, por la noche, por la noche, por tu respiración...
...Eso que a veces yo identifico con la felicidad...
...De la presentación del sábado pasado rescato un vestido y un amor, las pizzas, la calidez de Enclave de libros,el dolor, el alcohol, las risas, la noche y esto que dijo Lara:
Miguel Ángel Maya es una persona singular, y como persona singular que es escribe mundos singulares. En la presentación que se hizo en Sevilla de este libro, la escritora Sara mesa dijo que Migue tenía un universo propio, absolutamente propio, que es más de lo que pueden decir muchos escritores. Yo estoy totalmente de acuerdo con eso, y para presentar a Migue quiero leer aquí un poema que, en mi opinión, resume algo de lo que Migue es, en su literatura y también, por qué no, en su vida.
"El espectáculo", Las identidades, Felipe Benítez Reyes.
Antes de empezar a leer El hombre que decía haber salvado a Rebeca B. pensaba que era un libro de relatos. abrí el libro y leí el primer capítulo, y rápidamente me di cuenta de que no lo era, El hombre que decía haber salvado a Rebeca B. no es un libro de relatos, en todo caso es una novela, pero más allá de eso es otra cosa: a lo mejor ni siquiera es un libro, es un laberinto y un enigma. Es un fotograma o una trampa. Es Rebeca B. Y Rebeca B. es mucho más que un libro.
Os pongo en antecedentes. Miguel Ángel Maya ha creado una ciudad, Saint Simons. No cabe duda de que Saint Simons entra dentro del mapa literario de trasuntos civilizados, o más bien absolutamente incivilizados, donde ya aparecen Macondo y Jefferson; de hecho Saint Simons, sin tener nada que ver con la una o con la otra, podría ser una mezcla terrorífica de las dos. Saint Simons es el lugar, absolutamente cinematográfico, donde transcurre este libro. Lo tiene todo, tiene una pizzería a la que quiero ir, tiene un Bed & Breakfast donde no sé si quiero dormir, tiene una estación, Sandspur Road, donde querría esperar el tren de mi vida, y tiene Magnolia Avenue, por donde estoy segura que he conducido alguna vez. Pero tiene más cosas: un paseo marítimo, unas dunas que están a punto de comerse la ciudad, un mar que devuelve constantemente misterios y cuerpos a la orilla, una reserva de rencorosos indios Seminola que son un peligro para la población, y sobre todo, para unas galerías subterráneas comidas por el óxido, donde generaciones y generaciones de seres aparentemente humanos son entrenados para la música más celestial, donde se practica el canibalismo y donde la yet set de Saint Simons baja a escuchar conciertos de mozart, Bach y Beethoven y luego gasta impunemente todo su dinero negro en lujos, perversiones, juegos, vicios y demás oscuridades a costa de los habitantes del subsuelo, pura mano de obra explotable. Sin hablar, por supuesto, de la Guerra Minúscula que asoló la ciduad. ¿Alguien se puede imaginar una cosa así? Este es el contexto de este libro.
El otro día hablé con un amigo que se había leído el libro, y me dijo no sé qué de ciencia ficción. Evidentemente, 'parece' ciencia ficción. Pero yo no lo he leído así. Primero, porque el estilo de Migue, rápido, cálido, cinematográfico, descarnado, jazzístico, hermosamente sentimental, policiaco, glamouroso, nada tiene que ver con la ciencia ficción, para mi gusto. Segundo, porque cuando leí la primera descripción sobre lo que pasaba en las galerías lo primero en lo que pensé fue en Eurovegas. Eurovegas sí es ciencia ficción, por lo tanto, la literatura de Migue es pura realidad. Miguel Ángel disfraza de pura ficción la crueldad de este mundo. En El hombre que decía haber salvado a Rebeca B. se reúne, para conspirar sobre los crímenes más violentos el cónclave de la Trinidad de los Azares, que no puede ser otro que el de las Azores, y además, se dicen cosas como esta: "Cuando a usted le dan un plato de comida y una escopeta, ¿se deja acariciar?". No, creo que no es ciencia ficción, por desgracia, lo que cuenta el libro ya ha pasado y está pasando en este momento. Saint Simons es un poco como el desierto de Sonora, los agujeros que hay en la tierra son como los de Ciudad Juárez y la tristeza de la música de cámara de las galerías debe de ser parecida a la de algunas generaciones de músicos cubanos.
Pero en este libro hay una belleza particular, que posiblemente sea lo más importante de todo. Esa belleza se llama Rebeca B. Migue escribe "No, hace ucho tiempo que no sé nada de Rebeca", y al lector se le encoge algo dentro porque eso es la vida, la perplejidad que uno siente al darse cuenta de que alguien se ha alejado de tu camino, de que los años han pasado y no en balde, de que nada fue lo que uno pensaba que sería. Migue escribe: "Los labios de Rebeca B. son fríos, acartonados y azules, sobre todo si el mar ha arrojado su cuerpo a la playa, y ella está inconsciente. No hay mucha diferencia entre un beso y un boca a boca". Migue escribe eso y todos estamos enamorados de Rebeca B. igual que el narrador de este libro. Para mí, en este libro hay muchos testimonios y un solo narrador, y el narrador es valioso como una llave o como la misma Rebeca. El narrador es narrador y personaje. El narrador es un juego íntimo de la escritura: es un personaje que se mira en el espejo y a la vez se da la vuelta y se dirige hacia la playa y a la vez escribe todo esto y aun así resulta lúcido. Este tipo, que aparece una y otra vez en los relatos y del que no sabemos el nombre, es un personaje digno de Miguel Ángel Maya: da igual quien sea, porque él solo es todos los narradores, todos los narradores de este libro son un poco detectives, todos están consternados por el dolor y a veces por el amor, todos tienen un revólver y no saben usarlo, todos tienen miedo y les da por huir o por no moverse, todos tienen ese peso inquietande te la vida, la certeza del paso en falso. La lluvia en la noche siempre les trae mujeres empapadas a casa, y ellos las escuchan y no las entienden y las miran a los ojos y las dejan escapar y luego escapan ellos y conducen un coche y tiemblan y tienen un revólver y lloran.
Tengo que terminar hablando de Rebeca B., la trapecista del pelo rizado y rojo, pero no debo hacerlo. Si lo hiciera, en realidad, traicionaría el libro, porque vosotros tenéis que descubrir a Rebeca B. por vuestra cuenta, tenéis que vivir esa experiencia, tenéis que revolver en una basura llena de ropa interior y cáscaras de plátanos por si ha dejado alguna huella.
Sólo puedo decir que Rebeca es la trampa, el laberinto, el iceberg de hemingway, Rebeca es lo que el lector busca en cada relato, o en cada capítulo, y Migue ha sabido encender esa alerta desde la primera página y alimentar la promesa durante todas las demás. Rebeca B. y aquello que ocurrió en el Bed & Breakfast donde sucedió todo, esos dos símbolos poderosos, a golpe de imágenes de cine mudo, nos llevarán de la mano por la noche de Saint Simons, nos empujarán, más bien, dentro del coche oscuro que viaja a toda velocidad, nos arrastrarán hacia la orilla de la playa buscando un cuerpo, y al final estaremos también nosotros ahí, conmocionados por la belleza, con los ojos traspasados de una extraña nostalgia, oliendo el peligro y sabiendo que, una vez más, Miguel Ángel Maya nos ha metido dentro de su mundo, de su obsesión, y ahora no podemos salir.
...Sí tú, segunda persona en mi cama desperezándose segunda persona esperando el café segunda persona abriendo regalos emocionada segunda persona suicidándose arrojándose desde el balcón...
...Yo dormía entre tus piernas y olía tu coño. Mi respiración era fuerte. Todo en mi sueño lo invadía la necesidad de que tus labios vaginales sintieran el aire de mis pulmones y se mojaran. Todo en mi sueño tenía que ver con mi lengua y mi alma y una corazonada y una tierra seca...
...Aplaudo solo en un teatro vacío: después de días y días y días sin sentir ni padecer acabo de terminar la corrección de un manuscrito que irá a imprenta y que en breve será libro...
...Estoy borracho. Quiero creer que eso que vibra es la sangre en mis venas. Anoche te habría descuartizado de madrugada. Anoche le habría declarado la guerra a un peluche. Anoche me habría maquillado y me habría vestido de mujer y habría aullado convertido en un hombre lobo a destiempo y habría aniquilado con un solo bombeo de saliva todos los años que me he perdido en este juego...
...Sí, este juego, Lara. Esta lágrima. Estas ganas de romper la baraja. Estas ganas irrefrenables de tren nocturno marchándose lejos y estas ganas de baba y de empaparse en una buena tormenta, Lara. Sí, eso. Este llanto nocturno en el sofá. Esa nostalgia prematura por Un vestido y un amor y un vino en una calle de madrugada...
...La madre de Fogwill hundió un barco y yo escribí un haiku. Al menos eso cuento en un libro de poemas póstumo. Al menos eso le digo a las perras que me roban el aliento las noches de luna llena y a las que malvendo el alma imaginándome que son el mismísimo diablo sólo porque llevan ese ridículo disfraz de diablita de serie b y abren regalos y emiten onomatopeyas...
...Qué días más raros, me digo relamiéndome soñando con tus ojazos mientras mato moscas con el rabo...
...Qué raro es sentirse tan huérfano tan lejos del mar tan raro tan calmo tan...
...A través de la ventanilla veo una chica que conduce y canta y que se ha pillado el vestido azul con la puerta del coche, y el vestido azul se agita como una pequeña y rudimentaria bandera clavada en medio de uno de esos lugares fronterizos e inhóspitos donde hay lugareños enjutos y silenciosos que observan a los forasteros...
...L. sostiene el vino blanco, y sostiene el tiempo de los relojes, en la madrugada, y lee algo en El pasado de Alan Pauls que ella subrayó cuando El pasado era para ella un clavo ardiendo y que parece que Pauls escribió para mí ahora -aunque lo escribiera hace ahora diez años y quien yo era hace diez años no necesitara de El pasado. Me gusta cuando L. me lee lo que subraya. Yo subrayo y doblo páginas, porque leo mucho en los trenes, y en los autobuses y en los metros, y no siempre tengo a mano algo con lo que subrayar. Las páginas de mis libros están dobladas en un amasijo semiótico de señales: según si la página está doblada en pico, y el tamaño de ese pico, según si está arriba o abajo, según si está doblada en vertical, si está doblada por la mitad...
...L. es capaz de contar el desembarco de Normandía sin dejar de sostener una copa con vino blanco y sin dejar de sonreír con sus dientes de conejo...
...El día D. puede sorprenderte en el Templo de Debod con Mata-Hari: Mata-Hari te puede hablar de un avión en el aeropuerto de Trípoli o de un kalashnikov o de un amante. Mi anmesia selectiva sólo me permite recordar mis intimidades más inconfesables: mi teoría sobre la novela y lo anecdótico del libro frente a la historia magmática, mis conceptos filosoficos referencia, preferidos, e inamovibles, mis fantasías sexuales, las noches que dormí en playas junto a monos e iguanas, las tardes repletas de luciérnagas en la Selva Amazónica, cómo viví la ocupación de Nápoles o el bombardeo de París de los que luego me enteré por los libros...
...El día D. me devuelve a la extraña calma de esa pensión en ese cayo de Florida pocas horas antes de la llegada de ese memorable huracán que "ya tengo en el recuerdo"...
...Hablemos de topografías... ...Dubrovnik. Espero el autobús. Mis ojos se van tras una chica en bicicleta. La falda no es lo suficientemente corta. Es lo suficientemente corta, sí, entiéndeme, pero sigue tapando topografías cruciales. Espero. El autobús, la bolsa o la vida. Miro el teléfono. El útero de Lara me traerá novedades en las próximas horas. Se va a apagar de un momento a otro, el teléfono. El cielo sigue siendo azul. Il cielo è sempre più blu. Pasan dos chicas vestidas de flamenca. Una es rubia, la otra es una anécdota prescindible. La rubia lleva un traje rojo. No sé cómo describirlo, ahora hay trajes de flamenca cuyos voltantes parten en la rodilla, y el resto es un boceto de la figura que va dentro... ...Imagino la figura que va dentro. Pasan delante de un escaparate. No sabía que aquí detrás había un escaparate. Pone Dubrovnik 639 €. Recuerdo el cuento de Lara. Pienso en el útero de Lara. Miro el teléfono. La figura rubia que va dentro del traje rojo se aleja. Pienso en Dubrovnik, pienso en la topografía que se aleja...
...Pienso en Buster Keaton cayendo. Pienso en Buster Keaton aprendiendo a caer, y rodando esa escena en unas cataratas, cuando se rompió la cuerda. Lo vi en un programa de cine que veía cuando no sabía que yo podía aspirar a formar parte del cine. Tendría seis años, y en el patio de la casa de mis abuelos aprendí a caerme como Buster Keaton. Creo que el programa de cine se llamaba Polvo de estrellas. Ahí supe que la escena del barco de Charlot Emigrante se rodó poniéndole un péndulo a la cámara. Escribía en un cuaderno los trucos del cine... ...Pienso en Buster Keaton varado en un bar. Pienso en un gin-tonic y en una azotea. Pienso en el verano. Miro a una chica que se levanta y le deja el asiento a un anciano. El anciano se niega de forma antipática. Paga con la chica el paso del tiempo. Miro la nuca de la chica.. ...Ya he subido al autobús, no lo había dicho...
...Miro la ciudad a través de la ventana. Vibra el teléfono en mi bolsillo. Dubrovnik, el útero, la figura rubia que va dentro de un traje de flamenca que se aleja, el sobresalto. Vodafone. Mierda. Borro el mensaje. Me veo en el reflejo, el sol en mi antebrazo, mis ojos que yo veo marrones y mucha gente ve verdes. Estoy solo, completamente solo. Me acuerdo de Nadia llorando en un autobús nocturno londinense y rojo en Wonderland. La música de Nyman. Tengo que bajarme. La yema de cualquiera de mis dedos tiene que pulsar STOP. Dejo el trabajo sucio a los demás viajeros. Nadie me hace el trabajo sucio, nadie pulsa el botoncito rojo. Veo pasar la parada donde tendría que haber bajado. Es demasiado tarde, me digo, y se me revuelve el estómago. Me levanto. Trataré de volver sobre mis pasos, cuando baje, cuando pise tierra firme... ...Recuerdo cuando llegué al puerto de Cartagena de Indias después de seis días de navegación y tempestad en velero. Me hace gracia la expresión tierra firme. Eppur si muove. Bajo. Miro al horizonte, olisqueo el aire. Pienso en Dubrovnik. Vuelvo atrás. Silbo el tango Vuelvo al sur. Pienso en el sur de Julieta Desmarás. Me gustaría conocer su voz de sur... ...Cuántas formas de estar varado...
Olvidar ese amor largo, de horas persiguiéndose. Escondió su mano inocente en el bolsillo de su cazadora, y fumó con la cruel.
Lara Moreno, Cuatro veces fuego
...En un libro de Margueritte Duras leí una descripción espeluznante: un triángulo que se iba deformando, cuyos vértices estaban formados por personas que paseaban por una playa en invierno, los vértices tenían alguna relación, recuerdo, pero no recuerdo cuál, ni en cuál de sus libros aprendí que en esa geometría delicada y fría también se puede infectar el deseo...
...Cuando tenía catorce años devoraba los libros de Marguerite Duras. Cuando supe que había sido la casera de Vila-Matas en París empecé a leer a Vila-Matas y a leerme todo París (que es buena parte de la literatura que ha seguido infectándome, como la geometría o el deseo). Dejé de leer a Vila-Matas cuando me enamoré de ti y tú eras la indiferencia personificada... ...Y me puse a escribir...
...Casi todas las veces que he dejado de leer es porque quiero a alguien que no me quiere... ...Una vez, muchos años después, V. me confesó que durante muchos meses esperaba encontrarse conmigo leyendo el periódico en Piazza San Domenico, con una mochila moruna a mis pies... ...Un mediodía estaba leyendo el periódico, al sol, en Piazza San Domenico, y Ava Gardner (o Claudia Cardinale, o...) se acercó con un cigarrillo en sus labios para pedirme fuego. Yo no tenía fuego, pero aun así, busqué en la mochila moruna que tenía a mis pies por si alguna remota carambola del universo había puesto ahí al fondo del caos un mechero con el que encenderle el cigarrillo...
...V. vive en París, su dirección exacta sale en una novela cuyo manuscrito yace en alguna mesa, o rincón, o cajón de la editorial, o sujetando una mesa coja, o fuera de foco, off screen... Y siempre imagino que lo que V. recuerda de mí, en Piaza San Domenico, fue ese momento fugaz con Ava Gardner (o Claudia Cardinale), ese triángulo de deseos suaves, buscando un fuego que sabía que no iba a encontrar...
...Es curioso cómo en una mudanza los recuerdos adquieren formas físicas y se encarnan en objetos: abres un cajón, y aparece un posavasos, una tarjeta de embarque de easyjet, una servilleta con un número de teléfono, un cochecito, unas entradas de Clamores, un paso en falso, un casi abismo de carmín por el que no te jugaste la vida... ...Son objetos que a pesar de haber estado ahí, en la misma casa que ahora abandonas, callados, agazapados, perdidos, tienen sus músicas y sus historias...
...En este caos de cajas, eso es lo que más me gusta que me pase... ...Y luego están los libros, claro: cuando uno tiene que domesticarlos, sacarlos de las estanterías y meterlos en cajas, lo prioritario pasa a ser el objeto: no importa ya si el libro me gustó o no, si marcó mi vida o no, uno se da cuenta de la importancia que tienen sus libros por el cariño con que los trata al meterlos en la caja, porque trata de que tenga las mejores compañías posibles: "no, no puedo poner a Manuel Puig junto a Cela"... ...Desde el punto de vista de una mudanza, hay libros mucho más dóciles que otros: los de Seix Barral son los que más me gustan, de ahí que Boquitas Pintadas viaje en el camión de la mudanza con todos los honores, porque además es un libro maravilloso... ...Los de Losada son geniales: sirven para rellenar los huecos de las cajas que han dejado las ediciones en tapa dura o los 2666, de modo que Roberto Arlt, que me perdone por la devoción que le tengo, se ha convertido en un funcional rellenahuecos, con todo el dolor de mi corazón, y sus siete locos o sus juguetes rabiosos viajan de canto, justo antes de cerrar la caja... ...Es raro ver los libros como si fueras el hombre de hojalata...
...Ahora estoy en medio del torbellino de cambios que me circundan: visito pisos vacíos, por ejemplo; miro el calendario para cuadrar o conjurar fechas claves; trato de hacer el equilibrista entre dos ciudades, nada menos; y le doy vueltas a las ideas o las bombas que van minando mi insomnio hasta que suena el despertador y empieza a rodar el tiempo y el espacio bajo mis pies...
...Cuando estoy así, mis neuronas suelen entrechocar entre sí, y suelen ponerse a carburar o a elaborar rudimentarios discursos estéticos que mi falta de destreza lógica me impide transcribir como el intelectual que nunca seré. A pesar de mis muchos años de filosofía, de mi estrambótica tesi di laurea sobre Schoenberg y el concepto de Movimiento dedicada a la memoria de Frank Zappa, no sirvo para los discursos lógicos: las palabras razonables o razonadas que salen de mi boca terminan en un patético hundimiento o en unos pobres fuegos artificiales de fiesta de pueblo...
...Es en estos momentos cuando más ideas se me vienen a la cabeza: la mayoría no pasan de simples ocurrencias, pero generalmente conviene tener un lápiz o un piano a mano, por lo que pudiera pasar. A veces pasa “algo”, y es importante ir armado...
...Tengo muchas cosas que decir y voy armado. Hoy, quiero decir: hoy tengo muchas cosas que decir y hoy voy armado. No es lo habitual, por eso soy inofensivo. Estoy resfriado y un poco tengo ganas de llorar por el torbellino que me circunda, de modo que las voy a decir como quien lanza los dados de una partida en la que se juega algo o mucho...
...Cuando murió Fogwill, un periódico me pidió que escribiera algo sobre él: querían tener el texto en la recámara por si la necrológica del que de verdad sabía de Fogwill no llegaba a tiempo. Yo escribí esto, que no se publicó, porque aunque el texto del que de verdad sabía de Fogwill nunca llegó, pero al parecer había más necrológicas en la recámara además de la mía, y publicaron otra. La mía era ésta:
Supongo que los cínicos y las ovejas negras comparten un buen porcentaje de carga genética. Anoche murió en Buenos Aires Fogwill, la oveja negra más famosa de las letras argentinas, después de sesenta y nueve años de provocación y varias obras maestras: sólo por Los pichiciegos y por Muchacha Punk merece la pena que decidiera ponerse a escribir lo que se le pasaba por esa cabeza bizarra. Mitad personaje, mitad autor, se movía hábilmente entre los márgenes del folio y el ojo del huracán. Se enfrentó a escritores o a críticos sólo por joder, o para corregirles los signos de puntuación a las críticas, o vaya usted a saber para impresionar a qué mujeres o a qué clase de mujeres. Fue francotirador, out sider, sociólogo, publicista, mosca cojonera, incordio de los biempensantes literarios, de los grupillos o grupúsculos, del lumpen intelectual del habla hispana, de los premios literarios y las becas internacionales detrás de los que corría cuando era joven y de los que se cansó cuando se dio cuenta de que había formas más fáciles y productivas de financiar sus adicciones que la literatura. Se hacía pasar por loco, porque sólo los locos dicen lo que quieren, y sólo los que dicen lo que quieren controlan los medios que dictan lo que conviene decir y lo que no. Fue prodigioso con la calculadora de números y dinero, y también en el cálculo de la imagen que quería proyectar, pero más lo fue juntando palabras, a veces elegantes y casi siempre impertinentes. Escribir, decía, no era encontrar la palabra justa, sino hacerle creer al lector que la palabra que el autor había puesto ahí, tenía que ir justamente ahí.
Los mitos argentinos suelen tener cierta querencia por lanzarse al vacío: algunos, como Salvador Benesdra, acaban estampados sobre el pavimento del barrio bonaerense de Balvanera después de un vuelo desde un piso cuarenta; otros, como Charly García, terminan en la piscina de un hotel cagándose de la risa. Fogwill, que se lo bebió, fumó y aspiró todo, terminó dejándose ganar por un enfisema pulmonar que se conoce que no sabía mucho de genios cínicos ni de letras argentinas huérfanas o esas cosas que ahora dirán los meapilas que pidan su beatificación. Escribió lo que quiso, o al menos fue lo que nos hizo creer, porque no tenía que ganarse el pan con la literatura, ni la fidelidad de un crítico o la adulación de un soplagaitas. Ganó mucho dinero. Perdió casi todo el dinero que ganó entre empresas imposibles y vicios caros. Fue capaz de llamar ciego a Borges o negar la existencia de Macri, el dueño de Boca y de Buenos Aires, en cuya agencia trabajó como publicista. Contó el infierno de Malvinas en pocas horas, con una máquina de escribir y con doce gramos de coca entre su nariz, sus dedos y sus ansias, cuando los pichiciegos cachorros que los militares argentinos mandaron a aquel matadero todavía no habían ni regresado, y después de que su madre le dijera, ilusionada: “hundimos un barco” y de imaginarse a miles de ingleses violetas flotando sobre aquellas aguas heladas.
Fogwill decía que la literatura argentina ya no tenía futuro, no porque ya no escribieran Borges o Cortázar o se hubieran ido callando esas vacas sagradas que él nunca reverenció, sino porque los jóvenes se empeñaban en escribir cosas como “alzó los hombros sin saber qué responder”. “Cuando uno escribe eso”, decía, “estamos perdidos”. Ahora que se ha ido él, no sé si perdidos, pero jodidos y mudos sí que nos hemos quedado. Ahora, no seré yo quien alce los hombros sin saber qué responder (o al menos no seré yo quien lo escriba, ¡glub!).
...Yo no sé de casi nada en profundidad: tengo lagunas literarias alarmantes para alguien que se supone que quiere dedicarse a esto, pero el reverso es que he leído libros imposibles, conozco a autores que a mí me parecen luminosos de los que la mayoría no ha oído hablar nunca, y es como si tuviera un pequeño santuario de músicos y escritores, que forman parte de una intimidad, tal vez hecha a medida, tal vez falsa, como todos los juegos que nos inventamos y a los que ponemos reglas...
...Con esto quiero decir que yo no sé nada de Fogwill, y si lo adoraba era por esos detalles de su literatura que yo adoro encontrar en un libro, es esa sensación de encontrar un entramado literario distinto, “nuevo”, ésa es la palabra: nuevo. La tarde que devoré Los pichiciegos, en Buenos Aires, encontré algo que hizo que se me cayera la baba mientras murmuraba entre dientes: “qué hijo de puta este Fog”: hay un momento del libro en el que, uno de los pichiciegos, le pregunta al narrador por qué está siempre hablándole a la grabadora. Hasta ese momento yo me había preguntado varias veces cómo hacía el narrador para “escribir” todo eso en aquellas condiciones infames. Cuando escribo, y alguien narra, suelo preguntarme siempre desde dónde narra, cómo narra desde el punto de vista material: si lo escribe, si lo piensa, si lo habla, porque es algo que me parece crucial. ¿Cómo alguien escribe en primera persona en una selva, por ejemplo? ¿Cómo es posible escribir en primera persona si soy un narrador perdido en la selva? ¿De dónde saca uno papel y lapiz si está tratando de sobrevivir? ¿Cómo es posible que las palabras que salen de la boca de un tipo perdido en la selva terminen en el libro que tengo en mis manos?...
...Sólo a un psicópata o a un maestro se le ocurriría no dejar ni siquiera ese cabo suelto en la narración de los pichiciegos, sólo a un tipo genial se le ocurriría pensar en cómo resolver el hecho de que exista un manuscrito que narre lo que está sucediendo en Malvinas, cuando muchos de esos pichiciegos ni siquiera regresaban: de pronto, sin decir una sola palabra sobre eso, Los pichiciegos se convertía en la historia de ese objeto: la grabadora, y toda la historia gravitaba sobre aquella infame guerra y sobre esa grabadora que logró provocarme un desasosiego extraño: temía que se le agotaran las pilas y no poder seguir leyendo... ...¿No es maravilloso?...
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...En estos días estoy leyendo cosas sobre el número de octubre de Granta, donde aparecerán los 22 escritores nacidos a partir de 1975 que, según la revista, van a ser más influyentes en los próximos años, van a “mover” o “agitar” la literatura en español. Particularmente interesante me parece la entrada que hizo en su blog Javier Calvohace unos días. Ha habido otras: la de Iván Thays, o la de Sergi Bellver (cuya lista incluye a dos narradoras que son mi debilidad: Lara Moreno y Sara Mesa)...
...Yo mandé mis Últimas 2 horas y 58 minutos a la Editorial Duomo para participar, lo hice como quien le manda un paquete a un amigo. Supongo que desde fuera puede parecer hasta tierno. Fui a Lengua de Trapo, saludé a Fernando y le pedí un ejemplar de mi única novela publicada, nos tomamos un café y esa misma tarde él se fue a Buenos Aires y yo me fui a correos. Ya por abril tenía dos novelas terminadas en la recámara: Cabaret en las tripas del difunto y Memorias de una fiera. Cabaret en las tripas del difunto es lo mejor que he escrito nunca, me refiero a la propuesta literaria, al discurso literario, a la apuesta inmensa que es. Supongo que está feo que esto lo diga yo, pero las frenéticas, enfermizas e insistentes correcciones de mis manuscritos se deben a una mezcla de inseguridad y autoexigencia letales. Si no le diera tantas vueltas a las cosas quizás tendría dos novelas más publicadas, dando vueltas por ahí, de mano en mano, con lo estimulante que es eso, pero se trata de una cuestión de honestidad: dos novelas ya son dos puntos sobre los que se puede trazar una línea y sacar algunas conclusiones. Y esa línea no puede construírse sobre los cimientos de un bluff o sobre una impostura, y mucho menos sobre dos obras muy deficitarias entre lo que desean decir y lo que dicen...
...Yo no estaré en la selección de Granta: por otra parte supongo que los escritores que están ya lo saben. Y no estaré en ella porque nada de lo que he hecho (literariamente hablando) merece que yo esté ahí: desde escribir así Últimas 2 horas y 58 minutos, (el discurso literario, la propuesta literaria, la carne que pongo en ese asador,) porque no sólo hace falta ser honesto con un discurso, sino es crucial que ese discurso sea deslumbrante, sea distinto, único, y el de Últimas 2 horas y 58 minutos no lo es, no no lo es del todo; hasta mandar el paquete así, dobladito de forma tan amateur, con mi biobibliografía dentro, sabiendo que va a tener que abrirse paso entre un enjambre de agentes, editoriales, egos y sobre todo, manuscritos que de verdad contienen ideas o estructuras que van a mover los cimientos de lo que ha pasado literariamente hasta ahora...
...A la larga yo creo que cuando puedan trazarse líneas entre varios puntos (novelas, cuentos, híbridos, guiones, cómics, poiesis en definitiva) de todo lo que haya publicado, creo que se va a ver algo interesante. No sé si moverá cimientos o derribará puertas, pero tendrá su lugar, su espacio, será más o menos poderoso, descarado, irreverente, pero estará ahí y será reconocible, habrá gente que lo comparta y gente que lo denigre, y tendrá sus fallas y sus fisuras, pero podrá tocarse, verse, o incluso podrá disparársele... ...En el hasta ahora único ejemplo que se puede tomar de mi discurso literario (Últimas 2 horas y 58 minutos), o uno pone mucho de su parte, o probablemente no encontrará casi nada de eso: tal vez algo, muy poco, y demasiado camuflado con otras cosas desdeñables como para tener lo otro en cuenta...
...En Cabaret en las tripas del difunto se puede ver de forma más clara por dónde va a ir ese discurso: el blog es todavía un soporte rudimentario, yo quiero otra cosa, busco otra cosa, pero por ahí voy a transitar: probablemente el libro digital va a permitir potencialmente el desarrollo de esos discursos que, a la larga formarán parte de mis novelas futuras (si es que existen), sin sacarle todavía el jugo. Por el mapa estructural que llevo trazando desde hace años, probablemente Criminalmente bella sí forme ya parte de ese discurso: el guión de cine o el cómic que pueden leerse en Cabaret en las tripas del difunto forma todavía parte de un mundo algo antiguo; pero las distintas composiciones musicales (que se podrán escuchar) o los falsos documentales que hay que guionizar y producir sí formará parte de un discurso que sí se acerca a lo que yo pretendo decirle al mundo...
...Esto que trato de escribir forma parte de un discurso más profundo: uno es lo que hace, en el sentido de poiesis: el poeta griego no escribía sin más, sino que hacía, creaba algo, hacía algo que demostraba quién era, qué buscaba, qué ofrecía, qué quería de la vida... ...Las frustraciones constantes en muchos escritores, o guionistas, o músicos parten de ahí: tengo ideas cojonudas que el universo no puede perderse, ¿cómo es que el universo es tan ciego de no verlas? La mayoría de las veces dirigen improperios al universo ciego en vez de cuestionarse si las ideas que tienen son tan cojonudas como para que el mundo no se las pierda, o incluso, si siendo así, se identifica lo que uno quería decir con lo que dice...
...En resumen, yo no seré uno de esos escritores de Granta porque no he hecho nada para estar ahí, lo que yo he ofrecido es muy poco: Últimas 2 horas y 58 minutos es muy poco para mover el mundo, es insignificante. Cuando tenga la habilidad de subir la apuesta, ya hablaremos, mientras tanto, le digo al tipo que hay al otro lado del espejo eso de: “mantente agazapado, sigue labrando la tierra, no sueltes la presa, escribe, maldito, haz, tecla a tecla, palabra a palabra, nota a nota, haz algo, estúpido”...
...Mi tentación, ya que decidí mandar a Duomo mi único libro publicado en vez del manuscrito de Cabaret en las tripas del difunto, que todavía estaba manga por hombro, fue escribirles una carta explicándoles que mi discurso literario del futuro iba a ser la hostia, pero hacer algo así no es elegante: Bogart nunca haría eso...
...Por otra parte, nadie me asegura que, incluso llevando a cabo todo lo que, según escribo ahora, será constitutivo de mi discurso futuro (el rodaje de falsos documentales, de películas, de fotografías con escenas de crímenes, el sonido orquestal de las obras de Edgar Torres que se mencionan en la novela), no va a ver una falla entre la realidad y el deseo: lo que yo quería contar y lo que terminé contando...
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...El problema, mi problema, es que demasiadas cosas me suenan a viejo. No es un problema de edad (Granta pone el límite en los 35 años), la propuesta literaria de Fogwill me parecía viva, novedosa, móvil, inquieta, irreverente, difícil. Salvador Benesdra (otra de mis debilidades) se lanzó al vacío cuando rondaba los cincuenta... ...Hace algunos años, un domingo, fui a casa de Lara, que además de ser una debilidad es una amiga, que entonces trabajaba cribando libros para Planeta, y estaba en un colchón, rodeada de manuscritos que más podrían calificarse de mamotretos: novelas que transitaban, una tras otra, caminos miles de veces recorrido, novelas con propuestas literarias no sólo insípidas, sino decididamente secas, tristes. Supongo que eso es lo que busca Planeta, pero a mí, como lector, me suena a camino trillado, a repetición insulsa de un discurso manido, demasiado gris, demasiado cómodo para el escritor y tramposo para el lector...
...No sé, cuando leí Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac, que fue un libro que no me gustó particularmente, al menos le agradecí que dijera las cosas de otra manera y por eso sentí que me atraía; cuando leí Llámame Brooklyn, de Eduardo Lago, me pasó algo parecido: Pola tiene mi edad y Eduardo podría ser mi padre, pero ambos buscan cómo decir algo de otra manera...
...Cuando salió Últimas 2 horas y 58 minutos,Lino Portela me hizo una entrevista para El País: una de las preguntas fue: “La nocilla, ¿te gusta?”. Y sí, me gusta la nocilla, o al menos veo con interés lo que hace Fernández Mallo y algunos de los suyos, pero fue una pregunta que me hizo pensar: “es curioso, el Grupo Santillana acaba de descubrir la nocilla, y parece que eso es lo más nuevo que se está haciendo ahora, porque es aquello sobre lo que ellos están apostando, sin embargo hay gente nacida en los ochenta (o finales de los 70, como yo) o incluso en los 90, que, con todas las imperfecciones y los actos fallidos que se quieran, están poniéndose el mundo por montera, comiéndonos por sopa." Nunca me gustó eso de matar al padre, ni nada por el estilo, pero es sorprendente cómo los grandes grupos, los grandes entramados que se supone que mueven las cosas, llegan tan tarde a las cosas...
...Esta mañana leía esto en el artículo de J.J. Armas Marcelo en el ABC de las letras:
En los tiempos legendarios del Felipismo, M.P. y Cristina Scaglione hacían unas fiestas dignas de las novelas de Piglia. En una de ellas estaba invitado a cantar tangos Carlos Acuña, de quien se decía (esa es la leyenda) que era el novio no tan secreto de Pilar Franco, la hermana “verso suelto” del Ubicuo. Acuña entró en la casa del barrio de la Estrella de los M.P. y preguntó quién era Vargas Llosa. “Yo mismo”, contestó Oneto. Por extraño que parezca, el tanguista y el periodista se parecen físicamente y, desde entonces, los he confundido muchas veces. Luego llegó Vargas Llosa a aquella fiesta y Oneto se lo presentó a Acuña como si fuera el periodista José Oneto. La broma siguió hasta el final. A los postres, Joaquín Leguina le servía cucharaditas de caviar Beluga a Charo López, Mercedes Sosa comían sin parar salmón ahimado del Canadá en la cocina de la casa, y M.P. meditaba sobre la traición con un trago en la mano y fumando incesantemente en el patio que llamábamos la “M-30”. ¡Eso eran fiestas!
...Si a mí me produce un sentimiento mezcla de rubor, vergüenza ajena, tristeza y olor a naftalina, no puedo evitar pensar qué sentirá, por ejemplo, Luna Miguel, que está en otro mundo y escribe (muy pero que muy bien) desde otra parte, al leer semejante despropósito tan dinosáurico y tan anciano, tan de puro y soberano, tan grimoso, tan de otro tiempo cultural lejano, cuando las editoriales gerontocráticas regidas por gente de puro y soberano todavía marcaban el paso y a las pequeñas editoriales llenas de entusiasmo no les quedaba casi aire... ...Hoy no es así, y lo más interesante se hace al margen de esas fiestas que añora Armas Marcelo, en las que uno podía toparse con esa escena terrible: Mercedes Sosa engullendo un salmón en la cocina, o encontrarse con esos señores de traje que cuando escriben un libro de memorias o de actualidad política se retratan en la contraportada del libro sujetándose la cara...
...Lo de Ricardo Piglia, además, es sintomático: en los dos suplementos culturales (El País y ABC) se destaca el evento: Blanco nocturno. De él sólo he leído Prisión perpetua, y sólo me consta que es uno de los grandes por terceras personas de cuyo gusto me fío. Ahora bien, la carta que escribió en su defensa después de haber sido condenado no sólo carece de la más mínima elegancia, sino que es mezquina y se descalifica por sí sola, sobre todo cuando llama Danieri a Gustavo Nielsen. No sé, igual soy injusto, pero sin ponerle un solo pero a la literatura de Piglia, me da la sensación de que alquien que escribe una carta tan mezquina contra un tipo que le ha ganado un juicio no se merece tantas palmadas en la espalda, por muy bien que escriba. No sé, esto es cosa mía... ...Aquí se cuenta un poco la historia, en la que, curiosamente, quien está para quitarse el sombrero es el Señor Fogwill...
...Armas Marcelo termina así su alabanza de Piglia:
Vuelvo a Piglia. Tengo para mí que es, en estos momentos, uno de los más exigentes novelistas de la literatura en lengua española. Experto en lunfardo y tangos, no abusa de sus conocimientos y sólo apabulla como escritor porque lo ha leído todo y todo aparece transparentado en cada novela. Lo hecho de menos cuando veo a tantos escritores mediocres escribiendo y diciendo mamarrachadas en sus blogs.
...Yo soy, supongo, uno de esos escritores mediocres de los que habla Armas Marcelo: tengo un blog y nunca me encontré en a Mercedes Sosa devorando un salmón en una cocina (ni siquiera pescando un salmón en un río) o a un tipo con iniciales (debe de ser muy importante), un Gepunto, “reflexionando sobre la traición con un trago en la mano”. Me perdí esas fiestas que seguro eran un no parar... ...Mi pregunta es: si no tuviera un blog ¿seguiría siendo mediocre?...
...Hace unos meses quedé con Alberto Olmos para pedirle que me cediera los derechos para adaptar su Tatami al cine, para escribir un guión a partir de su novela. Estuvimos toda la tarde hablando y, cuando volvíamos a casa me dijo algo que me ha dado mucho que pensar: muchas veces el hecho de que uno sea escritor depende de que a un editor le guste tu discurso, tu propuesta, lo que tienes que decir... ...Quizás hoy en día son las editoriales pequeñas y sexys las que están dinamitando el sistema desde dentro, o quizás sea solo una ilusión óptica, y yo sea un simple iluso... ...Pero eso es, como casi siempre, otra historia...
"Cuando relato mis trashumancias, mis caídas, mis delirios y mis secretas orgías, lo hago únicamente para detener, ya casi en el aire, dos o tres gritos bestiales, desgarrados gruñidos de caverna con los que podría más eficazmente decir lo que en verdad siento y lo que soy" Maqroll el Gaviero. (Álvaro Mutis)
PARANOICA FIERITA (Editorial Carpe Noctem, 2022)
TEXTOS ENGORDADOS Y OTRAS ESPECIES
Proyecto literario digital
CRIMINALMENTE BELLA (Editorial Alegoría, 2016)
(Edición y prólogo)
MONSIEUR WITNESS (2015-2016)
Proyecto literario digital
FALSA ANTOLOGÍA COMPLETA DE LOS POETAS INCENDIARIOS (Editorial Alegoría, 2014) *
(Edición y prólogo)
EL HOMBRE QUE DECÍA HABER SALVADO A REBECA B. (Editorial Alegoría, 2013)
ÚLTIMAS 2 HORAS Y 58 MINUTOS (Lengua de Trapo, 2008)
Últimas 2 horas y 58 minutos. Primera (o segunda) parte.
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Últimas 2 horas y 58 minutos. Segunda (o primera) parte.
Nací el 2 de julio de 1978. Soy músico, escritor, viajero. Estudié en el Conservatorio de Sevilla. Me licencié en filosofía por la Universidad Oriental de Nápoles (Italia). He tocado todos los géneros literarios, incluido el curriculum vitae. Escribo novelas, relatos, poemas y guiones, compongo canciones y toco el piano. Mi espectáculo musical se llama Migue y el fabuloso trompetista invisible. He vivido en Alcorcón, Sevilla, Londres, La Habana, Ciudad de México, Bogotá, Buenos Aires, Nápoles y Madrid. Algunos de mis relatos han aparecido en antologías, revistas, fancines o rocambolescos folletines olvidados. Me gano la vida como buenamente puedo (casi siempre de forma legal). He publicado dos libros: "Últimas 2 horas y 58 minutos" y "El hombre que decía haber salvado a Rebeca B". Y he editado "Falsa antología completa de los poetas incendiarios". Para ser feliz me basta un piano, una playa desierta, buena compañía. Thelonious Monk ya inventó casi todo lo que se me ocurre. De mayor quiero ser Jacques Brel o Leonard Cohen.