«Cuando un
imbécil se ha vuelto prescindible para sí, íntimamente se sabe prescindible
para los otros. Esto se aprende en las salas de terapia intensiva, los
tiroteos, los naufragios y en ningún otro lugar del mundo, creo. Hace tanto
tiempo me supe prescindible que ni lo recordaba y eta reflexión sobre la
memoria me ayuda a prescindir de vos y de tus efectos sobre mí, que siempre
imaginábamos no eran sino los efectos que producía sobre vos el reconocimiento
de que “algo hubo”. Ya ves, estoy muy viejo y continúo escribiendo cartitas de
amor, pero desde que me supe prescindible sólo escribo cartitas de amor a
prostitutas de la peor especie, como vos»
Teóricamente, podrá decirse que pensar e imaginar son, como autointerpretar el sueño durante el transcurso, formas de procesarlo de mala fe y arreglarlo para el consumo clínico. Pero cuando se ha abandonado cualquier propósito de conocimiento o de cura interesa más el goce del sueño que la producción de muestras para las biopsias del alma o del deseo.
Y nunca pude concebir forma alguna del goce que no integre los indispensables ejercicios de imaginar y de pensar. Lo mismo ocurre con escribir. Llamo a esto escribir.
...Sí tú, segunda persona en mi cama desperezándose segunda persona esperando el café segunda persona abriendo regalos emocionada segunda persona suicidándose arrojándose desde el balcón...
...Yo dormía entre tus piernas y olía tu coño. Mi respiración era fuerte. Todo en mi sueño lo invadía la necesidad de que tus labios vaginales sintieran el aire de mis pulmones y se mojaran. Todo en mi sueño tenía que ver con mi lengua y mi alma y una corazonada y una tierra seca...
...Aplaudo solo en un teatro vacío: después de días y días y días sin sentir ni padecer acabo de terminar la corrección de un manuscrito que irá a imprenta y que en breve será libro...
...Estoy borracho. Quiero creer que eso que vibra es la sangre en mis venas. Anoche te habría descuartizado de madrugada. Anoche le habría declarado la guerra a un peluche. Anoche me habría maquillado y me habría vestido de mujer y habría aullado convertido en un hombre lobo a destiempo y habría aniquilado con un solo bombeo de saliva todos los años que me he perdido en este juego...
...Sí, este juego, Lara. Esta lágrima. Estas ganas de romper la baraja. Estas ganas irrefrenables de tren nocturno marchándose lejos y estas ganas de baba y de empaparse en una buena tormenta, Lara. Sí, eso. Este llanto nocturno en el sofá. Esa nostalgia prematura por Un vestido y un amor y un vino en una calle de madrugada...
...La madre de Fogwill hundió un barco y yo escribí un haiku. Al menos eso cuento en un libro de poemas póstumo. Al menos eso le digo a las perras que me roban el aliento las noches de luna llena y a las que malvendo el alma imaginándome que son el mismísimo diablo sólo porque llevan ese ridículo disfraz de diablita de serie b y abren regalos y emiten onomatopeyas...
...Qué días más raros, me digo relamiéndome soñando con tus ojazos mientras mato moscas con el rabo...
...Qué raro es sentirse tan huérfano tan lejos del mar tan raro tan calmo tan...
Miguel Ángel Maya
Sevilla, 25 de noviembre de 2012
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lunes, 17 de septiembre de 2012
...El otro día vi una casa ardiendo...
...Iba en el autobús hacia Madrid, por la A-6, y vi una casa ardiendo. El fuego era virulento, se retorcía en sí mismo en una danza salvaje, y expulsaba un humo negro con una extraña violencia. Me extrañaba que no hubiera nadie afuera, ni en las casas de alrededor. Era como si ardiera de forma anónima, como si ardiera en silencio...
...El otro día vi una casa ardiendo y vi una cama en la que durmió Fogwill, regalo de la Editorial Periférica a una persona que no tenía cama. A mí me gustaría que una editorial me regalara la cama en la que ha dormido Fogwill, y más aún la cama en la que ha dormido Manuel Puig...
...Manuel Puig es capaz de describir de forma emocionante a una mujer tuerta, es capaz de convertir a una tuerta guapa en un cadáver exquisito vestido con un camisón. Adoro a Manuel Puig porque cuando lo leo se me hace un nudo en la garganta, y porque me acompaña en el Retiro, y porque me quita la sed, y porque es de noche y regreso en el metro y en el tren, y él está ahí, junto a mi reflejo en el túnel, junto a mi rostro alucinado en el túnel, junto a mis pelos despeinados en el túnel...
...El otro día vi una casa ardiendo y me imaginé ardiendo, y pensé que esa casa me recordaba a mí, y me pregunté qué diría Manuel Puig de esa casa ardiendo, o qué pensaría Fogwill en aquella cama, o por qué a pesar de unos ojos azules berlineses y de comer tomate con queso a las tantas sigo con este nudo en la garganta, sigo como esa cabeza de Buster Keaton, en ese plato, en esa tesitura...
...Sólo ahora, después de dos horas y cincuenta y ocho minutos de viaje simbólico por la A-92 estoy en la página 9, que empieza así: "En este volumen figuran casi todos los cuentos de Fogwill. Quedaron fuera los que considera descartables". Hasta ahora no había pasado del puño y letra de la dedicatoria de la página 5...
...Arrío las banderas. Doblo las sábanas del sofá. Tiro el papel de regalo de la mesa. Las palabras siempre con sus paradojas: regalo. Miro la bolsa con "miguelitos" de crema. Recaliento la pasta de anoche, apuro el último medio vaso de la botella de albariño junto a la cual estuvimos computando fantasmas. Sin querer huelo en mi camiseta la huella de un abrazo antes de subir al coche. Un intermitente a la izquierda y todo se desvanece. Me mira Fogwill desde la portada del libro...
...Quizás no ha pasado nada que no sea intangible, ninguna crónica épica, como en esas películas francesas donde todo parece pasar en otra parte. Nada crucial o urgente, ningún salto mortal o disparo a quemarropa. La deformación del tiempo y del espacio que nos provocan las personas memorables requieren su mitología: caminar por la ciudad con un esguince en el pie izquierdo, asistir al relato oral de una autobiografía con un acento, unos ojos, unos gestos, un gin-tonic, reír por primera vez sin que la risa sea ese estúpido "jajaja" del cibermundo... ...Ya sabíamos que eso de todo o nada era una ridícula manera de ver las cosas. Me basta con estremecerme con los mundos que entrechocan y brillan, y con el calor que desprenden... ...Por ahora, esas tenemos...
Miguel Ángel Maya Sevilla, 2 abril, 2011
P.D. Las fotos son de Izis, y están tomadas de aquí.
...Ahora estoy en medio del torbellino de cambios que me circundan: visito pisos vacíos, por ejemplo; miro el calendario para cuadrar o conjurar fechas claves; trato de hacer el equilibrista entre dos ciudades, nada menos; y le doy vueltas a las ideas o las bombas que van minando mi insomnio hasta que suena el despertador y empieza a rodar el tiempo y el espacio bajo mis pies...
...Cuando estoy así, mis neuronas suelen entrechocar entre sí, y suelen ponerse a carburar o a elaborar rudimentarios discursos estéticos que mi falta de destreza lógica me impide transcribir como el intelectual que nunca seré. A pesar de mis muchos años de filosofía, de mi estrambótica tesi di laurea sobre Schoenberg y el concepto de Movimiento dedicada a la memoria de Frank Zappa, no sirvo para los discursos lógicos: las palabras razonables o razonadas que salen de mi boca terminan en un patético hundimiento o en unos pobres fuegos artificiales de fiesta de pueblo...
...Es en estos momentos cuando más ideas se me vienen a la cabeza: la mayoría no pasan de simples ocurrencias, pero generalmente conviene tener un lápiz o un piano a mano, por lo que pudiera pasar. A veces pasa “algo”, y es importante ir armado...
...Tengo muchas cosas que decir y voy armado. Hoy, quiero decir: hoy tengo muchas cosas que decir y hoy voy armado. No es lo habitual, por eso soy inofensivo. Estoy resfriado y un poco tengo ganas de llorar por el torbellino que me circunda, de modo que las voy a decir como quien lanza los dados de una partida en la que se juega algo o mucho...
...Cuando murió Fogwill, un periódico me pidió que escribiera algo sobre él: querían tener el texto en la recámara por si la necrológica del que de verdad sabía de Fogwill no llegaba a tiempo. Yo escribí esto, que no se publicó, porque aunque el texto del que de verdad sabía de Fogwill nunca llegó, pero al parecer había más necrológicas en la recámara además de la mía, y publicaron otra. La mía era ésta:
Supongo que los cínicos y las ovejas negras comparten un buen porcentaje de carga genética. Anoche murió en Buenos Aires Fogwill, la oveja negra más famosa de las letras argentinas, después de sesenta y nueve años de provocación y varias obras maestras: sólo por Los pichiciegos y por Muchacha Punk merece la pena que decidiera ponerse a escribir lo que se le pasaba por esa cabeza bizarra. Mitad personaje, mitad autor, se movía hábilmente entre los márgenes del folio y el ojo del huracán. Se enfrentó a escritores o a críticos sólo por joder, o para corregirles los signos de puntuación a las críticas, o vaya usted a saber para impresionar a qué mujeres o a qué clase de mujeres. Fue francotirador, out sider, sociólogo, publicista, mosca cojonera, incordio de los biempensantes literarios, de los grupillos o grupúsculos, del lumpen intelectual del habla hispana, de los premios literarios y las becas internacionales detrás de los que corría cuando era joven y de los que se cansó cuando se dio cuenta de que había formas más fáciles y productivas de financiar sus adicciones que la literatura. Se hacía pasar por loco, porque sólo los locos dicen lo que quieren, y sólo los que dicen lo que quieren controlan los medios que dictan lo que conviene decir y lo que no. Fue prodigioso con la calculadora de números y dinero, y también en el cálculo de la imagen que quería proyectar, pero más lo fue juntando palabras, a veces elegantes y casi siempre impertinentes. Escribir, decía, no era encontrar la palabra justa, sino hacerle creer al lector que la palabra que el autor había puesto ahí, tenía que ir justamente ahí.
Los mitos argentinos suelen tener cierta querencia por lanzarse al vacío: algunos, como Salvador Benesdra, acaban estampados sobre el pavimento del barrio bonaerense de Balvanera después de un vuelo desde un piso cuarenta; otros, como Charly García, terminan en la piscina de un hotel cagándose de la risa. Fogwill, que se lo bebió, fumó y aspiró todo, terminó dejándose ganar por un enfisema pulmonar que se conoce que no sabía mucho de genios cínicos ni de letras argentinas huérfanas o esas cosas que ahora dirán los meapilas que pidan su beatificación. Escribió lo que quiso, o al menos fue lo que nos hizo creer, porque no tenía que ganarse el pan con la literatura, ni la fidelidad de un crítico o la adulación de un soplagaitas. Ganó mucho dinero. Perdió casi todo el dinero que ganó entre empresas imposibles y vicios caros. Fue capaz de llamar ciego a Borges o negar la existencia de Macri, el dueño de Boca y de Buenos Aires, en cuya agencia trabajó como publicista. Contó el infierno de Malvinas en pocas horas, con una máquina de escribir y con doce gramos de coca entre su nariz, sus dedos y sus ansias, cuando los pichiciegos cachorros que los militares argentinos mandaron a aquel matadero todavía no habían ni regresado, y después de que su madre le dijera, ilusionada: “hundimos un barco” y de imaginarse a miles de ingleses violetas flotando sobre aquellas aguas heladas.
Fogwill decía que la literatura argentina ya no tenía futuro, no porque ya no escribieran Borges o Cortázar o se hubieran ido callando esas vacas sagradas que él nunca reverenció, sino porque los jóvenes se empeñaban en escribir cosas como “alzó los hombros sin saber qué responder”. “Cuando uno escribe eso”, decía, “estamos perdidos”. Ahora que se ha ido él, no sé si perdidos, pero jodidos y mudos sí que nos hemos quedado. Ahora, no seré yo quien alce los hombros sin saber qué responder (o al menos no seré yo quien lo escriba, ¡glub!).
...Yo no sé de casi nada en profundidad: tengo lagunas literarias alarmantes para alguien que se supone que quiere dedicarse a esto, pero el reverso es que he leído libros imposibles, conozco a autores que a mí me parecen luminosos de los que la mayoría no ha oído hablar nunca, y es como si tuviera un pequeño santuario de músicos y escritores, que forman parte de una intimidad, tal vez hecha a medida, tal vez falsa, como todos los juegos que nos inventamos y a los que ponemos reglas...
...Con esto quiero decir que yo no sé nada de Fogwill, y si lo adoraba era por esos detalles de su literatura que yo adoro encontrar en un libro, es esa sensación de encontrar un entramado literario distinto, “nuevo”, ésa es la palabra: nuevo. La tarde que devoré Los pichiciegos, en Buenos Aires, encontré algo que hizo que se me cayera la baba mientras murmuraba entre dientes: “qué hijo de puta este Fog”: hay un momento del libro en el que, uno de los pichiciegos, le pregunta al narrador por qué está siempre hablándole a la grabadora. Hasta ese momento yo me había preguntado varias veces cómo hacía el narrador para “escribir” todo eso en aquellas condiciones infames. Cuando escribo, y alguien narra, suelo preguntarme siempre desde dónde narra, cómo narra desde el punto de vista material: si lo escribe, si lo piensa, si lo habla, porque es algo que me parece crucial. ¿Cómo alguien escribe en primera persona en una selva, por ejemplo? ¿Cómo es posible escribir en primera persona si soy un narrador perdido en la selva? ¿De dónde saca uno papel y lapiz si está tratando de sobrevivir? ¿Cómo es posible que las palabras que salen de la boca de un tipo perdido en la selva terminen en el libro que tengo en mis manos?...
...Sólo a un psicópata o a un maestro se le ocurriría no dejar ni siquiera ese cabo suelto en la narración de los pichiciegos, sólo a un tipo genial se le ocurriría pensar en cómo resolver el hecho de que exista un manuscrito que narre lo que está sucediendo en Malvinas, cuando muchos de esos pichiciegos ni siquiera regresaban: de pronto, sin decir una sola palabra sobre eso, Los pichiciegos se convertía en la historia de ese objeto: la grabadora, y toda la historia gravitaba sobre aquella infame guerra y sobre esa grabadora que logró provocarme un desasosiego extraño: temía que se le agotaran las pilas y no poder seguir leyendo... ...¿No es maravilloso?...
2
...En estos días estoy leyendo cosas sobre el número de octubre de Granta, donde aparecerán los 22 escritores nacidos a partir de 1975 que, según la revista, van a ser más influyentes en los próximos años, van a “mover” o “agitar” la literatura en español. Particularmente interesante me parece la entrada que hizo en su blog Javier Calvohace unos días. Ha habido otras: la de Iván Thays, o la de Sergi Bellver (cuya lista incluye a dos narradoras que son mi debilidad: Lara Moreno y Sara Mesa)...
...Yo mandé mis Últimas 2 horas y 58 minutos a la Editorial Duomo para participar, lo hice como quien le manda un paquete a un amigo. Supongo que desde fuera puede parecer hasta tierno. Fui a Lengua de Trapo, saludé a Fernando y le pedí un ejemplar de mi única novela publicada, nos tomamos un café y esa misma tarde él se fue a Buenos Aires y yo me fui a correos. Ya por abril tenía dos novelas terminadas en la recámara: Cabaret en las tripas del difunto y Memorias de una fiera. Cabaret en las tripas del difunto es lo mejor que he escrito nunca, me refiero a la propuesta literaria, al discurso literario, a la apuesta inmensa que es. Supongo que está feo que esto lo diga yo, pero las frenéticas, enfermizas e insistentes correcciones de mis manuscritos se deben a una mezcla de inseguridad y autoexigencia letales. Si no le diera tantas vueltas a las cosas quizás tendría dos novelas más publicadas, dando vueltas por ahí, de mano en mano, con lo estimulante que es eso, pero se trata de una cuestión de honestidad: dos novelas ya son dos puntos sobre los que se puede trazar una línea y sacar algunas conclusiones. Y esa línea no puede construírse sobre los cimientos de un bluff o sobre una impostura, y mucho menos sobre dos obras muy deficitarias entre lo que desean decir y lo que dicen...
...Yo no estaré en la selección de Granta: por otra parte supongo que los escritores que están ya lo saben. Y no estaré en ella porque nada de lo que he hecho (literariamente hablando) merece que yo esté ahí: desde escribir así Últimas 2 horas y 58 minutos, (el discurso literario, la propuesta literaria, la carne que pongo en ese asador,) porque no sólo hace falta ser honesto con un discurso, sino es crucial que ese discurso sea deslumbrante, sea distinto, único, y el de Últimas 2 horas y 58 minutos no lo es, no no lo es del todo; hasta mandar el paquete así, dobladito de forma tan amateur, con mi biobibliografía dentro, sabiendo que va a tener que abrirse paso entre un enjambre de agentes, editoriales, egos y sobre todo, manuscritos que de verdad contienen ideas o estructuras que van a mover los cimientos de lo que ha pasado literariamente hasta ahora...
...A la larga yo creo que cuando puedan trazarse líneas entre varios puntos (novelas, cuentos, híbridos, guiones, cómics, poiesis en definitiva) de todo lo que haya publicado, creo que se va a ver algo interesante. No sé si moverá cimientos o derribará puertas, pero tendrá su lugar, su espacio, será más o menos poderoso, descarado, irreverente, pero estará ahí y será reconocible, habrá gente que lo comparta y gente que lo denigre, y tendrá sus fallas y sus fisuras, pero podrá tocarse, verse, o incluso podrá disparársele... ...En el hasta ahora único ejemplo que se puede tomar de mi discurso literario (Últimas 2 horas y 58 minutos), o uno pone mucho de su parte, o probablemente no encontrará casi nada de eso: tal vez algo, muy poco, y demasiado camuflado con otras cosas desdeñables como para tener lo otro en cuenta...
...En Cabaret en las tripas del difunto se puede ver de forma más clara por dónde va a ir ese discurso: el blog es todavía un soporte rudimentario, yo quiero otra cosa, busco otra cosa, pero por ahí voy a transitar: probablemente el libro digital va a permitir potencialmente el desarrollo de esos discursos que, a la larga formarán parte de mis novelas futuras (si es que existen), sin sacarle todavía el jugo. Por el mapa estructural que llevo trazando desde hace años, probablemente Criminalmente bella sí forme ya parte de ese discurso: el guión de cine o el cómic que pueden leerse en Cabaret en las tripas del difunto forma todavía parte de un mundo algo antiguo; pero las distintas composiciones musicales (que se podrán escuchar) o los falsos documentales que hay que guionizar y producir sí formará parte de un discurso que sí se acerca a lo que yo pretendo decirle al mundo...
...Esto que trato de escribir forma parte de un discurso más profundo: uno es lo que hace, en el sentido de poiesis: el poeta griego no escribía sin más, sino que hacía, creaba algo, hacía algo que demostraba quién era, qué buscaba, qué ofrecía, qué quería de la vida... ...Las frustraciones constantes en muchos escritores, o guionistas, o músicos parten de ahí: tengo ideas cojonudas que el universo no puede perderse, ¿cómo es que el universo es tan ciego de no verlas? La mayoría de las veces dirigen improperios al universo ciego en vez de cuestionarse si las ideas que tienen son tan cojonudas como para que el mundo no se las pierda, o incluso, si siendo así, se identifica lo que uno quería decir con lo que dice...
...En resumen, yo no seré uno de esos escritores de Granta porque no he hecho nada para estar ahí, lo que yo he ofrecido es muy poco: Últimas 2 horas y 58 minutos es muy poco para mover el mundo, es insignificante. Cuando tenga la habilidad de subir la apuesta, ya hablaremos, mientras tanto, le digo al tipo que hay al otro lado del espejo eso de: “mantente agazapado, sigue labrando la tierra, no sueltes la presa, escribe, maldito, haz, tecla a tecla, palabra a palabra, nota a nota, haz algo, estúpido”...
...Mi tentación, ya que decidí mandar a Duomo mi único libro publicado en vez del manuscrito de Cabaret en las tripas del difunto, que todavía estaba manga por hombro, fue escribirles una carta explicándoles que mi discurso literario del futuro iba a ser la hostia, pero hacer algo así no es elegante: Bogart nunca haría eso...
...Por otra parte, nadie me asegura que, incluso llevando a cabo todo lo que, según escribo ahora, será constitutivo de mi discurso futuro (el rodaje de falsos documentales, de películas, de fotografías con escenas de crímenes, el sonido orquestal de las obras de Edgar Torres que se mencionan en la novela), no va a ver una falla entre la realidad y el deseo: lo que yo quería contar y lo que terminé contando...
3
...El problema, mi problema, es que demasiadas cosas me suenan a viejo. No es un problema de edad (Granta pone el límite en los 35 años), la propuesta literaria de Fogwill me parecía viva, novedosa, móvil, inquieta, irreverente, difícil. Salvador Benesdra (otra de mis debilidades) se lanzó al vacío cuando rondaba los cincuenta... ...Hace algunos años, un domingo, fui a casa de Lara, que además de ser una debilidad es una amiga, que entonces trabajaba cribando libros para Planeta, y estaba en un colchón, rodeada de manuscritos que más podrían calificarse de mamotretos: novelas que transitaban, una tras otra, caminos miles de veces recorrido, novelas con propuestas literarias no sólo insípidas, sino decididamente secas, tristes. Supongo que eso es lo que busca Planeta, pero a mí, como lector, me suena a camino trillado, a repetición insulsa de un discurso manido, demasiado gris, demasiado cómodo para el escritor y tramposo para el lector...
...No sé, cuando leí Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac, que fue un libro que no me gustó particularmente, al menos le agradecí que dijera las cosas de otra manera y por eso sentí que me atraía; cuando leí Llámame Brooklyn, de Eduardo Lago, me pasó algo parecido: Pola tiene mi edad y Eduardo podría ser mi padre, pero ambos buscan cómo decir algo de otra manera...
...Cuando salió Últimas 2 horas y 58 minutos,Lino Portela me hizo una entrevista para El País: una de las preguntas fue: “La nocilla, ¿te gusta?”. Y sí, me gusta la nocilla, o al menos veo con interés lo que hace Fernández Mallo y algunos de los suyos, pero fue una pregunta que me hizo pensar: “es curioso, el Grupo Santillana acaba de descubrir la nocilla, y parece que eso es lo más nuevo que se está haciendo ahora, porque es aquello sobre lo que ellos están apostando, sin embargo hay gente nacida en los ochenta (o finales de los 70, como yo) o incluso en los 90, que, con todas las imperfecciones y los actos fallidos que se quieran, están poniéndose el mundo por montera, comiéndonos por sopa." Nunca me gustó eso de matar al padre, ni nada por el estilo, pero es sorprendente cómo los grandes grupos, los grandes entramados que se supone que mueven las cosas, llegan tan tarde a las cosas...
...Esta mañana leía esto en el artículo de J.J. Armas Marcelo en el ABC de las letras:
En los tiempos legendarios del Felipismo, M.P. y Cristina Scaglione hacían unas fiestas dignas de las novelas de Piglia. En una de ellas estaba invitado a cantar tangos Carlos Acuña, de quien se decía (esa es la leyenda) que era el novio no tan secreto de Pilar Franco, la hermana “verso suelto” del Ubicuo. Acuña entró en la casa del barrio de la Estrella de los M.P. y preguntó quién era Vargas Llosa. “Yo mismo”, contestó Oneto. Por extraño que parezca, el tanguista y el periodista se parecen físicamente y, desde entonces, los he confundido muchas veces. Luego llegó Vargas Llosa a aquella fiesta y Oneto se lo presentó a Acuña como si fuera el periodista José Oneto. La broma siguió hasta el final. A los postres, Joaquín Leguina le servía cucharaditas de caviar Beluga a Charo López, Mercedes Sosa comían sin parar salmón ahimado del Canadá en la cocina de la casa, y M.P. meditaba sobre la traición con un trago en la mano y fumando incesantemente en el patio que llamábamos la “M-30”. ¡Eso eran fiestas!
...Si a mí me produce un sentimiento mezcla de rubor, vergüenza ajena, tristeza y olor a naftalina, no puedo evitar pensar qué sentirá, por ejemplo, Luna Miguel, que está en otro mundo y escribe (muy pero que muy bien) desde otra parte, al leer semejante despropósito tan dinosáurico y tan anciano, tan de puro y soberano, tan grimoso, tan de otro tiempo cultural lejano, cuando las editoriales gerontocráticas regidas por gente de puro y soberano todavía marcaban el paso y a las pequeñas editoriales llenas de entusiasmo no les quedaba casi aire... ...Hoy no es así, y lo más interesante se hace al margen de esas fiestas que añora Armas Marcelo, en las que uno podía toparse con esa escena terrible: Mercedes Sosa engullendo un salmón en la cocina, o encontrarse con esos señores de traje que cuando escriben un libro de memorias o de actualidad política se retratan en la contraportada del libro sujetándose la cara...
...Lo de Ricardo Piglia, además, es sintomático: en los dos suplementos culturales (El País y ABC) se destaca el evento: Blanco nocturno. De él sólo he leído Prisión perpetua, y sólo me consta que es uno de los grandes por terceras personas de cuyo gusto me fío. Ahora bien, la carta que escribió en su defensa después de haber sido condenado no sólo carece de la más mínima elegancia, sino que es mezquina y se descalifica por sí sola, sobre todo cuando llama Danieri a Gustavo Nielsen. No sé, igual soy injusto, pero sin ponerle un solo pero a la literatura de Piglia, me da la sensación de que alquien que escribe una carta tan mezquina contra un tipo que le ha ganado un juicio no se merece tantas palmadas en la espalda, por muy bien que escriba. No sé, esto es cosa mía... ...Aquí se cuenta un poco la historia, en la que, curiosamente, quien está para quitarse el sombrero es el Señor Fogwill...
...Armas Marcelo termina así su alabanza de Piglia:
Vuelvo a Piglia. Tengo para mí que es, en estos momentos, uno de los más exigentes novelistas de la literatura en lengua española. Experto en lunfardo y tangos, no abusa de sus conocimientos y sólo apabulla como escritor porque lo ha leído todo y todo aparece transparentado en cada novela. Lo hecho de menos cuando veo a tantos escritores mediocres escribiendo y diciendo mamarrachadas en sus blogs.
...Yo soy, supongo, uno de esos escritores mediocres de los que habla Armas Marcelo: tengo un blog y nunca me encontré en a Mercedes Sosa devorando un salmón en una cocina (ni siquiera pescando un salmón en un río) o a un tipo con iniciales (debe de ser muy importante), un Gepunto, “reflexionando sobre la traición con un trago en la mano”. Me perdí esas fiestas que seguro eran un no parar... ...Mi pregunta es: si no tuviera un blog ¿seguiría siendo mediocre?...
...Hace unos meses quedé con Alberto Olmos para pedirle que me cediera los derechos para adaptar su Tatami al cine, para escribir un guión a partir de su novela. Estuvimos toda la tarde hablando y, cuando volvíamos a casa me dijo algo que me ha dado mucho que pensar: muchas veces el hecho de que uno sea escritor depende de que a un editor le guste tu discurso, tu propuesta, lo que tienes que decir... ...Quizás hoy en día son las editoriales pequeñas y sexys las que están dinamitando el sistema desde dentro, o quizás sea solo una ilusión óptica, y yo sea un simple iluso... ...Pero eso es, como casi siempre, otra historia...
Miguel Ángel Maya Sevilla, 5 de septiembre, 2010
martes, 24 de agosto de 2010
EN DICIEMBRE DE 1978 hice el amor con una muchacha punk. Decir "hice el amor" es un decir, porque el amor ya estaba hecho antes de mi llegada a Londres y aquello que ella y yo hicimos, ese montón de cosas que "hicimos" ella y yo, no eran el amor y ni siquiera –me atrevería hoy a demostrarlo–, eran un amor: eran eso y sólo eso eran. Lo que interesa en esta historia es que la muchacha punk y yo nos "acostamos juntos". Otro decir, porque todo habría sido igual si no hubiésemos renunciado a nuestra posición bípeda, –integrando eso (¿el amor?) al hábitat de los sueños: la horizontal, la oscuridad del cuarto, la oscuridad del interior de nuestros cuerpos; eso.
Fogwill, Muchacha Punk
...Estuve recostado en un olivar en ninguna parte, oscilando entre los párpados caídos y las miradas a la silueta de Arcos de la Frontera. Pero regresé. Y apenas uno pone los pies en la tierra se termina la felicidad: no había terminado de regresar cuando Braulio me dijo que Fogwill había dejado de incordiar, al menos en este mundo de vivos, cambalache, problemático y febril...
...Supe que estaba vivo en Nápoles, cuando estaba vivo, gracias a que Martín sacó del Cervantes o trajo de Barcelona Vivir afuera, que empecé a leer y que abandoné... ...Luego leí una entrevista al Personaje Fogwill escapado de uno de sus libros, con los ojos saltones de loco y esas palabras afiladas esparcidas por todo un suplemento dominical respetable, y me cayó tan bien el personaje que empezó a interesarme casi más que el autor...
...Leí Muchacha Punk en el Internet Café de Nápoles donde trabajaba en el 2004, y ahí se me mezclaron Autor y Personaje como las bebidas de garrafón en una de esas borracheras monumentales que terminan con las piezas del puzzle saltando por los aires, con la baraja rota y con una resaca antológica...
...La última vez que estuve en Buenos Aires acababan de reeditar Los Pichiciegos, que yo no había leído: entré en una librería de Corrientes, lo vi allí y me lo compré. El librero miró el libro, miró el reloj y exclamó mirando al techo de la librería: "¡Tuve que esperar a las ocho de la tarde para que alguien se lleve por fin literatura de acá!"...
...Ya casi me lo había devorado entero cuando tomé el tren en Retiro. Bajé en Mitre y tuve que meterme en un bar, porque hacía falta algo de alcohol para digerir aquello... ...Sigo pensando que es uno de los mejores libros que he leído nunca y me jode, me jode mucho, que haya dejado de incordiar por acá...
"Cuando relato mis trashumancias, mis caídas, mis delirios y mis secretas orgías, lo hago únicamente para detener, ya casi en el aire, dos o tres gritos bestiales, desgarrados gruñidos de caverna con los que podría más eficazmente decir lo que en verdad siento y lo que soy" Maqroll el Gaviero. (Álvaro Mutis)
PARANOICA FIERITA (Editorial Carpe Noctem, 2022)
TEXTOS ENGORDADOS Y OTRAS ESPECIES
Proyecto literario digital
CRIMINALMENTE BELLA (Editorial Alegoría, 2016)
(Edición y prólogo)
MONSIEUR WITNESS (2015-2016)
Proyecto literario digital
FALSA ANTOLOGÍA COMPLETA DE LOS POETAS INCENDIARIOS (Editorial Alegoría, 2014) *
(Edición y prólogo)
EL HOMBRE QUE DECÍA HABER SALVADO A REBECA B. (Editorial Alegoría, 2013)
ÚLTIMAS 2 HORAS Y 58 MINUTOS (Lengua de Trapo, 2008)
Últimas 2 horas y 58 minutos. Primera (o segunda) parte.
*
Últimas 2 horas y 58 minutos. Segunda (o primera) parte.
Nací el 2 de julio de 1978. Soy músico, escritor, viajero. Estudié en el Conservatorio de Sevilla. Me licencié en filosofía por la Universidad Oriental de Nápoles (Italia). He tocado todos los géneros literarios, incluido el curriculum vitae. Escribo novelas, relatos, poemas y guiones, compongo canciones y toco el piano. Mi espectáculo musical se llama Migue y el fabuloso trompetista invisible. He vivido en Alcorcón, Sevilla, Londres, La Habana, Ciudad de México, Bogotá, Buenos Aires, Nápoles y Madrid. Algunos de mis relatos han aparecido en antologías, revistas, fancines o rocambolescos folletines olvidados. Me gano la vida como buenamente puedo (casi siempre de forma legal). He publicado dos libros: "Últimas 2 horas y 58 minutos" y "El hombre que decía haber salvado a Rebeca B". Y he editado "Falsa antología completa de los poetas incendiarios". Para ser feliz me basta un piano, una playa desierta, buena compañía. Thelonious Monk ya inventó casi todo lo que se me ocurre. De mayor quiero ser Jacques Brel o Leonard Cohen.