...Se cierra el telón, o se abre, no importa. Me importa lo que hay detrás. Me importa la música que desprenden ciertas cosas. Me importa el olor. Descubro América. Descubro la pólvora. Descubro la Ley de la Relatividad. Descubro el horizonte. Los pesados barcos hacen equilibrios en esa línea frágil y ambigua entre el cielo y el mar. Aguzo la vista, olisqueo el salitre de la tarde. El mar pone las cosas en su sitio. Pone en su sitio el relato del pasado y el brutal e inhóspito futuro. Me estremezco. Es la piel, es la música, me digo. Es lo que hay detrás de cada evidencia, cada vez que la realidad chirría, cada vez que los datos se contradicen y entrechocan: pelotas de goma y deportaciones arbitrarias. Todo chirría y hace falta una suerte de oído absoluto para entresacar la música que subyace a esta película de serie b. Voy rescatando cuentos de la periferia de la historia. Malvivo. Busco detrás. Me conformo con que el mar siga poniendo las cosas en su sitio. «Tiñes mis días de fatal melancolía». Me conformo con la trapecista que se suicida en cada palabra. Y ahí me quedo...
...En el puerto hay una danza de barcos bajo el sol...
...Hoy hacía un día primaveral en el puerto. Lo recorrí junto a mi perro. Nos sentamos a mirar la danza...
...Leí los diarios de Anaïs Nin durante un verano, en la playa. Asocio Anaïs Nin al griterío de la playa, al olor del cuerpo de A., sapore di sale, sapore di mare, que decía Mr. Paoli: quando esci dall'acqua e ti vieni a sdraiare vicino a me...
...Encuentro el mismo libro, que no huele a mar sino a páginas viejas, Plaza & Janés, 1993, lo abro y leo lo que subrayé:
Los días malos doy paseos junto a las vías del tren. Pero como nunca he sido capaz de leer una guía de ferrocarriles, nunca acierto la hora oportuna, y como me canso antes de que llegue el tren a librarme de las dificultades de la vida, me vuelvo a casa. Es posible que esta fascinación que siento por morir en un accidente tenga alguna relación con el traumático período de mi infancia en que echaba de menos una muerte así. En Neuilly teníamos una criada (era cuando yo contaba dos años y mi hermano Thorvald acababa de nacer). Mi padre debió de seducirla y después la olvidó. Como quiera que fuese, ella quería vengarse. Nos llevó a mí y a mi hermano de paseo, y dejó el cochecito, poniéndome a mí junto a él, en plena vía del tren. Pero el guardagujas nos vio y, como era padre de siete niños, arriesgó su propia vida corriendo hacia nosotros justo a tiepo para alejar el cochecito de un puntapié y sacarme a mí en brazos. El acontecimiento se quedó grabado en nuestra memoria. Todavía me acuerdo de las camas cubiertas de juguetes para los siete hijos del hombre que salvó nuestras vidas.
Y también:
Así, delicadeza y violencia están a punto de conocerse y desafiarse mutuamente.
Y también:
¿Habéis estado alguna vez en un cine cuando ya se ha ido todo el mundo? La películas son como una dosis de opio, y salir a la calle produce una conmoción, es un brutal despertar del sueño en que se estaba sumergido. Pero cuando te quedas no despiertas nunca. El sueño sigue. A veces me duermo un rato y cuando vuelvo a despertar sigo viendo las imágenes en la pantalla, y no puedo encontrar ninguna diferencia entre el sueño y la película.
...Siempre que encuentro libros subrayados por mí siento una extraña conmoción y me sorprendo acometiendo una especie de indagación quirúrgica en quién fui y quién soy. Casi siempre me reconozco en las razones. El primer párrafo sé que lo señalé porque me sorprendió la crudeza con que lo cuenta todo. El segundo lo subrayé porque la delicadeza y la violencia siempre fueron dos de mis puntos gravitatorios, desde pequeño, no sé por qué. El tercero lo señalé porque cuando lo leí, en aquellos años, fue cuando empecé a ir al cine solo, a probar el placer del cine, no como acontecimiento, como salir, como beber, como estar con amigos, sino como un inmenso placer en sí mismo. Y sí, recuerdo que me fascinaba esa magia...
La diceria, elogio o calunnia, sono gli ingredienti che nel corso del tempo sono precipitati in fama. Essa consiste in fame e le tecniche con cui la si inganna, il modo in cui si versa il sangue e lo si piange, i colpi che la natura sferra da un suolo che bolle più volte per secolo, il modo in cui si ride e gli strumenti a corda e percussione che scatenano il canto.
...Lo preparo sumergido en viejos libros y papeles que hablan de Siberia y que me miran con los ojos rojos humo de blues...
...Anoche caminaba por la calle junto a mi perro y vi a una mujer gorda, árabe, vestida con un largo vestido y con la cabeza totalmente cubierta, haciendo ejercicio en uno de esos cacharros que los ayuntamientos ponen en los parques para que la gente haga ejercicio. Toda la plaza chirriaba al compás de sus movimientos...
...Hay más aparatos de esos en el paseo marítimo, pero ahí los usa gente con cuerpos que no se avergüenzan. No sé explicarlo. Me quedé mirándola. Delante de mí se paró un taxi del que se bajó un tipo muy parecido a Antón Reixa. Llevaba sombrero y una chaqueta algo estridente. Me pareció que también llevaba pajarita. Antes anotaba este tipo de escenas: un parque descascarado y solitario, una mujer árabe y gorda haciendo ejercicio, Anton Reixa bajando de un taxi. Tengo que volver a escribirlas...
...En el paseo marítimo no hay cruceros amarrados...
...Mi perro contempla la inmensidad del mar y yo olisqueo el aire de salitre, como si nos intercambiáramos los papeles: el debería manejarse en el olfato y yo en la vista...
...Anoche traducía a Erri de Luca, y volvía a leer esto:
Chi si è staccato da Napoli, si stacca poi da tutto: non ha neanche lo sputo per incollarsi a qualcosa, a qualcuno.
Mai più ho sputato, ho solo inghiottito, inghiottito
...A veces me quedo paralizado cuando tengo que traducir ciertas puñaladas de Erri de Luca...
...Como cuando rumio algo que tiene que ver con Nápoles, hoy me he levantado con la inquietud de necesitar el mar...
...Preparo mi viaje en el Transmongoliano, e imagino Siberia, y tengo ojos rojos humo de blues, y no doy nunca con la palabra exacta para traducir puñaladas...
...Canta Gustavo Cerati y miro respirar a mi perro. Se tumba y respira. Quién sabe hasta qué punto su instinto entiende de músicas o de utopías...
...Al verlo respirar pienso que los mamíferos somos seres obsoletos. Pienso que la respiración es un mecanismo obsoleto, tan obsoletos como que los vehículos tengan que funcionar con petróleo y haya que estar presionando el acelerador todo el tiempo para que se muevan, o como la tauromaquia o la literatura o las minas de carbón...
...Camino por el paseo marítimo bajo un sol primaveral. Se supone que deberíamos estar adentrándonos en el invierno, pero la sensación térmica y anímica es de la misma obsoleta primavera. Recuerdo los noviembres de Buenos Aires. Recuerdo mi segundo regreso de Buenos Aires, lo terrible que fue volver al otoño. Fue ahí donde cambió mi vida, donde dejé de poder digerir los pedazos de cristal que me tragué. Camino por el paseo marítimo y me acuerdo de Buenos Aires en noviembre, y me acuerdo de Gustavo Cerati en coma. Imagino cómo será la sala del hospital donde está Cerati en coma, quién lo acompañará por las noches. Me parece mentira oír su voz. Me parece un sacrilegio estar enamorado de su voz en su estado. Oírlo se convierte en un homenaje íntimo cada vez...
...Miro respirar a mi perro y pienso en las manadas de elefantes y en la vejez de los elefantes, en esos elefantes que se van a morirse solos, en esas ballenas que van a suicidarse acompañadas. Pienso en los códigos de ultrasonidos o en la locura, en qué parte de la semántica reside el significado de "vayamos a suicidarnos juntas"...
...Acompaso mi respiración a la de mi perro, como cuando toco el piano acompaso mi respiración a la de la música, y leo The New Yorker, y traduzco a Joseph T. Gambolò y a Erri de Luca, todo muy humano y verbal. Por eso me pregunto cuántas de las palabras que me estremecieron alguna vez o que dije se debieron a mi instinto, a mi obsoleto instinto animal y mamífero...
...Cuántos de mis movimientos de planetas se debieron a la música ligera, pienso mirando los barcos mercantes haciendo equilibrios en la línea del horizonte sobre un insultante mar azul mientras mi perro olisquea el aire encontrando ahí quién sabe qué...
...Y llorar de rabia y aullar a las constelaciones y patalear y morder a los perros y a los gatos, y probar a alzar el vuelo o a caer al vacío, lo que sea con tal de ser zarandeado, con tal de sobreponerse a este revuelo de gallináceos y pájaros que revienta en el cerebro...
...Y acordarse del porno y descuajaringar lágrimas como quien rompe relojes o sacrifica corderos, y no regresar a ninguna parte, tampoco irse para siempre, no quedarse nunca del todo, y el tsunami de la locura y las cuatro paredes...
...Estar tan caliente como fundido, con el termostato haciendo señales de humo, destrozado como una botella rota en una estación abandonada o como un labio temerario el peor día de su vida, y las alas extremadamente sucias de barro y sangre de este yonky y perro ángel de la guarda que acaricia mi cuello, clamar al cielo de la boca, dispararse en el paladar con silenciador y sed...
...Destrozar esta muñeca y este mar a dentelladas...
...Rezar como un inofensivo y dócil ser pequeño...
Muchas veces me pregunté, durante ese mes de espera, qué era lo que nos distinguía de los otros extranjeros que merodeaban por Sanlúcar, y la respuesta la obtuve, Señor, muchos meses después. Estábamos, sí, contaminados, y de un mal más terrible que la peste negra o que la lepra: estábamos infectados de nuestros propios sueños. Y ellos temían el contagio. Saben que el germen de los sueños se propaga con la facilidad de una plaga. Saben que se bebe en los vasos y se come en los platos. Que se deja en las sábanas, Que se pega a las manos. Y que apesta los ojos que miran, y la boca que besa, y los oidos que escuchan, hasta que los ojos no ven, hasta que los oidos no oyen y la boca sólo habla mentiras.
Napoleón Baccino Ponce de León Maluco.
...Aquí, en este mismo mar, hace casi dos décadas, hacía lo mismo que hoy: estar dentro del mar a merced de la marea, de la resaca, de las olas, del tiempo acompasado, durante horas que quedaban diluidas en el movimiento del sol, en los dibujos de las nubes, en los caprichos que el mar quería hacer con mi cuerpo... ...Aquí me quedaba mirando el horizonte, como ahora, mojado, saboreando la sal de los labios, pensando o sin pensar... ...Cuando me iba a dormir, por la noche, todavía sentía en mi cuerpo el vaivén de ese movimiento, de esa vida...
...Aquí, al lado de este mismo mar, leí con catorce años un libro titulado Yann Andréa Steiner, de Marguerite Duras, un libro del que no recuerdo absolutamente nada salvo que me estremeció, y me dejó muy tocado, y que describía en algún momento de sus páginas, el triángulo en movimiento de tres personas que caminan por la playa: una observa desde una ventana a dos personas que caminan lentamente por una playa desierta...
...Es curioso, he vuelto a ojearlo ahora, por si encontraba exactamente el pasaje de la descripción del triángulo, y me ha sorprendido lo mucho que tiene que ver ese libro con mi vida ahora: la colonia de verano, la monitora, el niño de seis años y medio, la historia sobre un naufragio y un tiburón que la monitora le cuenta a los niños, voraces y hambrientos de historias a pesar de que la monitora vive en guerra... ...En el libro de Marguerite Duras sólo he encontrado lo que tiene que ver conmigo ahora, no he encontrado lo que me estremeció, aquí y entonces...
...Aquí, en la cama de un apartamento al lado de la playa, que olía a crema hidratante después del sol y a apartamento de playa, y pies descalzos con la arena fina que insistía en volver en las mochilas y las bolsas y los bañadores impregnados de salitre, cuando volvíamos y el sol ya se había puesto, empecé a leer mucho tiempo atrás la novela Maluco, de Napoleón Baccino Ponce de León, un pseudónimo, supongo... ...Y me apasionó probablemente más de lo que lo haría ahora, pero aun así sé por qué lo hizo: probablemente no sea tan distinto al que era entonces...
...En la página 87, Marguerite Duras dice:
El niño contempla la playa con insistencia, no comprende cómo se encuentra allí esa playa sin que él la haya visto nunca...
...Yo me estremezco, aquí y ahora, como cuando me estremecía aquí por aquel entonces...
...Como siempre, cuando el tiempo pasa caluroso, parece que pasan menos cosas de las que pasan. Ha pasado, por ejemplo, que estoy leyendo una novela inédita de Sara Mesa y quiero escribir con ella a cuatro manos pero no me decido a decírselo porque no confío mucho en mí adquiriendo compromisos; que escribí el guión de una película para que la protagonicen unos chicos de siete años y hoy empezamos a grabarla; que quería haberle escrito a Luna Miguel porque en una entrada de su blog hablaba de un desierto y de un pescador y justo yo estaba terminando de releer el libro de Alberto Szpunberg y sonaba Desierto de Páez y me acordaba de un pescador desdentado que conocí en Celestún y que me hizo perdén un autobús; que nadé; que llegó a mi buzón Las Primas después de cinco meses de búsqueda, gracias a la cortesía de Bértolo, y que siento a la señora Venturini muy cerca de mi forma de entender la literatura, que no difiere mucho de mi forma de entender la música o la vida, quiero tomarme un café con la señora Venturini, y leer todo lo que haya escrito... ...Es maravilloso tener en las manos un libro que uno lleva buscando desde hace mucho tiempo...
...También pasó que anoche llovió... ...Y siempre que es verano, y hace calor, y llueve a media tarde, me acuerdo de los discos de vinilo que hay en esta casa, y abro las puertas del mueble donde están, junto a un sombrero negro envuelto en una funda de almohada, y miro los lomos y las portadas: de chico sabía dónde estaban los discos, recuerdo que miraba una y otra vez las portadas, y mi curiosidad estaba directamente ligada a esas portadas cuadradas que no me cabían en los brazos... ...Supongo que el ritual que tuve que pasar yo como ser social que pasa a la vida adulta fue ése: poner un disco solo, sin la ayuda de un adulto, con cuidado, limpiando los surcos con alcohol, poniendo el disco, cogiendo cuidadosamente la aguja y bajándola... ...El mueble de los discos de vinilo sigue oliendo igual, y ahí siguen esos señores melenudos de las portadas, que ahora veo jóvenes e inocentes, esos colores, esas chicas, esos peinados, esas miradas y bocas desafiantes...
...Madrid está ahora lejano, como si hubieran pasado muchos siglos de mis pasos perdiéndose por la Gran Vía, criminalmente lejos del mar: los lugares, la casa, las calles, las rutinas... ...Hacía tres veranos que no estaba tan cerca del mar, que no nos ocupábamos de él como hay que hacerlo, que oía la canción más maravillosa de Krahe como quien rumia una nostalgia, y no como quien cierra los ojos y siente cómo el mar le rompe en el empeine...
P.D. No recuerdo de qué blog he sacado la primera y la última fotografía de esta entrada. Me parecen geniales, y quiero enlazarlas. Por favor, si la reconoces, dime de dónde salió ;-) La segunda fotografía es del flickr de Raquel.
Según la física cuántica se puede abolir el pasado o, peor todavía, cambiarlo. no me interesa eliminar y mucho menos cambiar mi pasado. Lo que necesito es una máquina del tiempo para vivirlo de nuevo. Esa máquina es la mamoria. Gracias a ella puedo olver a vivir ese tiempo infeliz, feliz a veces. Pero, para suerte o desgracia, sólo puedo vivirlo en una sola dimensión, la del recuerdo.
Guillermo Cabrera Infante, La ninfa inconstante
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...Conducir hacia Cádiz suena a la voz de Kiko Veneno y Javier Ruibal, suena a Pensión Triana y a Lobo López, con la pupila fija en la carretera mientras canturreo yo y canturrea ella, descalza y copiloto, con la falda deslizada al final de los muslos, mientras me relamo en ese futuro casi inmediato que casi se toca con la yema de los dedos: el mar desplegándose azul frente a mi piel...
...El sur huele a mar, y el mar me enloquece y me tranquiliza. Frente al mar soy capaz de olvidarlo todo: olvidarme de mí, de lo que llevan a sus espaldas todas las células de mi piel, que sólo piensan como los perros en la felicidad inmediata y efímera de una simple caricia, los ojos cerrados y el rostro al sol, los tímpanos entregados a las olas rompiendo en el mar, la playa recibiendo el agua y la sal como si todos los cielos de las bocas en los que uno estuvo fueran castillos de arena tan vulnerables, tan fáciles de quedar sepultados bajo la ola adecuada, la marea, la luna, o los misterios que trae y se lleva consigo el mar cada vez que viene o va, o rompe, o nos salva...
...Y luego está todo lo demás: una cenita en casa de David, en el Puerto, y una campana a media mañana o la luna, y unas risas, o no, y el mar, siempre, ahí, desplegado, llamándome, olvidándose de mí, que no me canso de mirarlo y de admirarlo, ni de bailar al son de su música, ni de...
Miguel Ángel Maya Sevilla/Puerto de Santa María, 18/19 julio, 2010
...Madrid amanece. Desde aquí veo los tejados, en los que siempre busco gatos, como en este diario que se debate entre el pudor del pornógrafo y el exhibicionismo del beato. Desde la ventana veo la enorme terraza de Gatsby. Incluso cuando el verano era terminal casi cada noche hacía una fiesta. No hay gatos ni luz ahora que los ejes de la tierra (que también me gusta que suenen, pa qué los quiero engrasar) y el sol y esa danza de órbitas se empeñan en llevar la primavera al hemisferio opuesto al que yo me encuentro... ...Se mueven cosas. Algún día contaré anécdotas acerca de mi doble vida (la de señor serio y la del escritor con una cara de amateur que no puede con ella y cuyos rasgos caricaturescos se acentúan más en ciertos hábitats como el de anoche), del dinero que me deben o debo, de los ladridos de los perros, de las putadas de la vida, de la mala vida, del peor maquillaje, del mejor cuerpo, de cómo ansío, de nuevo, el mar; de cómo lo necesito, de cómo lo espero, y me inquieto como un lobo excitado, como el pianista del océano de Baricco (¿Por qué pienso tanto en ese libro si me dejó absolutamente frío y le pillé todos los trucos? ¿Porque el protagonista es un pianista y está en medio del océano? Vamos, Miguelito, te creía más evolucionado, más gourmet, no sé, menos vulnerable. Pues ya ves, le digo al amateur que me mira en el espejo. Bajo el revólver, claro). A veces una concatenación de hechos lleva a un trago casi tan amargo como un paté de foie de una oca cirrótica. Sé que lo de la oca cirrótica lo he soñado esta noche. Sé que también he soñado con un parque de La Habana donde no me dejaban entrar. Creo que sé por qué he soñado todo eso, pero soy un pornógrafo pudoroso... ...Decía que se mueven cosas. Anoche sin ir más lejos, por ejemplo, volví a encontrarme con gente y conocí a gente. Uno o dos. Me guardo el as en la manga, claro, pero sé que estos encuentros no son fortuitos, y menos justo ahora que empiezo a escribir guiones y sueño con fotogramas de películas antiguas y Greta Wenderglaszt ha decidido escaparse de Cabaret en las tripas del difunto, y nadie puede hacer nada, y se va acercando un excitante punto y final... ...No creo que haya escrito todo esto porque Madrid amanezca. Tiene que haber algo más, pero no sé qué. Siempre terminan faltando gatos...
...En las teclas del piano, tan feroces, tan inertes, se ha ido gestando el terciopelo sonoro de Erik Satie y sus Gymnopédies, ese espacio temporal que se tensa y se despereza como el más perezoso de los gatos... ...La piel, mi piel, recuerda las últimas dos noches, y se eriza, como el mar lejano frente al que cierro los ojos y veo, y oigo, y sobre todo huelo, y la yema de mis dedos acaricia las teclas, y el mar se vuelve un tierno hervidero de mitos que aparecen como insectos grotescos que zascandilean cosquilleándome el futuro... ...Con cerveza o con cuerpo entrelazado y desnudo y húmedo uno piensa que la literatura no vale la pena, que lo que da no compensa ni lo que quita ni el hielo ni las aventuras o las escaramuzas con espadas, y los duelos a muerte, y los ladridos... ...Lo que importa es la piel, los dedos acariciando las teclas, la música, las tres heridas, valga la redundancia...
"Hospitalaria y cordial lo hizo más de una vez sobre el sofá más duro" Indio Solari (La piba del blockbuster)
...María se preguntaba no hace mucho "¿Dónde termina el mar?" y es una pregunta espeluznante, sobre todo ahora, que en el sopor de la siesta me dedico a ver desde arriba en Google Earth todas y cada una de las islitas minúsculas de la Polinesia Francesa mientras suena Chano Pozo, o Chucho Valdés. Yo que ahora estoy lejos me siento cubierto de un pálpito feroz, de un atisbo de poesía que nunca había imaginado que pudiera residir en mi piel... ...Suena Esteticar, de Tom Zé... ...Antoine de Saint-Exupery crió gacelas en Cap Juby, lo cuenta en Terres des hommes: "Las encerrábamos en un cerco de cañas, al aire libre, pues no hat nada que sea tan frágil como una gacela y, por eso, necesitan beber en los arroyos del viento. Al haber sido criadas en cautividad, comen en vuestra mano; se dejan acariciar, humedecen con su hocico las palmas de las manos. Creemos que están domesticadas; pensamos que están a salvo de esos peligros desconocidos que, en el desierto, silenciosamente, apagan su vida con una muerte dulce... Pero llega el día en que las encontráis empujando la cerca con sus cuernos pequeños, cara al viento, hechizadas. No saben que, al huir, abandonarán vuestro abrigo. Se acercan, todavía, para beber la leche que les habéis preparado, se dejan acariciar, hunden, incluso con más ternura que nunca, el hocico en la palma de vuestras manos...; pero, apenas las dejáis libres, después de un trotecillo que parece feliz, regresan a la casa y, si no os cuidáis de ellas, se quedan allí, sin luchar siquiera contra la barrera, con la cabeza baja, con sus cuernecillos apoyados en ella, hasta la muerte. ¿Es la época de celo o acaso el deseo de galopar hasta perder el aliento? Ellas no pueden saber lo que es; cuando las capturásteis, todavía no habían abierto los ojos; desconocen la libertad del desierto y el olor del macho. Vosotros, que sois más inteligentes que ellas, sabéis lo que buscan: el vasto horizonte que puede colmar su ansia. Quieren ser gacelas; quieren danzar la danza de las gacelas; quieren descubrir la escapada rectilínea, a 130 kilómetros por hora, interrumpida, aquí y allá por bruscos requiebros, como llamas surgiendo de las arenas. Si la verdad de las gacelas estriba en saborear ese miedo que las impulsa a superarse a sí mismas y a llevar a cabo las más increíbles volteretas, poco importan los chacales; poco importa el león si la verdad de las gacelas estriba en ser desgarradas por un zarpazo bajo el sol. Vosotros las miráis y pensáis: "Sienten nostalgia..." La nostalgia es el deseo de algo que no podemos describir; el objeto del deseo existe, pero no hay palabras para definirlo. Y a nosotros, ¿qué nos falta?"
...Este caballero se fue a un monasterio, y se pasó en él seis años. Mientras tanto su ex amante y ex manager le fue sacando todo el dinero de la cuenta hasta arruinarlo. Como es un caballero, un señor, además de autor de algunas de las canciones más maravillosas que he oido nunca ("The wall of this hotel are paper-thin. Last night I heard you making love to him. The struggle mouth to mouth and limb to limb. The grunt of unity when he came in. I stood there with my ear against the wall. I was not seized by jealously at all), ha decidido volver a subirse a un escenario... No conozco una venganza más elegante contra amantes miserables... ...La pregunta es: ¿Cuándo termina el mar?...
...Ya lo he dicho, es una de las cosas que más me digo a mí mismo: es maravilloso tener el horizonte ahí, ajeno a nuestros sueños, ileso ante nuestro relamernos cuando conducimos hacia él. Ya sabes, buena música en la radio, ella al lado, una mochila con mucho mundo en el asiento de atrás, junto a una botella de agua casi vacía que se contonea balanceándose en el suelo del coche, la carretera, los campos a orillas de la carretera, el sol ocultándose como uno de esos solos memorables de todos los tiempos que un día, en un estudio de grabación de New Orleans, en una conjunción de astros, de musas colocadas, borrachas, drogadas, fueron convocadas en uno, dos o tres minutos...
...Siempre lo digo, como uno de esos viejos pesados que cuentan una y otra vez sus achaques, que una carretera que lleva al sur, más al sur, es una de las cosas más felices que se me ocurren...
...Sin acunarme, el mar, antiguo, arcaico, feroz y suave, ha sido capaz de renovarme, de acariciarme con su brisa, de cambiarme la piel sin hacer demasiado ruido, como yo necesitaba de este sur. Así me hacía falta el sur, con salitre y suavidad, con esa sensualidad de lo invisible... ...La brisa de Sanlúcar, el sabor del fino en el paladar, el sol en la cara, cuatro o cinco simplezas deliciosas que suponen algo parecido a la felicidad, me han zarandeado por fin, estremeciéndome y desentumeciéndome los huesos y la piel... ...Me hacía falta el levante para que se fueran algunas ideas de la cabeza, como el chupito de absenta, como dormir abrazado a ese cuerpo de aguas tan turbulentas como tranquilas, el origen del universo y del morbo, porque no hay nada más maravilloso cuando se está vivo que el cuerpo de ella oliendo a mar... ...Tampoco me imagino a mí mismo volviendo a Madrid después de estos días de sur, tan necesarios como dolorosos (huelo, presiento, intuyo, que este cambio de piel va a ser más profundo de lo que ella y yo imaginábamos)... ...(Aquí dejo una versión en italiano de Mar Antiguo. Me ha parecido simpática)...
"Cuando relato mis trashumancias, mis caídas, mis delirios y mis secretas orgías, lo hago únicamente para detener, ya casi en el aire, dos o tres gritos bestiales, desgarrados gruñidos de caverna con los que podría más eficazmente decir lo que en verdad siento y lo que soy" Maqroll el Gaviero. (Álvaro Mutis)
PARANOICA FIERITA (Editorial Carpe Noctem, 2022)
TEXTOS ENGORDADOS Y OTRAS ESPECIES
Proyecto literario digital
CRIMINALMENTE BELLA (Editorial Alegoría, 2016)
(Edición y prólogo)
MONSIEUR WITNESS (2015-2016)
Proyecto literario digital
FALSA ANTOLOGÍA COMPLETA DE LOS POETAS INCENDIARIOS (Editorial Alegoría, 2014) *
(Edición y prólogo)
EL HOMBRE QUE DECÍA HABER SALVADO A REBECA B. (Editorial Alegoría, 2013)
ÚLTIMAS 2 HORAS Y 58 MINUTOS (Lengua de Trapo, 2008)
Últimas 2 horas y 58 minutos. Primera (o segunda) parte.
*
Últimas 2 horas y 58 minutos. Segunda (o primera) parte.
Nací el 2 de julio de 1978. Soy músico, escritor, viajero. Estudié en el Conservatorio de Sevilla. Me licencié en filosofía por la Universidad Oriental de Nápoles (Italia). He tocado todos los géneros literarios, incluido el curriculum vitae. Escribo novelas, relatos, poemas y guiones, compongo canciones y toco el piano. Mi espectáculo musical se llama Migue y el fabuloso trompetista invisible. He vivido en Alcorcón, Sevilla, Londres, La Habana, Ciudad de México, Bogotá, Buenos Aires, Nápoles y Madrid. Algunos de mis relatos han aparecido en antologías, revistas, fancines o rocambolescos folletines olvidados. Me gano la vida como buenamente puedo (casi siempre de forma legal). He publicado dos libros: "Últimas 2 horas y 58 minutos" y "El hombre que decía haber salvado a Rebeca B". Y he editado "Falsa antología completa de los poetas incendiarios". Para ser feliz me basta un piano, una playa desierta, buena compañía. Thelonious Monk ya inventó casi todo lo que se me ocurre. De mayor quiero ser Jacques Brel o Leonard Cohen.