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lunes, 1 de agosto de 2011


...Volver en un barco tarareando canciones que uno ya creía olvidadas. Citar a Pasolini y decir la scrittura è una cosa assolutamente priva di senso y acordarse de una calle de París o de Praga en la que un señor arreglaba cuidadosamente la cuerda de un violoncello magullado. Saben que el germen de los sueños se propaga con la facilidad de una plaga. Saben que se bebe en los vasos y se come en los platos. Que se deja en las sábanas, Que se pega a las manos. Y que apesta los ojos que miran, y la boca que besa, y los oidos que escuchan, hasta que los ojos no ven, hasta que los oidos no oyen y la boca sólo habla mentiras. Quitarse la arena de la garganta, el rojo de los ojos, la ginebra de las venas. Desmontar el sexo, arquear las cejas, sacar la lengua y humedecer las puntas del bigotito años veinte, esparcir la brillantina. Guardar el arma, desenfundar el cielo de la boca, sonreír como Garble. Esperar, respirar, verbalizar la trama. Aguardar el vértigo...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 1 agosto 2011

P.D. La foto está sacada de aquí.
*

domingo, 8 de agosto de 2010

Aquí y ahora



Muchas veces me pregunté, durante ese mes de espera, qué era lo que nos distinguía de los otros extranjeros que merodeaban por Sanlúcar, y la respuesta la obtuve, Señor, muchos meses después.
Estábamos, sí, contaminados, y de un mal más terrible que la peste negra o que la lepra: estábamos infectados de nuestros propios sueños. Y ellos temían el contagio. Saben que el germen de los sueños se propaga con la facilidad de una plaga. Saben que se bebe en los vasos y se come en los platos. Que se deja en las sábanas, Que se pega a las manos. Y que apesta los ojos que miran, y la boca que besa, y los oidos que escuchan, hasta que los ojos no ven, hasta que los oidos no oyen y la boca sólo habla mentiras.

Napoleón Baccino Ponce de León
Maluco.






...Aquí, en este mismo mar, hace casi dos décadas, hacía lo mismo que hoy: estar dentro del mar a merced de la marea, de la resaca, de las olas, del tiempo acompasado, durante horas que quedaban diluidas en el movimiento del sol, en los dibujos de las nubes, en los caprichos que el mar quería hacer con mi cuerpo...
...Aquí me quedaba mirando el horizonte, como ahora, mojado, saboreando la sal de los labios, pensando o sin pensar...
...Cuando me iba a dormir, por la noche, todavía sentía en mi cuerpo el vaivén de ese movimiento, de esa vida...




...Aquí, al lado de este mismo mar, leí con catorce años un libro titulado Yann Andréa Steiner, de Marguerite Duras, un libro del que no recuerdo absolutamente nada salvo que me estremeció, y me dejó muy tocado, y que describía en algún momento de sus páginas, el triángulo en movimiento de tres personas que caminan por la playa: una observa desde una ventana a dos personas que caminan lentamente por una playa desierta...

...Es curioso, he vuelto a ojearlo ahora, por si encontraba exactamente el pasaje de la descripción del triángulo, y me ha sorprendido lo mucho que tiene que ver ese libro con mi vida ahora: la colonia de verano, la monitora, el niño de seis años y medio, la historia sobre un naufragio y un tiburón que la monitora le cuenta a los niños, voraces y hambrientos de historias a pesar de que la monitora vive en guerra...
...En el libro de Marguerite Duras sólo he encontrado lo que tiene que ver conmigo ahora, no he encontrado lo que me estremeció, aquí y entonces...





...Aquí, en la cama de un apartamento al lado de la playa, que olía a crema hidratante después del sol y a apartamento de playa, y pies descalzos con la arena fina que insistía en volver en las mochilas y las bolsas y los bañadores impregnados de salitre, cuando volvíamos y el sol ya se había puesto, empecé a leer mucho tiempo atrás la novela Maluco, de Napoleón Baccino Ponce de León, un pseudónimo, supongo...
...Y me apasionó probablemente más de lo que lo haría ahora, pero aun así sé por qué lo hizo: probablemente no sea tan distinto al que era entonces...




...En la página 87, Marguerite Duras dice:

El niño contempla la playa con insistencia, no comprende cómo se encuentra allí esa playa sin que él la haya visto nunca
...


...Yo me estremezco, aquí y ahora, como cuando me estremecía aquí por aquel entonces...

Miguel Ángel Maya
La Antilla, 7 agosto 2010