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viernes, 10 de enero de 2014

CRÓNICAS


...A veces encuentro papelitos donde he apuntado cosas que tenía que recordar y que había olvidado hasta que el papelito me las trae...
...A menudo no entiendo mi letra y leo aproximaciones de aquello que tenía que recordar o recuerdo algo que no tiene que ver ni con lo que tenía que recordar ni con lo que he olvidado: ese brindis al azar me interesa a menudo...
...Tengo entradas escritas y empezadas para este blog: una de ellas se titula "Desacato a la perplejidad" y otra "El sexo de la lengua", pero estoy ultimando cosas y no siempre tengo tiempo de poner algo más allá que algún desgastado apunte poético: empieza el año y siento que se van concretando cosas; todo es difuso, pero se van concretando las semillas, algo empieza a germinar: dos libros, la aventura editorial, la preparación del rodaje, la búsqueda de actores, las botas rotas, los saltos mortales...
...Ultimo las traducciones y el prólogo para la reedición en España de la Falsa antología completa de los poetas incendiarios. Tengo ganas, después de tantos años trabajando en la antología y después de lo que pasó con Sylvia Eleniak y Debrah Wycliffe. La coordino y la sangro. Ultimo también las traducciones y ordeno los papeles de esa especie de crónica con forma de novela basada en los relatos que publicó Joseph T. Gambolò en The New Yorker y en los años que pasó en Saint Simons y lo que sucedió allí mientras él estaba allí. Ya está ahí, casi asomándose al abismo. Casi puedo imaginarme el libro...
...Y el cine: por fin este año me adentraré en ese pantano a sorbos lentos y a pasos cortos...
...Empiezo a leer las crónicas de cine de Cabrera Infante. Leo algo sobre la poesía de no sé qué película de Fellini y no sé si entendemos lo mismo por poesía. Me fascina Cabrera Infante. Me da miedo a veces. Me devora, a veces...
...Me encuentro un libro de Anaïs Nin con algunas páginas subrayadas por quien era yo a los catorce años. Siempre que me encuentro con un documento semejante hago una prueba íntima: qué subrayaría yo ahora...
...Y me doy cuenta de que, a pesar de lo mucho que he cambiado y me he decepcionado, veinte años después sigo estando casi completamente de acuerdo con lo que subrayó ese niñato de catorce años...

Miguel Ángel Maya
9 de enero de 2014

P.D. La fotografía es “La Cantate du Narcisse,” (1934), de Laure Albin Guillot, y está tomada de aquí.

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martes, 10 de diciembre de 2013

THROUGH THE NIGHT


...A veces, en medio de la vorágine de posibilidades y dentelladas, lo único que quedan son un puñado de historias...
...Ganarse el pan con el sudor de mi frente, terminar los guiones, empezar la producción, traducir a Erri de Luca y a Joseph T. Gambolò, sembrar, escribir, jugar a ser, jugar a adivinar el futuro, y conducir a través de la noche mientras suena jazz...
...Y ocuparse del mar y pedirte que traigas el cine a la orilla misma de mis pies...

Miguel Ángel Maya
10 de diciembre de 2013

P.D. La foto está sacada de aquí. En ella Claudia Cardinale y Federico Fellini conducen a través de la noche y del cine.

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domingo, 3 de noviembre de 2013

DE MÚSICA LIGERA



...Canta Gustavo Cerati y miro respirar a mi perro. Se tumba y respira. Quién sabe hasta qué punto su instinto entiende de músicas o de utopías...
...Al verlo respirar pienso que los mamíferos somos seres obsoletos. Pienso que la respiración es un mecanismo obsoleto, tan obsoletos como que los vehículos tengan que funcionar con petróleo y haya que estar presionando el acelerador todo el tiempo para que se muevan, o como la tauromaquia o la literatura o las minas de carbón...
...Camino por el paseo marítimo bajo un sol primaveral. Se supone que deberíamos estar adentrándonos en el invierno, pero la sensación térmica y anímica es de la misma obsoleta primavera. Recuerdo los noviembres de Buenos Aires. Recuerdo mi segundo regreso de Buenos Aires, lo terrible que fue volver al otoño. Fue ahí donde cambió mi vida, donde dejé de poder digerir los pedazos de cristal que me tragué. Camino por el paseo marítimo y me acuerdo de Buenos Aires en noviembre, y me acuerdo de Gustavo Cerati en coma. Imagino cómo será la sala del hospital donde está Cerati en coma, quién lo acompañará por las noches. Me parece mentira oír su voz. Me parece un sacrilegio estar enamorado de su voz en su estado. Oírlo se convierte en un homenaje íntimo cada vez...
...Miro respirar a mi perro y pienso en las manadas de elefantes y en la vejez de los elefantes, en esos elefantes que se van a morirse solos, en esas ballenas que van a suicidarse acompañadas. Pienso en los códigos de ultrasonidos o en la locura, en qué parte de la semántica reside el significado de "vayamos a suicidarnos juntas"...
...Acompaso mi respiración a la de mi perro, como cuando toco el piano acompaso mi respiración a la de la música, y leo The New Yorker, y traduzco a Joseph T. Gambolò y a Erri de Luca, todo muy humano y verbal. Por eso me pregunto cuántas de las palabras que me estremecieron alguna vez o que dije se debieron a mi instinto, a mi obsoleto instinto animal y mamífero...
...Cuántos de mis movimientos de planetas se debieron a la música ligera, pienso mirando los barcos mercantes haciendo equilibrios en la línea del horizonte sobre un insultante mar azul mientras mi perro olisquea el aire encontrando ahí quién sabe qué... 

Miguel Ángel Maya
3 de noviembre de 2013

P.D. La foto la he sacado de aquí.

jueves, 24 de octubre de 2013

WET GUNPOWDER BY THE RAIN


...Las tardes se las reparten John Coltrane, Ornette Coleman y Sonny Rollins, como en una timba de póker, como si se zafaran del vinilo y se escaparan. No me dan tregua ni los personajes de los cuentos de Joseph T. Gambolò en los que es posible rastrear su vida, ya me entiendes: las noches en las plantaciones de tabaco, la música y el sudor y los negros y los gatos y la cabaña iluminada en un punto de la inmensidad de la oscuridad y la lluvia, el aguardiente casero, los instrumentos musicales arrumbados y repletos de muescas y golpes, el escaparse por las ventanas, los graneros, los animales...
...No es fácil traducir los cuentos de T. Gambolò por lo mucho que esconden, por el miedo que dan...
...Mucho más difícil es encontrar en esos cuentos el germen de un asesinato que va a producirse sesenta años más tarde. Con T. Gambolò todo es extremo, todo sabe a pólvora, todo huele al tabaco mojado por la lluvia y a sus paseos lentos y sin rumbo por Third Avenue, como el reverso destruido, fantasmagórico y suicida de Jeanne Moreau buscando a aquel tipo acompañada sólo por la noche y, a lo sumo, por la trompeta de Miles Davis...
...No es mala compañía para corregir en la medida de lo posible esa soledad que se mete por los huesos como la peor de las infecciones, me digo mirando mis ojeras en el reflejo de la ventana, como si ya hubiera llegado la madrugada y yo siguiera dándole rienda suelta al insomnio mientras mi perro me mira como si estuviera loco, tan fantasmagórico como la figura de Joseph T. Gambolò arrastrando la bombona de oxígeno y empeñado en entrar, una vez más, en el Havana Cafe del Soho, resistiéndose a dejar de existir, a dejar de soñar que los temblores no le impedían seguir escribiendo, que para escribir la letra "W" no tenía que sostener su mano derecha con su mano izquierda para escribir primero "Q" y luego "D" y luego "S" para finalmente desistir y llorar y romper los malditos papeles; que el sonido fatigoso de su respiración podía, todavía, darle una vuelta de tuerca más a la vida, y podía enturbiarla de pólvora una vez más...

Miguel Ángel Maya
24 de octubre de 2013

P.D La foto es de Esther Bubley y está sacada de aquí.
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sábado, 19 de octubre de 2013

DRIVE AND SOFT DEATH



...Leo Cada tarde a esa hora me subo al Mustang y me pierdo por carreteras secundarias que sé que al final me llevarán a la autopista de la costa. Una vez allí, conduzco en dirección norte, pendiente siempre de la luz, hasta que doy con un lugar desde el que poder contemplar bien el ocaso, procurando encontrar cada vez un nuevo puesto de observación, que siempre elijo en función de la altura del sol. Mientras conduzco, me abandono a los sentimientos que despierta en mí la extraña cualidad que la luz tiene siempre a esa hora. En algún momento me percato de que el sol está muy bajo y entonces salgo de la carretera principal...
...Antes de ayer conducía horas antes de leer esto. Tenía el Mar Mediterráneo a mi izquierda. El sol le daba un tono dorado. Me fijé en un enorme barco mercante anclado frente a la última playa urbana. Ahora vivo junto al mar. Lo digo guiñando los ojos por el sol. Lo digo mientras suena Chico Buarque en el coche...
...Ahora estoy traduciendo uno de los cuentos de Joseph T. Gambolò, el bizarro y casi desconocido escritor norteamericano, relativamente célebre como cronista de boxeo y ocasional guionista de subproductos de serie b, para una antología que se va a publicar en España en primavera. El cuento se titula Drive and soft death, y fue publicado en The New Yorker en septiembre de 1977, exactamente 274 días antes de que yo naciera; antes incluso de que yo fuera concebido. Es la historia de una telefonista de Chicago que desentraña un asesinato. Es un cuento irregular, extraño; como todos los de T. Gambolò, pero como todos los suyos, enigmático y con "algo"...
...Es curioso, mientras conducía, con el mar dorado a mi izquierda, subido a mi Fiat Joplin (no a mi Mustang) me acordaba de cuando trabajaba como teleoperador en Yodeyma, la empresa de perfumes falsos. Yo trabajaba con los clientes italianos. Mi trabajo se limitaba a tomar pedidos de peluqueros que vendían las falsificaciones a sus clientes, hasta que nos dijeron que teníamos que hacer promoción. Yo me sentía cómodo recibiendo pedidos de peluqueros de pueblos perdidos italianos que pedían una falsificación de Chanel Nº 5 para sus clientas, pero no llamando para vender. No sirvo para vender, y menos por teléfono. El caso es que me entró una llamada, no recuerdo ni adónde ni a qué cliente, la historia es que descolgó una chica. Yo pregunté por el titular de la peluquería. Me dijo: "Sí", con cierta sorpresa, con cierto entusiasmo, no sé, con mucha emoción. Yo le dije: "Chiamo da Yodeyma", y ella me dijo, desinflada, triste: "guardi, non è il momento" (Mire, no es el momento). Yo dije: "Mi scusi" (Discúlpeme) y colgué. No sé por qué, me he acordado muchas veces de esa llamada, de ese momento, de ese día. No sé por qué me acuerdo a menudo de ella mientras conduzco. No sé, siempre he imaginado que el titular de esa peluquería acababa de fallecer y que yo estaba llamando a una casa en la que se celebraba un velatorio, o en la que la muerte había hecho acto de presencia, y que esa chica esperaba una palabra de aliento, un pésame, un abrazo en la distancia, y no la llamada corporativa de un tipo que le insistía en las bondades de los perfumes falsificados. Nada más que la voz de la chica me hace pensar eso, pero es algo de lo que estoy convencido...
...¿Por qué pienso ahora en esto? No tengo ni idea. Mi vida es extraña. Estoy con las traduciones, estoy escribiendo, estoy leyendo el nuevo libro de Eduardo Lago, conduzco con mi Fiat Joplin a lo largo del Mediterráneo. Me seduce la idea de publicar por primera vez en España los relatos de Joseph T. Gambolò. Cuando conduzco y escucho música en el coche se me vienen a la mente instantes sobre los que no tengo tampoco mucha capacidad de decisión. No tienen más razón que esa...
...Vuelvo a leer el cuento de Joseph T. Gambolò. Ahora ya con mis propias palabras, con las palabras que yo, en mi traducción, he elegido, las palabras que son tanto mías como de T. Gambolò. Y me relamo, y pienso que está bien que se publique su obra aquí. Y participar de ello...
...Y nada más. O poco más...


Miguel Ángel Maya
19 de octubre de 2013

P.D. La foto está tomada de aquí

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