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domingo, 23 de septiembre de 2012

EL ROSTRO DEL LECTOR 2 HORAS Y 58 MINUTOS DESPUÉS



...Gran parte de mis duermevelas tienen que ver con el rostro de los lectores, en general, y los míos, en particular...
...Siempre que leo un libro por el que daría la vida pienso qué pensaría de mí el autor al ver mi rostro impregnado en maravilla...
...Alguna vez he pensado que me encantaría tener una foto de carnet de todas aquellas personas que alguna vez me leyeron: el rostro del entusiasmo o de la decepción...





...Una vez vi en la estación de Atocha a una chica pelirroja de unos treinta años leyendo un libro, y me quedé mirándola, y pensé que me encantaría que ella fuera una lectora de un libro mío, y en esta entrada escribí esto:

"En Atocha, anoche, había una chica corriendo descalza, con los zapatos de tacón en la mano, porque perdía el tren a Barcelona. Es bonito ver bailes así: levantar la vista de El hombre que amaba los perros, levantar la vista de Ana se cruzó en mi camino en uno de esos momentos tan frecuentes, en que yo me balanceaba en el borde de un foso, y encontrarse con un movimiento de aire y una chica descalza que corre con unos zapatos de tacón en la mano, y que pierde el tren...
...Antes, en el bar de enfrente a la salida del AVE había visto a una chica sentada a una de las mesas, piernas cruzadas, abrigo negro, vaqueros, botas, leyendo un libro, con una cerveza olvidada a medio terminar...
...Es así como me imagino muchas veces a la lectora de un libro mío. Pocas veces imagino un lector. No sé por qué o tal vez no quiera saberlo. Le doy incluso un nombre, una voz, unas pupilas, y la imagino casi siempre así, en una mesa de café, mientras afuera llueve, y tiene un abrigo rojo, y un bolso caótico, y está algo despeinada, y una cerveza a medio terminar, o un café...
...Casi nunca me la imagino bailando, aunque me moriría por ve bailar a mi lectora, me encantaría saber dónde yace el libro, qué fue de él, junto a qué otros libros está, si es querido o no, si de sus labios salió un tienes que leerlo que cayó en los oidos de su mejor amigo o dibujaron una mueca de hastío mientras pasaba páginas con desgana...
...Me gustaría conocer esas otras danzas, esa otra música que empieza cuando se termina la historia... ...Me gustaría sentarme al piano y poner a bailar las manos, me gustaría tocar el piano para que tú bailaras, para que nos viéramos bailar cada uno su baile"

 ...y días después recibí este comentario, que me estremeció:

"rebeca dijo...
Justo cuando tú escribías esta entrada, yo me leía tu libro. Lo cogí de la estantería, lo metí en uno de esos bolsos tan míos en los que podería meterme yo misma, me puse mi abrigo rojo, me acomodé en la esquina de una cafetería, me pedí un café y me leí las 135 páginas de la primera (o segunda) y de la segunda (o primera) parte del tirón. Durante poco más de dos horas estuve fuera del mundo... o más bien recorriendo el mundo (y tu biografía) a través de unas páginas que llegan casi tan hondo como lo hacen tus palabras en este blog. Sólo con leer el capítulo en que los personajes salen de los libros para cobrar vida habría bastado para compesar los dos meses en los que la editorial me tuvo pendiente de un envío que siempre se retrasaba. Con la sonrisa en los labios que me produjo ver ese mail que esparaba en lugar del The End, volví a envolverme en mi abrigo rojo, deposité el libro en ese saco sin fondo que llevo por bolso y, de vuelta en casa, encendí el portátil y leí esta entrada. Y me alegré de encajar tanto en tu perfil de lectora como tú en el mío de escritor que deja huella.
20 de febrero de 2010 20:34"


 

...Ya he escrito alguna vez aquí que considero que los libros son simples anécdotas de las historias, al menos de las mías: las historias suceden en otra parte, los personajes de las historias tienen sus biografías, sus vidas, sus angustias, las historias suceden con la misma ferocidad o arbitrariedad que en la vida: lo último que supe de dos de mis personajes es que habían roto su relación de pareja. Lo supe, curiosamente, por un cuento que no recordaba haber escrito, y en ese cuento se aludía a esa dolorosa ruptura...
...Recapitulemos: por circunstancias de biografías y mudanzas, me he pasado muchos meses sin usar mi ordenador, cuando lo volví a encender decidí hacer limpieza: una tarde empecé a abrir documentos de carpetas con cuentos empezados, esbozados o terminados escritos a lo largo de unos cuatro años y medio. Para mí fue una sorpresa inesperada descubrir que en muchos de esos cuentos se alude a ciertas historias y personajes, que encajan a la perfección ciertas anécdotas, cronológica y secuencialmente, ciertas historias, que hay cuentos donde cuento lo mismo desde perspectivas distintas...



 


...Siempre había pensado que el libro que recoge una ficción es anecdótico o accidental respecto a esa ficción: las historias están ahí, se suceden mientras nado, mientras conduzco, mientras camino, las historias se suceden a lo largo de los años, los personajes envejecen, evolucionan, involucionan, mueren en esa ficción, asisten a sus funerales, a sus bodas, a los nacimientos de sus hijos, y el libro canaliza algo, a veces, a veces ni siquiera es capaz de canalizar nada, pero lo importante es la historia, el magma. Es en esos cuentos, que ahora he recopilado, donde me he dado cuenta de la ruptura de dos personajes, Katia y Sam, que yo todavía creía fuesen pareja. Se alude a esa ruptura en al menos tres cuentos, aunque ninguno de ellos tenga como centro de la acción esa ruptura...



 

...Siempre me pregunto qué ha sido de los personajes poderosos: Arturo Belano se parecía demasiado a Bolaño, por eso en el territorio de la ficción murió aquella noche de julio de 2003 esperando el mismo transplante de hígado que Roberto. Ulises Lima también se parecía demasiado a Mario Santiago Papasquiaro. Olga Orlov no, por ejemplo. No fue al entierro de Gal Ackerman, ni estuvo en el Oakland, y yo, sin haber sido amigo de Gal, me pregunto qué estará haciendo ella. Me lo pregunto sin metáforas, con toda la crudeza. Me pregunto a menudo qué estará haciendo Olga Orlov ahora. Es tan poderosa que ha entrado en mi propia ficción a pesar de haber estado en la ficción de Eduardo Lago. Siempre sentí un dolor por ellos dos, un dolor que fue más allá de las páginas del libro: más allá del libro porque en el libro sólo vi un poco de lo que había pasado antes de mí y de lo que seguiría pasando después de mí, con Gal enterrado en el cementerio danés junto al acantilado...


 


...Ayer entré en la librería Atlas de Granada. Buscando con esa mezcla de esperanza y escepticismo, como se suele hacer en las librerías de viejo, ese libro que uno no sabe que estaba buscando hasta que se lo encuentra ahí delante, y lo ve, y lo saca, y lo abre, y lo huele, y lee algo por lo que habría dado la vida por haberlo escrito; buscando y después de haberme ya encariñado con una antología de cuentos de Hipólito G. Navarro, me encontré con Últimas 2 horas y 58 minutos. Estaba ahí, como los libros del capítulo 13 de la segunda (o primera) parte en aquella librería de Coyoacán que existe tanto en Coyoacán como en la novela. Estaba ahí, y costaba 8 euros. Estaba ahí como todos los libros prescindibles de este país y de este mundo. Era el reverso de Rebeca y su huella. El lector o la lectora había comprado el libro, quién sabe motivado o motivada por qué, y lo había leído, quién sabe dónde, en qué casa, en qué habitación, en qué circunstancias, quién sabe con qué músicas, con qué ropa, con qué gato, con qué pantuflas, en qué cama, en qué butaca, en qué terraza, tomando qué té, qué vino, acariciando quién sabe qué pies, qué cabellos, en qué autobús público, con qué dolor de cabeza o con qué felicidad cósmica... Lo había leído, y después de leerlo sintió que nada había pasado, tan poco había pasado, que decidió sacarse unas perrillas y presentarse en la librería Atlas y venderlo por unos cuantos euros...

...Me quedé con las ganas de conocer a Rebeca, mi desconocida lectora, en Madrid. En cierto modo pienso que habría sido bonito, pero también pienso que habría sido como apostar a caballo ganador: ella me tenía ganada como lectora, y yo a ella como "autor que deja huella"...
...Ahora lo que me encantaría sería conocer a ese lector o lectora que se hastió y vendió el libro: me muero por saber en qué gastó el nimio botín, qué compró ese lector o lectora con los pocos euros que le dieron por el libro, qué vino se tomó, qué regalo hizo, qué embutido, qué helado, qué libro, qué pegamento de barra...
...Me muero por conocer el rostro de ese lector 2 horas y 58 minutos después de haber leído mi libro, de haberlo vendido, de haberse olvidado, de haber prescindido de él, de haber hecho un hueco en su estantería para engordar las de una librería de las que quién sabe qué mano lo sacará, lo abrirá, lo olerá, etcétera...
...Me muero por conocer ese rostro: lo juro...

Miguel Ángel Maya
Granada, 22 de septiembre de 2012

P.D. La primera foto está tomada en una de las estanterías de la librería Atlas de Granada

*

jueves, 27 de octubre de 2011

PERO NO SÉ QUÉ




Simoncelli se agarra a su moto. Siente que es lo que tiene que hacer. Ha resbalado y se agarra a su moto. Ese gesto involuntario vuelve a meterlo en la pista y otros dos pilotos se lo llevan por delante. Muere. Ahora es fácil decir ¿por qué te agarraste a la moto? ¿por qué no te saliste de la pista? Parece mentira, es como si fuera fácil volver a repetir la escena: venga, esta no ha valido, ahora me vuelvo a caer y me salgo de la pista y queda todo en unas cuantas contusiones. No vale que muero…




…El semáforo se pone en ámbar. No, no va a darme tiempo, me digo. Freno. Se pone en rojo. Freno más. Me detengo frente al semáforo. Podía haber pasado, me digo, en rojo, pero es mejor así. Oigo un frenazo en alguna parte, lejos, que se acerca. Miro por el retrovisor. Un coche se acerca a mucha velocidad. Está frenando pero sé que no va a darle tiempo. Todo es lento. Lo veo todo como si ya hubiera pasado pero cierro los ojos y espero un golpe, durante un lapso de tiempo espero un golpe seco desde un limbo lento, desde una agitación extraña. Espero. Suena el golpe seco. Mis ojos cerrados. Mi cuerpo impulsado por una inercia incontrolable. No entiendo por qué he cerrado los ojos. Mi coche avanza varios metros. Es una percepción extraña. Ya ha pasado todo. Me duele el cuello y la espalda, pero todo ha pasado ya. Siento ganas de llorar, las manos me tiemblan. El semáforo se pone en verde pero los coches observan. Si hubiera pasado con el semáforo en rojo aun por unas décimas de segundo, esto no habría sucedido. Esto lo sé ahora. Si esto fuera uno de esos libros de Elige tu propia aventura sabría qué habría sido de mí si me hubiera saltado el semáforo entre el ámbar y el Salgo del coche. Siento un ligero mareo. Veo un coche destrozado y una chica en estado de shock, llora, la boca abierta. Un chico me pregunta si estoy bien. No lo sé, digo. Miro mi coche. Miro el otro coche. Todavía no entiendo nada. La chica dentro del coche llora. La parte delantera de su coche está destrozada. El chico me pide que me quite las gafas para mirar mis pupilas, me pregunta si siento zumbido en los oídos, náuseas, cosquilleo en las manos. No lo sé. Todavía no sé qué ha pasado. El mundo sigue andando, nuestros coches detenidos, heridos, ahí. La chica llora. Yo tiemblo. No lloro. Aturdido relleno un papel, burocracia. Pienso en lo que podía haber hecho para evitarlo. Tranquilizo a la chica. El chico escribe por mí sobre mi coche. Me pregunta mis datos, yo respondo. Todo va volviendo a su cauce. Al irme la chica me da su tarjeta: es profesora de yoga. Me la guardo en el bolsillo trasero, junto a un billete de tren y un papelito naranja que me dio en París la bailarina rota. No sabía que todavía estaba en el bolsillo. El pantalón de invierno, de París y de romperse, me digo…
…Podía haber pasado el semáforo en rojo, me digo todavía cuando cierro los ojos y recuerdo el golpe, o haberme bajado, o haber acelerado. Podía haber no pasado, pero en las manos de quién de nosotros estaba que no sucediera. ¿Por qué, Simoncelli, te agarraste a tu moto? Estoy vivo, me digo, siento gratitud por algo, pero ¿por qué no hiciste cualquier otra cosa para evitar que el azar zarandeara tus vértebras?, me digo…
…Algo ha pasado, pero todavía no sé qué...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 27 octubre, 2011
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lunes, 6 de diciembre de 2010

PERFECT DAY




...que puedo suicidarnos con romper una página.

Luis García Montero




...Si por mí fuera te habría vampirizado entera...
...Era el día perfecto: llevábamos días jugándonos el cielo de la boca, jugándonos al ratón y al gato, jugándonos la vida un poco, sólo un poco, la parte más efímera de la vida, quizás, la parte más alcóholica tal vez, la parte más cutánea, sí, esa es la palabra, cutánea: borra todas las demás palabras, quédate con esa...

...Antes de suicidarnos me gustaría que te quemaran en la boca una metralla de palabras, que todos esos pájaros que pían en tu pecho como pidiendo más se saciaran de una vez, con gusanos o con frases, lo mismo da...

...Estoy perdido en medio de una ficción que está a años luz de ti, que a tu vez estás a años luz de mí, como yo estoy a siglos luz de ti, pero en cierto modo siento que estamos en paz: quiero convertirme en vampiro y lamer cada resquicio de lo que tengas para darme o mendigarme. Cerrar las puertas y las tijeras y devorarte como en una canción de Djavan, o esperarte como en un bolero marchito y decadente, como una caja de música oxidada...

...Estoy a punto de romper una baraja, todo hierve ya, todo resplandece, todo tirita, todo tiene el color del vino y sabe a pólvora, como los labios que no se deben, que no se tienen que, que no habría que...

...Sólo contigo en llamas otro día más el día sería perfecto...




Miguel Ángel Maya
Sevilla, 6 diciembre, 2010

lunes, 18 de octubre de 2010

EFECTOS MARIPOSA Y OTRAS HISTORIAS



...Probablemente nada de lo que me pasó hace dos noches habría pasado si hubiera perdido el autobús que con tanto esfuerzo me gané: desde mi bajada de brazos inicial y un "ya no me da tiempo" cuando al muñequito verde del semáforo le quedaban cinco, cuatro, tres, dos, un segundo pasé a una carrera de doscientos metros y a un conductor amable que mantuvo la puerta abierta hasta que me subí jadeando...

...Por la tarde, en la oficina, había leído esta entrada en el blog de Pola Oloixarac, y le había estado dando vueltas a la "carta a la escritora" donde el autor le reprochaba a Pola que lo hubieran echado del trabajo por su culpa, por culpa de Pola...

...Y volví pensando si alguien, no sé quién ni por qué razón, podría reprocharme algo así o incluso algo peor sin que yo lo supiera...




...Una tarde, muchos años después, volví a encontrarme con L. en el Naima. L. había sido mi compañera en la clase de estética, cuando estudiaba en el conservatorio. A veces nos encontrábamos en el Naima, antes de clase. A decir verdad, yo iba al Naima esperando encontrármela, y a veces ella estaba allí. A mí L. me gustaba, pero L. estaba con G., y yo me contentaba con encontrármela en el Naima sin esperar mucho más, con compartir cafés, la clase de estética y el autobús de vuelta, cosa que sucedía cuando G. no venía a buscarla y se perdían por las calles del centro...

...Pasó el tiempo y me enteré, por terceras o cuartas bocas, que L. había dejado a G. Recuerdo que me dio un vuelco en el estómago. No sé si era alegría o algo parecido, pero me puse muy nervioso, y sentí cosas contradictorias, y pensé "qué pena que no hubiera pasado esto antes", porque yo, por aquel entonces, estaba con M...
...Me encontré con L., digo, muchos años después, en el Naima, y estuvimos hablando mucho rato. En un momento de la conversación, salió el tema de G., y yo me reí, como si nunca hubiera sufrido por el hecho de que ella y G. estuvieran juntos, como si nunca me hubiera quedando mirándolos abrazarse y besarse cuando se perdían por las calles, tragando saliva y con las manos en los bolsillos. Me reí...
...L. se puso seria y dulcemente me disparó esto: "Yo dejé a G. porque estaba enamorada de ti"...




...Pues bien, el autobús estaba lleno de gente, y yo avancé hacia la parte de atrás, abriéndome paso como buenamente podía y preguntándome para qué me he sacado la tarjetita del Sevici si por la noche cojo el autobús...
...Cuando me posicioné en la parte trasera vi a una chica rubia, preciosa, ensimismada en un libro. No sé por qué, me gustan las chicas que leen en los transportes públicos, y no puedo evitar tratar de ver lo que están leyendo, de modo que disimuladamente empecé a girar la cabeza para ver si lograba leer el título, que ella tapaba entre las manos y el bolso: era un libro de tapa dura del que, después de muchos intentos, sólo pude rescatar una palabra en inglés, ni el autor, ni el título completo, ni la editorial...
...El caso es que, tratando de leer el título del libro que leía la chica, me pasé de parada. Lo supe porque ella metió el libro en el bolso, se levantó de su asiento y le dio al botón para solicitar la parada: que ya no era la mía sino la siguiente...




...Bajamos juntos. Ella cruzó la calle sin saber que yo existía, y yo comencé a desandar el camino hacia mi casa. Antes me volví para ver de nuevo a la chica rubia, que ya había desaparecido. De refilón me fijé entonces en la parada de enfrente, donde paraban los autobuses que venían en sentido contrario al del que había venido yo. En la parada se detuvo un autobús y se subió sólo una persona...

...En la parada distinguí a G., que saludaba sonriendo, y lanzaba besos a la chica que avanzaba hacia atrás y miraba a G. desde dentro, sonriéndole con ternura. La chica era L., y hacía diez años que no la veía..
...Sé que es inverosímil, pero sucedió...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 18 octubre, 2010

sábado, 11 de septiembre de 2010

OPIO EN LAS NUBES



...Era casi de noche y en la radio del coche Óscar Sipán, el editor de Tropo, hablaba con pasión de Opio en las nubes. Óscar Sipán no sólo tiene una pasión contagiosa, sino que contaba la aventura de ir detrás de un libro o de un autor. Sin ser editor, conozco muy bien la sensación de ir tras un libro, desde el momento en que uno se detiene en una cuneta, por ejemplo, y escribe el título de un libro que le va a acompañar en las sienes durante años: a partir de ese momento uno empieza a encontrar señales o pistas, oye hablar del autor en alguna parte, encuentra algún libro o texto en el que se habla de él o que contiene algo de él, y es como pasar rozándolo, como sentir que uno casi lo ha conseguido. En la ciudad donde uno menos se lo espera va encontrando pistas cada vez más contundentes hasta que un buen día, en un puesto, en una estantería, en un lugar rocambolesco, encuentra el libro...



...A veces lo del libro es un pretexto tan inútil como algunos sueños: al final, en cualquier momento, la vida da un golpe de timón y uno cae por la borda...
...Es curioso, en estos días he descubierto la pestaña estadísticas en este blog: me gusta fantasear poniéndoles rostro a las personas que se pasan por aquí, y ver los lugares remotos desde los que se conectan, o las palabras claves de búsqueda: hace dos días, las palabras claves de búsqueda eran éstas:

Miguel Ángel Maya
Ava Gardner
Fotos carta de ajuste
Francesca Regni
Poeno la mama la forsa a la hija a follar
Imagen de carta de ajuste
Los payaasos de la tele
Miguel angel maya blog
Miguel angel maya blogspot

y ayer fue:

miguel ángel maya
ava gardner
lara moreno
viage egipto 31 agosto 2010
el pudor del pornógrafo miguel ángel maya
ivan thays bellver
lagrimas negras
pichiciegos
su sonrisa esplendorosa su carita tan hermosa letra de canci
on




...Me había puesto a pensar o ficcionar sobre esas personas, conocidas o anónimas, que por diferentes motivos, entran cada día en este lugar: quíénes son, qué buscan, cómo llegan hasta aquí, por qué motivo se quedan o por qué motivo no vuelven...



...Pero la vida acaba de dar uno de esos golpes de timón tan parecidos a un jarro de agua fría: yo estoy a punto de cambiar de vida, y la vida que me circunda también se empeña en cambiar de rumbo. No sé, es raro, pensar que haya cosas que, en un momento dado, conjuntan sus tiempos y sus espacios, sincronizan sus ritmos disparatados, para germinar de repente dejándonos con la boca abierta...
...Cuando eso pasa, cuando el cielo se cubre de nubes y uno sabe que la vida tal y como la entendía hasta ahora no va a ser ya la misma, no hay opio que valga...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 11 septiembre, 2010

martes, 27 de abril de 2010

La maleta



"No me parece que la luciérnaga extraiga mayor suficiencia del hecho incontrovertible de que es una de las maravillas más fenomenales de este circo, y sin embargo basta suponerle una conciencia para comprender que cada vez que se le encandila la barriguita el bicho de luz debe sentir como una cosquilla de privilegio"

Julio Cortázar



...Una vez me perdieron una maleta en el aeropuerto de Londres, o tal vez fue en el de Bruselas, donde había hecho escala para ir a Londres. Siempre pienso si la encontró alguien, si la abrió, si trató de adivinar quién era yo por mi ropa, mis fotos, mis libros, mis amuletos, mis recuerdos, mi desorden...
...La imagino dando vueltas en una cinta de equipajes equivocada, sola, olvidada mientras yo rellenaba un formulario en el aeropuerto de Londres...
...Una maleta es como un inventario de cosas efímeras, un recipiente en el que uno mete esos objetos imprescindibles para no dejar de ser el que es cuando el lugar de destino se nos haya metido por los poros, nos haya tomado, como una hiedra impertinente...
...Yo suelo viajar con mochilas que terminan ensuciándose y son como una obligación a meter sólo lo indispensable. El libro electrónico será mi gran aliado en mis mochilas futuras. Cuando viajo, mi mochila va adelgazando de ropa y va engordando de libros, porque cada libro tiene detrás una historia, más o menos recóndita, más o menos casual, más o menos azarosa, rocambolesca...
...Es curioso que en una maleta que vuela de Madrid a Salerno viaje un libro con una dedicatoria en sus entrañas, acompañado de otros libros, y ropa, y secretos, y que ese libro iba acompañado de La pirueta, de Eduardo Halfon, de quien supe la historia tomando un café, y a Delibes, y que sin saber en qué metro cuadrado de qué habitación de qué casa de Salerno con vistas al Mediterráneo está esa maleta recién abierta, no pueda evitar sentir un suave cosquilleo de luciérnaga...


Miguel Ángel Maya
Madrid, 27 abril 2010

domingo, 21 de febrero de 2010

Juegos de azar



...Le puse el punto y final al cabaret, farera. Terminó el parto, ahora toca lamérselo todo, ir poniendo los huesos en su sitio, reintegrarse en la sociedad civil, ver películas, partidos de fútbol, beber cervezas...
...Me he ido despidiendo de todos los personajes, uno a uno, y no ha sido fácil después de tantos años: ahora empieza el juego de la verdad, ahora empiezan las arenas movedizas. Ellos no se van a estar quietecitos en un solo libro, lo saben, lo sé, nos conocemos, pero eso no quita la sensación de vacío y de vértigo que tengo...



...Siempre me gustaron los juegos de azar, esos encuentros fortuitos en un tren de madrugada, esos momentos que luego son un manantial de recuerdos durante muchos años. Tenía dieciséis años cuando vi Before sunrise, y diez más, como los protagonistas, cuando vi Before sunset. Ambas me estremecieron. Son historias que podían haberme pasado a mí, que me pasaron a mí...




...El azar es como una carambola encendida sobre un tapete intenso...
...Es curioso lo que me pasa en estos días con los azares, y es curioso que me pasen estos azares ahora que el cabaret yace con su punto y final y su temblor prodigioso, relamiéndome y temiendo la tinta roja de Lara y de Raquel, el veredicto de esos exigentes y demoledores rizos italianos...



...En la entrada anterior escribí esto: "Es así como me imagino muchas veces a la lectora de un libro mío. Pocas veces imagino un lector. No sé por qué o tal vez no quiera saberlo. Le doy incluso un nombre, una voz, unas pupilas, y la imagino casi siempre así, en una mesa de café, mientras afuera llueve, y tiene un abrigo rojo, y un bolso caótico, y está algo despeinada, y una cerveza a medio terminar, o un café"...
...Ayer encontré este comentario de Rebeca: "Justo cuando tú escribías esta entrada, yo me leía tu libro. Lo cogí de la estantería, lo metí en uno de esos bolsos tan míos en los que podería meterme yo misma, me puse mi abrigo rojo, me acomodé en la esquina de una cafetería, me pedí un café y me leí las 135 páginas de la primera (o segunda) y de la segunda (o primera) parte del tirón. Durante poco más de dos horas estuve fuera del mundo... o más bien recorriendo el mundo (y tu biografía) a través de unas páginas que llegan casi tan hondo como lo hacen tus palabras en este blog. Sólo con leer el capítulo en que los personajes salen de los libros para cobrar vida habría bastado para compesar los dos meses en los que la editorial me tuvo pendiente de un envío que siempre se retrasaba.
Con la sonrisa en los labios que me produjo ver ese mail que esparaba en lugar del The End, volví a envolverme en mi abrigo rojo, deposité el libro en ese saco sin fondo que llevo por bolso y, de vuelta en casa, encendí el portátil y leí esta entrada. Y me alegré de encajar tanto en tu perfil de lectora como tú en el mío de escritor que deja huella"...
...Es curioso, lo de escribir cada vez me recuerda más a esta imagen: cuando uno está en un escenario, con un foco apuntándole directamente a la cara, sintiendo la presencia y la respiración de la gente que está enfrente, pero sin llegar a verlos, sólo sintiendo esa presencia a través de no sé qué epidermis...



...Escribir es como el no beso de Marcello Mastroiani y Anita Ekberg en la Fontana di Trevi. Se rozan sus labios, se tocan las pieles, pero no se besan...
...Hoy me encontré con el siguiente comentario anónimo: "Busca, mira, lee la entrada a tu post Cracovia...Esta mañana me acordé de ti mientras tomaba un café y miraba por la ventana..una ventana "polaca" o "cracoviana"....Tu libro"...
...Busqué la entrada de Cracovia y encontré este comentario: "¿Coincidencias? ¿o es que tenía que ser asi y no de otra manera?. Cracovia tiene tranvías que cruzan las calles como telarañas...Hola, Miguel Ángel, no sé cómo he llegado a tu blog, ni recuerdo que estaba buscando, sé que estaba bajando con el cursor cuando aparecieron ante mí Cracovia, y que alguien se había llevado un libro de la biblioteca¡ Pegué un salto y pinché en el blog...Trabajo en la biblioteca del Cervantes, tu libro lo compramos, sé que leí alguna referencia que me hizo que apostara por él. No lo he leido...ay...pero tienes que venir a Cracovia, ahora más que nunca"...



...Siempre he tenido esta relación azarosa y mágica con los libros, con las manos que pasan páginas, con los libros que se olvidan en los asientos traseros de los taxis, con los libros que tienen dedicatorias de amor, con las pupilas que se sumergen hasta el tuétano de las historias que hay entre las páginas, con las casualidades bibliográficas, con los trenes nocturnos en los que si una noche de invierno un viajero o una viajera bla bla bla bla bla, las lectoras que entran en una cafetería con un abrigo rojo y piden un café y devoran un libro y además tienen la delicadeza de decírtelo, el tipo del Cervantes de Cracovia que legitima a la lectora que me había imaginado, en Cracovia, "saliendo de la biblioteca del Cervantes, leyendo el libro quién sabe en qué parque, en qué cama, oyendo qué música, en compañía de quién, hundiendo sus manos en quién sabe qué cabello, pasando sus páginas", quién sabe pensando qué, o "leyéndolo en un tranvía. La imagino en pijama, frente a una taza de café. La imagino vistiéndose, y el libro estará en un escritorio centroeuropeo, en una cama deshecha, su cama"...



...Siempre soñé con que escribir era el mejor modo para que me sucedieran estas cosas. Cuando era chico, y casi nada de lo que me rodea ahora había nacido o se había inventado todavía, decidí que yo quería ser escritor la noche en que mi madre me dijo que un escritor era capaz de inventarse el sabor de un helado que no había probado nunca. No sé por qué, aquello se me quedó grabado. Todavía recuerdo ese momento: yo estaba en la cama de mis padres, frente al espejo, con ese poema de Gibran que empezaba diciendo: "tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida" y que trataba de desentrañar, porque no lo entendía, cuando me ponía frente al espejo a imitar a Kirk Douglas...
...Pensaba, cuando sólo era un lector empedernido, que debía ser maravilloso que, como escritor, uno pudiera vivir estos juegos de azar...
...Ahora, aunque mi amateurismo o mi timidez me impidan decir sin disimular o distrayendo la atención que soy escritor, creo que es como si se hubiera cumplido un sueño. Y sí, comentarios como el de ayer de Rebeca dejan huella, por muy azarosos que sean...




Miguel Ángel Maya
Madrid, 21 febrero 2010

martes, 27 de octubre de 2009

¿Dónde están las historias?

"Los cuentos no se inventan, se heredan"
Edgardo Cozarinsky ("El rufián moldavo")

...Carolina León me invitó anoche a ¿Quieres hacer el favor de leer este libro, por favor?, el programa de radio que tiene los lunes en Radio Carcoma... El tema del programa era “¿por qué seguimos leyendo cuentos?”...
...Yo creo que seguimos leyendo cuentos porque nos pasamos la vida buscando historias, soñando historias, necesitando historias, deseando que nos pasen cosas, o bien saber que, al menos, pasan cosas... Tal vez todo sea una cuestión de percepción o de supervivencia: queremos vivir y no hay nada mejor para ello que percibir que estamos vivos: tocarnos el corazón y saber que late, ya sea por hipocondria o por amor, respirar...




...Yo quiero pensar que las historias viajan en el azar, en esas conjunciones de casualidades inverosímiles que de pronto nos zarandean...
...Cuando era chico no quería dar muchos besos por si se me gastaban: supongo que quería guardarlos para no sé qué sueño imposible, para no sé qué ocasión, qué cielo de qué boca, si ni siquiera sabía que los cielos de la boca existían. Ahora, como con los besos (o al contrario), me doy cuenta de que me pasé la vida buscando historias (pero no para quedármelas), y que tuve muchas, pero algunas se me olvidaron, otras se me gastaron, otras ni siquiera las recuerdo como mías. A menudo me pasa con JR: no sé si cuento cosas que le pasaron a él, si él cuenta cosas que me pasaron a mí, o si ambos fuimos enriqueciendo el cuento hasta apoderárnoslo sin ningún tipo de pudor...



...Sigo dándole vueltas a esos momentos donde sabía que había una historia: todos los equívocos telefónicos: alguien que llamó a mi casa llorando, una noche, y se encontró con mi voz en vez de con la voz que necesitaba; un hombre que dejó una pésame en el contestador; dos mujeres de El Escorial que dejaron un mensaje en el que le decían a una tercera que iban a ir al día siguiente a rezar el rosario a casa de una cuarta. Las fotografías que encontré en un cubo de la basura en Nápoles, en la que aparecía siempre la misma mujer desde su juventud, su boda, su primer hijo, su segundo hijo, su tercer hijo, su cuarto hijo, su primer nieto. ¿Por qué estaban en la basura? ¿Qué historia escondían? O las fotografías de una pareja a lo largo de los años (desde la adolescencia hasta que fueron padres), destrozadas, junto a las cartas de un hombre que escribía desde la mili a una mujer embarazada,también rasgadas por quién sabe qué imperdonable desengaño y que encontramos una noche cerca de La Carbonería, en Sevilla. Las fotografía de esa mujer (su biografía en imágenes desde pequeñita) que encontré en una tienda de antigüedades de Brooklyn. Alguien llorando en una estación, o mientras habla por teléfono, o mientras lee un libro en un tren...

...Hay una historia en todos los claroscuros de quién fue el padre de mi padre: dónde encontrar una foto suya, en las triquiñuelas que habría que hacer para encontrar una foto suya, o en cómo encontrar a los descendientes y a los descendientes de los descendientes, en la verdadera relación que mi abuela tuvo con él...
...Hay una historia en la noche del golpe de estado de Tejero que tengo pendiente: algún día escribiré una novela y contaré la historia de un tipo que intercepta conversaciones entre la Casa Real y los militares...

...Mi abuela Ana María se me fue sin que llegara a contarme aquello de las figuritas de escayola de Laurel y Hardy que pintaba y vendía. Siempre pensé que había tiempo de sobra, que algún día se lo preguntaría, hasta que un día, de repente, se llevó esa rocambolesca historia consigo...

...Hay una historia que persigo en ese tipo llamado Siegfried Mier, sobreviviente de Matthaussen gracias a que un refugiado republicano lo adoptó. Me enteré fugazmente en un documental que Saturnino Navazo Tapias, el refugiado político que lo había ayudado, había sido jugador del Betis. Desde hace tiempo que andaba buscando historias sobre el Betis campeón de liga de 1934 (con aquel entrenador irlandés que antes había entrenado al Racing de Santander, con aquel equipo que la Guerra Civil desmembró...) y quién sabe si Saturnino Navazo Tapias formaba parte de ese Betis del 34. Necesito saber la historia que esconden todas las interrogaciones, está ahí, lo sé, y necesito contarla... No sé por qué, pero intuyo que una vez que empiece a investigar, la historia va a ser mejor de lo que imagino...

...Tras la muerte de Andrés Montes he venido a saber por un artículo de Quique Peinado en Marca que Montes era hijo de Zenaida Manfugás, una de las grandes pianistas cubanas de las que yo estaba investigando para Criminalmente Bella. Dice lo siguiente: Conocer a Andrés Montes es conocer su vida. Nacido de madre cubana y padre gallego, ella, virtuosa pianista llamada Zenaida Manfugás, lo dejó criarse con Lore, un ama de cría, mientras ella recorría el mundo de recital en recital. Cuando su madre biológica volvió a buscarlo, ya adolescente, Montes la rechazó. Lore era su madre. "Cuando ella viene a España, la Reina va a los recitales", contaba Montes a sus más íntimos sobre la mujer a la que no llamaba madre.

Apenas uno indaga en la vida de la gran pianista se da cuenta de que todo encaja: En 1949 debutó como pianista en el Anfiteatro de la Avenida del Puerto, en un concierto de la Banda Municipal que dirigió Gonzalo Roig. Cursó luego estudios en el Conservatorio Municipal, y gracias a una beca del Ministerio de Educación en 1952 pudo viajar a España. Allí tomó clases en el Conservatorio de Madrid, donde tuvo, entre otros profesores, a Tomás Andrade de Silva. De aquellos años guarda un hermoso recuerdo, pues, según ella, en España logró realizar todo lo que no pudo hacer en Cuba, donde, a pesar de contar con el apoyo de músicos del prestigio de Roig y Lecuona, encontró muchas trabas por su doble condición de mujer y de negra. Pero es necesario cubrir con una historia el claroscuro que dejan los interrogantes...

...Quién sabe si su hijo terminó rechazándola el mismo año en que ABC publicaba esta crónica sobre un gran concierto suyo en los Reales Alcázares en Sevilla...
...Qué historia, ¿no?, qué azar jugoso...



...Son un puñado de historias que ahora me vienen en mente, y que están ahí, no a la espera de palabras (no, las palabras son simplemente el síntoma de esa fiebre ávida), sino a la espera de tiempo, de espacio, de que alguien descorra el telón y las ilumine con toda la emoción y el atolondramiento torpe y el ansia de las primeras veces...

...Hay una historia en todo aquello que no te dije, en los besos que no te dí, en los secretos que me guardé, en estas palabras que ni siquiera de puntillas llegan a saborear el magma que las sostiene...
...Incluso en tus ojos de gata casi obscenos hay una historia...
...Maldito iceberg helado...

Miguel Ángel Maya
27 octubre 2009

lunes, 20 de julio de 2009

Las mariposas de Sadourní

...Ayer, casualmente, leí una entrevista con Antonella Costa (actriz italo-argentina) y hay un momento en que dice esto:

"¿Cuáles son tus próximos proyectos? Si puedes adelantar algo…

Acabé de filmar Epitafios 2, un personaje que aparece en toda la serie, para HBO y en unos meses empiezo a filmar “Las Mariposas de Sadourni”, una joya, la ópera prima de Darío Nardi, un rosarino que ya tiene 8 minutos filmados de la película y son una maravilla. Es en blanco y negro, algo que ver con “Metrópolis” tal vez y narra la historia de un enano que luego de haberse criado en un circo y cometer un crimen pasional, sale de la cárcel y se enfrenta a la dura realidad: el hecho de ser enano condiciona su vida."
...Sentí ese cosquilleo delicioso de cuando las casualidades deciden convocarse todas a la misma hora y vienen afiladas, con ganas de pelea, con mucho ruido...
...En Últimas 2 horas y 58 minutos hay algo (difuso, difuminado), pero algún día tendré que contar en serio (tal vez aquí, sin nostalgia y con cierta ferocidad) el viaje que me cambió la vida: nueve meses, solo, con una mochila a la espalda, recorriendo Latinoamérica desde Cuba hasta el Cono Sur...
...En un Youth Hostelling de la Calle Moneda de la Ciudad de México conocí (entre otros muchos y pintorescos personajes) a un tipo de Rosario llamado Darío Nardi. Me gustó su modo grotesco de ver la vida, cómo hacía story-boards, guiones, cómo tiraba con bala al cine argentino en su conjunto (supuesta razón que lo había llevado a México) y la pasión con la que hablaba de un cortometraje que recién había terminado. Confutatis, creo recordar. Germen, quizás, de Las mariposas de Sadourní. La historia ya me gustó en su momento: un enano que quiere ser grande, rodada, si no recuerdo mal (por lo que me dijeron unos tipos de Rosario que lo conocían) en formato digital. Darío Nardi tenía una visión lo suficientemente ácida, cínica, grotesca, expresionista de la vida como para que hiciéramos buenas migas enseguida (incluso sus razones para odiar a Fito Páez eran divertidas)...
...En Criminalmente bella, mi novela Moby-Dick, mi utopía literaria, mi sueño, mi batalla más feroz y más larga, Darío Nardi es un personaje (uno de los directores de cine "incendiarios"). Lo hice como homenaje, y porque siempre he pensado que quería recuperar el contacto con él, y estoy convencido de que Criminalmente bella va a hacer también ruido (tanto como para que tres o cuatro personas a quien perdí de vista se acordaran, o al menos eso pensaba yo)...
...Me alegró tanto saber que su proyecto no sólo sigue en pie, sino que años después se está convirtiendo en un largometraje (seguro que es genial), que quise escribir esta entrada, porque estoy contento hasta la médula y estoy deseando que salga, y porque, quién sabe si Darío Nardi lee esta entrada y recuperamos el contacto...
...Me excitan tanto estos azares poderosos que me relamo...

Miguel Ángel Maya
Madrid, 20 junio 2009