Mostrando entradas con la etiqueta marco polo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta marco polo. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de noviembre de 2012

CIUDADES INVISIBLES



...Todo cambió para Marco Polo cuando vio por primera vez un saxofón...
...Chet Baker amarra su barco en cualquier puerto, sí, y abre esa caja negra que descifra milimétricamente el pálpito de lo humano, atercipelada por dentro: terciopelo verde o rojo como un corazón...
...La ciudad invisible y pequeña se incendia: al principio es apenas una luz naranja que ilumina el cielo y sepulta las estrellas y la Vía Láctea...
...Yo tenía tesoros escondidos en playas desiertas y en selvas perdidas...
...Habrá que ver qué ha sido de ellos ahora que...
...¿No?...




Miguel Ángel Maya
Sevilla, 3 de noviembre de 2012

*

domingo, 21 de marzo de 2010

Cuando Venecia sea una ciudad fantasma



Verrà un altro temporale
sarà di nuovo estate
scopieranno i suoi colori per le strade.
Ci sentiremo crescere
la voglia di viaggiare ed incontrare
nuovi amori
che ci faranno crescere.

Franco Battiato, "La quiete dopo un'addio"



...Una vez escribí una historia que se titulaba Cuando Venecia sea una ciudad fantasma. No recuerdo casi nada de ella, de la historia, sí de Venecia, claro. Sólo que tenía setenta y tres páginas, y el título. También recuerdo que era la historia de un voyeur, creo, y la historia del derrumbe de una mujer, y la crónica de cómo el frío se va instalando en el espacio y en el tiempo, y cómo el frío resquebraja las historias, y el tiempo y el salitre que lo oxida todo...
...No recuerdo mucho más, porque no he vuelto a leerla pensando que podía haber algo ahí que se pudiera rescatar, como pasa con casi todas las historias fallidas que han salido de mis dedos o de mi boca...



...Ayer hablaba con R. y ella a veces interrumpía la conversación porque salía a bailar al balcón. Yo me la imaginaba bailando y me imaginaba el Mediterráneo a lo lejos y a ella bailando Catch my disease, de Ben Lee con sus dos amigas y también me la imaginaba bailando no sólo en medio del balcón sino en medio de la primavera, y me sentía feliz, contagiado por su primavera y su música...



...No quiero saber qué dicen las palabras de Cuando Venecia sea una ciudad fantasma. Tiene 20.440 palabras, pero no quiero saber lo que dicen. Sé que el voyeur es un hombre que vivía en un barco mercante, y también recuerdo vagamente que el hombre recordaba vagamente un crimen y una fiesta...
...No quiero saber qué dicen literalmente esas 20.440 palabras, pero ahora sé que detrás de cada una de ellas está el paso del tiempo. Hablan del paso del tiempo, y no hay ninguna metáfora del paso del tiempo más espeluznante que Venecia. Tal vez sólo la piel, sólo la piel lamida por el paso de las estaciones, la piel en el espejo, la piel en otra piel, la piel mojada, la piel rociada con líquido inflamable, la piel erizada, estremecida, triturada por el tiempo, por las cicatrices, por las caricias, por los sueños, por los llantos...
...Tal vez sólo la piel es una metáfora un poco más apropiada que Venecia...

Foto: Aurélia

...En Nápoles había un anciano que ponía, a veces, una mesa de playa en Spaccanapoli, San Biagio dei Librai, y la llenaba de libros. A él le compré la correspondencia entre Schoenberg y Kandinsky, o todos los libros sobre leyendas napolitanas de Matilde Serao, y fotografías de Totò o de Padre Pio, que le traía a mis abuelas...
...También le compré Il milione, donde Marco Polo relataba sus viajes y sus encuentros y desencuentros en aquellas tierras incógnitas...
...Siempre me estremecieron las tierras incógnitas...



...Cuando vivía en Nápoles, a veces tomaba un tren y me iba a Roma, y paseaba por Roma. Siempre empezaba por el mismo recorrido, planeado para llegar a la Fontana di Trevi como la primera vez que vi la Fontana di Trevi, pero después de la Fontana di Trevi siempre me terminaba perdiendo por calles diferentes, siguiendo gente o gatos distintos, músicas distintas...
...Hay cosas por las que vale la pena estar vivo: y una de ellas es la Fontana de Trevi a las cinco de la madrugada de un día laborable, vacía e imponente, como estaba en el no beso entre Marcello Mastroiani y Anita Ekberg...



...No hacía nada, sólo pasear. Me llevaba una mochila con un bocata, una botella de agua y libros. Recuerdo los viajes en tren, leyendo Se una notte d’inverno un viaggiatore o Le città invisibili, o Historia abreviada de la literatura portátil. Siempre serán libros que leí en un compartimento de tren, y sus portadas van a ir siempre ligadas a ese recuerdo y a esa felicidad que da el movimiento...



...Luego volvía a Nápoles, y atravesaba la noche de Nápoles, y sentía la cercanía del mar, la humedad, el olor cálido e intenso de la bahía que abrazaba el mar. Cuando llegaba la primavera las mareas se apoderaban del aire de Nápoles, y cuando llegaba la noche y el sopor olía a salitre y a brea, y había bullicio y algarabía en las calles maliluminadas y escandalosas. Y llegaba a Piazza San Domenico y me tomaba una cerveza rodeado de gente que no siempre conocía, y respiraba el aire marítimo de Nápoles después de haber estado perdido por Roma...

...Es curioso, dos primaveras se me han quedado tatuadas en la piel: la de Sevilla, que huele a azahar, sensualidad y decepción, y la de Nápoles, que huele a mar, a calles mohosas, a brea, a sol que lame las pieles...



...Una vez compré un libro de mapas en un puesto de Trastevere...
...Se titulaba Cartografia del nuovo mondo y era un libro donde no había palabras, sino láminas con mapas del mundo de cuando las tierras incógnitas eran sustituidas por monstruos o por palabras descriptivas de las tinieblas. Adoro esos mapas donde se sustituye por palabras o monstruos lo que no se conoce, lo que no se sabe, los espacios que corresponden a donde nunca se ha estado...



...Los mapas siempre tuvieron sobre mí un poder hipnótico. Lo habré contado miles de veces, cuando era chico me pasaba horas recorriendo tierras con el dedo, sustituyendo con fantasía lo que para mí eran tierras incógnitas, ciudades fantasmas, lugares e historias lejanas...
...Sabía que las historias estaban ahí. No sabía dónde, o cómo encontrarlas, siempre fui torpe para lo que tenía cerca, pero algo me decía que en las topografías por descubrir me pasaría algo, me pasaría algo que me sacudiría, algo que marcaría mi vida de principio a fin...



...El caso es que me recuerdo regresando a Nápoles y recorriendo ensimismado cada uno de los mapas del mundo a medio dibujar, y viendo la noche a través de las ventanillas. En los pasillos de los trenes, mirando por la ventanilla, suelo sentirme de acuerdo con la vida, como en el poema de Javier Salvago. Es curioso, me acuerdo mucho de escenas de mi vida donde no pasa nada, de los breves viajes por un pequeño rostro, de músicas que sólo tuvieron la suerte de estar ahí en un momento dado...



...Me he perdido...
...Me pasa a menudo con las palabras, que se me van perdiendo como si tuviera los bolsillos agujereados. Anoche, cuando empecé a escribir esto, arropado por más música que cine, tenía muy claras las palabras que se me agolpaban no sé si en los dedos o en las pupilas...



...Al final, todo se reduce a ese contraste entre la quietud después de un adiós y las ganas de volar o de devorar nuevas topografías, convertir en mundo habitable las tierras incógnitas, prenderle fuego a la casa o incendiar el universo...
...Después de todo, algún día Venecia será una ciudad fantasma, o una ciudad sumergida, o una ciudad invisible, como mi piel, mi corazón en el segundo antes del último latido, o mis pulmones vaciándose definitivamente...
...Quién sabe cuándo nos olvidaremos de ella para siempre, o quién se sorprenderá al bucear por entre esos palacios, siguiendo no sé qué leyenda incierta, dentro de cinco siglos...

P.D. ;-)

Miguel Ángel Maya
Madrid, 21 marzo 2010