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sábado, 24 de agosto de 2013

VINI, VIDI, PERSI


...Conducir a través de la noche y que lugares que fueron míos sean señales e indicaciones a un lado de la carretera y sean nudos en la garganta o sean juventud y divinos tesoros, o bisutería divina. Llegar a tu tacón. Detener el coche en la cuneta y olisquear los árboles y la vegetación. Mirar el mapa y estar perdido mientras vuelve a sonar en la radio del coche Radio Capital...
...Volver es reconocer estos pequeños rituales: el coche, la cuneta, Radio Capital, las ciudades que van quedando al paso, enterradas, atrás, iluminadas con las luces largas porque a esta hora no hay nadie por la carretera: Puglia, Foggia, Cerignola. Sí, todas las reconozco, todas me duelen, algunas me dibujan una sonrisa. La mayoría me convoca a un silencio extraño, a recuerdos apilados, a demasiados verbos, por eso prefiero el silencio, y hacerle una segunda voz a Celentano, o hacerle una segunda voz a Johny Cash, o hacerle una segunda voz al mismísimo diablo con tal de que ciertas ciudades queden atrás... 
...La música tiene esas cosas, nos decimos ambos...
...Llegar de madrugada. Encontrarse de pronto en un olivar en medio de ninguna parte. Encontrarse de pronto en un lugar donde el silencio sería macizo si no fuera por las chicharras, y encontrarse bebiendo vino negramaro del Salento y comiendo queso pecorino y encontrarse escuchando a Cesare Picco tocando el piano debajo de un olivo...
...Bañarse en playas de rocas de esas donde Odiseo no quiso oír a las sirenas, y nadar durante horas por entre unas fortificaciones de la Segunda Guerra Mundial, y acordarme de la película Mediterraneo e imaginarme soldados donde ahora hay sirenas...
...Caminar por Otranto de madrugada. Ir a comer a lo de Antonio, y sentir cómo se deshace la stracciatella, il fior di latte, i pezzi di cavallo en mi maltrecho paladar con tanto esfuerzo de garganta. Quedarse hablando de fútbol en el Sudeste con dos argentinos errantes hasta que se hace de día. Volver, desandar las calles, ver la danza de los barcos en el puerto del castillo a las seis de la mañana. Asistir al desperezarse de Otranto. Encontrarse con todos ellos, un año más viejos o un año más terribles o un año más tiernos...
...Conducir hacia el norte. Volver a las indicaciones en las cunetas y al desasosiego...
...Así hasta hace media hora, que caminaba por Piazza dei Cinquecento, lentamente, donde empezó todo, mi amado, mi dolor, Pier Paolo. Donde se empezó a terminar todo para ti...
...Volver a Roma siguiendo tus pasos. Saber que mis pasos por Roma se pierden porque yo estoy perdido, porque yo he perdido, porque a veces todo me duele y a veces me acuerdo de tu última y escalofriante dedicatoria...
...Contemplar cómo cae la noche sobre Roma...
...Y llorar y preguntarte, Pier Paolo, ¿y ahora qué hago? ¿A qué noche me agarro? ¿Adónde coño voy?...

Miguel Ángel Maya
24 de agosto de 2013

*

martes, 15 de marzo de 2011

PAROLE D'AMORE SCRITTE A MACCHINA



Memorabile,
frasi d'amore scritte a macchina
la nostra storia in quattro pagine
che raccontata ci può perdere.
Formidabile,
il tuo avvocato è proprio un'asino
no, certe cose non si scrivono...

Paolo Conte




...Hoy soñé con Roma y con B. Lo extraño de la topografía de Roma en mis sueños es que hay una calle que comunica Termini con una plaza, que es una mezcla de Piazza del Popolo y una pequeña placita de San Lorenzo, donde hay una freiduría a la que sé llegar pero no cómo se llama. Es una calle que está en alto, como colgada, en el aire: la Roma de mis sueños podría ser una de las ciudades invisibles de Italo Calvino...

...Caminaba con B. por esa calle romana que sólo está en mis sueños y que siempre termino recorriendo cuando sueño con Roma, era de madrugada: en el fondo sé que quería demostrarle que sabía llegar al lugar donde apareció Pasolini desde mis propios sueños, desde mi ficción...
...Quería demostrarle que mi malestar con la realidad, cada vez más radiactiva, puede llevarme a descubrir poderosos hallazgos de ficción, en mis sueños...

...Pero me perdí en la calle de mis sueños (nunca fui un buen cicerone), y nos topamos con la Fontana di Trevi: sólo por ver su rostro maravillado, boquiabierto y mítico, y esas palabras que hecho de menos: "Joder, qué grande, Miguelón", sólo por eso mereció la pena soñar...




...Ciertas cosas no se escriben, es cierto, otras son escritas por necesidad...
...El sábado recibí un largo email de Debrah Wycliffe. Al principio pensé que era spam, ya que hasta el lunes que leí el email no conocía a nadie con ese nombre. Afortunadamente no lo hice: me salvó el hemisferio cerebral maruja-con-rulos-y-bata-enguatada que a veces gobierna mis acciones. Debrah Wycliffe nació en Nueva York en 1983, es poetisa y periodista, y en diciembre sufrió un coma etílico durante una fiesta en Brooklyn. A medida que leía el email me iba convenciendo más y más de que Debrah es prófuga de una novela que Paul Auster tiene en algún disco duro o cajón, y que, a día de hoy, le falta un poderoso personaje que ha decidido entrar en mi vida...

...En una ambulancia a toda velocidad en dirección a la 5 East 98th Street, Mount Sinai Hospital de Nueva York, quedó "para siempre unida a mí", dice en el email: todavía no me ha dicho por qué, sólo que me ha buscado en google y ha encontrado este blog. Termina preguntándome si puede hacerme una entrevista "que ya está preparando"...
...Amo estas cosas...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 15 marzo 2011

domingo, 21 de marzo de 2010

Cuando Venecia sea una ciudad fantasma



Verrà un altro temporale
sarà di nuovo estate
scopieranno i suoi colori per le strade.
Ci sentiremo crescere
la voglia di viaggiare ed incontrare
nuovi amori
che ci faranno crescere.

Franco Battiato, "La quiete dopo un'addio"



...Una vez escribí una historia que se titulaba Cuando Venecia sea una ciudad fantasma. No recuerdo casi nada de ella, de la historia, sí de Venecia, claro. Sólo que tenía setenta y tres páginas, y el título. También recuerdo que era la historia de un voyeur, creo, y la historia del derrumbe de una mujer, y la crónica de cómo el frío se va instalando en el espacio y en el tiempo, y cómo el frío resquebraja las historias, y el tiempo y el salitre que lo oxida todo...
...No recuerdo mucho más, porque no he vuelto a leerla pensando que podía haber algo ahí que se pudiera rescatar, como pasa con casi todas las historias fallidas que han salido de mis dedos o de mi boca...



...Ayer hablaba con R. y ella a veces interrumpía la conversación porque salía a bailar al balcón. Yo me la imaginaba bailando y me imaginaba el Mediterráneo a lo lejos y a ella bailando Catch my disease, de Ben Lee con sus dos amigas y también me la imaginaba bailando no sólo en medio del balcón sino en medio de la primavera, y me sentía feliz, contagiado por su primavera y su música...



...No quiero saber qué dicen las palabras de Cuando Venecia sea una ciudad fantasma. Tiene 20.440 palabras, pero no quiero saber lo que dicen. Sé que el voyeur es un hombre que vivía en un barco mercante, y también recuerdo vagamente que el hombre recordaba vagamente un crimen y una fiesta...
...No quiero saber qué dicen literalmente esas 20.440 palabras, pero ahora sé que detrás de cada una de ellas está el paso del tiempo. Hablan del paso del tiempo, y no hay ninguna metáfora del paso del tiempo más espeluznante que Venecia. Tal vez sólo la piel, sólo la piel lamida por el paso de las estaciones, la piel en el espejo, la piel en otra piel, la piel mojada, la piel rociada con líquido inflamable, la piel erizada, estremecida, triturada por el tiempo, por las cicatrices, por las caricias, por los sueños, por los llantos...
...Tal vez sólo la piel es una metáfora un poco más apropiada que Venecia...

Foto: Aurélia

...En Nápoles había un anciano que ponía, a veces, una mesa de playa en Spaccanapoli, San Biagio dei Librai, y la llenaba de libros. A él le compré la correspondencia entre Schoenberg y Kandinsky, o todos los libros sobre leyendas napolitanas de Matilde Serao, y fotografías de Totò o de Padre Pio, que le traía a mis abuelas...
...También le compré Il milione, donde Marco Polo relataba sus viajes y sus encuentros y desencuentros en aquellas tierras incógnitas...
...Siempre me estremecieron las tierras incógnitas...



...Cuando vivía en Nápoles, a veces tomaba un tren y me iba a Roma, y paseaba por Roma. Siempre empezaba por el mismo recorrido, planeado para llegar a la Fontana di Trevi como la primera vez que vi la Fontana di Trevi, pero después de la Fontana di Trevi siempre me terminaba perdiendo por calles diferentes, siguiendo gente o gatos distintos, músicas distintas...
...Hay cosas por las que vale la pena estar vivo: y una de ellas es la Fontana de Trevi a las cinco de la madrugada de un día laborable, vacía e imponente, como estaba en el no beso entre Marcello Mastroiani y Anita Ekberg...



...No hacía nada, sólo pasear. Me llevaba una mochila con un bocata, una botella de agua y libros. Recuerdo los viajes en tren, leyendo Se una notte d’inverno un viaggiatore o Le città invisibili, o Historia abreviada de la literatura portátil. Siempre serán libros que leí en un compartimento de tren, y sus portadas van a ir siempre ligadas a ese recuerdo y a esa felicidad que da el movimiento...



...Luego volvía a Nápoles, y atravesaba la noche de Nápoles, y sentía la cercanía del mar, la humedad, el olor cálido e intenso de la bahía que abrazaba el mar. Cuando llegaba la primavera las mareas se apoderaban del aire de Nápoles, y cuando llegaba la noche y el sopor olía a salitre y a brea, y había bullicio y algarabía en las calles maliluminadas y escandalosas. Y llegaba a Piazza San Domenico y me tomaba una cerveza rodeado de gente que no siempre conocía, y respiraba el aire marítimo de Nápoles después de haber estado perdido por Roma...

...Es curioso, dos primaveras se me han quedado tatuadas en la piel: la de Sevilla, que huele a azahar, sensualidad y decepción, y la de Nápoles, que huele a mar, a calles mohosas, a brea, a sol que lame las pieles...



...Una vez compré un libro de mapas en un puesto de Trastevere...
...Se titulaba Cartografia del nuovo mondo y era un libro donde no había palabras, sino láminas con mapas del mundo de cuando las tierras incógnitas eran sustituidas por monstruos o por palabras descriptivas de las tinieblas. Adoro esos mapas donde se sustituye por palabras o monstruos lo que no se conoce, lo que no se sabe, los espacios que corresponden a donde nunca se ha estado...



...Los mapas siempre tuvieron sobre mí un poder hipnótico. Lo habré contado miles de veces, cuando era chico me pasaba horas recorriendo tierras con el dedo, sustituyendo con fantasía lo que para mí eran tierras incógnitas, ciudades fantasmas, lugares e historias lejanas...
...Sabía que las historias estaban ahí. No sabía dónde, o cómo encontrarlas, siempre fui torpe para lo que tenía cerca, pero algo me decía que en las topografías por descubrir me pasaría algo, me pasaría algo que me sacudiría, algo que marcaría mi vida de principio a fin...



...El caso es que me recuerdo regresando a Nápoles y recorriendo ensimismado cada uno de los mapas del mundo a medio dibujar, y viendo la noche a través de las ventanillas. En los pasillos de los trenes, mirando por la ventanilla, suelo sentirme de acuerdo con la vida, como en el poema de Javier Salvago. Es curioso, me acuerdo mucho de escenas de mi vida donde no pasa nada, de los breves viajes por un pequeño rostro, de músicas que sólo tuvieron la suerte de estar ahí en un momento dado...



...Me he perdido...
...Me pasa a menudo con las palabras, que se me van perdiendo como si tuviera los bolsillos agujereados. Anoche, cuando empecé a escribir esto, arropado por más música que cine, tenía muy claras las palabras que se me agolpaban no sé si en los dedos o en las pupilas...



...Al final, todo se reduce a ese contraste entre la quietud después de un adiós y las ganas de volar o de devorar nuevas topografías, convertir en mundo habitable las tierras incógnitas, prenderle fuego a la casa o incendiar el universo...
...Después de todo, algún día Venecia será una ciudad fantasma, o una ciudad sumergida, o una ciudad invisible, como mi piel, mi corazón en el segundo antes del último latido, o mis pulmones vaciándose definitivamente...
...Quién sabe cuándo nos olvidaremos de ella para siempre, o quién se sorprenderá al bucear por entre esos palacios, siguiendo no sé qué leyenda incierta, dentro de cinco siglos...

P.D. ;-)

Miguel Ángel Maya
Madrid, 21 marzo 2010