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sábado, 21 de junio de 2014

ALEGRÍA




«Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría
no podrá morir nunca»
José Hierro

...Solsticio y silencio. Espalda. Respiras. Escribo. Palpitas. Me emocionas. Te enredas y me enredo. Solsticio y silencio. Quererte en un doble estallido de bestias que sollozan. Desandar el jazz, el mar, las sombras, la hierba fresca, la mañana, el humo, el alcohol, la cerveza amarga, las sandalias, el polvo. Desheredarnos. Desbocarnos. Solsticio y silencio. Jazz. Alegría. Chimpún...

Miguel Ángel Maya
21 de junio de 2014
*     *     *

jueves, 22 de mayo de 2014

VOLVER A SOÑARSE




Me da pena pensar que algún día querré ver de nuevo este espacio,
tornar a este instante.
Me da pena soñarme rompiendo mis alas
contra muros que se alzan e impiden que pueda volver a encontrarme.
Estas ramas en flor que palpitan y rompen alegres
la apariencia tranquila del aire,
esas olas que mojan mis pies de crujiente hermosura,
el muchacho que guarda en su frente la luz de la tarde,
ese blanco pañuelo caído tal vez de unas manos,
cuando ya no esperaban que un beso de amor las rozase...
Me da pena mirar estas cosas, querer estas cosas,
guardar estas cosas. Me da pena soñarme volviendo a buscarlas, volviendo a buscarme,
poblando otra tarde como esta de ramas que guardé en mi alma,
aprendiendo en mí mismo que un sueño no puede volver otra vez a soñarse. 

José Hierro, "Luz de tarde", de Alegría

Miguel Ángel Maya
22 de mayo de 2014

*     *     *

miércoles, 18 de mayo de 2011



Ven antes de que me hunda
en el torbellino del sueño,
ven a decirme «te amo» y desvanécete enseguida.

Desaparece antes de que te vea
nadando en un licor trémulo y turbio,
como a través de un vidrio esmerilado,
antes de que te diga:
«yo sé que te he querido mucho,
pero no recuerdo quién eres».

José Hierro, Cuaderno de Nueva York





Miguel Ángel Maya
Sevilla, 18 mayo, 2011


P.D. La foto está tomada de aquí.
*

lunes, 3 de enero de 2011

HISTORIA




Tijeras de oro en el poniente.

Se enciende un violín ruiseñor
en el esqueleto del mar.
Garras de nubes estrangulan
el azul, y lo hacen gemir.

Ojos fijos en su tesoro,
presente inmóvil -sin recuerdos,
sin propósitos-, soy ahora.
todo está sometido a un orden
que yo no entiendo. Pero embarco
en la nave, y el marinero
me dirá su cantar, más tarde,
desde el éxtasis...

Por primera,
o por única vez, soy libre.

José Hierro




...Hace frío, bebo un vino italiano hecho de uva pasa del que ya no recuerdo el nombre, me duele la garganta, la noche es anecdótica, como los desencuentros, la piel o la voz de Nina Simone, por poner ejemplos dispares: esta noche dormiré en otra cama, y me convertiré en un poeta o en un dandy, y el sentido o los sentidos o las mentiras de la vida me los guardaré en la manga, como un tramposo tahúr, y gemirás, y de mi boca caerá un goteo de palabras, y seremos como pájaros hambrientos, y volaremos, y el paso del tiempo será una broma infinita...




...Por fin le daremos la bienvenida al nuevo año como si no sintiéramos el peso del paso del tiempo en nuestros cuerpos, como si fuéramos etéreos y sutiles, como si no pudiéramos destrozarnos con dos o tres dentelladas certeras...
...Todo lo demás es ya historia...

Miguel Ángel Maya
Foggia, 2 a 3 enero, 2011

jueves, 19 de noviembre de 2009

Ojos de perro azul



Ven antes de que me hunda
en el torbellino del sueño,
ven a decirme "te amo" y desvanécete enseguida.

Desaparece antes de que te vea
nadando en un licor trémulo y turbio,
como a través de un vidrio esmerilado,
antes de que diga:
"Yo sé que te he querido mucho
pero no recuerdo quién eres".

José Hierro


...Suelo cantar cuando me enfado o cuando me entristezco, creo que por eso me siento tan musicalmente próximo al sur del mundo, y tan cercano a los carnavales de Cádiz, a esas retahílas de cinismo surrealista y divertido. A veces también me sentaba al piano, me encomendaba a las mentiras de las manos y de vez en cuando encontraba un buen callejón sin salida entre las teclas. Es sintomático lo mucho que me suena últimamente Rubén Blades. Tal vez no quiera que su música me envuelva, sino sus ojos de perro azul mirando cínicamente a la ciudad, sonriendo crípticamente a la humanidad, buscando dementemente la realidad, con ese paseo que se transforma en fuga, escape que se convierte en cita, cuando corremos en eternas retiradas, que pretendemos tornar en descubrimientos cada mañana, saltando de rostro en rostro en su soledad...

...En todos los barrios hay por lo menos un loco, y las ciudades están tan llenas de barrios como de locos. Me doy cuenta, releyendo ciertas entradas pasadas, de que tienen esa solemnidad extraña en la que no me reconozco del todo: esa literatura de muerte en cumpliento del deber que tanto me molesta no es la mía. Me jode que la sensación impotente de no terminar de parar, templar y mandar, de domesticar esta novela, lo tiña todo de una melancolía que parece uno de esos disfraces con el que no se encuentra cómodo del todo. Y no es así. Aunque esa lucha parezca un parto doloroso es divertida hasta los tuétanos: sobre todo cuando me veo en el espejo, tan solemne, tan triste y desamparado, tan mamarracho, y me digo: ¿de qué vas? No te me estarás cantautorizando ahora que te estás volviendo más feo y has vuelto a sentarte al piano...






...Mientras tanto, sigo aquí, frente a ti, mientras todo alrededor es lluvia, Francia, y Rubén Blades (afortunadamente)...

Miguel Ángel Maya
Madrid, 19 noviembre 2009