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jueves, 17 de marzo de 2011

CARAMELO




...Hay algo que me gusta todavía más que los ojos de Sara: cómo ve el mundo a través de ellos...
...A su lado el solomillo al whisky enfriándose, las cervezas calentándose, los libros pudriéndose y los desastres nucleares o el incipiente azahar sevillano son anecdóticos...

...Hace un rato volvía. Iba en el asiento de atrás del 27. En mi bolsa no había un solo libro, sólo dossieres. Cuando no leo y no tengo auriculares recuerdo o miro, rumio, observo, me salen unas antenas y capto conversaciones: generalmente señoras ("su marido la ha ayudado mucho, sólo que ella es como es"), adolescentes ("te mando un privado y me dices las preguntas del examen") o híbridas inclasificables o incomprensibles ("Voy camino de Málaga, te llamo mañana"), que me hacen sonreír de medio lado y pensar en la mentira como reverso del ser humano...



...Pero hoy, desde el último asiento, mirando por la ventana, he visto a una mujer en la parte de atrás de un taxi: sobre la falda tenía desplegadas montones de dia-positivas. Le temblaba la mano. Trataba de ordenarlas ansiosamente. Si tuviera ojo fotográfico habría hecho una foto a la secuencia. Pensaba en Sara explicándome por qué mis cuentos naufragan. Miraba a la mujer ordenando las dia-positivas. Había un punto de desesperación en ella, era como una hiedra...

...Me he acordado de la canción de la Bersuit. (Quizás todo esto está saturado de demasiados guiños). Me he acordado de un relato de fútbol que tengo a medio escribir, de un guión de terror a medio empezar (cuyo documento está palpitando justo detrás de la página de blogger), me he acordado del gol de Iniesta contra Holanda: he pensado que Sara escribe caramelos mientras yo trato de ordenar dia-positivas en el asiento de atrás de un taxi...
...Y he pensado que tenía que haberla abrazado al despedirnos...
...Y he pensado más cosas que todavía no sé cómo escribir (mi poética también naufraga a menudo)...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 17 marzo 2011

P.D. La foto está tomada de aquí.

viernes, 8 de mayo de 2009

Ladrón de mapas

De niña me apasionaban los mapas. Me pasaba
las horas muertas contemplando Sudamérica, África
o Australia, soñando con la gloria de la exploración.
Por aquel entonces había en los atlas numerosos
espacios en blanco, y cuando mi atención recaía
en alguno que me parecía singularmente evocador
(sólo que no había ninguno que no me lo pareciera),
clavaba el ded en él, diciendo: "Cuando sea mayor iré ahí".
Joseph Conrad, "El corazón de las tinieblas" (traducido por Sophie)
...Me fui a Huelva. El encuentro con alumnos de pedagogía con motivo del lbro-fórum sobre "Últimas 2 horas y 58 inutos" fue encantador, productivo y muy estimulante. Es bonito comprobar que, muchas veces, quien menos te esperas lee un libro mucho mejor de lo que tú lo has escrito...
...Después volví, y encontré unos comentarios muy sugerentes en este blog, y eso me gusta. Ha sido una estancia corta. Entre medias quedó el gol de Iniesa en el bar de Jesús, y muchas Cruzcampos, y volver a encontrarme con alguien a quien no veía desde hacía más de una década y darme cuenta de que nuestra conversación continuó exactamente en el mismo punto donde la habíamos dejado doce años atrás, a pesar de tener doce años más. Mi relación con Sevilla va del hastío al amor incondicional. Ambas sensaciones se dan mezcladas, como las aguas del Río Negro y el Solimoes, pero ayer caminaba por el centro, el perfume obsceno del azahar y la dama de noche, las niñas con las falitas de vuelo y las tirantitas, y le iba declarando mi amor silencioso a cada topografía de piel morena de más que iba divisando. No sabía dónde mirar con tanta belleza inabarcable...
...David Jota me recomendó encarecidamente que empezara a leer El desbarrancadero, de Fernando Vallejo. Suelo hacerle caso a Don David, pero no estaba en Beta. En cambio encontré Ladrón de mapas, del señor Eduardo Lago, autor de Llámame Brooklyn, uno de los mejores libros que he leído nunca. He empezado a leerlo y no puedo parar. Este condenado Lago me está regalando novelas demasiado grandes, maldita sea. ¿Dónde se había metido hasta ahora?...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 8 mayo 2009