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viernes, 8 de mayo de 2009

Ladrón de mapas

De niña me apasionaban los mapas. Me pasaba
las horas muertas contemplando Sudamérica, África
o Australia, soñando con la gloria de la exploración.
Por aquel entonces había en los atlas numerosos
espacios en blanco, y cuando mi atención recaía
en alguno que me parecía singularmente evocador
(sólo que no había ninguno que no me lo pareciera),
clavaba el ded en él, diciendo: "Cuando sea mayor iré ahí".
Joseph Conrad, "El corazón de las tinieblas" (traducido por Sophie)
...Me fui a Huelva. El encuentro con alumnos de pedagogía con motivo del lbro-fórum sobre "Últimas 2 horas y 58 inutos" fue encantador, productivo y muy estimulante. Es bonito comprobar que, muchas veces, quien menos te esperas lee un libro mucho mejor de lo que tú lo has escrito...
...Después volví, y encontré unos comentarios muy sugerentes en este blog, y eso me gusta. Ha sido una estancia corta. Entre medias quedó el gol de Iniesa en el bar de Jesús, y muchas Cruzcampos, y volver a encontrarme con alguien a quien no veía desde hacía más de una década y darme cuenta de que nuestra conversación continuó exactamente en el mismo punto donde la habíamos dejado doce años atrás, a pesar de tener doce años más. Mi relación con Sevilla va del hastío al amor incondicional. Ambas sensaciones se dan mezcladas, como las aguas del Río Negro y el Solimoes, pero ayer caminaba por el centro, el perfume obsceno del azahar y la dama de noche, las niñas con las falitas de vuelo y las tirantitas, y le iba declarando mi amor silencioso a cada topografía de piel morena de más que iba divisando. No sabía dónde mirar con tanta belleza inabarcable...
...David Jota me recomendó encarecidamente que empezara a leer El desbarrancadero, de Fernando Vallejo. Suelo hacerle caso a Don David, pero no estaba en Beta. En cambio encontré Ladrón de mapas, del señor Eduardo Lago, autor de Llámame Brooklyn, uno de los mejores libros que he leído nunca. He empezado a leerlo y no puedo parar. Este condenado Lago me está regalando novelas demasiado grandes, maldita sea. ¿Dónde se había metido hasta ahora?...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 8 mayo 2009