miércoles, 15 de enero de 2014

IL CIELO IN UNA STANZA



Quando sei qui con me
questa casa non ha più pareti
ma alberi, alberi infiniti...

Gino Paoli





…Camino bajo el cielo agrio y centroeuropeo de Madrid…
…Desando el camino. No lo había imaginado así, intento verbalizar en una especie de monólogo interior. Me acuerdo del protagonista de La grande bellezza caminando solo por las calles nocturnas de Roma. Al final ella abre la cancela. Ya intuyo por el fondo de sus ojos que la sintonía es otra: es curioso cómo se pueden ver las cosas de forma tan distinta, cómo uno puede percibir al fondo de los ojos desde dónde mira quien nos mira. Es curioso lo sutiles que son estos detalles. Desando el camino y recorro los pasos, las cuestas, las palabras los gestos, e intuyo que no, que era evidente que así no…
 




…Se trata de un entusiasmo de perro: la pelota rueda y el perro echa a correr. Siempre he sido perro. Quiero bailar, volar, como en la bujería de Paco de Lucía. El entusiasmo es así. Desando el camino bajo el frío de Madrid. El entusiasmo es simple. No hay mucho más. No hay una explicación más elaborada que ese gruñido, esa sonrisa de vuelta. Me acuerdo de la voz de Mina y de la canción de Ennio Morricone: “Se telefonando io potessi dirti addio ti chiamerei”. El entusiasmo no necesita de más cálculo ni verbo. Es. Sin más. No tiene más historia. Ya no calculo. Digo. Hago. Supongo que perdí demasiado tiempo en esos miedos, en ese darle vueltas, en ese rumiar los pros, los contras, los efectos. Supongo que me perdí mucho más de lo que creo que perdí con esa prestidigitación estéril. Me han bastado unas cuantas sonrisas para sentir que sí, que igual poco a poco sí, que igual un poco sí. No siempre entiendo bien estas señales. Tampoco es cuestión de darle más vueltas. La vida es compleja porque es vista desde unos doce mil millones de ojos, unos dos por cada uno de los seis mil millones que somos... pero también en el fondo es simple. Y sí, muchas veces es mejor dejar que ciertas vidas se vayan de tu lado. Es incluso más simple que eso. Hay vidas que importan y vidas que no importan. La historia del mundo, de los mundos, se ha ido escribiendo un poco así, supongo: lo difícil, si uno lo piensa bien, es coincidir en ciertas miradas. Y tampoco pasa nada si no se coincide. No sé. Habría estado bien, pienso, y el entusiasmo igual se queda un poco huérfano, pero poco más. Tiendo a pensar que habría sido un buen amigo de Manuel Puig o de Roberto Bolaño, sólo por mi sensación de intimidad con lo que escriben. También sé que tengo una comunión casi enfermiza con la desesperanza de Pasolini, pero que si hubiéramos coincidido vitalmente me habría hecho daño. Uno puede disfrutar sin más de esa prosa, de la intimidad y la calidez de un texto, de una visión del mundo. No hace falta, ni mucho menos, merodear por la vida de quien escribe esos textos. Sería bonito, sí, pero no hace falta…





…Me encuentro con M. y tomamos un vino. Llevo todo el día acordándome de diálogos enteros de La grande bellezza: me acuerdo, por ejemplo de ese que dice “Le radici sono importanti”. Me acuerdo del mar en el techo, del barco surcando ese mar. Hablamos de Pasolini. M. me dice que tengo que seguir con eso, no soltar la presa. M., me digo mientras la oigo hablar con su acento levemente napolitano, es alguien que merece la pena. Le entrego mis dudas sobre la investigación. Nos apostamos un vino acerca de la nacionalidad del camarero. Pierdo la apuesta. Le digo que estoy perdido. Ella está escribiendo una tesis y la metodología de su investigación está impregnada por ese objetivo. Lo mío ya no puede ser una novela, porque estoy descubriendo demasiadas cosas a partir de las cuales ya no puedo, moralmente, construir una ficción. Lo mío sólo puede ser un trabajo de investigación de un crimen y un contexto. Me pregunta si he visto La grande bellezza. Le digo que llevo todo el día pensando en esa película. Me gustan estas coincidencias. Es bonito cuanto te sientes bien con alguien, cuando el tiempo es como de terciopelo o de alcohol y fluye. La sonrisa de M. y hablar en otra lengua que alguna vez fue mía. Vuelvo con el gusto a vino en el paladar. Camino lentamente hasta Atocha. Ahora me imagino las calles de Berlín y me acuerdo de la voz cálida de Lou Reed. Hace frío. En el sur se olvida el gesto de hundir tu propio cuello en el del abrigo, el gesto del vaho caliente en la bufanda, el calarse la gorra, las manos en los bolsillos. El sur invita a desvestirse con sutileza. En el tren escucho conversaciones, veo ojos tristes, leo en el kindle Almirante Cero, la biografía no autorizada de Miserable Massera que escribió Claudio Uriarte en 2001. Apunto algunas cosas. Los leotardos verdes de una chica pelirroja me parecen una buena razón para desistir de leer y de escribir. Dejo de leer y de escribir…







…Me levanto por la mañana y camino bajo una lluvia fina. Me he venido a trabajar a casa de L. Traduzco en casa de L. No hablamos mucho. L. tiene un manuscrito en su atril y lo llena de tinta roja. L. hace lentejas. En la encimera está a medio leer Técnicas de iluminación, de Eloy Tizón. L. se marcha y yo me quedo solo. Abro el libro y leo “El cielo en casa”. L. dice que es el relato preferido de E. y además empieza con la traducción de una de mis canciones preferidas de Mina. Leo el cuento mientras como lentejas en la cocina. Leo esto:

[…] y el destino me brindaba una segunda oportunidad (¿la última?) para enmendar los errores del pasado, a mí, una simple pintora con zapatos de suela gorda de goma, como he oído que pasa durante el rodaje de una película la primera toma sale mal y se vuelve a repetir una y otra vez hasta que sale bien, y a las tomas defectuosas se las arrincona o destruye y por eso se las llama tomas falsas. Por eso, porque no son válidas. Así se las llama. Menudo nombre.

…Sonrío. Los libros de Páginas de Espuma son suaves. L. ha hecho unas lentejas extraordinarias. Copio en mi libretita lo que acabo de leer. Acompaño a L. en el autobús mientras V. se come un bocadillo de salami. Llegamos a Lavapiés. Me despido de L. con un beso y un abrazo que llena mi cuello vuelto de su perfume. La miro marcharse de espaldas, subiendo la cuesta. Me acuerdo de Mafalda, en una viñeta, cuando dice eso de "buen tipo este Felipe"...
...Y vuelvo a desandar caminos. Atravieso Lavapiés hacia Atocha. Todavía cambio ciertas aceras y sorteo ciertas calles, según mis fantasmas. Todavía, como dice K., tengo que reconquistar Madrid. Then we'll take Berlin...

Miguel Ángel Maya
13-15 de enero de 2014

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