domingo, 20 de julio de 2014

SOUVENIR D'UNE BÊTE



...Dans l'après-midi d'une bête.

Miguel Ángel Maya
20 de julio de 2014

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viernes, 18 de julio de 2014

EL EXTRAÑO CASO DE LOS LIBROS MENGUANTES (Y OTRAS HISTORIAS DE TERROR)



(De cómo después de cinco años sin hacerlo, la editorial Lengua de Trapo volvió a enviarme las liquidaciones y de cómo en esas liquidaciones estaba la gota que ha colmado el vaso)
–y otras historias de terror–.


Hombre blanco hablar con lengua de serpiente
Javier Krahe






1

…Queridos niños, empezaré por el final de la historia: la editorial Lengua de Trapo publicó en la primavera de 2008 mi novela Últimas 2 horas y 58 minutos. ¿Por qué siendo una novela absolutamente prescindible fue publicada? Lengua de Trapo tenía un acuerdo con Cajamadrid, ahora Bankia, para publicar al ganador del Premio Cajamadrid de Narrativa. Yo gané ese premio en 2008. El jurado del premio estuvo compuesto por Fernando Marías, Ana Rosetti y Rogelio Blanco. Cajamadrid, ahora Bankia, me pagó los correspondientes 15000€ del premio menos la retención y sufragó la edición del libro a través de la editorial Lengua de Trapo. Lengua de Trapo se encargó de llevar a cabo el trámite de la publicación y la distribución. Raquel Martínez, del departamento de lectura, hizo un trabajo maravilloso de lectura y edición, más que profesional. Nunca le agradeceré lo suficiente su trabajo. Yo, por mi parte, firmé con la editorial un contrato con una duración de quince años, que me liga a ellos hasta 2022. Lo firmé voluntariamente. En el punto número 10 de dicho contrato está escrito esto:

«DÉCIMA. El EDITOR se obliga a entregar al AUTOR con periodicidad anual un certificado en el que se determinen los datos relativos a la fabricación, venta y existencia de ejemplares».

En marzo de 2009 recibí de la editorial un email con un archivo adjunto en el que se detallaban las ventas acumuladas entre abril y diciembre de 2008. Estaban divididas en “Distribuidoras”, “Latinoamérica”, “Ferias/otros” y “Total ejemplares vendidos”.
Bien. A pesar de estar obligados por un contrato que ellos mismos habían redactado, nunca más recibí un email de Lengua de Trapo con las liquidaciones correspondientes a los años 2009, 2010, 2011 y 2012. Yo sí les escribí en alguna ocasión preguntando por el tema, pero jamás recibí respuesta. Y cuando digo que jamás recibí respuesta digo que jamás me respondieron ni siquiera para decirme que habían recibido mi email o que intentarían solucionarlo. Es decir, que no obtuve ninguna respuesta, literalmente…

…Cinco años después de que Lengua de Trapo incumpliera sistemáticamente el punto 10 del contrato, el 4 de abril de 2014, recibí de la editorial un email con un archivo adjunto con las liquidaciones. Sorprendentemente, en el campo donde debería ir la cifra total de ejemplares vendidos (“Total ejemplares vendidos”), cinco años después de la primera liquidación resultaba que se habían vendido 43 ejemplares menos. ¡¿?!. Es decir, el 31 de diciembre de 2008 se habían vendido en total 43 ejemplares más de Últimas 2 horas y 58 minutos que el 31 de diciembre de 2013... 
...Semejante detalle no sólo es imposible desde el punto de vista lógico (como mucho, suponiendo que en cinco años ni una sola persona hubiera comprado el libro, debería haberse vendido exactamente la misma cifra del 31 de diciembre de 2008), sino que además me parece impresentable porque lo único que demuestra es que esas cifras de ventas son arbitrarias, son mentira, son una simple ficción más dentro de un mundo cada vez más poblado de ficciones infames donde la víctima principal es, como siempre, también aquí, el autor, que es el eslabón más frágil de una cadena editorial que es un negocio con sus corruptelas, triquiñuelas, trampas, altibajos y cambalaches, que cuenta con subvenciones, con un entramado donde todo el mundo se lleva su porción: distribuidores que se empeñan en sacar una tajada imposible en los tiempos que corren y que se comportan como si el mundo y los hábitos de lectura y consumo no hubieran cambiado; editores cada vez más cobardes lanzándose en brazos de grandes grupos; dudosas inyecciones de liquidez, falta de pago a proveedores, a lectores y a correctores editoriales, a trabajadores del mundo editorial en general; el cada vez más descarado no te pago o tienes que pagarme si quieres publicar un libro; publicaciones de traducciones subvencionadas con dinero público, premios con cifras económicas que son mentira, cuyo producto no mueve ese dinero ni de coña; métodos de dudosa legalidad; y etcétera. Que en el informe oficial de las ventas de una editorial exista semejante desfase entre los ejemplares vendidos a distancia de cinco años (las únicas referencias que tengo porque, repito, la editorial incumplió sistemáticamente el punto 10 del contrato y jamás me envió las liquidaciones de los cuatro años que van de 2009 a 2012) supone que esa cifra es un pitorreo, si nos lo tomamos desde el punto de vista del humor, y supone una estafa por parte de la editorial hacia el autor, si nos ponemos algo más serios. Y la estafa, queridos niños, es un delito…
…En esa fracción de realidad, condensada en esos 43 ejemplares menos que Lengua de Trapo me pide que devuelva en un documento con mi firma (es decir, se me pide participar de la farsa, exactamente del mismo modo que cuando me despidieron de PcCity por «descenso continuado y voluntario del rendimiento de mi trabajo» porque esa era, según PcCity y el representante de CC.OO., una simple formalidad, ya que reconocían que el despido era improcedente) hay toda una metáfora…




2

…Desde que en una librería de Bogotá encontré casualmente Basura, de Héctor Abad Fanciolince, y desde que leí La Familia Fortuna de Tulio Stella, siempre quise publicar en Lengua de Trapo
…Antes de conseguirlo con Últimas 2 horas y 58 minutos lo había intentado con otra novela que presenté al Premio de la Comunidad de Madrid que ganó Alberto Olmos con Trenes hacia Tokio. A Pote Huerta, entonces editor de Lengua de Trapo, le gustó. Una tarde me citó en la editorial y estuvimos hablando de los puntos flacos de la novela. Quedamos en que la trabajaría y que le enviaría otra versión. Esto creo que fue a principios de 2006. Yo tenía entonces 27 años. Acababa de irme a vivir a Madrid. Era la primera vez que a un editor le interesaba algo de lo que yo escribía. Y era, además, el editor de Lengua de Trapo, que era la editorial donde yo quería estar…
…Seguí trabajando aquella novela, sin que ninguno de los cambios me convenciera. Entretanto, escribí otra: Últimas 2 horas y 58 minutos. La mandé al Premio Cajamadrid porque sabía que si lo ganaba lo publicaría Lengua de Trapo. Lo gané y, después de dos o tres años intentándolo, publiqué mi primera novela donde siempre había querido que se publicara mi primera novela. Me sentía feliz de formar parte de ese peculiar catálogo de autores y obras. Sin embargo, paradójicamente, ahí terminó mi relación con Lengua de Trapo



3

…Cuando se fue Pote Huertas tomó las riendas de la editorial Fernando Varela. Había un acuerdo tácito, verbal, que en alguna ocasión fue explícito, donde por las dos partes teníamos predisposición a continuar la relación. Esto, obviamente, no quiere decir nada. Yo creo que cuando un editor y un escritor tienen una predisposición a continuar una relación es porque al editor le interesa el discurso literario del autor y al autor le interesa el discurso editorial del editor. No hay más. Parece una perogrullada, pero no lo es tanto. Ambos, tanto el escritor como el editor, son susceptibles de cambiar tanto su propio discurso como su interés en el discurso del otro. Creo, sin embargo, que cualquier relación humana, desde que el mono empezó a hacer equilibrio sobre dos patas, y se convirtió en ser humano, sedentario y carroñero, tiene que ser honesta y sincera. Es decir, creo que si un editor deja de estar interesado en el discurso de un autor tiene que hacérselo saber. Y viceversa, claro. Más que nada porque uno se pasa un par de años, o tres, o cuatro, o cinco, dándole vueltas a una novela, batallando con ella. Yo, por ejemplo, entre 2009 y 2011 le di en mano a Fernando Varela otras dos novelas. Es cierto que no se había firmado nada que nos obligara, pero yo ni siquiera las mandé a otras editoriales por una cuestión de fair-play. En la relación cordial y distendida que manteníamos (o que yo creía que manteníamos) habría bastado decirlo. Y todo bien. El caso es que yo entregué dos novelas en mano al editor de Lengua de Trapo y el editor de Lengua de Trapo no me llamó, ni me escribió, ni me dijo nada, ni literal ni literariamente: nada. Yo lo atribuía a despistes, volumen de trabajo. Ponía excusas como esas amas de casa cornudas cuando el marido no llega, y esperé un mes, dos, tres, seis, un año, dos años…
…Una segunda versión de una de esas novelas la mandé incluso al Premio Lengua de Trapo que ganó Jimina Sabadú con Celacanto
…Igual yo es que soy un puntilloso, pero que uno se pase un año y medio escribiendo una novela y se la dé a quien cree su editor y su editor no le dé la misma respuesta, ni sí, ni no, ni siquiera un no sabe–no contesta, me parece una falta de respeto. Basta escribir y decir respetuosamente que no, así uno mueve la novela por otro lado, y se la manda a alguna editorial pequeña y sexy, o, si uno sueña que es un Gran Campeón manda su novela al Herralde o al Biblioteca Breve. Si hay funcionarios de Correos que apenas han leído medio libro de Pérez Reverte y han sido finalistas del Planeta, te dices, y se han sentado a la última mesa del último rincón del sarao, a centenas de metros del señor Lara y el señor Mas y del príncipe de Asturias, y ha fotografiado con su móvil a un presentador de la tele recogiendo su premio, ¿por qué no voy a quedar yo finalista del Alfaguara?, te dices, que es más guay. O bien, si anda uno de bajón, se sienta y se replantea algunas cosas sobre su existencia: si Fernando Varela, que no es precisamente ni Herralde, ni la señora de Moura, ni Bértolo, ni la señora Querini, ni siquiera se ha dignado a escribirme para decirme que ya verá, que se lo pensará, que la cosa está mu mala, o que deje de perpetrar manuscritos, algo, cualquier cosa, que es lo mínimo, igual es que esto (miras el manuscrito con inquietud) es una puta mierda, te dices. Si quien tú crees tu editor ni siquiera se digna a escribirte un email de recibido, y cuando llamas te dicen que está reunido; si sabes que lo que has escrito tampoco va a cambiar la historia de la literatura, pero lees algunos de los libros que van publicando quienes ni siquiera te contestan (algunos son flojos, otros son infumables, otros han sido muy buenos: entre estos últimos, los buenos, estoy pensando en Será mañana, de Federico Guzmán, o en Matate amor, de Ariana Harwicz, o en Nada es crucial, de Pablo Gutiérrez), no puedes evitar pensar que, si bien no has escrito un Nada es crucial no puede ser que lo que has escrito sea incluso peor que algunas de las joyitas que han ido publicando… En fin: que jode…




4

…La tercera novela ni siquiera pude dársela en mano a Fernando Varela. Una tarde fui a la editorial, cuando todavía estaba en Marqués de Valdeiglesias, con el manuscrito de El hombre que decía haber salvado a Rebeca B., llamé al timbre. Abrió Jorge Lago. Me tuve que presentar (otra vez, odio a esa gente a la que tengo que presentarme cada vez que volvemos a vernos: «Hola, soy Miguel Ángel Maya», como ese nombre no solía decirle mucho, tenía que añadir «el autor de Últimas 2 horas y 58 minutos», a veces también he tenido que añadir «Premio Cajamadrid de Narrativa 2008». Así sí solía ubicarme generalmente), pregunté por Fernando Varela. Jorge Lago me dijo que no estaba en ese momento. Pero yo oía su voz, la de Fernando Varela, hablando en alguno de los despachos. Le dije a Jorge Lago que, o bien estaba teniendo alucinaciones o juraría que la voz que provenía del interior del pasillo era la voz del mismísimo Fernando Varela. Entonces, de forma repentina, Fernando Varela cambió de estado ontológico y pasó de «no estar» a «estar reunido». Una fugaz metamorfosis ontológica que duró apenas unos segundos pero que parecía concordar más con las evidencias sonoras que provenían del despacho y la evidente mentira que salía de la boca de Jorge Lago. Le dije que simplemente venía a entregarle un manuscrito. Jorge Lago me dijo que me esperara un momento. Se marchó. Pegado a la puerta, sin acceder al corredor (la primera vez que no me decían que pasara a la que consideraba mi casa, donde había ido muchas veces a pasar la tarde, a echar el rato, a tomarme una cerveza, a estar allí) rodeado de libros de la editorial, oía cuchicheos en voz baja. Fue incómodo y violento. Esperé. Salió Fernando Varela, me saludó, me preguntó qué quería, le dije que traía un manuscrito, me dijo que estaba muy liado en aquel momento. Le dije que no le robaría tiempo, que si quería, se quedara con el manuscrito y que ya hablaríamos. Fernando Varela me dijo que le sabía mal que se lo dejara así, sin más, que mejor se lo enviara por email para darle un vistazo y que quedáramos una tarde para vernos y hablar con calma. Le dije que vale. Nos saludamos. Me acompañó a la puerta y me fui de Lengua de Trapo (insisto, era la primera vez que me quedaba en la puerta de la que creía mi casa) con el manuscrito encuadernado en la copistería de Santa Isabel, mi doble espacio, mi letra garamond cuerpo 14, como Juncal El Torero. Se la envié por email ese mismo día, en un documento en pdf. Le sugerí que podíamos vernos el siguiente lunes (yo ya no vivía en Madrid en aquel entonces). Nadie me respondió a ese email…
…Ahí terminó nuestra relación…
…Lo suyo, supongo, por el bien de ambas partes, sería rescindir el contrato, de buen rollo, sobre todo porque este nos vincula a ambos hasta 2022. A mí, la verdad, no me apetece seguir vinculado a Lengua de Trapo hasta pasados los cuarenta, cuando esté calvo, mis abdómenes estén fláccidos, y la vida me haya hecho un tipo más resentido, cascarrabias, y tenga muchos menos amigos que ahora. Visto lo visto, estoy convencido de que a ellos tampoco les hará mucha gracia, si es que alguien en Lengua de Trapo sabe que un contrato nos vincula, que eso está por ver…




 Miguel Ángel Maya
18 de julio de 2014
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