
...Parece que la ciudad se hubiera dormido como un fauno de Debussy, que de pronto hubiera entrado en un letargo perezoso o en esa canción de Jacques Brel en la que la ciudad se duerme y él olvida su nombre...
...Escribo, escribo, escribo. Solo o sólo. Todavía no sé muy bien si son dos caras de la misma moneda. Ese acento que bien podría ser un acantilado. Una paloma se posa en el tejado de la buhardilla. Oigo su repulsivo aleteo. Ahora despega. Es lo único que rompe el sonido suave y caluroso de la siesta. Suena Verklärte Nacht (Noche transfigurada), de Arnold Schoenberg, y la siesta también se transfigura. Regresé de Barcelona y de su mar, tan necesario, y siempre cuesta quedarse de repente sin mar cuando lo ha olisqueado y se ha sumergido en él. Me ha gustado también volver a pasear por esas calles con Martín, con una década de más...
...Ahora querría estar en la isla de Hiva Oa, para preguntarle dos o tres cosas a Jacques, para que la siesta se volviera, al menos, escandalosa o un poco más sexy...
Miguel Ángel Maya
Madrid, 6 julio 2009