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miércoles, 17 de diciembre de 2014

HABANECE



…Uno, como si estuviera dentro de un bolero, vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida…
…Soy feliz y tiemblo de futuro…

…Quizás habanece 
Ojalá

Miguel Ángel Maya
17 de diciembre de 2014
*     *     *

martes, 18 de mayo de 2010

Cuándo aprendí a silbar




El teatro donde yo daba los conciertos también tenía poca gente y lo había invadido el silencio: yo lo veía agrandarse en la gran tapa negra del piano. Al silencio le gustaba escuchar la música: oía hasta la última resonancia y después se quedaba pensando en lo que había escuchado. Sus opiniones tardaban. Pero cuando el silencio ya era de confianza, intervenía en la música: pasaba entre los sonidos como un gato con su gran cola negra y los dejaba llenos de intenciones.


Felisberto Hernández



...Recuerdo perfectamente cuándo aprendí a silbar: estaba en una barca, en un río. Tenía muy pocos años, seis o siete. Mi padre remaba y yo soplaba juntando los labios, pero no conseguía que saliera un sonido que pudiera identificarse con silbido. No sé por qué, mi madre, mi hermana o mi padre dijeron algo que yo interpreté como un posible naufragio de la barca. Pensé que si la barca se hundía, sólo silbando alguien podría salvarnos. Todo esto lo recuerdo de forma muy vaga...
...Pero no sé por qué volví a recordarlo el domingo pasado, cuando el Barça volvió a ganar la liga. Y volví a pensarlo ayer, leyendo esta entrada en el blog de Alberto Olmos: son curiosos los procesos, el camino, que hace que cualquier cosa llegue a ser lo que es: el "become" inglés, o el "divenire" italiano: palabras en las que está impreso ese proceso, esa combinación de espacio, tiempo, azar y esfuerzo para que algo, cualquier cosa, llegue a ser algo, para que logremos construir algo con nuestras manos...

...Todo es muy difícil, pero casi nada de lo que se haga sin red termina sin parecerse un poco a lo que queríamos: no sé, hablo de la batalla de escribir una novela, contra pronósticos y circunstancias, contra un trabajo de teleoperador y el metro a las 7 de la mañana, contra el sol que entra por la ventana y pide Retiro, o playa, o vuelo. Hablo de armar un aquipo antológico y asistir como testigo a una época: todos los factores, el enorme y difícil camino, el tiempo, la maduración, lo que hace falta, por ejemplo, para que La Masía, la cantera del Barça haya dado estos frutos admirables: el trabajo anónimo de tanta gente, aunque sólo veamos la punta del iceberg: once tipos jugando al fútbol como mis pupilas no recuerdan haber visto jugar nunca...




...Volví a hablar con Freddy, después de muchos años, de muchísimos años. Fue por casualidad. Últimamente me acordaba mucho de lo que pasó: yo llegué a Bogotá justo cuando Antanas Mockus acababa de hacerse con la alcaldía. Y Mockus había sido profesor de Freddy en la facultad. Le pregunté, en La Florida, qué le parecía que Mockus se hubiera convertido (became) en alcalde de Bogotá. Freddy me dijo que era lo mejor que le podía pasar a Bogotá...
...Ahora él, como muchos otros, como yo mismo, mira con ilusión la posibilidad de que Mockus se coniverta en presidente de Colombia, un país que, por razones sentimentales y azares rocambolescos que forman parte de lo que no se ve del iceberg, me es cercano, muy, muy cercano...



...Lara se ha traído de Brasil un descubrimiento que se llama Felisberto Hernández, un tipo que "se sentaba al piano como quien se sentaba en la barra de un bar". Lara tiene un sexto sentido para descubrir joyas, para señalar con el dedo almas gemelas, armas gemelas: para decir: "Ese tipo de ahí y tú sois muy amigos, así que espabila"...
...Claro, yo, que adoro los descubrimientos y que, además, cuando Lara se convierte en flautista de Hamelin yo me convierto en rata dócil, me he puesto a buscar esa antología que compré en una librería de La Habana no recuerdo cuándo ni dónde ni por qué...
...No la encuentro por ninguna parte, pero sé que, como todo lo que cae por su propio peso, la encontraré...

...Eso sí, lo que he leído aquí y allá de Felisberto, desde el email de regreso brasileño de Lara, me confirma su buen ojo para casi todo. Si a un tipo que toca el piano y escribe como quien se sienta en la barra de un bar, y mancha la música y los papeles de churretes y lamparones de vino derramado, con palabras y frases repletas de ruidos e interferencias es capaz de zarandearlo hasta que lo que escriba se convierta en diamante, por mucho que las palabras quieran seguir siendo carbón, ¿qué no podrán hacer sus pupilas con todo un Brasil?...

...Miedo me da...


Miguel Angel Maya
18 mayo 2010

lunes, 3 de agosto de 2009

Besos



...No recuerdo con claridad la primera vez que hice el amor. Mucha gente considera que traspasa una línea y que con ese hecho se puede considerar que ha perdido la virginidad (para no volverla a encontrar nunca). Yo, mi virginidad, la fui perdiendo poco a poco, y creo que no la he perdido del todo. Otro cuerpo es una topografía y un ritmo infinitos como para dárselas de sabiondo...
...Sí me acuerdo perfectamente de mi primer beso: recuerdo dónde fue, con quién, cómo, el corazón acelerado, el nudo en el estómago antes de decidirme, mis ojos abiertos y cerrándolos cuando ella los cerró, recuerdo que mis manos fueron torpes y no supieron dónde ponerse o posarse, qué tocar, qué acariciar, qué hacer; recuerdo mi boca seca, sus labios mojados; la poca habilidad con las narices; me acuerdo que yo besé por primera vez sepultado por los miles de besos que había visto en el cine: me gustaban los besos en blanco y negro, no entendía que ella le diera a él una bofetada y luego se besaran apasionadamente, sabía que ahí, entre las dos bocas, se escondía un misterio... Y luego estaba la música...
...La música de mi primer beso fue el silencio y el entrechocar suave y torpe de los labios. ¡Faltaba la música! ¡¡Los besos no tenían música!! Creo que por eso me gusta poner música cuando hago el amor: por el cine. Viene de entonces. No puede haber besos sin música...
...Lázaro habla en una de sus últimas entradas de esos cines de La Habana que ahora están en ruinas, después de haber albergado esa magia de las salas oscuras y las historias, de haber hecho llorar, reír, evadirse, pasar un buen o un mal rato en sus butacas. Me recuerdo empapado de lluvia, reconfortado en la calidez de una sala de cine. Me recuerdo triste y pidiéndole al cine que me salvara. Me recuerdo enamorado de quien no lo estaba de mí y tratando de entender qué haría Bogart en esa situación (esto todavía lo sigo haciendo). Recuerdo películas, escenas, diálogos, momentos, frases, miradas, gestos, al otro lado de la pantalla, y siento que forman parte de mi biografía, junto a los besos que no dí, a esos dos o tres segundos de incertidumbre que preceden un beso y que no supe o no quise ver, y me dí la vuelta, y todavía pienso por qué lo hice, y no pasó nada, como en el cine, y está perdido, tiernamente perdido, irremediablemente perdido...
...A mil besos de profundidad, como la memorable escena final de Cinema Paradiso...

Miguel Ángel Maya
Madrid, 3 agosto 2009