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lunes, 21 de febrero de 2011

LET'S DANCE




...Tengo varias espadas de damocles sobre mi cabeza, amenazantes relojes de arena, tic tacs por doquier, avec le temps va tout s'en va, ideas que fluyen, naufragios al compás de las mareas más raras...
...Pero estoy naïf y estoy crooner: he ido a correos, he vuelto con las manos en los bolsillos, he cruzado la estación, se amontonan los manuscritos en el disco duro, se amontonan los sinsentidos y las posibilidades, me excitan los ríos revueltos tanto como desdeño las ganancia de los pescadores y de las compañías de teléfonos móviles, por poner dos ejemplos, por darte un boceto, una guía, ya que no siempre sabes de qué color son mis ojos, en qué punto exacto de mis papilas gustativas te quiero...



...Parece que basta ser besado, qué digo, acariciado, qué digo, guiñado, por el sol, y parece que es oro todo lo que reluce, que es el adecuado el color del cristal con que se mira, que por mucho madrugar amanece más temprano...
...La realidad es muy chunga, el hijo de Gadaffi amenazando con sangre a su propio pueblo es muy chungo, ¿dónde estará el caballo que Gadaffi le regaló a Aznar?, ¿a qué basurero habrán ido a parar los condones usados en las orgías con su Amichetto Bunga Bunga?...
...El mundo está en manos de gentuza, piratas, desalmados y delincuentes que parecen escapados de los peores tangos, de las novelas de Roberto Arlt, de las peores páginas negras de la literatura, de la infamia, del cerebro de los peores psicópatas...



...Estoy enfadado, pero también naïf y crooner, y no quiero tanto bailar como verte bailar, con uno de esos efectos de cámara lenta de las películas de Tinto Brass, cámara lenta en los momentos cruciales de la escena, cámara lenta justo en el vuelo de la falda de la reina, justo cuando lo único evidente es la piel...

...Tan solamente creo en la belleza de tu cuerpo, que se marchita al ritmo de la caja del reloj, no empuñaré más rifle que mi sexo tan pequeño para traerte de nuevo a mi lado, por lo tanto, con verte bailar al sol me basta...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 21 febrero 2011

P.D. Las fotos las he tomado de aquí

lunes, 14 de febrero de 2011

ESPEJITO, ESPEJITO



"A mí me gustaría encontrar
un editor que apueste
no por un libro mío,
sino por mí".

Sara Mesa





...Tiene algo de animalesco y de anacrónico...
...Todo el que cuenta las monedas en los bolsillos y hace cálculos mentales de lo que un envío por correos le va a suponer a su economía mientras lleva un paquete enorme con un manuscrito dentro, y cruza la calle por un paso de cebra con el paquete palpitándole en los brazos como un animal doméstico que uno lleva al veterinario, y entrega el paquete en correos, y no puede evitar soñar, como quien sella un boleto de lotería, como quien arriesga poniéndole en la quiniela un 2 al Barça en el Camp Nou, todo el que hace eso tiene algo de animalesco...
...Soñar de esa forma insensata es anacrónico...





...Es raro. Es algo como de otro tiempo: la copistería, la encuadernación de un manuscrito, domesticar un mamotreto bestial, ya no son de este tiempo los esfuerzos titánicos. El ritual: fui a la copistería a la que iba en mi primer año de facultad. En Madrid iba siempre a una copistería que había en San Bernardo, hasta que la tarde antes del último día de plazo del (lejano) premio que gané fui a una que había en Santa Isabel: es curioso, recuerdo mi espera en la copistería, la señora que bajó al sótano para encuadernar los manuscritos, la minifalda vaquera de su hija, y las medias gruesas marrón oscuro y las botas negras...
...Recuerdo cómo a la mañana siguiente busqué la maldita dirección en Palos de la Frontera donde entregar el manuscrito, y cómo llegué diez minutos antes de que se cerrara el plazo...
...Lo recuerdo como si fuera ayer...
...Para mí todo era como si todavía no supiera que los reyes son los padres, o que delante de Rick e Ilsa besándose había una cámara falsificándolo todo...





...Siempre que estoy en una copistería me da la sensación de que estoy en un sitio que tiene los días contados, como las escaleras de incendio en los edificios neoyorkinos, tan de West Side Story...
...Esta mañana, mientras me encuadernaban mis ladrillos y yo calculaba el precio de las fotocopias una vez superadas las 100 copias, y pensaba en las randes extensiones circulares de bosque pelado que vi cuando mi avión sobrevolaba la selva amazónica brasileña, la última vez que fui a Buenos Aires, pensaba que igual los editores también tenían los días contados, y los escritores, y las novelas, y la raza humana, y el cine, y los premios cinematográficos, y la vanidad y los agradecimientos a todos y cada uno de los familiares y amigos y mascotas, y los suplementos dominicales, y las reseñas cinematográficas, y los programas de radio: se me ocurrió, mientras veía entrar y salir niñas de primero de carrera sin un solo desengaño en la pupila y fotocopiando apuntes o imprimiendo trabajos de las pen-drives, que los escritores deberían batirse a duelo, que los seres humanos deberían batirse a duelo en unas eliminatorias delirantes y terribles, para acelerar nuestros días contados sin historias que contarnos...




...Estos pensamientos se desvanecían con el perfume, mientras se llevaban sus fotocopias al tiempo que les llegaban mensajes en los teléfonos móviles y seguían su curso... Y yo miraba de reojo cómo un tipo con dedos porrudos encuadernaba mecánicamente mi manuscrito mientras comentaba con su compañero que parecía que el Betis era otro equipo respecto al de hace un mes...
...Ajeno a todos los sueños inútiles, a todos los amores, trenes, años perdidos para verme, una vez más, por enésima vez, empezando de nuevo...
...Diciendo aquello de “espejito, espejito”, resucitando, otra vez, más cansado, con los mismos sueños, otra vez, y otra, y otra, y otra...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 14 febrero, 2011

sábado, 31 de enero de 2009

Aventuras y Limones

...Me gustan las especies en peligro de extinción, raras, geniales...
...Yo lo conocía, como todos, de la noche televisiva. Fue Braulio quien, tiempo después, me pondría un cassette con Las increíbles aventuras de Juan Antonio Canta, tiempo después de que hubiera decidido quitarse la vida después de haber tocado el éxito con las manos, porque supongo que se la sudó tocar ese éxito viscoso con sus propias manos, que empuñaban, como mucho, una guitarra o su sexo tan pequeño para traerla de nuevo a su lado. Porque sabía que cuando él, sí, ella, no. Como siempre pasa. Y que cuando ella, sí, él pensó que, total, ya, para qué. Como siempre pasa, o al menos, como a mí siempre me pasa (y siempre me pasó y siempre me pasará). Nos habló de Catherine Deneuve, porque sabía que nunca iba a estar en un ascensor con ella. Nunca vi nada tan lúcido como reconocer que uno nunca coincidirá con La Deneuve en el ascensor, aunque cada vez que suene la puerta le pida a Dios que sea ella. Nos contó la historia del viudo del submarino, a quien le jodió la vida el golfo "Rodolfo" Hitler. Le dijo una y mil veces que la quería, y que sólo eso podía ofrecerle. Quererla con toda su alma, a pesar de sus cosas...
...Dicen que unas semanas antes de volarse la cabeza, le escribió una carta a Martirio en la que le decía que: «Pasarán los guitarrazos y el caos y quedará la belleza. Yo, que me paso el día rezando al dios de las canciones con desigual resultado, anoche encontré la sangre del sur en un teatro que parecía un avión e iba tan lejos que me confundí tratando de saber si era la posguerra o era el futuro»...

...Decidió irse al otro barrio el 22 de diciembre de 1996 y alguien debería investigar por qué a los mejores se le ocurren este tipo de ideas descabelladas... El resultado es que Juan Antonio Canta o Silvio ya no están entre nosotros, cuando deberían ser especie protegidas... Y mientras ahí están los tres mosqueteros, vivitos, patéticos y coleando, con sus visas rebosantes a causa de resúmenes escuálidos y obscenos, de regúrgitos infames y remixes, cada verano... (No mientes ruina, Miguelito...)

...En fin, todavía quedan los márgenes, y mientras haya periferia hay esperanza ymientras haya esperanza, ya se sabe, siempre habrá vida, o al menos algo de aire...

Miguel Ángel Maya
Madrid, 31 enero 2009