domingo, 28 de octubre de 2012



So fuck you, fuck you, fuck you
And all we've been through
I said leave it, leave it, leave it
It's nothing to you
And if you hate me, hate me, hate me
Then hate me so good that you can let me out
Let me out of this hell when you're around
Let me out, let me out,
Let me out of this hell when you're around
Let me out, let me out

Damien Rice, Rootless Tree






...Y sentirse muy pequeño...
...Y llorar de rabia y aullar a las constelaciones y patalear y morder a los perros y a los gatos, y probar a alzar el vuelo o a caer al vacío, lo que sea con tal de ser zarandeado, con tal de sobreponerse a este revuelo de gallináceos y pájaros que revienta en el cerebro...
...Y acordarse del porno y descuajaringar lágrimas como quien rompe relojes o sacrifica corderos, y no regresar a ninguna parte, tampoco irse para siempre, no quedarse nunca del todo, y el tsunami de la locura y las cuatro paredes...
...Estar tan caliente como fundido, con el termostato haciendo señales de humo, destrozado como una botella rota en una estación abandonada o como un labio temerario el peor día de su vida, y las alas extremadamente sucias de barro y sangre de este yonky y perro ángel de la guarda que acaricia mi cuello, clamar al cielo de la boca, dispararse en el paladar con silenciador y sed...
...Destrozar esta muñeca y este mar a dentelladas...
...Rezar como un inofensivo y dócil ser pequeño...

Miguel Ángel Maya
Cádiz, 28 de octubre de 2012

P.D. La foto está tomada de aquí.
*

5 comentarios:

emiliano dijo...

sí, esos días son así.

Miguel Ángel Maya dijo...

:-S

Miguel Ángel Maya dijo...

...(ay)...

Arp nel blu dipinto di blu. dijo...

Yo también llevo conmigo una nube, pero esta me masajea el cerebro desde dentro: se expande intramuros pero la veo. A veces se condensa en cirrocúmulos que me enladrillan la bóveda ; otras es un nimbo el que me abriga las meninges. Si se torna parda y espiral, la tormenta está servida. Y entonces me entran unas ganas locas de gresca y busco a desprevenidos que tensan los sedales en la orilla, para enredárselos, oculto en los carrizos. O asusto al hombre que lee un periódico que odio, mismamente cuando se acerca a los labios la taza del café, para reírme impunemente en sus narices: "No tengo culpa de tus nervios de violín, amigo." O cuando mando cartas al director que rebosan desprecio por lo que escribe el académico que hace bolos para ganarse unas pelillas escribiendo cagarrutas en el periódico. O como ahora, que ofendo el buen gusto de los tiernos corazones soltando esta grava.

Miguel Ángel Maya dijo...

...(ay)...