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jueves, 9 de junio de 2011


En invierno pegaban tormentas de viento. Pero usaba minifaldas porque era joven. Escribía cartas a mis conocidos en las que les contaba sobre mis caminatas, sobre mis piernas enfundadas en unas medias grises; sobre mi cuerpo envuelto en un abrigo rojo, con hondos bolsillos. Escribía cartas sobre el viento frío que acariciaba esas piernas y comparaba el aire helado con los picos de una barbilla mal rasurada, como si el aire y unas piernas grises que caminan por las calles fueran material literario. Cuando alguien ha vivido solo durante mucho tiempo, el único modo de constatar que sigue existiendo es articular las actividades y las cosas en una sintaxis compartible: esta cara, estos huesos que caminan, esta boca, esta mano que escribe.

Valeria Luiselli, Los ingrávidos.

P.D. La foto está tomada de aquí.

lunes, 6 de junio de 2011

INGRÁVIDO

...Madrid amaneció centroeuropeo...
...En el metro leo Los ingrávidos, que me envuelven, y consiguen que me olvide de Centroeuropa y de los aviones...
...De entre todos los aviones que aterrizarán hoy en Barajas hay uno que trae una guerra que yo ya estoy masticando...
...En la página 18 de Los ingrávidos está escrito esto: [...] "Cenábamos los restos de lo que él había cocinado el viernes. Hablábamos de los libros que había vendido; hablábamos de libros, en general. A veces, los domingos, hacíamos el amor. * Mi marido lee algunos de estos párrafos y me pregunta quién es Moby. Nadie, le digo, Moby es un personaje"...
...Ayer conocí a V., la hija de L. y M.: es minúscula, vulnerable y emocionante. Valeria Luiselli me recuerda constantemente a L. y me recuerda constantemente a mí, en medio de esta batalla. Me tomé un gin-tonic y miré dormir a V. en el carrito, y se supone que el mundo giraba con su malpaso del tiempo...




...En el tren, enfrente, había una chica rubia que lloraba viendo Bon Appetit. Yo también estuve apunto de llorar: cuando veo a alguien llorar me contagio, es como si el llanto fuera una seda que me envuelve y me exprime el lacrimal o algo así. Tampoco lo tengo claro. En el tren, la otra noche, había un hombre que supuraba soledad. Tenía el pelo blanco, el respirar fuerte, y se había sacado muchos papeles del bolsillo, en los papeles había números de teléfono. Cuando vio que había cobertura, marcó un número y habló con Irina: "Irina, Juan, ¡Juan!", "¿tú dónde?", preguntó suprimiendo el verbo estar, "Yo en tren, ¿tú dónde?", "¿Mañana café o cerveza? ¿Quieres?", "¿Qué? Yo te llamo, dos o porahi". Me imaginaba cómo sería Irina, cuándo entrechocaron Juan e Irina y cuándo la soledad de Irina desembocó en una combinación de números que terminó arrumbada en el fondo del bolsillo de Juan junto a otros papeles...



...El sábado vi por primera vez en persona a Vila-Matas. Nos encontramos frente a frente, yo miraba libros en una caseta y él miraba a las personas que miraban libros y lo miraban a él. Vila-Matas es un animal mitológico: está quieto y mueve los ojos. Creo que ni siquiera me vio, creo que ni siquiera notó mi rubor, ni cómo bajaba la mirada, ni cómo desaparecía...
...Después vino R., y nos resguardamos de la lluvia en un bar, y tomamos cerveza, mucha, y noté que sus rizos no eran pelirrojos pero no le pregunté por qué. Hablamos de libros, de fotos, de ella y de mí. No nos tocamos. Hubo un tiempo en que yo quería acostarme con ella, y tal vez hubo un tiempo en que ella quería acostarse conmigo. Luego fuimos a Malasaña y estuvimos en La Independiente, y luego fuimos a un lugar donde exactamente hace un año se abrazó a mí llorando. Esta vez reímos...
..."¿Quién es R.?", "Nadie, un personaje", respondo...

Miguel Ángel Maya
Madrid, 6 junio, 2011

P.D. Las fotos está tomadas de aquí.