jueves, 23 de mayo de 2013

FOSFATINA, ADRIANA Y LA CHICA DEL CINE RIVIÈRE


...Awixumayita se convierte en una locutora de radio de dibujos animados. Su voz va desgranando dosis de fosfatina en uno de esos micrófonos que usaban los actores en las radionovelas antiguas. Lee La chica del Cine Rivière. A veces lo lee como si todo fuera frágil. Ivoox nos avisa de que "Este audio puede contener vocabulario o contenido para adultos". No puedo evitar sonreír de lado al leerlo. Ni al leerlo mientras oigo la voz de Awixumayita leyendo lo que cuenta un personaje de dibujos animados que conduce durante toda la noche desde la estación de autobuses de Sandspur Road hasta el puente de Queens, desde donde ve a un náufrago encallando en la orilla del Hudson donde dormitan unos vagabundos. Imagino qué pensaría de todo esto Henry Miller, que en uno de sus libros dormitaba exactamente en esa misma orilla. Jessica Rabbit canta Why don't you do right. Imagino cómo lo cantaría Awixumayita. Me río. Reímos. Se cierra el telón. Awixumayita vuelve a su camerino, se desmaquilla, se quita el vestido rojo, la peluca fucsia, las pestañas postizas, el carmín, la púrpura, apura el cigarro francés con boquilla, se desembaraza de sus engaños progresivos y pone a buen recaudo su ánima esquiva. La espero con una navaja, por si se hace necesario abrir una botella de vino a navajazos, por si fuera precisa alguna dentellada, por si hubiera que saldar algún crimen en algún oscuro callejón. Los personajes de dibujos animados son así, digo, dices. Deja atrás el camerino, desanda el pasillo, apaga las luces y sale vestida de calle, vulgar, límpida, como una artista que deja su disfraz en un baúl de folclórica o cabaretera y llama a un taxi o espera en la cola del pan. Hola, dice tendiéndome la mano. Me llamo Adriana, dice apretándonos la mano. Migue, digo, y este de aquí, que no se ve, es el trompetista invisible. No sabía que tú también conociste a la chica del Cine Rivière. Ya ves, ¿fumas?, ¿un vino?, ¿qué hacemos? Gracias, Adriana, digo. ¿Vamos?...

 
Miguel Ángel Maya
23 de mayo de 2013
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