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jueves, 7 de enero de 2010

Write me


...Creo que era A bordo del naufragio, de Alberto Olmos, el libro que empezaba así: "¿Por qué lees tantos libros?"...

...Hace más o menos un mes mantuve este diálogo con Uriel, que tiene seis años:


Uriel: Migue, ¿cuántos libros tuyos se pueden comprar en una tienda?
Yo: ¿Que se puedan comprar en una tienda? Uno.
Uriel: ¡¿Sólo has escrito un libro?!
Yo: Bueno, en cierto modo sí, pero he escrito muchos más sólo que...
Uriel: Sí, pero libro, libro, que se pueda comprar en una tienda sólo has escrito uno, ¿no?
Yo: Sí.
Uriel: ¿Y te pasas todo el día escribiendo sólo para un libro? Bah...


...Ni siquiera una crítica demoledora es tan demoledora como el diagnóstico clínico y crírico de Uriel: ¿Merece la pena estar tantas horas escribiendo para un resultado tan incierto? Su respuesta y la mía son claras y rotundas: No, no merece la pena. Las horas de batalla y zozobra y tempestades y naufragios con las palabras se terminan convirtiendo en la ceniza de un cenicero después de una fiesta, con ese olor a tabaco frío, a restos de bebida derramada...


...Escribir es, al final, como esa fiesta en la que uno se ha pasado toda la noche hablando con la chica más guapa y al final de la noche, en un descuido, una visita a la cocina a por más hielo o a ver si queda gin-tonic y cuando vuelve se la encuentra besándose con un tipo que acaba de llegar...


...Pero entonces, ¿por qué? ¿Por qué seguir? ¿Por qué insistir? Si la fiesta no compensa, ¿por qué esa adicción a las palabras? ¿Por qué esa necesidad de hacker enfermizo y noctívago? ¿Por qué seguir juntando palabras que la mayoría de las veces se quedan arrumbadas en un desván olvidado en forma de carpeta amarilla en el disco duro? ¿Por qué no rendirse ante la evidencia de que la música de las palabras siempre nos va a ganar la partida?...

...No lo sé...
...Ayer era demasiado tarde y quería responderme a la pregunta: supongo que todo tiene un poco de azar, y que el sueño que he tenido esta noche tiene que ver con esta necesidad de escribir, de mover los dedos sobre las teclas (piano o letras, da igual)...
...Creo que la respuesta, incierta y temerosa, es la siguiente: quiero que me escriban...

...Cuando más contra las cuerdas estoy más sucede eso de abrir un libro inesperado en un puesto callejero y leer una frase que parece escrita para mí...
...A veces, me digo, daría parte de mi vida por haberla escrito yo...
...Y sigo soñando que me escribes...

Miguel Ángel Maya
Foggia, 7 enero 2010