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miércoles, 14 de septiembre de 2011

JE ME SUIS FAIT TOUT PETIT



...Ayer me quedé solo en casa. V. se levantó, trasteó en la cocina, puso a hacer un café, se duchó, salió el café e inhundó toda la casa. V. se fue y me dejó la cafetera recién hecha. Es lo raro de los ritmos. Yo vengo a París como flâneur. Ella vive aquí...
...Camino, quizás hoy vaya a visitar a Julio Cortázar y a César Vallejo a Montparnasse. Son casi vecinos. Suelo verlos a los dos, llevarles un regalo a los dos...
...Ayer caminaba sin referencias: husmeaba partituras en las tiendas de música de Saint Lazare, siguiendo a una violinista preciosa que no sabe que existo; me comía una focaccia en Square Berlioz; veía gente leyendo en los parques o dos maletas abandonadas; me sentaba en los puentes a respirar el rumor del Sena cara al sol; preguntaba en la FNAC por mis dos libros Moby Dick que no encuentro en ninguna parte. De París el recuerdo me llega estando aquí: las chicas sentadas en los cafés o en bicicletas, las fisonomías de las caras, las ropas, los cafés mirando a la calle, como en los países árabes. Me guardo en los bolsillos mis llaves prestadas, salgo de mi casa prestada, camino por calles desconocidas que sin embargo recuerdo. No supe en ningún momento hacia dónde iba. París me cobijaba, abro los ojos, una extraña melancolía me invade, silbo, canturreo...
...Sí, definitivamente creo que hoy iré a hacerles una visita a Julio Cortázar y a César Vallejo, quién sabe qué me encontraré de camino...

Miguel Ángel Maya
París, 14 septiembre 2011
*

viernes, 9 de septiembre de 2011

VIEUX AMANTS Y OTRAS HISTORIAS



Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

César Vallejo




…Como Vallejo, también yo tengo París en el recuerdo…
…En cierto modo he venido a París a morirme, a quedar al menos varado, a sacudirme, a dispararte, a disparatarte. El sol de sur era demasiado para mi piel. Guiñaba demasiado los ojos. La voz de Melody Gardot, en París, es líquida. En el sur era triste. Basta cambiar la escenografía, los adoquines de las calles, los lavabos, las señales, las sábanas; basta cambiar de lengua, de olores, basta caminar por otro escenario, en otro fin de fiesta, para sentir mudar la piel, para desperezarse por fin, para mirar la Tierra desde la luna, y darse cuenta de que es preciosa y azul, pero tampoco es para tanto…





…Viajo a tu lado en el avión. Lo desconozco todo de ti, salvo que ahora, en estas dos horas y pico habremos tenido en los pulmones aire común. Ambos habremos respirado aire que previamente ha estado en los pulmones del otro. Hueles a un perfume suave, que no termino de reconocer, y un poco a sudor. La ciudad maqueta tras la ventanilla. El paisaje Gustave Klimt desde lo alto. Un manuscrito con correcciones en rojo en mi regazo, bocabajo, contraportada negra. Tu rodilla jeans a mi izquierda, tu calzado deportivo dando vaivenes. Live vest under your seat. Eres ajena por completo al hecho de que escuchar en el ipod la banda sonora de Verano del 42 mientras lees un libro hará que, unas horas después de aterrizar, esté escribiendo sobre ti en el blog, mientras miro el marco rojo de la ventana y las ventanas parisinas y grises de enfrente, y huelo los recovecos de otra casa y tomo un té. Te miro de reojo, te estudio. Me acuerdo de Tatami, de Alberto Olmos, repaso mentalmente las últimas escenas del guión (falta tanto todavía...). Mi protagonista (no la de la novela, sino la mía, la de la película) podría parecerse a ti. Escribo detalles en un folio. Apuesto a que en ningún momento se te ocurre pensar que estoy escribiendo sobre ti. “Se aparta de la frente un mechón de pelo, rizado, pelirrojo, y se lo sujeta detrás de la oreja” escribo mientras te apartas de la frente un mechón de pelo y te lo pasas por detrás de la oreja. No es muy rizado. Ondulado tal vez. Castaño oscuro. Te esbozo, te aventuro una voz. El canturreo de la melodía de Michel Legrand no me deja adivinarla. Una cosa es eso, otra cosa es encontrar el tema de conversación que me haga descubrirte. Tienes la mesita abierta y en ella hay un estuche. Bocabajo, como mi manuscrito en mi regazo. Yo tengo la mesita cerrada. Lees algo, sonríes. Abres la cremallera del estuche. Sacas un lápiz. Dentro hay un sacapuntas y un paquetito de pañuelos de papel. Dejas el estuche bocarriba. En el estuche hay un dibujo gastado de Inodoro Pereyra junto a Mendieta, ambos vestidos con los colores de Rosario Central. Me acuerdo de diálogos de Inodoro Pereyra: “Ché, ¿cómo le va?” “Y… Mal pero acostumbrado”. Sonrío.





…Subrayas esto del libro, página 120: “J’étais une vraie cinglée du cinéma argentin…
Por fin te detuviste en las fotos de Los muchachos de antes no usaban gomina, que te apasionaba. Compraste el boleto en la taquilla y entraste a ese cine pequeño, estrecho, con butacas de madera altas e incómodas, donde el ruido de los ventiladores era más fuerte que el de la banda sonora y encontraste un lugar en las primeras filas. Ya había empezado la película” y después de la película sigue la frase, pero tú no la subrayas. Casi al final de la página subrayas, también con la frase ya empezada: “los galanes envejecidos. Veinticinco abriles que no volverán. Pensaste que el tango era una de las pocas formas contemporáneas de la tragedia y te levantaste.” Sonríes. Dejas el libro, bocabajo, sobre la mesita, que cierras un poco, el estuche y el libro se deslizan. Te quitas los auriculares, te levantas, el ipod queda colgando. Lo dejas en el asiento. Te desencajas. Te ubicas, vas hacia la parte delantera del avión. Huelo el aire que has removido. Alargo el cuello para tratar de averiguar el título del libro, pero la mesita está medio cerrada. Sólo consigo leerlo en el momento del aterrizaje. Me sorprende. “Es rosarina”, es lo último que pienso cuando la veo abrazarse a un chico y la oigo hablar francés con esa musicalidad que...
…Y salgo y respiro París, pero esa es otra historia (todavía)…
…Se va a enfriar el té. Melody Gardot empieza otra canción. A veces te busco…

Miguel Ángel Maya
París, 9 septiembre, 2011
*

sábado, 23 de julio de 2011

AMY




...César Vallejo ya tenía en el recuerdo el día de su muerte...
...A menudo pienso en cómo será la mía (sólo tendré una, supongo), y la muerte de gente a la que quiero...
...Nunca pensé en cómo sería la muerte a balazos de Facundo Cabral, pero sí la de Fidel Castro o la de Serrat, no sé por qué...
...Sabía que la muerte de Amy Winehouse la viviría de esta manera: una tarde cualquiera y un día de estos aparecería muerta en su piso de Londres y a mí me pillaría escribiendo o leyendo o tocando el piano o escuchando música...



...Lo he sabido por el Facebook de Luna Miguel: Facebook es como una corrala que se ha alborotado de cacareos, bromas, lamentos y enlaces a periódicos donde se daba la noticia de su muerte. Siempre pienso que cuando muere alguien los humanos nos comportamos como esas hormigas que desordenan la fila después de un pisotón...
...Siempre pienso lo mismo de estas cosas: parece mentira que alguien esté vivo y esté en el mundo y un segundo después esté muerto y sea un objeto inerte...
...Buen viaje a la chica de la Casa del Vino...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 23 julio, 2011

P.D.
*

domingo, 20 de marzo de 2011

ME DEJO

Serenament quan ve l'onada, acaba,
i potser, en el deixar-se vèncer, comença.
La platja enamorada
no sap l'espera llarga
i obre els braços no fos cas, l'onada avui volgués queda's.

Lluis Llach. Un núvol blanc






...Todo quedó postergado hasta nuevo aviso...
...Los tic-tac de los relojes y de las music-box siguen ahí, en sus márgenes, entre la ansiedad y lo ocioso. Me vienen recuerdos de un futuro repleto de onomatopeyas y latidos, como a César Vallejo. Moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo. En días como hoy las palabras se me duermen en las manos. Me vuelvo primario, como cuando vivía en Nápoles, y todo lo que necesitaba era el mar y la brisa: los cuatro elementos, los colores primarios, la caricia breve en la que está condensada todo el universo, los labios, los ojos, los gestos, ya sabes, un esbozo, un boceto, algo que ni por asomo necesitara de la más mínima elaboración...
...Te estás apoderando de mi segunda persona del singular en un estropicio de onomatopeyas de cómic de superhéroes...
...Y yo me dejo...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 20 marzo, 2011

domingo, 22 de noviembre de 2009

La última voz


...Yo quisiera no escribir palabras impregnadas en lógica, pero la poesía me queda grande, por eso trato de secar las palabras un poco, por si en la evaporación se vuelven poesía, pero es imposible...
...Últimamente pienso mucho en la muerte. Es como si la respirara con más fuerza, como si la sintiera calma y celada. Cabaret en las tripas del difunto me está ayudando a rumiarla, a suavizar mi inquietud ante ella. Escribo como si fuera un actor de método o la resistencia de una bombilla, por ello necesito ponerme todo el rato en el lugar de quien ya está allí. Creo que la experiencia me está dejando un sedimento bonito y estremecedor...

...Antonio Vega escribió una canción antes de morir, y llegó a cantarla y a grabarla, pero falló el sistema operativo del ordenador donde se grabó y ya no hubo modo de volverlo a hacer porque Antonio Vega se fue para siempre: la música y la voz de esa canción se ha perdido para siempre...
...El libro electrónico me parece un gran invento: pero no puedo evitar tenerle algo de pánico a todo lo que depende de un sistema operativo o del funcionamiento de una máquina. ¿Qué pasaría si el servidor externo de mi email, el disco duro de mi ordenador y el disco duro externo, los tres lugares donde guardo la novela que estoy terminando, de pronto fallaran (cae el servidor de gmail y ambos discos duros sufren un colapso y dejan de funcionar? No tendría absolutamente nada... Como le ha pasado a la voz de Antonio Vega y a su última canción...

...Yo adoro las entrevistas: leer entrevistas, escucharlas, hacerlas, que me las hagan. Siempre quise escuchar cómo sería por ejemplo la voz de Julio Cortázar...



...Cuando fui a París y fui a ver el lugar donde está sus restos no había escuchado nunca su voz ni cómo decía lo que decía, ni cómo miraba, ni cómo gesticulaba. Sólo había leído palabras, pero nunca todo lo demás...
...Nunca esto:




...El hecho es que me cuesta pensar que la misma persona que está ahí, vivo, hablando mientras bebe whisky; sea ahora un cúmulo de huesos bajo tierra y ocupe ese leve espacio en un lugar conciso y silencioso de París, ese París que tanto anduvo y tanto amó...



...Quienes van a ese lugar de París, en cierto modo, tratan de establecer algún contacto con ese Julio Cortázar vivo. Su tumba está llena de escritos, de guiños, de vida, detalles, regalos, caricias, cariño, de gente que se detiene en medio del silencio y del frío, y tocan la flauta, o le leen en voz alta uno de sus relatos. Cuántas veces habrá leído en voz alta sus relatos o le habrá leído sus relatos a otros muertos, como hice yo, nervioso (¿por qué me puse nervioso cuando me vi frente a su tumba y por qué no acertaba a dar con las palabras cuando le escribí una nota que probablemente terminó en el cubo de la basura de alguno de los de mantenimiento?)...






...¿Dónde estará? ¿Quién será la gente que ha dejado esas notas? ¿Qué estarán haciendo en este preciso momento?...



...César Vallejo (vecino de Cortázar en Montparnasse, si no recuerdo mal) tenía ya su muerte en el recuerdo:

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pgaban
todos sin que él haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los camin
os...

César Vallejo



...París desde lo alto se ve así:











Foto: Daniela Procaccino. París, julio 2007.

...Quién sabe cuántos mundos hay en ese microcosmos de cerebros y neuronas de todos y cada uno de los seres humanos que están ahí dentro, que transitan, sueñan, viven, se enferman, se enamoran, se suicidan, se desesperan, se frustran, se...

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustran, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.

Oliverio Girondo






Foto: Daniela Procaccino. El Cairo, septiembre 2008.

...Así se ve El Cairo desde lo alto...
...Y es terrible...
...Tan cerca del abismo y del espanto como de lo más salvaje de la vida. Tal vez todo se reduzca a ver cuánto se deja domesticar la realidad, si se reparte los sueños a partes iguales con la poesía, o si, al menos, nos concede escuchar la última voz de quien más queríamos, de quien menos hemos olvidado, de quien nos dio de comer en la mano y lamimos hasta la última migaja...

Miguel Ángel Maya
Madrid 22 noviembre 2009