miércoles, 3 de noviembre de 2010

BONJOUR, NOVEMBRE (POCKETWORDS)




...Como los papeles despiadados que dejó desperdigados Marilyn, estas palabras estaban perdidas entre los bolsillos de mi abrigo negro: el abrigo negro con el que conocí a Mademoisselle Amsterdam, lleno de papelitos, billetes, posavasos, servilletas, repletos de palabras...

...Palabras acumuladas escritas con grafía veloz sobre la cama del hostal, o en una cafetería reconfortante y cálida y con música, mientras afuera suena la lluvia y la calle...




...El otoño y las hojas sobre los canales, sobre las aguas plácidas y quietas, sobre los patos, mi gorra calada, mi chaqueta abrochada hasta arriba, el frío calándome los huesos, tu cuerpo, tu esqueleto, el cigarrillo en la comisura de los labios, como si fuera un personaje secundario en una olvidada película de cine negro, con tranvías, y deseo, y golpes en el hígado...

...Me olvidé de todo: de los barcos en los canales, de las puntas titilantes de luz en las ventanas, de tus labios abiertos de par en par, olvidándome de todo, incluso de todo lo que más me preocupaba, ese cincel extraño que me golpea con fuerza la cabeza, que me entristece cuando llega noviembre, y te doy los buenos días en francés...





...Amsterdam sabe al Café Fontayne, en Niewmarkt, y sabe a ti, que has dejado frío el otro lado de la cama, por el que puedo rodar, por el que podría hacer una expedición por el desierto, por el que podría delimitar territorios fronterizos, organizar batallas memorables, definir estrategias militares tristes, como todas las estrategias militares y todos los inviernos y todas las ojeras y todos los temblores...
...Y sabe a
Raymond Carver preguntándose por qué no bailas mientras bebes whisky y canturreas y te desnudas mientras me fotografías a través del espejo, mientras nos vamos marcando con esas huellas tan profundas...

...Un tipo entró en una librería, en Spui: llevaba una maleta que arrastraba escaleras arriba, con un ritmo pesado que hacía temblar las escaleras, iba empapado, el pelo rubio y unas gafitas redondas, y cuando llegó a la tercera planta se quedó mirando a la chica de la caja, vestida de negro, morena, con un lunar, y la chica, que le estaba cobrando un libro para niños a una señora francesa, se quedó mirándolo, se le dibujó una sonrisa, se apresuró a terminar con la francesa, salió del mostrador tras la caja registradora, sin ni siquiera darle la vuelta a la francesa, y se abrazó al chico, como si se colgara de él, como si la noche antes hubiera cometido el más atroz de los crímenes y él representara la más gloriosa de las coartadas...
...Mientras veía la escena, en la primera frase del libro que tenía entre las manos, un Horacio extrañamente angloparlante se preguntaba:
Would I find La Maga?...




...Te veo, pero tú ¿qué ves?...
...Cuando ves a esos adolescentes italianos que se detienen y te señalan y se ríen, ¿qué ves?...
...Yo te veo bajo las luces rojas, veo tu cuerpo, casi todo tu cuerpo, y cuando me miras mirándote, en el escaparate, ¿a quién ves?...
...Estás ahí al alcance de mi mano, tu piel está ahí tras el cristal, con mi tarjeta de crédito, tu cuerpo, tu piel, los labios vaginales que adivino desnudos bajo tu ropa interior fluorescente, tus jugos, tu saliva, tus células, tu olor, tus movimientos tienen un valor en euros, son una atracción turística...
...¿A qué tiempo se remonta? ¿Quién, cuándo, cómo, puso sobre el vaivén de tus caderas el peso de buena parte del plan turístico de toda una ciudad, a quién se le ocurrió, qué bisabuela libertina que ahora yace sobre algún cementerio olvidado de las afueras hizo soñar con su piel a los marineros de la canción de Jacques Brel que todavía busco entre estas calles?...
...Recojo el beso que me lanzaste, me lo guardo, me guiñas, me buscas, me sonríes, como si todo fuera verdad, como recorrer tu cuerpo, estar en tu cuerpo, no dependiera de la tarjeta de crédito que ahora está perdida entre estos papeles...




...El cielo centroeuropeo, frío, cuchillo, oscilando entre todas las gamas que van del blanco al gris tormenta, de la niebla a las nubes, donde parece que fuera a diluirse todo en la tinta que yo no he malgastado todavía, como el semen denso, marchito y brutal de los abstemios y los castos...
...Sería un acontecimiento doloroso, digno de una de esas películas que giran en torno al fin del mundo, que estas aguas crecieran monstruosamente y la ciudad se sumergiera, y Amsterdam, como Venecia, se convirtiera en una ciudad fantasma sepultada por cerveza negra, y estas débiles, tranquilas, falsas, luces rojas...





...Sería tan doloroso como seguir husmeándote en el otro lado de la cama, de cualquier cama que haya servido para que nuestros cuerpos se entrelacen, pero eso, como siempre, es otra historia que terminó con el avión de regreso y con la voz de Tom Waits...

Miguel Ángel Maya
Amsterdam, 28 octubre - 2 noviembre, 2010

2 comentarios:

Alfonso dijo...

Vaya, Carver... me has traído de golpe recuerdos que tenía olvidados... Por cierto, no sé si conoces un librito de cuentos de Robert Coover... se llama "A Night at the Movies": el señor Coover se inventa escenas que podrían haber pasado en películas famosas, saltando del actor al personaje, del celuloide a la vida real: me acuerdo de uno que se titula "You Must Remember This", donde narra de forma muy explícita el polvo que Rick e Ilsa echaron tras el fundido en negro de la peli...

Miguel Ángel Maya dijo...

...Buscaré "A night at the movies"...
...Me muero por leer ese polvo del fundido en negro...
;-)