miércoles, 29 de septiembre de 2010

¿QUIÉN?

El tiempo pasa
nos vamos poniendo technos



...Por ejemplo, los objetos que pasan de mano en mano, acumulando historia y anécdotas, y que es como si empezaran a vivir cuando llegan a nosotros: ese mueble o cartel que uno encuentra en la calle, esa foto que uno encuentra en la casa a la que acaba de llegar...

...Yo tenía una maleta verde. Con esa maleta verde he ido y vuelto muchas veces, cuando vivía en Nápoles: dentro ha llevado libros, ropa y comida, mis libros, mi ropa y la comida que, cuando volvía de Italia, me traía de recuerdo a España, y, cuando volvía de España, me llevaba de recuerdo a Italia...
...La veía salir por la cinta del equipaje, y la reconocía por su color. Una vez no salió, y estuvo dos días dando vueltas por ahí. Luego me llamaron del aeropuerto de Roma, donde había aparecido con sus heridas de guerra: la rueda rota, un cargador de móvil desaparecido, su interior revuelto aunque dentro no faltaba ni un libro, ni un pantalón, ni un calzoncillo...
...La miraba y pensaba dónde habría estado, en qué aeropuertos, en manos de qué autoridad o pasajero, a merced de las circunstancias, antes de que volviera a mí...





...El domingo metí dentro de la maleta un puzzle, una bolsa con un juego de piezas de colores, dos carteles de unas películas iraníes (que ya estaban en esta casa cuando llegué yo), cajas de dvds de cine clásico: Tener y no tener, El halcón maltés, Gilda, Casablanca... pero sin el dvd dentro, porque ya lo tenía en otra parte, otros dvd de promociones: un documental de National Geographic y una especie de resumen de Cuarto Milenio, que sigue todavía envuelto en el plástico con el que lo obsequió El País, y gomas de borrar, sacapuntas, caramelos libaneses, aspirinas marroquíes...
...Cerré la maleta por última vez y la dejé en el punto de reciclaje del mercado de Antón Martín, entre la pescadería y la filmoteca...
...Volví minutos más tarde para tirar unos papeles y la maleta ya no estaba...

...Llevo varios días preguntándome quién se la llevó, dónde estarán ahora la maleta, los juguetes, los carteles de las películas: los imagino en una pared de alguien que recibe a un amigo, quién sabe si son los carteles de dos películas que en su momento marcaron al tipo que se llevó la maleta, y al encontrárela en el punto de reciclaje lo vio como una señal de algo...
...No sé, le doy vueltas y pienso que la historia de esa maleta y de los objetos que tenía dentro, continúa, aunque nos hayamos separado para siempre después de tanto tiempo...

Miguel Ángel Maya
Madrid, 29 septiembre 2010

13 comentarios:

Arruillo dijo...

Las maletas son como la vida misma: una caja de sorpresas. En mis tiempos de mili, al buscar mi petate en un autobús de reclutas, que me traía de casa, había desaparecido, así que ni corto ni perezoso, cogí el que más abultaba de los que iban quedando y me fui con él al hombro. Ya no recuerdo si perdí o gané con el cambio, pero esa era la vida...de la mili.
Un saludo

R. dijo...

Me encantan este tipo de historias.
Y las maletas viejas como la de la foto :)
dónde estás!!!?
Un besazo.

Ra dijo...

Pagaría por ver la cara de quien la cogió :)

Penélope Sierra dijo...

Miguel Angel

Me gusta la historia y como lo cuentas. Tantas vidas en una y que ahora pasa a otra para vivir más historias.

Es como una prolongación de tu propia vida, la herencia que has dejado a la calle del mundo, al mundo que se mueve y nos lleva de un lado a otro.

Tú eres una vida en movimiento, como la maleta verde, como tus propias emociones.

Que sigan viajando!

Miguel Ángel Maya dijo...

...Quién sabe si ganaste o perdiste, Arruillo, pero ¿no recuerdas algo de lo que encontraste dentro?...
...Un abrazo...

Miguel Ángel Maya dijo...

...A mí también me gustan esas historias, entre las que tú, por supuesto estás...
...Ayer, cuando leí tu comentario, estaba en Madrid, ahora estoy en Sevilla, mañana estaré en Madrid, cuando me detenga, aunque sólo sea un poco, te llamaré y estaremos hablando durante hoooooooooooooooooooras...
...Besos, abrazos, carantoñas, my sweet R...

Miguel Ángel Maya dijo...

...Ra, ¿pagamos a medias e investigamos?...
;-)

Miguel Ángel Maya dijo...

...Gracias, Penélope, es muy bonito lo que dices...
...Sí, estoy de acuerdo, esa maleta es como una herencia de historias...
...Besos...

R. dijo...

Quindi...

espero tu llamada!!!!!! lo hago!

Viola Tricolor dijo...

me ha encantado esta historia de la maleta, es genial, nunca se me hubiera ocurrido hacer algo así. más genial hubiera sido encontrarsela aunque creo que yo nunca la hubiera cogido, me dan miedo las maletas cerradas, no sabría que tiene dentro. La pena es no tener una foto de tu maleta verde. seguiré por aquí viendo que tal te va tu nueva aventura :) muchos besos.

evamarín dijo...

Era un viernes por la noche y habíamos cenado sopa de miso. Lo digo porque a mí la sopa de miso me reconcilia con el mundo casi tanto como la de fideos de mi madre. Yo acababa de llegar a Madrid para pasar el fin de semana en casa de una amiga. Ella vivía en el Barrio de Salamanca, Díez Porlier frente al mercado que luego derribaron. Salimos del restaurante japonés con las mejillas encendidas, muy candycandy. Apenas había gente por la calle, pero eso no era extraño en aquel barrio en las horas en que vive las personas normales, para eso era un barrio residencial. De repente, al doblar Ayala nos encontramos una maleta verde- no invento, de verdad- sin pegatinas, setentera, con el asa negra muy rígida en un contenedor. Las dos reparamos en ella sin decirnos nada. Era una maleta que parecía haber sido de un funcionario de la Sociedad de Naciones, pulcra pero elegante. La cogimos. Mi amiga dijo que era perfecta para su salón. Pesaba mucho y la arrastrábamos las dos hacia su casa cuando encontramos la otra: de cuero acartonado, marrón chocolate, cubierta de etiquetas de hoteles de los años veinte y medio abierta. Su dueño debía haber sido amigo de Scott Fitzgerald. Miré en el contenedor por si encontrábamos un salacot: no sé por qué esperaba ver uno así al lado de ella.
Mi amiga dijo que aquello era increíble: dos maletas así, a la deriva, quién sabe qué historias guardarían. Casi dábamos salto cuando pensamos que tal vez fuera una broma de alguien. Miramos a nuestro alrededor por si había una cámara oculta. No había ni gatos en el barrio así que decidimos cogerla y quedárnoslas en recuerdo de esa noche (maleta de miso?). La primera la abrimos al llegar a su portal: estaba llena de apuntes y esquemas. Yo supuse que era de un opositor y me entró tristeza. Le imaginé tirando allí sus años de fotocopiadora. Harto de flexo y soledad. Me asusté y le pedí que pasáramos del sorteo, que si no le importara que me diera la otra, la más ligera. Arrugó un poco la nariz pero accedió. Las limpiamos con alcohol y estuvieron presidiendo las conversaciones del fin de semana. Me volví con mi maleta a casa entre mis piernas y el asiento de delante del autobús.
No sé nada de mi amiga desde hace tres años. Entonces soñaba con dar un giro a su vida y a través de amigos comunes, sé que con voluntad lo consiguió. Yo también tenía grandes proyectos aquella noche. Iba a dejar mi ciudad, a cambiar de trabajo, a...siguen durmiendo dentro de esa maleta.
Hoy al ver la fotografía he dado un salto y al leerte, he pensado en cuando de pequeños jugábamos a las carreras de relevos. Tal vez con algunos objetos hacemos lo mismo: dejarlos para que otros los llenen de vida. Objetos-maleta, objetos-carreteras, objetos-aeropuertos.
Gracias por la historia y disculpa la larguísima intromisión.
Un abrazo
eva

Miguel Ángel Maya dijo...

...Sí, Violeta: lo cierto es que uno encuentra lo que busca, o eso dicen...
...Quién sabe si en la esquina perdida y borrosa de cualquier foto aparece esa maleta verde (jijiji)...
...Mi nueva aventura, en realidad, es la aventura de siempre...
...Un abrazo...

Miguel Ángel Maya dijo...

...Eva, gracias por tu larguísima entromisión y por la historia. Me ha encantado de verdad...
...Sí, es interesante lo de los relevos, me has hecho pensar...
...Un abrazo...