domingo, 5 de septiembre de 2010

OLD OR SEXY


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...Ahora estoy en medio del torbellino de cambios que me circundan: visito pisos vacíos, por ejemplo; miro el calendario para cuadrar o conjurar fechas claves; trato de hacer el equilibrista entre dos ciudades, nada menos; y le doy vueltas a las ideas o las bombas que van minando mi insomnio hasta que suena el despertador y empieza a rodar el tiempo y el espacio bajo mis pies...







...Cuando estoy así, mis neuronas suelen entrechocar entre sí, y suelen ponerse a carburar o a elaborar rudimentarios discursos estéticos que mi falta de destreza lógica me impide transcribir como el intelectual que nunca seré. A pesar de mis muchos años de filosofía, de mi estrambótica tesi di laurea sobre Schoenberg y el concepto de Movimiento dedicada a la memoria de Frank Zappa, no sirvo para los discursos lógicos: las palabras razonables o razonadas que salen de mi boca terminan en un patético hundimiento o en unos pobres fuegos artificiales de fiesta de pueblo...





...Es en estos momentos cuando más ideas se me vienen a la cabeza: la mayoría no pasan de simples ocurrencias, pero generalmente conviene tener un lápiz o un piano a mano, por lo que pudiera pasar. A veces pasa “algo”, y es importante ir armado...

...Tengo muchas cosas que decir y voy armado. Hoy, quiero decir: hoy tengo muchas cosas que decir y hoy voy armado. No es lo habitual, por eso soy inofensivo. Estoy resfriado y un poco tengo ganas de llorar por el torbellino que me circunda, de modo que las voy a decir como quien lanza los dados de una partida en la que se juega algo o mucho...





...Cuando murió Fogwill, un periódico me pidió que escribiera algo sobre él: querían tener el texto en la recámara por si la necrológica del que de verdad sabía de Fogwill no llegaba a tiempo. Yo escribí esto, que no se publicó, porque aunque el texto del que de verdad sabía de Fogwill nunca llegó, pero al parecer había más necrológicas en la recámara además de la mía, y publicaron otra. La mía era ésta:

Supongo que los cínicos y las ovejas negras comparten un buen porcentaje de carga genética. Anoche murió en Buenos Aires Fogwill, la oveja negra más famosa de las letras argentinas, después de sesenta y nueve años de provocación y varias obras maestras: sólo por Los pichiciegos y por Muchacha Punk merece la pena que decidiera ponerse a escribir lo que se le pasaba por esa cabeza bizarra. Mitad personaje, mitad autor, se movía hábilmente entre los márgenes del folio y el ojo del huracán. Se enfrentó a escritores o a críticos sólo por joder, o para corregirles los signos de puntuación a las críticas, o vaya usted a saber para impresionar a qué mujeres o a qué clase de mujeres. Fue francotirador, out sider, sociólogo, publicista, mosca cojonera, incordio de los biempensantes literarios, de los grupillos o grupúsculos, del lumpen intelectual del habla hispana, de los premios literarios y las becas internacionales detrás de los que corría cuando era joven y de los que se cansó cuando se dio cuenta de que había formas más fáciles y productivas de financiar sus adicciones que la literatura. Se hacía pasar por loco, porque sólo los locos dicen lo que quieren, y sólo los que dicen lo que quieren controlan los medios que dictan lo que conviene decir y lo que no. Fue prodigioso con la calculadora de números y dinero, y también en el cálculo de la imagen que quería proyectar, pero más lo fue juntando palabras, a veces elegantes y casi siempre impertinentes. Escribir, decía, no era encontrar la palabra justa, sino hacerle creer al lector que la palabra que el autor había puesto ahí, tenía que ir justamente ahí.

Los mitos argentinos suelen tener cierta querencia por lanzarse al vacío: algunos, como Salvador Benesdra, acaban estampados sobre el pavimento del barrio bonaerense de Balvanera después de un vuelo desde un piso cuarenta; otros, como Charly García, terminan en la piscina de un hotel cagándose de la risa.
Fogwill, que se lo bebió, fumó y aspiró todo, terminó dejándose ganar por un enfisema pulmonar que se conoce que no sabía mucho de genios cínicos ni de letras argentinas huérfanas o esas cosas que ahora dirán los meapilas que pidan su beatificación. Escribió lo que quiso, o al menos fue lo que nos hizo creer, porque no tenía que ganarse el pan con la literatura, ni la fidelidad de un crítico o la adulación de un soplagaitas. Ganó mucho dinero. Perdió casi todo el dinero que ganó entre empresas imposibles y vicios caros. Fue capaz de llamar ciego a Borges o negar la existencia de Macri, el dueño de Boca y de Buenos Aires, en cuya agencia trabajó como publicista. Contó el infierno de Malvinas en pocas horas, con una máquina de escribir y con doce gramos de coca entre su nariz, sus dedos y sus ansias, cuando los pichiciegos cachorros que los militares argentinos mandaron a aquel matadero todavía no habían ni regresado, y después de que su madre le dijera, ilusionada: “hundimos un barco” y de imaginarse a miles de ingleses violetas flotando sobre aquellas aguas heladas.

Fogwill decía que la literatura argentina ya no tenía futuro, no porque ya no escribieran Borges o Cortázar o se hubieran ido callando esas vacas sagradas que él nunca reverenció, sino porque los jóvenes se empeñaban en escribir cosas como “alzó los hombros sin saber qué responder”. “Cuando uno escribe eso”, decía, “estamos perdidos”.
Ahora que se ha ido él, no sé si perdidos, pero jodidos y mudos sí que nos hemos quedado. Ahora, no seré yo quien alce los hombros sin saber qué responder (o al menos no seré yo quien lo escriba, ¡glub!).






...Yo no sé de casi nada en profundidad: tengo lagunas literarias alarmantes para alguien que se supone que quiere dedicarse a esto, pero el reverso es que he leído libros imposibles, conozco a autores que a mí me parecen luminosos de los que la mayoría no ha oído hablar nunca, y es como si tuviera un pequeño santuario de músicos y escritores, que forman parte de una intimidad, tal vez hecha a medida, tal vez falsa, como todos los juegos que nos inventamos y a los que ponemos reglas...





...Con esto quiero decir que yo no sé nada de Fogwill, y si lo adoraba era por esos detalles de su literatura que yo adoro encontrar en un libro, es esa sensación de encontrar un entramado literario distinto, “nuevo”, ésa es la palabra: nuevo. La tarde que devoré Los pichiciegos, en Buenos Aires, encontré algo que hizo que se me cayera la baba mientras murmuraba entre dientes: “qué hijo de puta este Fog”: hay un momento del libro en el que, uno de los pichiciegos, le pregunta al narrador por qué está siempre hablándole a la grabadora. Hasta ese momento yo me había preguntado varias veces cómo hacía el narrador para “escribir” todo eso en aquellas condiciones infames. Cuando escribo, y alguien narra, suelo preguntarme siempre desde dónde narra, cómo narra desde el punto de vista material: si lo escribe, si lo piensa, si lo habla, porque es algo que me parece crucial. ¿Cómo alguien escribe en primera persona en una selva, por ejemplo? ¿Cómo es posible escribir en primera persona si soy un narrador perdido en la selva? ¿De dónde saca uno papel y lapiz si está tratando de sobrevivir? ¿Cómo es posible que las palabras que salen de la boca de un tipo perdido en la selva terminen en el libro que tengo en mis manos?...

...Sólo a un psicópata o a un maestro se le ocurriría no dejar ni siquiera ese cabo suelto en la narración de los pichiciegos, sólo a un tipo genial se le ocurriría pensar en cómo resolver el hecho de que exista un manuscrito que narre lo que está sucediendo en Malvinas, cuando muchos de esos pichiciegos ni siquiera regresaban: de pronto, sin decir una sola palabra sobre eso, Los pichiciegos se convertía en la historia de ese objeto: la grabadora, y toda la historia gravitaba sobre aquella infame guerra y sobre esa grabadora que logró provocarme un desasosiego extraño: temía que se le agotaran las pilas y no poder seguir leyendo...
...¿No es maravilloso?...



2





...En estos días estoy leyendo cosas sobre el número de octubre de Granta, donde aparecerán los 22 escritores nacidos a partir de 1975 que, según la revista, van a ser más influyentes en los próximos años, van a “mover” o “agitar” la literatura en español. Particularmente interesante me parece la entrada que hizo en su blog Javier Calvo hace unos días. Ha habido otras: la de Iván Thays, o la de Sergi Bellver (cuya lista incluye a dos narradoras que son mi debilidad: Lara Moreno y Sara Mesa)...

...Yo mandé mis Últimas 2 horas y 58 minutos a la Editorial Duomo para participar, lo hice como quien le manda un paquete a un amigo. Supongo que desde fuera puede parecer hasta tierno. Fui a Lengua de Trapo, saludé a Fernando y le pedí un ejemplar de mi única novela publicada, nos tomamos un café y esa misma tarde él se fue a Buenos Aires y yo me fui a correos. Ya por abril tenía dos novelas terminadas en la recámara: Cabaret en las tripas del difunto y Memorias de una fiera. Cabaret en las tripas del difunto es lo mejor que he escrito nunca, me refiero a la propuesta literaria, al discurso literario, a la apuesta inmensa que es. Supongo que está feo que esto lo diga yo, pero las frenéticas, enfermizas e insistentes correcciones de mis manuscritos se deben a una mezcla de inseguridad y autoexigencia letales. Si no le diera tantas vueltas a las cosas quizás tendría dos novelas más publicadas, dando vueltas por ahí, de mano en mano, con lo estimulante que es eso, pero se trata de una cuestión de honestidad: dos novelas ya son dos puntos sobre los que se puede trazar una línea y sacar algunas conclusiones. Y esa línea no puede construírse sobre los cimientos de un bluff o sobre una impostura, y mucho menos sobre dos obras muy deficitarias entre lo que desean decir y lo que dicen...





...Yo no estaré en la selección de Granta: por otra parte supongo que los escritores que están ya lo saben. Y no estaré en ella porque nada de lo que he hecho (literariamente hablando) merece que yo esté ahí: desde escribir así Últimas 2 horas y 58 minutos, (el discurso literario, la propuesta literaria, la carne que pongo en ese asador,) porque no sólo hace falta ser honesto con un discurso, sino es crucial que ese discurso sea deslumbrante, sea distinto, único, y el de Últimas 2 horas y 58 minutos no lo es, no no lo es del todo; hasta mandar el paquete así, dobladito de forma tan amateur, con mi biobibliografía dentro, sabiendo que va a tener que abrirse paso entre un enjambre de agentes, editoriales, egos y sobre todo, manuscritos que de verdad contienen ideas o estructuras que van a mover los cimientos de lo que ha pasado literariamente hasta ahora...





...A la larga yo creo que cuando puedan trazarse líneas entre varios puntos (novelas, cuentos, híbridos, guiones, cómics, poiesis en definitiva) de todo lo que haya publicado, creo que se va a ver algo interesante. No sé si moverá cimientos o derribará puertas, pero tendrá su lugar, su espacio, será más o menos poderoso, descarado, irreverente, pero estará ahí y será reconocible, habrá gente que lo comparta y gente que lo denigre, y tendrá sus fallas y sus fisuras, pero podrá tocarse, verse, o incluso podrá disparársele...
...En el hasta ahora único ejemplo que se puede tomar de mi discurso literario (Últimas 2 horas y 58 minutos), o uno pone mucho de su parte, o probablemente no encontrará casi nada de eso: tal vez algo, muy poco, y demasiado camuflado con otras cosas desdeñables como para tener lo otro en cuenta...




...En Cabaret en las tripas del difunto se puede ver de forma más clara por dónde va a ir ese discurso: el blog es todavía un soporte rudimentario, yo quiero otra cosa, busco otra cosa, pero por ahí voy a transitar: probablemente el libro digital va a permitir potencialmente el desarrollo de esos discursos que, a la larga formarán parte de mis novelas futuras (si es que existen), sin sacarle todavía el jugo. Por el mapa estructural que llevo trazando desde hace años, probablemente Criminalmente bella sí forme ya parte de ese discurso: el guión de cine o el cómic que pueden leerse en Cabaret en las tripas del difunto forma todavía parte de un mundo algo antiguo; pero las distintas composiciones musicales (que se podrán escuchar) o los falsos documentales que hay que guionizar y producir sí formará parte de un discurso que sí se acerca a lo que yo pretendo decirle al mundo...




...Esto que trato de escribir forma parte de un discurso más profundo: uno es lo que hace, en el sentido de poiesis: el poeta griego no escribía sin más, sino que hacía, creaba algo, hacía algo que demostraba quién era, qué buscaba, qué ofrecía, qué quería de la vida...
...Las frustraciones constantes en muchos escritores, o guionistas, o músicos parten de ahí: tengo ideas cojonudas que el universo no puede perderse, ¿cómo es que el universo es tan ciego de no verlas? La mayoría de las veces dirigen improperios al universo ciego en vez de cuestionarse si las ideas que tienen son tan cojonudas como para que el mundo no se las pierda, o incluso, si siendo así, se identifica lo que uno quería decir con lo que dice...





...En resumen, yo no seré uno de esos escritores de Granta porque no he hecho nada para estar ahí, lo que yo he ofrecido es muy poco: Últimas 2 horas y 58 minutos es muy poco para mover el mundo, es insignificante. Cuando tenga la habilidad de subir la apuesta, ya hablaremos, mientras tanto, le digo al tipo que hay al otro lado del espejo eso de: “mantente agazapado, sigue labrando la tierra, no sueltes la presa, escribe, maldito, haz, tecla a tecla, palabra a palabra, nota a nota, haz algo, estúpido”...

...Mi tentación, ya que decidí mandar a Duomo mi único libro publicado en vez del manuscrito de Cabaret en las tripas del difunto, que todavía estaba manga por hombro, fue escribirles una carta explicándoles que mi discurso literario del futuro iba a ser la hostia, pero hacer algo así no es elegante: Bogart nunca haría eso...

...Por otra parte, nadie me asegura que, incluso llevando a cabo todo lo que, según escribo ahora, será constitutivo de mi discurso futuro (el rodaje de falsos documentales, de películas, de fotografías con escenas de crímenes, el sonido orquestal de las obras de Edgar Torres que se mencionan en la novela), no va a ver una falla entre la realidad y el deseo: lo que yo quería contar y lo que terminé contando...



3




...El problema, mi problema, es que demasiadas cosas me suenan a viejo. No es un problema de edad (Granta pone el límite en los 35 años), la propuesta literaria de Fogwill me parecía viva, novedosa, móvil, inquieta, irreverente, difícil. Salvador Benesdra (otra de mis debilidades) se lanzó al vacío cuando rondaba los cincuenta...
...Hace algunos años, un domingo, fui a casa de Lara, que además de ser una debilidad es una amiga, que entonces trabajaba cribando libros para Planeta, y estaba en un colchón, rodeada de manuscritos que más podrían calificarse de mamotretos: novelas que transitaban, una tras otra, caminos miles de veces recorrido, novelas con propuestas literarias no sólo insípidas, sino decididamente secas, tristes. Supongo que eso es lo que busca Planeta, pero a mí, como lector, me suena a camino trillado, a repetición insulsa de un discurso manido, demasiado gris, demasiado cómodo para el escritor y tramposo para el lector...




...No sé, cuando leí Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac, que fue un libro que no me gustó particularmente, al menos le agradecí que dijera las cosas de otra manera y por eso sentí que me atraía; cuando leí Llámame Brooklyn, de Eduardo Lago, me pasó algo parecido: Pola tiene mi edad y Eduardo podría ser mi padre, pero ambos buscan cómo decir algo de otra manera...

...Cuando salió Últimas 2 horas y 58 minutos, Lino Portela me hizo una entrevista para El País: una de las preguntas fue: “La nocilla, ¿te gusta?”. Y sí, me gusta la nocilla, o al menos veo con interés lo que hace Fernández Mallo y algunos de los suyos, pero fue una pregunta que me hizo pensar: “es curioso, el Grupo Santillana acaba de descubrir la nocilla, y parece que eso es lo más nuevo que se está haciendo ahora, porque es aquello sobre lo que ellos están apostando, sin embargo hay gente nacida en los ochenta (o finales de los 70, como yo) o incluso en los 90, que, con todas las imperfecciones y los actos fallidos que se quieran, están poniéndose el mundo por montera, comiéndonos por sopa." Nunca me gustó eso de matar al padre, ni nada por el estilo, pero es sorprendente cómo los grandes grupos, los grandes entramados que se supone que mueven las cosas, llegan tan tarde a las cosas...




...Esta mañana leía esto en el artículo de J.J. Armas Marcelo en el ABC de las letras:

En los tiempos legendarios del Felipismo, M.P. y Cristina Scaglione hacían unas fiestas dignas de las novelas de Piglia. En una de ellas estaba invitado a cantar tangos Carlos Acuña, de quien se decía (esa es la leyenda) que era el novio no tan secreto de Pilar Franco, la hermana “verso suelto” del Ubicuo. Acuña entró en la casa del barrio de la Estrella de los M.P. y preguntó quién era Vargas Llosa. “Yo mismo”, contestó Oneto. Por extraño que parezca, el tanguista y el periodista se parecen físicamente y, desde entonces, los he confundido muchas veces. Luego llegó Vargas Llosa a aquella fiesta y Oneto se lo presentó a Acuña como si fuera el periodista José Oneto. La broma siguió hasta el final. A los postres, Joaquín Leguina le servía cucharaditas de caviar Beluga a Charo López, Mercedes Sosa comían sin parar salmón ahimado del Canadá en la cocina de la casa, y M.P. meditaba sobre la traición con un trago en la mano y fumando incesantemente en el patio que llamábamos la “M-30”. ¡Eso eran fiestas!



...Si a mí me produce un sentimiento mezcla de rubor, vergüenza ajena, tristeza y olor a naftalina, no puedo evitar pensar qué sentirá, por ejemplo, Luna Miguel, que está en otro mundo y escribe (muy pero que muy bien) desde otra parte, al leer semejante despropósito tan dinosáurico y tan anciano, tan de puro y soberano, tan grimoso, tan de otro tiempo cultural lejano, cuando las editoriales gerontocráticas regidas por gente de puro y soberano todavía marcaban el paso y a las pequeñas editoriales llenas de entusiasmo no les quedaba casi aire...
...Hoy no es así, y lo más interesante se hace al margen de esas fiestas que añora Armas Marcelo, en las que uno podía toparse con esa escena terrible: Mercedes Sosa engullendo un salmón en la cocina, o encontrarse con esos señores de traje que cuando escriben un libro de memorias o de actualidad política se retratan en la contraportada del libro sujetándose la cara...




...Lo de Ricardo Piglia, además, es sintomático: en los dos suplementos culturales (El País y ABC) se destaca el evento: Blanco nocturno. De él sólo he leído Prisión perpetua, y sólo me consta que es uno de los grandes por terceras personas de cuyo gusto me fío. Ahora bien, la carta que escribió en su defensa después de haber sido condenado no sólo carece de la más mínima elegancia, sino que es mezquina y se descalifica por sí sola, sobre todo cuando llama Danieri a Gustavo Nielsen. No sé, igual soy injusto, pero sin ponerle un solo pero a la literatura de Piglia, me da la sensación de que alquien que escribe una carta tan mezquina contra un tipo que le ha ganado un juicio no se merece tantas palmadas en la espalda, por muy bien que escriba. No sé, esto es cosa mía...
...Aquí se cuenta un poco la historia, en la que, curiosamente, quien está para quitarse el sombrero es el Señor Fogwill...

...Armas Marcelo termina así su alabanza de Piglia:

Vuelvo a Piglia. Tengo para mí que es, en estos momentos, uno de los más exigentes novelistas de la literatura en lengua española. Experto en lunfardo y tangos, no abusa de sus conocimientos y sólo apabulla como escritor porque lo ha leído todo y todo aparece transparentado en cada novela. Lo hecho de menos cuando veo a tantos escritores mediocres escribiendo y diciendo mamarrachadas en sus blogs.




...Yo soy, supongo, uno de esos escritores mediocres de los que habla Armas Marcelo: tengo un blog y nunca me encontré en a Mercedes Sosa devorando un salmón en una cocina (ni siquiera pescando un salmón en un río) o a un tipo con iniciales (debe de ser muy importante), un Gepunto, “reflexionando sobre la traición con un trago en la mano”. Me perdí esas fiestas que seguro eran un no parar...
...Mi pregunta es: si no tuviera un blog ¿seguiría siendo mediocre?...




...Hace unos meses quedé con Alberto Olmos para pedirle que me cediera los derechos para adaptar su Tatami al cine, para escribir un guión a partir de su novela. Estuvimos toda la tarde hablando y, cuando volvíamos a casa me dijo algo que me ha dado mucho que pensar: muchas veces el hecho de que uno sea escritor depende de que a un editor le guste tu discurso, tu propuesta, lo que tienes que decir...
...Quizás hoy en día son las editoriales pequeñas y sexys las que están dinamitando el sistema desde dentro, o quizás sea solo una ilusión óptica, y yo sea un simple iluso...
...Pero eso es, como casi siempre, otra historia...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 5 de septiembre, 2010

10 comentarios:

kika... dijo...

Me gustaría poder hablar así de lo que escribo. Pero me cuesta. Hablar de lo que escribo, en general. No sé, es raro.

Si no tuvieras un blog, seguirías siendo de lo más interesante. De mediocre, nada, aunque estoy de acuerdo contigo en que la cosa esta de la blogosfera está llena de cosas mediocres, creo que porque está llena de cosas, sin más.

Y me consuela pensar que te conocería de todas formas. Aunque no tuvieras un blog, quiero decir.

un beso,
K

Irene dijo...

Eso ha sonado bonito. Bonito y alagador.

Gracias!

Miguel Ángel Maya dijo...

...Muchas gracias, Kika. Yo, cuando hablo de lo que escribo, suelo arrepentirme, pero es un impulso que no puede con mi pudor de pornógrafo. Lo de que la blogosfera está llena de cosas mediocres lo piensa Armas Marcelo: yo, en cambio, no lo pienso así, al contrario, a veces encuentro perlas. La lista de blogs que tengo a la derecha son un ejemplo...
...Un beso...

Miguel Ángel Maya dijo...

...Thanks, Irene...

Penélope Sierra dijo...

Fantástico post, y las catrinas de Posadas, ay que recuerdos!

Un abrazo desde la Vida es un Volado

Miguel Ángel Maya dijo...

...Otro abrazo para ti, Penélope...

kika... dijo...

Estamos de acuerdo en que hay mucho, y entre lo mucho, hay mucho bueno también.

Y gracias por la parte que me toca.

besos!

kika... dijo...

Me ENCANTA estar justo delante de Kiko Veneno, por cierto...

Miguel Ángel Maya dijo...

...De nada, Kika, por la parte que te toca, en cuanto a lo de estar delante de Kiko Veneno, es gracias al azar del alfabeto o a las leyes de la fonética. Aquí entre nos, me gusta más tu blog que el suyo jijiji...

kika... dijo...

;) (gracias)