domingo, 14 de febrero de 2010

Sólo quería verte bailar



Torra immoi
ca is pilus funt ancora
neddus che-i sa notti (...)
Torra immoi
m'as'agatai trasparenti
baddend'a luxi 'e luna.


Ritorna adesso
che i capelli sono ancora
neri come la notte (...)
Ritorna adesso
mi ritroverai trasparente
ballando al chiaro di luna.

Mariagrazia Dessì, "Torra immoi"




...Las nubes acuarelosas difuminan la luna en el cielo, tengo los ojos rojos, estoy cansado y despierto, suena Bill Evans, suave, como un secreto delicado de esos que se parecen tanto a un gato restregándose somnoliento por entre las piernas de los comensales. Como esos secretos que siempre están ahí sin terminar de desperezarse, de desesperarse...
...La misma cosquilla de unos bigotes de gato, la misma música, la misma luna, las mismas ganas de que te volvieras y volvieras a mirarme, volvieras a verme bailando en el claro de luna...
...Las mismas historias que me contabas, sudorosa, después de bailar, mientras yo soñaba contigo aunque te tuviera enfrente...
...Qué cosas tenía yo cuando no sabía lo que era el jazz...




...Iba en el autobús mirando por la ventana el camino que tantas veces hice para ir al centro cuando casi nada existía de esta forma en que existe ahora, ni siquiera yo. Sonaba la música y veía pasar la ciudad como una fantasía, como un recuerdo de quien yo era hace años, cuando miraba la ciudad por la ventana con los mismos ojos, la misma piel, la lluvia salpicando la imagen, y sin música...
...Se subió una chica de la que recuerdo, alguna vez, su mirada, o un pequeño y casi imperceptible roce en la yema de los dedos, y se bajó exactamente en la misma parada que se bajaba cuando yo la esperaba, y esperaba que nos agarráramos a la misma barra, y había ese leve roce, y se iba, y nos mirábamos...
...Esta vez no me vio, quiere decir que su mirada o la mía no son las mismas. Quién sabe cuántos segundos o minutos de su vida habrá ocupado en su cabecita ese roce fortuito de yemas de dedos entre la parada de Santa Clara y la del Corte Inglés de Nervión. Quién sabe si alguna vez ella esperó encontrarme en el autobús...
...De eso hablábamos esta noche en La Carbonería, otro sitio mítico, donde aprendí a beber moscatel, y veía taconear a una bailaora que ahora estará perdida en Tokio, o casada, o sola, o feliz, sin saber lo mucho que me estremecía cuando yo la miraba con estos mismos ojos rojos, pero con una mirada tan distinta, tan enamorada de quien no debía, tan ilusionada por todo, tan en llamas que parecía que alguien la había rociado con líquido inflamable...



...En Atocha, anoche, había una chica corriendo descalza, con los zapatos de tacón en la mano, porque perdía el tren a Barcelona. Es bonito ver bailes así: levantar la vista de El hombre que amaba los perros, levantar la vista de Ana se cruzó en mi camino en uno de esos momentos tan frecuentes, en que yo me balanceaba en el borde de un foso, y encontrarse con un movimiento de aire y una chica descalza que corre con unos zapatos de tacón en la mano, y que pierde el tren...
...Antes, en el bar de enfrente a la salida del AVE había visto a una chica sentada a una de las mesas, piernas cruzadas, abrigo negro, vaqueros, botas, leyendo un libro, con una cerveza olvidada a medio terminar...
...Es así como me imagino muchas veces a la lectora de un libro mío. Pocas veces imagino un lector. No sé por qué o tal vez no quiera saberlo. Le doy incluso un nombre, una voz, unas pupilas, y la imagino casi siempre así, en una mesa de café, mientras afuera llueve, y tiene un abrigo rojo, y un bolso caótico, y está algo despeinada, y una cerveza a medio terminar, o un café...
...Casi nunca me la imagino bailando, aunque me moriría por ve bailar a mi lectora, me encantaría saber dónde yace el libro, qué fue de él, junto a qué otros libros está, si es querido o no, si de sus labios salió un tienes que leerlo que cayó en los oidos de su mejor amigo o dibujaron una mueca de hastío mientras pasaba páginas con desgana...
...Me gustaría conocer esas otras danzas, esa otra música que empieza cuando se termina la historia...
...Me gustaría sentarme al piano y poner a bailar las manos, me gustaría tocar el piano para que tú bailaras, para que nos viéramos bailar cada uno su baile...

...Bueno, antes pensaba mucho en el final de las historias, el comienzo de las historias estaba siempre ahí, como un suicida en una cornisa o como una ola inesperada que suaviza el castillo de arena hasta que el castillo se convierte en un bultito anécdótico. Lo mismo pasa con los castillos en el aire. Pero el final de las historias tenía siempre algo de dolor, algo de felicidad, algo de incertidumbre...
...Ahora pienso mucho en quiénes somos cuando volvemos a encontrarnos, y al abrazo le sigue un olisquearse como perros, un mirar al fondo de las pupilas para ver si está ahí el bultito de fango donde antes hubo un castillo de arena, y muchas, muchas olas, muchas mareas bailando al son de la luna, con su música de trompetista invisible, de pianista náufrago, al compás de los ciclos, de los flujos, de los astros...
...Cómo nos miramos cuando queremos olernos y besarnos después de habernos encontrado...



INT. RICK'S / MESA DE LASZLO - NOCHE
Sam lleva su pequeño piano con ruedas hasta la mesa de Laszlo. Percibimos en su rostro un extraño miedo. Tampoco Ilsa consigue mostrarse todo lo tranquila que quisiera. En la armófera flota un algo misterioso, un sentimiento profundo...
ILSA
Hola, Sam.
SAM
Hola, señorita. No esperaba verla de nuevo.
ILSA
Ha pasado el tiempo.
SAM
Es verdad. Ha pasado mucha agua bajo el puente.
Se sienta al piano y se dispone a tocar.
ILSA
Toca mi vieja canción.
SAM
Sí, señorita.
Sam comienza a tocar una canción; está nervioso, como esperando que algo vaya a suceder en cualquier momento...
ILSA
¿Dónde está Rick?
SAM
(eludiendo la preguna)
No sé, no lo he visto en toda la noche.
Ilsa esboza una irónica sonrisa. Vemos a Sam muy nervioso.
ILSA
¿Cuándo volverá?
SAM
No volverá esta noche; se fue a casa.
ILSA
¿Siempre se marcha tan pronto?
SAM
No, nunca... Bueno...
(incapaz de salir de la situación)
Tiene una chica en "El Loro Azul", va por allí a menudo.
ILSA
Mentías mucho mejor antes.
SAM
Déjele en paz, señorita. Usted le trae mala suerte.
ILSA
(con dulzura)
Tócala, Sam. Déjame recordar.
SAM.
No sé a lo que se refiere.
ILSA
Tócala, Sam. Toca "As time goes by".
SAM
Se me ha olvidado esa canción. No recuerdo la melodía.
Por supuesto que no se le ha olvidado; simplemente no quiere. El miedo de Sam va en aumento.
ILSA
Te la recordaré.
La tararea. Sam comienza a tocarla muy débilmente.
ILSA
(sigue)
Cántala, Sam.
Y Sam comienza a cantarla.
SAM
"You must remember this; a kiss is just a kiss; a sight is just a sight; the fundamental things apply as time goes by. And when two lovers woo; they still say I love you; on that you can rely; no matter what the future brings; as time goes by".
La puerta de la sala de juego se abre. Rich ha oído la canción y se dirige furioso hacia el piano.
RICK
¡Sam! Te había dicho que nunca volvieras a...
Rick se para en seco. Sam deja de tocar; con su mirada le indica la presencia de Ilsa. Ilsa, sin necesidad de girarse sabe a quién se va a encontrar. Se da la vuelta despacio. Apenas respira. Rich no respira nada en absoluto; es como si le hubiera dado una sacudida, un shock. Durante un largo instante, lo único que hace Rick es mirarla. Se puede adivinar lo que está pensando. Con los ojos clavados en ella, continúa andando hacia el pino. Ella le mira fijamente. Sam está sencillamente aterrorizado; pone el taburete sobre el piano y se marcha corriendo. Ilsa ni siquiera lo advierte; sigue mirando a Rick.




...Sólo verte bailar, como un enemigo que duerme, inofensivo, abrazado a quien fuiste o fui o fuimos sin la más mínima esperanza en lo que seremos. Sólo verte bailar lo que tú no querías, sin luna, sin secretos, sin noche, sin trampa, ni cartón, ni perro ni lobo que nos ladre...
...Ni siquiera querría que volvieras ahora, que suena Bill Evans, y estoy cansado y despierto...
...O sí...



Miguel Ángel Maya
Sevilla, 13 a 14 febrero 2010

16 comentarios:

Isabel Martínez dijo...

Pues qué te voy a decir... Después del "Tócala otra vez, Sam", de "El tiempo pasará" fluyendo en las ondas, del marquito rojo con Cortázar (que de cachivache materno pasará a insignia), poco puedo agregar si no es la emoción que me embarga y apenas acertaría a transmitirte, Miguel Ángel.
Gracias por esta entrada llena de hermosura. Sobre todo gracias por esos "recuerdos que están ahí sin terminar de desperezarse, de desesperarse".

Anónimo dijo...

Que susto me ha dado, bajando despacito para seguir leyendo, la foto de Cortázar....Uhiii...
D.

Media Verónica dijo...

dance me to the end of love

Arruillo dijo...

No suelo volver a entrar en un post en el que he dejado algún comentario. No es por nada en especial, es por necesidades de tiempo; no obstante en tú última entrada si que he leído lo que me respondes y a pesar de ello, pienso que tu blog va más allá de ese desahogo intimista, de ese contar las cosas como te pide el cuerpo. Es muy instructivo. Ya veo que eres forofo de Casablanca, película genial donde las haya, así que con el material que manejas y tu forma de manifestarte, no puede sino salir este blog tan singular.
Un saludo

Anita Leporina dijo...

Es otro mundo tu blog.

Y este post debe ser lo único rescatable de San Valentín.

Miguel Ángel Maya dijo...

...Gracias, Isabel...
...No sabía que la foto con marco de Cortázar era "un cachibache materno", si no te habría pedido permiso para utilizarla...
...La encontré en tu blog y me encantó, con su marco rojo. Quizás sí se convierte en insignia. Gracias atrasadas por habérmela prestado de tan buen grado y por tus palabras...
...Un abrazo...

Miguel Ángel Maya dijo...

...Hai il cuoricino troppo piccolo, D...
;-)

Miguel Ángel Maya dijo...

...Media Verónica, to the end of love?...
...Maybe too much for me...

Miguel Ángel Maya dijo...

...Arruillo, es un placer que alguien con tu sensibilidad (contrastada, demostrada, saboreada) piense que éste es un blog singular...
...En cuanto a lo de "Casablanca", bueno, sí, soy forofo de la película, lo que pasa es que últimamente por aquello de los cursos de guión y por necesidades de ficción, es una película que estoy trabajando mucho últimamente. De ahí que la tenga tan presente. Me llevé a Sevilla el guión, y como la entrada iba de reencuentros, me acordé de uno de los más maravillosos que yo conozco: Rick e Ilsa en el café. Y, claro, tuve que ponerlo..
...Un abrazo...

Miguel Ángel Maya dijo...

...Anita...
...Me encanta cuando dejas huellas de tu presencia, porque yo soy asiduo, hincha y fan de tu irreverencia, ironía, acidez, y me divierto muuuuucho y me río contigo, tus cosas y tus ocurrencias...
...La verdad es que no tenía nada que ver con San Valentín, tal vez por eso sea lo único rescatable de tan abominable fecha jajaja...
...Abrazos y guiños de ojos a mansalva...

lu dijo...

Qué me gusta esa escena de Casablanca. Sam deja de existir, y el bar, y todo, sólo están ellos dos volviéndose a encontrar.

Encargué tu libro y me han avisado de que ya está en la librería esperándome. Confío en terminar recomendándolo y no pasando las páginas con desgana, por lo que te leo aquí tengo mis expectativas.

Besos, Migue.

rebeca dijo...

Justo cuando tú escribías esta entrada, yo me leía tu libro. Lo cogí de la estantería, lo metí en uno de esos bolsos tan míos en los que podería meterme yo misma, me puse mi abrigo rojo, me acomodé en la esquina de una cafetería, me pedí un café y me leí las 135 páginas de la primera (o segunda) y de la segunda (o primera) parte del tirón. Durante poco más de dos horas estuve fuera del mundo... o más bien recorriendo el mundo (y tu biografía) a través de unas páginas que llegan casi tan hondo como lo hacen tus palabras en este blog. Sólo con leer el capítulo en que los personajes salen de los libros para cobrar vida habría bastado para compesar los dos meses en los que la editorial me tuvo pendiente de un envío que siempre se retrasaba.
Con la sonrisa en los labios que me produjo ver ese mail que esparaba en lugar del The End, volví a envolverme en mi abrigo rojo, deposité el libro en ese saco sin fondo que llevo por bolso y, de vuelta en casa, encendí el portátil y leí esta entrada. Y me alegré de encajar tanto en tu perfil de lectora como tú en el mío de escritor que deja huella.

Miguel Ángel Maya dijo...

...Lu, esa escena de reencuentro es brutal...
...En cuanto a lo del libro, glup (trago saliva), yo también espero que termines recomendándolo, pero la verdad es que me da un poco de miedo que alguien tenga expectativas, sobre todo de una lectora como tú, porque luego puede terminar desilusionando...
...Pero bueno, puede pasar. Igual te digo ya que es muy, muy diferente al carácter del blog (te estoy preparando el camino jajaja)...
...Gracias por venir por aquí...

Miguel Ángel Maya dijo...

...Bueno, Rebeca...
...La verdad es que me dejas sin palabras, por la coincidencia y por el comentario. Lo que dices es tan bonito como brutal. Me alegra que me haya imaginado a la lectora adecuada, y que encajes tan bien en lo que me imaginé, y para mí no te imaginas el placer de ser un "escritor que deja huella"...
...Lo he dicho muchas veces en este blog: siempre he tenido una relación mágica con los libros donde las casualidades han jugado un papel muy importante. Encontrarte un libro que uno andaba buscando durante años donde menos te lo esperas, leer un libro que parece que estuviera escrito para ti, cuando a uno le recomiendan un libro que le cambia la vida, o encuentra una frase subrayada, o una dedicatoria, no sé. Pequeñas cosas que uno siente en la intimidad con un libro, o en una librería, al ojearlo, no sé si me estoy explicando bien. Yo tengo miles de historias con los libros, y los más importantes que tengo en la estantería siempre tuvieron ese componente casual y mágico que los hace especiales, aunque sean libros desconocidos.
...Siempre, desde que era chico y escribía, pensé que no podía haber nada más maravilloso que sentir que uno es capaz de provocar esas pequeñas cosas con un libro. Cuando vi en la editorial las cajas con los ejemplares del libro lo primero que pensé fue: ojalá este libro sea capaz de provocar terremotos aunque sólo sea a unas cuantas personas, que forme parte de sus vidas de ese modo casual, como me gusta que los libros entren en la mía, sin avisar y quedándose para siempre. No sé. Fue lo primero que pensé, emocionado y, cuando Laura me escribió un email pidiéndome explicaciones porque yo había tenido la poca vergüenza de dar su email "públicamente", y me los reenvió, me di cuenta de que con unos cuantos lectores había vivido ese sueño (aun a costa del enfado de Laura, claro, que afortunadamente se le pasó cuando empezó a entrar en el juego)...
...Rebeca, muchas gracias por decirme estas cosas, no sabes lo importantes que son y la alegría que se me queda en el cuerpo, sobre todo si vienen de una lectora con abrigo rojo, bolso caótico y que ha leído el libro al fondo de una cafetería...
...Un abrazo enorme...

Anónimo dijo...

Busca, mira, lee la entrada a tu post Cracovia...Esta mañana me acordé de ti mientras tomaba un café y miraba por la ventana..una ventana "polaca" o "cracoviana"....Tu libro...

Miguel Ángel Maya dijo...

...Anónimo, he leído el comentario en la entrada de Cracovia. Me parecen alucinantes esas casualidades, de verdad. Tienes razón, tengo que ir a Cracovia. Es más, vosotros que sois el Cervantes, ¡podríais invitarme! jajaja...
...Estos últimos comentarios, sin duda, merecen una entrada aparte: estoy en ello...
...Un abrazo cervantino ;-)...