Mostrando entradas con la etiqueta sueños poderosos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sueños poderosos. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de noviembre de 2009

Manos vacías



Passerà anche questa stazione senza far male
Passerà questa pioggia sottile come passa il dolore
Fabrizio de Andrè





...Y sí, en un fundido en negro, en un guión de cine (ahora todo quiere ser guión de cine), una mujer en llamas y un hombre solo, con las manos vacías, con los pulmones vacíos, con el corazón saturado, como Marilyn Monroe diciéndole a su psiquiatra Ralph Greenson que quería desaparecer, en la pantalla o fuera de ella, daba igual, pero desaparecer, queriendo abrir las ventanas para que entren los tejados de los edificios que veo, distantes, lejanos, en este Madrid de cielo hepatítico y agrio, queriendo marcharme a Hiva Oa, dándole vueltas a todo el futuro, al presente, al pasado, masticando palabras, dichas, no dichas, apuntaladas, resquebrajadas, buscando todo lo que no está, lo que no se deja, lo que sé que es imposible, lo que me da un vuelco en el estómago, una puñalada trapera, todos los desencuentros que hacen aborrecer los desencuentros y los encuentros, porque basta meterlos en un mismo saco y que haya una mano inocente que los saque para convertirlo en un poema dadaísta, basta tener un poco de sed, basta tener hambre y una cama de hotel cualquiera, y un cuerpo, ahí, basta eso para que la carambola se produzca, para que prenda la mecha en algún sueño...



...Como un aullido fácil de lobo de telenovela barata me veo sacando la bandera blanca, me veo gritando un aullido insignificante, me veo yéndome con Alicia, que se hace el whisky destilando flores y que ni siquiera entrega su amor por amor sino por habérnoslo garantizado así de antemano. Y así es tan fácil como triste. Puede ser cansancio vulgar, pero puede ser también vulgar desilusión, o una lucha de gigantes para la que no estoy preparado. Cabaret en las tripas del difunto me vampiriza, me asedia, me deja sin un sólo gramo de energía, ocupa mi tiempo, mi espacio, mi insomnio, e incluso mis sueños: la tristeza de hoy viene de esa terrible pesadilla, ese terrible sueño poderoso que... y... Da igual, desde hace días siento a la muerte rondando y creo que es porque me empeño en hacer la autopsia de mis sentimientos, pero no quiero (o no puedo) darme cuenta de que para hacer una autopsia es condición indispensable que el cuerpo a diseccionar esté muerto, pero no aprendo, y siento que no puedo más...
...Y mientras tanto, ¿dónde estás tú?, digo, en qué estación de metro, en qué tierra ignota, en qué lejanía del ritmo de los días que pasan como quien mira al vacío y piensa que está mirando un muro de esos pintarrajeados que hay en las partes de atrás de los patios de los institutos...
...En medio del insomnio que ahora me tiene rendido, entregado, existen dos tipos de consuelo cuando las palabras dicen hasta aquí hemos llegado: uno es la triste impostura de la que huyo como alma que lleva el diablo y que se convierte en un viejo cuento triste y aburrido; el otro, que es mi consuelo cuando el tipo del espejo está a punto de llorar enfrente de mí, es saber que somos insignificantes y que seguiremos siéndolo, pero las ganas de llorar no se van: son como esas amantes incómodas que se empeñaron en quedarse a dormir después de un polvo triste, o peor aún, como cuando era yo ese amante que se quedaba a dormir (esa imagen de perro sumiso y esa ropa interior a los pies de la cama), y forzaba una cuerda alrededor de un cuello y seguía preguntándose dónde estaba todo...
...Qué insignificante ráfaga pero cuánto duele a veces...

P.D.
(y guiño para ti)


Miguel Ángel Maya
Madrid, 12 noviembre, 2009

sábado, 7 de noviembre de 2009

Noviembre y el otro lado del mundo


No soy quien escucha
ese trote llovido que atraviesa mis venas.

No soy quien se pasa la lengua entre los labios,
al sentir que la boca se me llena de arena.

No soy quien espera,
enredado en mis nervios,
que las horas me acerquen el alivio del sueño,
ni el que está con mis manos, de yeso enloquecido,
mirando, entre mis huesos, las áridas paredes.

No soy yo quien escribe estas palabras huérfanas.
Oliverio Girondo





...Ayer escribía con las manos frías y era noviembre. Tuve un sueño que tenía que ver con la película
Once; era uno de esos sueños poderosos que nos acompañan como una sombra pesada durante las primeras horas del día...

...Creo que ya escribí una vez que cuando era chico (unos cinco años) mis padres me llevaron a ver un eclipse de sol. Como para verlo nos pusimos delante los negativos de las fotografías, yo pensé que el eclipse era el negativo, y eso fue lo que yo estuve mirando durante el tiempo que la luna estuvo tapando el sol. A partir de ese día llamé eclipse a los negativos de fotos...

...Desde entonces tengo pasión por las latas de cine, por los negativos, por los fotogramas, por los eclipses... Por el otro lado del mundo, en general...




...Ahora un chico ha encontrado una película inédita de Chaplin en una lata que compró en e-bay... Yo creo que tiene que ser maravilloso encontrar los fotogramas de Chaplin en un zeppelín dentro de una caja. Tiene que ser maravilloso ese momento en que uno abre una caja y se encuentra unos eclipses y los pone a trasluz y ve a Chaplin moviéndose...

...Cuando era chico me pasaba el día delante del espejo: a veces imitaba a Charlot, porque decía que yo también quería ser director, productor, guionista, actor y compositor de mis películas. Porque decía que iba a hacer películas y me miraba en Chaplin. Me dibujaba un bigote con el lápiz de ojos de mi madre, y me enfadaba conmigo mismo porque no me quedaba realista, hasta el día que me di cuenta de que Groucho también lo tenía pintado. Y me reconfortó. Me pasaba el día interpretando películas que me decía que algún día tenía que escribir y rodar: recuerdo dos historias: la de un hombre minúsculo rodeado de gigantes, y la de un hombre que tenía en su cabeza una cáscara de nuez y una ciudad. Recuerdo que tenía más películas en mente, pero ahora no las recuerdo...

...También me miraba al espejo para mover los labios y decir palabras que no tuvieran que ver con el movimiento de mis labios: como en las películas dobladas, que a mí me fascinaban. Aprendía a hablar de ese modo y todavía hoy soy capaz de hablar así: los labios se mueven de un modo y mis palabras salen de mi boca sin nada que ver con los labios...

...Durante mucho tiempo esto fue una metáfora de mi vida: los labios tan desconcertados como descoordinados y hambrientos, y las palabras tan secas, tan frágiles, tan desorientadas, tan huérfanas...




...Ayer pensaba en eso. Anoche el cielo de Madrid estaba amarillento y ácido, pero protector a pesar de ser inhóspito. Me puse a pensar en el cielo de Nápoles, y en los cielos, en general, y en las palabras que a veces no son capaces de llegarle a los talones a ciertos cielos...

...Cuando tenía catorce años estaba enamorado hasta los tuétanos y me dormía siempre escuchando la radio. Me gustaban las voces cálidas, como la de Andrés Aberasturi o la de Juan Claudio Cifuentes ("Cifu" para los amigos), la voz que me acunaba con un programa que se llamaba
Jazz porque sí, y que ahora encuentro a veces en Radio 3...

...Escuchaba la radio en un walkman en el que siempre había un cassette, por si en la radio nocturna se decía algo maravilloso y yo necesitaba volverlo a oír. Pues una noche de verano Andrés Aberasturi se despidió de su programa con una canción de Tom Waits. Yo nunca había oído a Tom Waits y su voz me pareció espeluznante. Recuerdo que grabé la canción, que está intercalada con la voz de Aberasturi despidiéndose e invitándome a que me diera la vuelta y me abrazara a la almohada y pensara en punto, punto, punto...




...Cuando ví en el cine esa maravilla llamada Léolo volví a escuchar la voz de Tom Waits, hablando de la fría tierra. Me quedé hasta los títulos de crédito del final con un lápiz y un papel para apuntar el título y el intérprete de la canción. Ahí supe que se llamaba Tom Waits y cuando empecé a rastrear aquella voz de arena...



...Muchos años después conseguí la discografía entera, y buscando aquella canción del programa de Andrés Aberasturi encontré auténticas joyas sonoras, pero no encontré la canción...

...Ayer escribía, y era noviembre, y mientras escribo sin que me importe nada de lo que pasa ahí afuera pongo música en youtube, pongo las Variaciones Goldberg de Bach y escucho cómo Glenn Gould tararea las voces y su locura sonora, por ejemplo...
...Pero ayer me decidí a encontrar aquella canción...
...Y la encontré...




...La encontré porque antes encontré Noviembre, que nunca había escuchado, y pensé que si ahora acababa de llegar noviembre a mi vida y la voz de Tom Waits me acariciaba y mis manos estaban frías y había un vaso de vino al lado, y el piano yacía al lado del escritorio como un perro dócil, como una lágrima fácil, tenía que encontrar la canción de Tom Waits que llevo años buscando, aunque fuera en el otro lado del mundo...

...No paro de escribir, y me doy cuenta de que quisiera que mis palabras fueran capaz de conmover (conmover de conmoción, de terremoto, de escalofrío), como me conmueve la voz de Tom Waits, o como eso que decía Eric Clapton: que se había pasado la vida buscando esa nota, en ese momento justo, que hiciera llorar de emoción a todo un teatro...
...Y no...

...Esta mañana, mientras me bebía el café, más amargo que de costumbre, más triste, más con esa cosa que tengo en la garganta y no sale, por más que cante, por más que sienta, por más que necesite sentarme al piano y preguntarme qué me pasa, por qué este viento, por qué precisamente estas palabas, si precisamente ayer había encontrado la música que llevo buscando desde hace años...
...Pero no me siento al piano y no me pregunto qué me pasa, y lo necesito hasta el grito, carajo...
...Yo sé que lo que me pasa está en la música que hay al otro lado del mundo...
...Pero es que no encuentro esa música...
...No está, no se deja...

Miguel Ángel Maya
Madrid, 8 noviembre 2009.

martes, 25 de agosto de 2009

Mozilla Dream

...Se espacia, se estira, se contrae y se distrae el tiempo en este diario sin gatos...
...La culpa, una vez más, no es del calor ni del alcohol, ni siquiera del sexo, sino de Cabaret en las tripas del difunto...
...Además de lo que sucede en la novela, lo más intenso que me ha pasado últimamente lo he vivido en los dos sueños que he tenido las dos últimas noches y que coinciden con el insomnio: el que tiene que ver con las altas temperaturas y el que tiene que ver con la novela. El hecho es que ahora no los recuerdo del todo, pero han sido esos sueños que yo llamo poderosos y que me recuerdan a los de la mitología griega (siempre me pareció maravilloso que los griegos consideraran los sueños una parte más de la realidad)...
...No sé por qué territorios me han llevado mis dos sueños, el hecho es que esta mañana me levanté con un deseo sonoro: Lizard, de king Crimson. Creo que no había vuelto a escuchar "Lizard" desde que me fui de Sevilla. Lo tenía en cassette, y lo había grabado de un compañero mío del conservatorio que "estaba casado y tenía hijos" (así lo veía yo entonces) y que, además, le gustaba el Rock & Roll y el Jazz y me descubrió muchas joyas...





...Del mismo modo que ayer me desperté con otro, probablemente estaba voraz y nostálgico, o arrastraba la voracidad y la nostalgia de mis sueños. Quién sabe qué cuentas quería ajustar, dónde me dolía...



P.D. Hace noventa años y un día nació Don Benny Moré. Gracias a la vida, a los sueños, al gramófono, a los discos de pizarra, a Mozilla y a Youtube, todavía podemos escuchar su voz (y se nos puede meter en la piel su ritmo)...



Miguel Ángel Maya
Madrid, 25 agosto 2009

miércoles, 24 de junio de 2009

Sueños poderosos

...Hay sueños que me sacuden, que (por más absurdos que sean) parecen tan reales que me dejan todo el día rumiándolos, como si hubiera estado de verdad en ellos, como si fueran una parte más de la realidad que he visitado, que me ha tocado, que está ahí con la misma fuerza que lo real...
...A veces he tenido sueños poderosos de tipo erótico con personas a las que conocía, y al día siguiente había algo de vergüenza al mirar a esa persona a los ojos, como cuando sucede de verdad y el día después todo es un tanteo de miradas, de gestos velados, de complicidades íntimas que los demás no entienden...
...Esta noche no me fui a la cama demasiado bien, pero he soñado que mi abuela Ana María resucitaba. No he soñado que estuviera viva, sino que resucitaba. Estaba en un sofá, muerta, y de pronto da una carcajada y abre los ojos, socarrona, riéndose, y dice algo. No recuerdo lo que dice, pero de pronto, como en una canción de Chico Buarque de esas que empiezan dulces y terminan en batucada, todo es un jolgorio. Llamo a mis primos para decírselo, lloro de emoción, lloro porque en el sueño no me parece un milagro pero aún así me siento feliz. Abro las ventanas, grito que mi abuela está viva, llamo a mis amigos, busco el nombre de científicos a quien comunicárselo, digo que Homero tenía razón, que basta dar de beber un poco de sangre a los muertos para que vuelvan con nosotros. Estamos con ella, nos acompaña un poco más, ha decidido volver, porque siempre hizo lo que quiso. Es un sueño precioso, de los poderosos que vivimos como si fueran reales...
...Me he despertado y la realidad me ha dado un bofetón. Siento una melancolía dulce, sí, pero me siento feliz, deseando cerrar los ojos por si sigue la fiesta...

Miguel Ángel Maya
Madrid, 24 junio 2009