viernes, 11 de abril de 2014

ALBA


...Recorro las calles del amanecer de la ciudad...
...Camino hacia la estación, mochila a la espalda. Llevo en mi piel todas las veces que repetí exactamente esos mismos verbos: caminar mochila a la espalda por las entrañas de una ciudad mientras esta se despereza...
...La iconografía de la huida ha cambiado un poco en mí: antes imaginaba trenes como animales mitológicos. Nunca aviones. Ahora me imagino en mi Fiat Joplin, con la música adecuada, con el amanecer adecuado, acompañado de quien me quiere. A medida que mi cuerpo recuerda la sensación me digo que es una forma de óxido tener que recordar la felicidad: tus propios pasos en una ciudad fantasmagórica que empieza a iluminarse, que poco a poco se va llenando de gente, con los bares recién abiertos, con los primeros trenes de la mañana, los primeros barcos, el primer aliento, el primer café, el aire del principio de los tiempos...
...Recorro las calles y llego a un tren, mochila a la espalda en tiempos de trolley, y no puedo evitar sentir que la felicidad se parece a eso...

Miguel Ángel Maya
11 de abril de 2014

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