lunes, 17 de septiembre de 2012

...El otro día vi una casa ardiendo... 
...Iba en el autobús hacia Madrid, por la A-6, y vi una casa ardiendo. El fuego era virulento, se retorcía en sí mismo en una danza salvaje, y expulsaba un humo negro con una extraña violencia. Me extrañaba que no hubiera nadie afuera, ni en las casas de alrededor. Era como si ardiera de forma anónima, como si ardiera en silencio...
...El otro día vi una casa ardiendo y vi una cama en la que durmió Fogwill, regalo de la Editorial Periférica a una persona que no tenía cama. A mí me gustaría que una editorial me regalara la cama en la que ha dormido Fogwill, y más aún la cama en la que ha dormido Manuel Puig...
...Manuel Puig es capaz de describir de forma emocionante a una mujer tuerta, es capaz de convertir a una tuerta guapa en un cadáver exquisito vestido con un camisón. Adoro a Manuel Puig porque cuando lo leo se me hace un nudo en la garganta, y porque me acompaña en el Retiro, y porque me quita la sed, y porque es de noche y regreso en el metro y en el tren, y él está ahí, junto a mi reflejo en el túnel, junto a mi rostro alucinado en el túnel, junto a mis pelos despeinados en el túnel...
...El otro día vi una casa ardiendo y me imaginé ardiendo, y pensé que esa casa me recordaba a mí, y me pregunté qué diría Manuel Puig de esa casa ardiendo, o qué pensaría Fogwill en aquella cama, o por qué a pesar de unos ojos azules berlineses y de comer tomate con queso a las tantas sigo con este nudo en la garganta, sigo como esa cabeza de Buster Keaton, en ese plato, en esa tesitura...
...Buf...



Miguel Ángel Maya
Madrid, 17 de septiembre, 2012

*

2 comentarios:

Raquel dijo...

Una vez se me enquistó un nudo en la garganta. No había manera. Se quedó ahí. Casi para siempre.

Miguel Ángel Maya dijo...

...Bueno, en ese caso, siempre puede ir erosionándose poco a poco entre saliva y palabras...
...(gracias)...
;-)