martes, 8 de diciembre de 2009

Un cómico y varias historias


A Paco León

...Hace unos días descubrí que mi cuento Verde Esmeralda se publicó en La Nueva España en tres entregas durante el mes de agosto. Lo agradezco, pero quizá alguien debería habérmelo dicho, e incluso quizá deberían haberme pedido permiso, e incluso pagarlo...

...Ayer llovía, bebí vino, escribía, ella veía “El Padrino” envuelta en una manta, a veces nos mirábamos. Me gustan esos días así. Yo volvía a escuchar músicas que tenía olvidadas como Vangelis o Wim Mertens, que he rescatado del hemisferio cerebral responsable del olvido gracias a Spotify, y me doy cuenta de que sorprendentemente algunas músicas resisten muy bien el paso del tiempo...

...Ando en estos últimos días decidiendo que tengo que tranquilizarme con las palabras. Domesticarlas, sí, domarlas tal vez pero no a cualquier precio, no a costa de la salud de ciertas vísceras...
...Ando también pensando en cómo puedo usar mi blog, este blog, para posicionarme: decir, por ejemplo, mis opiniones políticamente incorrectas: todos los gobiernos españoles han dado la espalda al Sáhara porque prevalecía el interés de los acuerdos necesarios con Marruecos, y la situación del Sáhara es intolerable, como lo es la actitud de Marruecos y la actitud de España; pero por otra parte también creo que una huelga de hambre es una decisión unilateral y libre, y no se puede culpar a nadie más que al que decide no ingerir alimentos de las posibles consecuencias (incluida la muerte) que se derive de ese gesto unilateral y libre...
...Por eso no me gusta el mundo, porque las cosas no son blancas o negras y eso no siempre está bien visto...

...La duda de cómo usar el blog, hasta dónde decir, qué callar: el eterno dilema del pudor del pornógrafo; de la mano en el pecho, de la autobiografía, de la piel; el miedo a llegar tan lejos que alguien sea capaz sólo a través de las palabras de ver cómo follo, qué toca mi médula...
...Tiempo atrás, hace casi un año, con motivo del estreno de “Dieta Mediterránea” y de la obra de teatro “¿Estás ahí?” le hice una especie de entrevista a Paco León y con ella escribí "Cómico Paco", un texto que ofrecí a El País, al magazine de El Mundo, al Dominical, al suplemento dominical de ABC, a Esquire, a Ling, y a casi todas las revistas divulgativas de La Fábrica Editorial y a muchas otras revistas que no recuerdo. Sólo me respondieron mi amigo Quino Petit, de El País; Silvia Nieto, de El Mundo; y mi amigo Toño Angulo, de La Fábrica, para decirme amablemente que mi entrevista o el personaje no encajaba del todo en las revistas en cuestión... Los demás no dijeron ni mu. Ahora tengo un blog, y me he dicho, ¿por qué no usarlo también para estas cosas? ¿Acaso "Cómico Paco" no es también autobiografía?
...He decidido no cambiar nada de lo que escribí hace un año, a pesar de que ahora no escribiría algunas cosas o las actualizaría, pues en un año han pasado muchas cosas. Siempre está la duda: cuánta emoción o información sacrificar, hasta dónde llega la impostura de fingir que conocí a sus padres y a su hermana y que me hablaron de él, cuando sus padres son mis tíos, y su hermana es mi prima, que adoro, y que dice de mí "que soy un artista con duende". Cómo hacer para que mi admiración no se desborde, para no hacer público que hubo una noche que acompañé a mi tío Antonio con el piano mientras él cantaba un fandango (ya lo he hecho público), para no decir lo que yo vi con mis propios ojos, para mantener cierta distancia periodística que no sé si mantuve, si quedó demasiado light o demasiado obsceno...
...Es lo que tiene tantear temblando las cosas que uno no sabe hacer del todo...
...Ahí va lo que escribí hace un año, con todo mi cariño...





CÓMICO PACO

“¡Luisma!”, dice alguien a su espalda, igual que cuando éramos chicos llamábamos Chanquete a Antonio Ferrandis. Paco se vuelve como si le hubieran dicho “Paco”, saluda, da la mano, intercambia unas cuantas palabras, sonríe, dice “igualmente” o “gracias”. Después cruza la calle.
Camina por el barrio de La Latina de Madrid, y siente que las miradas se desvían a su paso, se oyen palabras como “Aída”, “tele” o “Luisma”, a veces alguien se acerca y le habla, lo saluda, la mayoría de las veces la gente se queda mirándolo, murmura, señala, comenta, lo reconoce, aunque vaya parapetado tras unas gafas de sol.
Es domingo, mediodía, entramos en un bar para desayunar. Paco habla con voz firme. Todavía conserva en su acento reminiscencias sevillanas después de haber vivido varios años entre Barcelona y Madrid. Cuenta historias y anécdotas que, sin ser siempre divertidas, lo parecen narradas por él. Se le nota cansado: durante toda la semana compagina el rodaje de los nuevos capítulos de “Aída” con la obra de teatro “¿Estás ahí?”, escrita por el argentino Javier Daulte, que también dirige la obra, y con Clara Segura como protagonista femenina. Hay que decir que nos hemos encontrado en diciembre, cuando la obra de teatro se encuentra en el Teatro Lara de Madrid, donde ha dejado de estar en cartel a principios de año; en breve comenzará la gira por el país, con Maripaz Sayago sustituyendo a Clara Segura).
Por las mañanas, desde hace más de cinco años, durante varios meses al año, se levanta al alba y se va a Esperanza Sur, barrio de periferia enclavado en los estudios Picasso de Tele 5, se convierte en Luisma, el personaje que más popularidad le ha dado, con permiso de Raquel Revuelta: un tunante tierno, un pillo sentimental, un buscavidas, un pobre diablo bonachón, inocente, ex toxicómano, desgraciado, perdedor, noble y sin maldad al que no le sale casi nada bien.
Además de “Aída” y “¿Estás ahí?”, durante el primer trimestre del año se estrenará “Dieta Mediterránea”, su nueva incursión en el cine, de la mano de Joaquín Oristrell, y donde comparte cartel con Santi Millán y Olivia Molina.
Por otra parte, ha vuelto a ponerle la voz al león en “Madagascar 2”, como ya hiciera en la primera entrega. Y suma y sigue. No para. Ha sido difícil encontrar un hueco para quedar con él.
La conversación con Paco transcurre entre dos bares de La Latina. No quiero hacerle una entrevista, sino que me cuente parte de su vida, sus recuerdos, el camino recorrido hasta llegar hasta donde está ahora. En Madrid también me encuentro con su hermana María para que me cuente más cosas de él, sin que Paco esté presente. También hablaré, un poco después, durante los días de navidad y ya en Sevilla, con sus padres, con sus abuelos, con sus tíos, con sus primos...

“No sabía”, confiesa, “en qué consistía ser actor. Quién sabe qué me imaginaría yo que era eso, pero lo cierto es que nunca quise ser otra cosa”. Recuerda que era muy pequeño cuando su profesora pidió a toda la clase que escribiera en un papel lo que querían ser de mayores. Él escribió esas cinco letras: “ACTOR”.
Paco León nació en Sevilla y se crió en el Parque Alcosa, “al lado de los pisos rosas,” un barrio sevillano cercano al aeropuerto y al Guadalpark (“Aguapark” es el nombre autóctono). Alcosa era (es) como un pueblo. Casi como Esperanza Sur. Se cruzaba con un Luisma cuando compraba el pan en el Polvillo, o en el portal de su casa, lo veía salir del bar de la esquina, zascandileando por el mercadillo de los gitanos con su oferta tres por dos, lo veía subirse a un vespino renqueante, pantalones de chándal blancos, torso desnudo, medalla al cuello, sin casco, rapado al uno o al dos, o hablando con otro Luisma: “Illo, cabesa, ¿le va’ pedí rollo a la Jeny o no?, Qué dise, io, qu’ehtá mamonao, a mí la Jeny no me gusta, Ier nota, ¿abe? Si yo no t’he disho ná”...
“Hay un día”, dice sentado frente a una taza de té, en un bar junto al mercado de La Cebada, “que recuerdo como el día más feliz de mi vida y que todavía no ha sido superado”. Lo recuerda nítidamente, como su hubiera pasado hace pocos meses. En la librería Tagore, del barrio, que vendía libros y disfraces, vio un disfraz que le encantó. Fue corriendo a buscar a su madre, y la arrastró literalmente hasta la librería para enseñárselo, “sólo para que lo viera”, recalca. Ella entonces le dijo que fuera a casa a buscar el monedero. Paco voló hasta la casa, regresó con el monedero y su madre le compró aquel disfraz de arlequín. “Después”, dice, “a pesar de todo lo que me ha pasado, no ha habido un día más feliz que aquél... Si lo piensas bien, eso es lo que sigo siendo: un arlequín”.
Paco es el mayor de los tres hijos que tuvieron Carmina y Antonio. El mediano es Alejandro, militar; y la más pequeña, María, también actriz (Ha participado en SMS y ahora lo hará en La Tira). En su familia por parte de padre hay gente de circo. Pepín León, el hermano del abuelo Antonio, fue payaso, galardonado hace unos años con la Nariz de Charlie Rivel. Los hijos de Pepín continuaron la saga: fueron también payasos, la mayoría, pero también equilibristas, músicos...
De su madre, Carmina, una vez lo escuché decir que “es una mezcla entre el Increíble Hulk y Catwoman”, y cuando uno la conoce enseguida encuentra acertada esa descripción. Paco recuerda que una vez hablaba con uno de los primos del circo (con ese acento raro, de tierra de nadie, de ninguna parte, que arrastraban) y que éste le dijo: “mi madre es lanzadora de cuchillos ¿y la tuya?”. Se quedó mirándola, y se dio cuenta de que la suya era “madre”, no era “nada”, y sin embargo, no sólo él, sino también su hermana María, reconocen en ella un apoyo y una inspiración fundamental. Carmina podría ser en sí misma un personaje, y se podrían llenar páginas y páginas con las anécdotas que Paco ha ido difundiendo en entrevistas acerca de ella. “Coño”, dijo ella sin dejar de reírse cuando Paco contó en “Crónicas Marcianas” la historia de la solución contra la infección vaginal que se bebió en vez de lavarse con ella, “el Paco me pinta como si fuera una burra”. Carmina es graciosa, divertida, irreverente, malhablada, cariñosa. “Ven aquí, chochete”, le dice a su nieta (sobrina de Paco) mientras se la come a besos, “lo que sabe la hijadelagranputa”. “No pongas eso, pedazo de cabrón”, me dice riéndose a carcajada limpia, como seguro que se ríe y me insulta cuando vea que lo he puesto.
Su padre, Antonio, según le contó a Elvira Lindo una tarde de confidencias y mojitos que ella tradujo en un artículo precioso, es “creativo y cobarde”, como dice su madre que son los todos los hombres. Antonio canta flamenco como nadie, y podía haber sido cantaor “de verdad, de los buenos”, si la vida no se hubiera ido reliando y haciendo de las suyas. Tiene compás, tiene voz y sobre todo tiene swing, dolor, duende, o como quiera llamarse a eso que está en la garganta, y que tiene que salir, y sale como una soleá. Podía haber sido torero, y tiene alguna que otra cicatriz en el abdomen. Podía haber sido tantas cosas, pero todo eso se ha quedado detrás de la barra de un bar donde él se ha pasado buena parte de su vida.
Paco nació cuando sus padres eran aún muy jóvenes, inexpertos “y un poco pardillos”. En una entrevista que dio hace años al Periódico de Aragón contaba que su madre le decía “hoy hace calor, no vayas al colegio”, y era él quien le decía que quería ir, y que ella, como madre, no podía decirle esas cosas. Se lo recuerdo ahora y sonríe. Se acuerda, riendo, de que su madre le decía que no estudiara más, que se iba a volver loco, y le daba una estampita de Santa Gema para que le diera suerte en el examen. Paco, y también su hermana María, ensartan entre risas recuerdos de este tipo. Algunos son tan surrealistas o inverosímiles que parecerían inventados. María se parece cada vez más a Carmina, dice Paco, “hace pucheros, y siempre tiene la casa llena de gente”.
A Carmina y Antonio se les nota que están orgullosos. Es como si también formaran parte del trabajo solitario que lleva Paco a sus espaldas desde donde ahora está; como si, en el fondo, siempre hubieran tenido el convencimiento de que Paco lo lograría, testigos directos, como los sufridores en casa del “Un, dos, tres”, de todos los momentos, los buenos y los malos, que ha pasado. Ellos que, en cierto modo, lo han vivido desde dentro, saben cuánto le ha costado, cuánto esfuerzo hay detrás de cada uno de los gags del Luisma, de la voz femenina de la Raquel Revuelta que se escondía tras sus labios rojos, sus zapatos de tacón y su torpe “Hoy, en Estrenos de Cartelera...”, cuántos pasos en falso, cuánta incertidumbre, y noches sin dormir, y frustraciones. Carmina, sin quitarle el ojo a su nieta, cuenta sin parar anécdotas de aquellos años cuando iba a verlo hacer “las cosas tan raras que hacía” (danza contemporánea, teatro experimental) y durante la función se daba golpes en el pecho: “Paco, no te des tan fuerte, a ver si te da la taquicardia esa que te da a ti y te pasa algo”, decía.

De chico era introvertido, “rarito, casi autista”. Siempre estaba leyendo o dibujando. “Ahora no tengo tiempo para leer otra cosa que no sean guiones”, confiesa. Lo de dibujar lo sigue haciendo bastante bien. Quería ser actor y quería irse. Su historia, como la de tantos otros en su misma situación, es la crónica de una lucha por lo que uno quiere hacer con su vida, una lucha sin tregua por tratar de ser lo que ahora es y de hacer lo que ahora hace.
Parte de sus recuerdos de infancia (y también adolescencia) tienen que ver con un territorio mítico llamado Bar Venta La Primera, situado en lo que por aquel entonces era la Carretera Su Eminencia, hoy engullida por la SE-30, a cuyas orillas habían quedado apuntaladas unas cuantas casas que formaban el bizarro barrio donde se criaron su padre con otros cinco hermanos. La Venta era el Macondo de los diecisiete primos que la vivieron: era un vivero selvático y un gran bar cuyas paredes estaban decoradas con banderillas y motivos taurinos. Las tapas de jamón y queso las servía Antonio, el padre de Paco, en papeles con el logotipo de La Venta, que era el dibujo de una pata de jamón. Al fondo del bar había una mesa de billar sobre la que se habían derramado muchas copas. Detrás de la barra había un cuarto repleto de jamones colgados del techo y un piano desafinado y medio descuartizado en un rincón. Dejando atrás el cuarto se accedía a un espacio en el que había unos muebles frigoríficos, y encima había bustos de maniquíes y viejas máquinas inservibles y obsoletas o piezas de máquinas, cajas, el cuarto de la lavadora, cachibaches y muebles apilados. A la derecha estaba la casa del abuelo Antonio y la abuela Ana María. A la izquierda, en cambio, estaba parte del vivero cubierto del abuelo Antonio, mostradores de una antigua tienda que había regentado, muebles viejos, macetas, y botes de cristal o tubos de ensayo de la antigua quincalla con la que se ganó la vida después de la Guerra Civil. Ahí también había carteles del viejo teatro chino que llegó al barrio y se quedó, objetos inverosímiles, inservibles, rotos, disfraces, ruinas, columnas, pelucas, revistas antiguas, cajas registradoras, polvo, gatos, ratones, tesoros y sorpresas. Luego estaba el patio, selvático, con árboles, macetas dentro de latas de aceite Ybarra, una piscina que el abuelo usaba como cementerio vegetal y que olía a zotal, una red de mangueras por en medio, y a veces un pavo, gallinas, y perros contrahechos, cojos, y gatos, y una azotea a la que se subía por una escalera de madera rota, desde la que se veía La Negrilla, un espacio de malahierba y escombros que se abría en dirección a Bellavista. En la azotea siempre había ropa tendida, sábanas blancas, pinzas de la ropa, y tiestos vacíos.
En el bar que llevaba su padre se daban cita los personajes del barrio, gente de paso, camioneros, gitanos, vendedores ambulantes, gentes de malvivir y de peor dormir, que iba y venía. Ese territorio mítico lo expropiaron para ejecutar un plan urbanístico del ayuntamiento. Ir a La Venta era ir a casa del abuelo, y Paco recuerda cuando venían desde el puente de Hipercor, e iban llegando por el lado derecho de la carretera, y se veía el cartel luminoso y descolorido de Cruzcampo, y veían el Simca verde de la tita Valle, el taxi del tito Antonio (sólo los primos de Madrid venían sin coche).
Después de la expropiación, no quedó nada de ese territorio mítico, aunque Paco me cuenta que todavía conserva algunos de los maniquíes que había entre los mostradores de la quincalla.

“Quería ser actor”, dice, “y ya durante su último año de colegio tenía la sensación de que estaba perdiendo el tiempo si no empezaba a dar pasos en esa dirección”. Ahora, volviendo la vista atrás, agradece a sus padres que le dejaran no ir al instituto que le correspondía por zona. Cada mañana tenía que tomar un par de autobuses para ir a otro, alejado de su casa, de su barrio, de eso que en cierto modo quería dejar atrás. Es en el instituto el primer lugar donde recuerda tener un grupo de amigos con el que, por primera vez, podía identificarse o con los que sentía que tenía cosas en común. Con quince años se apuntó a un taller municipal de teatro que impartía Luis Valdivia en el Polígono San Pablo. Se lo tomaba muy en serio: para él no era un simple entretenimiento. Con el grupo “Caricato”, fundado por el propio Valdivia, empezó a hacer teatro de calle. En el grupo todo el mundo hacía de todo: diseñaban el vestuario, bailaban, eran animadores, payasos, saltimbanquis... El poco dinero que sacaban en los circuitos de la Diputación se invertía en los nuevos proyectos de la propia compañía.
Su debut teatral (no era todavía mayor de edad) fue en Paradas, un pueblo sevillano, con un espectáculo callejero al estilo de Els Comediants. Estaban en plena función en la plaza del pueblo, que celebraba las fiestas. Algunos actores se habían colgado de la torre de la iglesia, otros formaban parte de un animado pasacalle entre la gente del pueblo, entonces apareció en escena un improvisado personaje aguando la fiesta: era el alcalde del pueblo, bravucón y vociferante, dando voces, pidiendo a los actores que terminaran de una vez, porque tenía la caseta vacía. Tuvieron que saludar al público y terminar abruptamente.
Ser actor no iba a ser nada fácil, como le demostró el alcalde de Paradas.
De aquellos años tiene innumerables anécdotas, cómicas, grotescas, tristes, y las cuenta con mucho humor, sin aparente asomo de nostalgia de aquel amateurismo principiante o de las numerosas dificultades que tuvo que pasar no hace tanto tiempo.
Pasó tres veranos en el cuartel del Pico del Loro, cerca de Mazagón (Huelva), donde trabajó de camarero, animador, y donde lo mismo hacía un monólogo que organizaba el bingo o el karoke. En esta época nació el personaje de La Mariajosé (que luego usaría en televisión y que terminaría convirtiéndose en su famosa Raquel Revuelta hasta que Paco decidió “matarla” definitivamente).
Con el tiempo, durante esos tres veranos en el Pico del Loro, se fue convirtiendo en el preferido del capitán Navarro, esto lo dice con sorna, y vivió a pequeña escala el fenómeno de los fans: las mujeres de los militares lo adoraban e incluso le pedían autógrafos. “Parece mentira que hubiera auténticos fans míos entre el gremio de los guardias civiles, que teóricamente deberían estar alejados del gremio de los cómicos”.
Con las primeras doscientasmil pesetas que ganó el primer verano se fue de su casa. Nunca volvería y “nunca tuve que pedirle doscientas pesetas a mis padres”.
Cuando terminó COU entró en el Centro Andaluz de Teatro (CAT), de donde proviene toda una generación de actores como José Luis García-Pérez, Belén López, Alex O’Doherty, Cuca Escribano o incluso la internacional Paz Vega. Todos estos actores tienen en común una formación técnica sobresaliente y, sobre todo, versatilidad y capacidad de trabajo. Del CAT recuerda especialmente a Juan Carlos Sánchez, “grandísimo profesor y amigo”, con quien se encontraría en el tercer curso y con quien soltó amarras (“hasta que me encontré con él, yo no sabía hacer la o con un canuto”, asegura) y a quien le debe muchísimo de lo que hoy es, incluyendo tres máscaras que trabajó con él y que han resultado cruciales en su carrera.
“Yo noto mucho esa ‘marca de la casa’ en esa generación de actores andaluces. Cuando hablo con actores de Madrid, y me dicen ‘es que no trabajo, es que no me llaman’. Yo les digo ‘pues trabaja. Haz cosas. Cúrratelo tú’. Como allí, en Andalucía, no esperas que nadie te llame, aprendes a buscarte la vida tú solo. Al no tenerlo fácil no corres el riesgo de acomodarte, de aburguesarte, no puedes permitirte el lujo de esperar, sino que tienes que ir a buscarlo”. Paco pone como ejemplo a Belén López (“El comisario”, “RIS Científica”) o a Alex O’Dogherty, conocido por su papel de Arturo Cañas en “Camera Café”, pero que también estuvo en Payasos Sin Fronteras, es músico (La banda de la María), monologista: “él mismo se encarga de organizar sus monólogos en cualquier sitio, toca con el grupo, se mueve”.
Por una cuestión de supervivencia, los actores, en Andalucía, hacen de todo: publicidad, monólogos, acrobacia, baile, o incluso tocan instrumentos musicales. Ante la falta de infraestructuras la gente se ve obligada a espabilar. No hay dinero público para montar una producción, como sucede por ejemplo en Cataluña, por eso, quien se arriesga a montarla sabe que tendrá que hacer de todo: poner copas, escribirla, actuar, hacer los decorados, encargarse de la producción. “Después de eso”, aseguraba en una entrevista hace años, “la selección natural es muy bestia, y el que sale adelante es muy bueno. Hoy en día hay unos cuarenta actores salidos del Centro Andaluz de Teatro trabajando en series nacionales”, dice con orgullo.
Afirma que él trabaja “en esto” desde los quince años: organizando sus propios montajes teatrales, sus propias historias, y ocupándose de todos los eslabones del proyecto. “Buscándome la vida, y no ha sido fácil”. Para mantenerse, cuando el dinero no llegaba, trabajó en lo que le iba saliendo. Muchos clientes del Habanilla, bar del barrio de La Alameda de Sevilla, todavía lo recuerdan sirviendo copas por las noches. No hace tanto tiempo de eso: siete u ocho años.

Una de las facetas menos conocidas de Paco León es la de bailarín: al poco de entrar en el CAT se presentó a un cásting para los talleres coreográficos del Centro Andaluz de Danza (CAD). Recuerda que estaba rodeado de aspirantes muy preparados, y que hizo lo que pudo, hasta que le pidieron algo imposible para él y se sentó. Todavía no sabe por qué, el caso es que fue uno de los tres seleccionados, a pesar de que, afirma, su formación técnica estaba muy por debajo de muchos de los otros aspirantes. “Tal vez fue la desfachatez de sentarme en mitad de la prueba lo que les gustó”, comenta riendo. “O quizás me escogieron por error. Quién sabe”.
La danza supuso para él un trabajo realmente duro porque se vio obligado a suplir con trabajo su falta de formación técnica en danza. “En seis meses logré subirme al carro”, dice con orgullo mientras mira por la ventana del bar: una familia entera lo ha reconocido y está frente a nosotros, mirándolo, como si estuviéramos en un escaparate. A mí me incomoda un poco. A él no parece importarle y sigue hablando, acostumbrado a escenas pintorescas de este tipo. “Lo que pasa es que nunca vi la danza como una gimnasia, como ejercicio o técnica, sino como interpretación”, confiesa. “No me tomaba el hecho de bailar como algo muy diferente al de interpretar un personaje. Nunca me vi a mí mismo como bailarín, sino como un actor que bailaba”. Tal vez, insinúa, fue eso lo que vieron en él: estaba mucho menos preparado técnicamente, pero “tenía algo”.
Cuando Manuela Nogales formó la compañía lo llamó: fue un período fructífero donde tuvo oportunidad, una vez más, de hacer de todo (no sólo coreografías, sino también diseño de vestuario, algo nuevo para él), estuvo además bailando y en contacto con bailarines en distintos países de Europa o en Cuba, país del que quedó maravillado por la alta calidad de su danza...
Afirma que la danza es el trabajo más ingrato, la profesión más desagradecida que existe. “Los bailarines, en este país, son auténticos superhéroes”, dice enfatizando sus palabras. La vida artística del bailarín es muy corta, y tiene que manternerse físicamente: “si dejas de bailar durante un mes, es muy difícil retomarlo”. Además el cuerpo de un bailarín siempre está amenazado por lesiones, dolores, exigencias físicas... Es una profesión que requiere mucho sacrificio en todos los sentidos, y no se gana mucho dinero: un futbolista de élite también tiene una vida deportiva de diez o quince años al máximo nivel, pero en ese tiempo gana mucho dinero. Con un bailarín de élite esto no sucede, “aunque, eso sí, la danza crea adicción”.
El último espectáculo que realizó con Manuela Nogales fue “Mirando al cielo”. Ya por aquel entonces empezaba a ser conocido por sus interpretaciones en televisión. Poco a poco fue dejando la danza: “para ser bailarín”, asegura, “hay que sacrificarse mucho, hay que sufrir, y yo soy más hedonista”. Aun así, no duda en señalar que su experiencia como bailarín y el hecho de estar siempre “un paso más por encima de mis posibilidades”, le ha sido de muchísima utilidad como actor.

Su debut televisivo fue a los diecisiete años, junto a Imperio Argentina, en una serie de Canal Sur muy conocida en aquel momento, “El Séneca”. Fue un papel muy cortito. “La Imperio Argentina no se enteraba de nada”, dice riendo, con cariño.
Después presentaría “Triunfa en casa”, un programa donde los espectadores mandaban videos mostrando sus habilidades (principalmente niños cantando coplas o niñas vestidas de flamenca sobre un fondo de cuadros de ciervos, figurilla de toro sobre el televisor, mesa camilla con estampado de flores, frikies en busca de “fama”, ya fuera cantando, bailando, recitando o tocando la guitarra con los pies) y que le dio mucha popularidad en Andalucía: aquí interpretó por primera vez para el público masivo (hasta entonces sólo lo conocía el entregado público de El Pico del Loro) el personaje de La Mariajosé (máscara que supuso el preludio de su Raquel Revuelta), que a veces hacía el papel de la hermana del presentador habitual. “Las jornadas de grabación eran maratonianas. A veces de doce y trece horas”, dice. “El sueldo que cobraba por cada programa era irrisorio”, recuerda ahora.
Poco después comenzaría el montaje de “Bradmilla”, una obra de teatro escrita por él mismo, en el que un chico (El Cabeza, otra de sus célebres máscaras) y una chica (Maripaz Sayago) de barrio hacen un viaje para conocer a una cantante, Bradmilla. La interpretó en una de las salas alternativas más importantes de Sevilla, La Imperdible. La dirección escénica corrió a cargo de Juan Carlos Sánchez. La obra tuvo bastante éxito, basado exclusivamente en el boca a boca, en los círculos independientes.
A principios del año 2000 se estrenó en Canal Sur la serie “Castillos en el aire”, dirigida por Pepe Quero y cuyo elenco está formado por buena parte de la generación que coincidió con él en el Centro Andaluz de Teatro (Paco Tous, Belén López, Juanma Lara, Maite Sandoval, José Luis García-Pérez...) En ella interpretaba al botones golfo y pillo, al más puro estilo Sacarino, del delirante hotel donde se desarrollaba la acción. Fue una de las primeras series producida por el canal autonómico, y en ella se vio una representación de esa formidable cantera de actores andaluza.
Es a partir de ese momento cuando las cosas empiezan a sucederse a velocidad de vértigo.
Compaginando danza, teatro y televisión, se marchó a Barcelona para formar parte del elenco de “Moncloa Dígame”, ambientada en el despacho del departamento de prensa de la Moncloa en la época de Aznar. En esta serie trabajó junto a Manuel Manquiña o Javier Veiga, entre otros. Era una serie que se rodaba en directo y con público. Paco hacía de Mario.
Después de “Moncloa Dígame” entró a formar parte del elenco de formidables actores de “Homo Zapping”, un programa diferente a todo lo que se había hecho hasta entonces en la televisión, una vuelta de tuerca a los programas de zapping de cuyo éxito tuvieron buena culpa algunos de los personajes que interpretaba Paco León, especialmente los de Anne Igartiburu o Raquel Revuelta, a quienes, después de “Homo Zapping”, Paco León ha conseguido que no volvamos a verlas con los mismos ojos.
Aunque para Paco todo haya sido muy paulatino y haya ido muy poco a poco, fueron “Homo Zapping” y sobre todo sus parodias de Raquel Revuelta lo que supuso el punto de inflexión de su carrera. Cuenta que estaba con los de El Terrat, repartiéndose los personajes, cuando dijo que él “se pedía” Raquel Revuelta. Cuenta que quedaron un poco sorprendidos. Les tranquilizó ver los videos de “Triunfa en casa” con La Mariajosé de presentadora, sustituyendo al propio Paco León.
Todavía estaba en “Homo Zapping” y con el rodaje de “Reinas”, cuando el Luisma volvió a cruzarse por su camino, como había hecho tantas veces en el Parque Alcosa durante su infancia. Aida, que limpiaba el bar de Gonzalo en “7 Vidas”, era un personaje tan jugoso que decidieron darle el papel protagonista en un spin-off que titularon con su nombre.


“Aida”, dice mientras le hinca el diente a un bocata de jamón, “es probablemente una de las series más subversivas que se han emitido en la televisión de este país, precisamente por el modo que tiene de tratar a los personajes e incluso de reírse de ellos”: un empresario facha, un inmigrante ilegal, un adolescente gay, un ex toxicómano, una prostituta. “Nos reímos de todo el mundo, con respeto, con mucha irreverencia”.
El masivo éxito televisivo de su parodia de Raquel Revuelta, Luisma y compañía, tal vez deja en un segundo plano la verdadera dimensión de un artista versátil que acumula proyectos, ideas, ganas de hacer cosas y que se aprovecha de su tirón mediático para ponerlas en marcha “ahora que puedo”. Ahora prefiere seleccionar cosas, y no fijarse sólo en el dinero, sino en la satisfacción de hacer buenos proyectos e incluso de impulsarlos él mismo, ahora que su nombre “es rentable”.
Cuando leyó el guión de Anna Rodríguez para el corto “Con lengua” no dudó que tenía que realizarse. “Es difícil encontrarte con buenos guiones y éste lo era”. Se implicó en el proyecto personalmente e incluso logró que Tele 5 les dejara el estudio de “Hospital Central”. “Con lo que cuesta esto, me lo dejan porque soy yo”, decía. El resultado es un corto extraordinario, donde Paco León interpreta a un médico durante su primer día de prácticas en un hospital.
Quisiera seguir viviendo de esto cuando sea viejito, por eso, ahora que puede, quiere seleccionar sus papeles, sus proyectos. Ahora que el Luisma le ha dado dinero y fama quiere hacer cosas que le gusten, que le interesen desde el punto de vista personal y quizás no tan convenientes económicamente. “No me veo, por ejemplo, hoy por hoy, anunciando seguros, aunque la vida da muchas vueltas”, dice. Ésta es una de las cosas que más me sorprenden de él: que sigue con los pies en la Tierra, que sabe quién fue, de dónde viene, y que no hace tanto tiempo era un currante más con dificultades para llegar a fin de mes.

Nos levantamos. Se pone las gafas de sol, salimos del bar.
De nuevo salimos al barrio de La Latina. De nuevo la gente que se detiene, murmura, señala ante el paso del alguien que parece salido de la tele, con la familiaridad que eso conlleva. De nuevo se oye algún “Luisma”.
Ya en su casa, buscando fotos de aquellos años para ilustrar este reportaje, aparecen algunas acuarelas de diseños de vestuario, algunos dibujos hechos con café. Le digo que podíamos poner algunos de estos dibujos, y me dice que no le gustan. “Los buenos se los quedó Manuela Nogales. Me dijo ‘déjamelos a mí que yo los guarde, que tú seguro que los pierdes’. Y tenía razón, soy un desastre con los recuerdos”.
Las dos preguntas que más le hacen son si Raquel Revuelta se ha tomado a mal sus recreaciones en “Homo Zapping” y si “no teme encasillarse en la comedia”. La primera pregunta queda respondida con su amistad con la sevillana, a la segunda, en cambio, suele responder que la comedia es un territorio demasiado extenso, demasiado amplio, con infinidad de matices. Eso lo demuestra de forma magistral en “¿Hay alguien ahí?”, donde da vida a un personaje complejo, cómico, sí, pero también amargo, con un poso de tristeza que nunca deja de estar ahí, a pesar de las risas que provoca en el público. “Soy un cómico, y lo digo con orgullo. La comedia es algo muy difícil, y no todo el mundo está preparado para ella”.



“¿Has perdido algo en este tiempo?”, le pregunto antes de irme: me refiero a la intimidad, a la libertad. Algo de intimidad sí ha perdido, reconoce; echa de menos sentarse en la terraza de un bar, y mirar a la gente, sin que nadie lo conozca o se le acerque, como un ser anónimo. En la boda de su hermano, muchos de los invitados formaron una fila alrededor de la mesa para que les firmara los menús. A veces es cansado. En cuanto a la libertad, siente que sólo ha perdido la libertad de equivocarse. Ahora hay más gente viendo lo que hace que cuando hacía teatro independiente. En cuanto a la otra libertad, dice, “prefiero no esconderme: no quiero dejar de ir a comprar el pan o de ir en metro, o de atender al que se acerca. A veces apetece más y otras menos, pero no quiero vivir en una burbuja. Yo soy de la calle”.
Hace dos años, Carmina fue a esperarlo a la estación de Santa Justa. Carmina se empeñó en que fuera a casa, entonces en el Polígono San Pablo, porque le había hecho un puchero. Paco volvía para la anárquica fiesta flamenca que se organiza cada navidad en casa de los abuelos, que ahora viven al otro lado de la antigua Carretera de Su Eminencia. Mientras iba en el coche, un Luisma que iba en moto lo reconoció. Cuando bajó de nuevo a la calle, tres horas después, tenía a todos los vecinos coreando su nombre. “El Luisma es como uno de ellos”, me dice Antonio, su padre. “Y él, con todo eso que le pasa, siempre hace algo, se fija, lo usa luego para sus cosas, ¿sabes lo que te quiero decir, no?”

Antes, el abuelo de Paco tenía un puesto de chucherías y, por la noche, después de cenar, sentado en la mesa camilla frente al televisor ponía las gominolas y las chuches extendidas en la mesa, y llenaba bolsitas. Era la “Bolsita Luisma”, y costaba 50 céntimos. “COMPRE LA BORCITA LUISMA”, había escrito en el interior de un cartón de tabaco extendido a la vista de todos, junto a una foto de Paco con un bocadillo que decía: “El Luisma no es tonto”.
La noche de navidad, cuando salimos a la calle después de la fiesta flamenca en casa de los abuelos, en Sevilla, los gitanillos que todos los años se asientan en el barrio con una caravana, y los vecinos, estaban esperando al Luisma para cantarle. Apenas asoma empiezan las palmas frente a la casa del abuelo. Le cantan por rumbas la canción de Bebe que sirve de sintonía a “Aida”. Paco se arranca a bailar, lo hace con unas y con otras, se deja abrazar y tocar hasta que uno de los primos lo rescata. Paco se despide, se deja hacer alguna foto más, se monta en el coche, y el coche se pierde costeando el Parque Amate de la barriada de Santa Aurelia, que también podría ser Esperanza Sur.
“Primo, esto lo colgamos en el youtube”, se oye decir mientras sigue el flamenqueo junto a la hoguera. “Lo quieren porque es uno de ellos”, me dice su padre Antonio guiñándome un ojo y encendiéndose un cigarrillo.

© Las fotografías que ilustran esta entrada las hizo Otto Muro y están protegidas por su correspondiente Copyright.


Miguel Ángel Maya
Madrid, 8 diciembre, 2009

12 comentarios:

Okr dijo...

Ahora es cuando encaja como un guante esa gran frase españolísima: más vale tarde que nunca.

(A los de La Nueva España habrá que hacerles boicot o algo peor.)

Miguel Ángel Maya dijo...

...Sí, Marco, españolísima frase...
...En mi caso no se volverá a repetir semejante despropósito, porque el caso es que me gustó lo que escribí...
...En cuanto a lo de La Nueva España, visto cómo está el patio, ya que no han pedido permiso y mucho menos avisado, al menos podían haber tenido la decencia de avisarme, sí...
...En fin, les escribiré pidiéndoles explicaciones, ellos no me responderán y... al final la misma historia de siempre: "es la vida de artista, del cantante letrista", que dice nuestro admirado Krahe...
...Un abrazo, niño...

R. dijo...

Es una lástima que nadie haya apostado por publicar un texto como este. Sé de lo que hablo, pues me paso alrededor de diez horas al día en una redacción, escribiendo noticias, entrevistas, reportajes y crónicas por las que yo pagaría por no leer. Desde muy pequeña, mucho antes incluso de saber lo que significaban esas palabras,quise ser periodista. Ahora, que tengo un título que lo certifica y llevo seis años pegada a este ordenador, me parece más correcto y más cerca de la realidad decir que soy redactora. Sin más. No sabes cuánto pagaría por poder hacer un reportaje de verdad, saboreando cada una de sus palabras, conociendo a sus protagonistas. Pero como ya sé que es un imposible, disfruto leyendo lo que me habría gustado escribir a mi (o por lo menos intentarlo). Por eso, te agradezco que hayas decidido usar este blog (en el que me cuelo de vez en cuando sin hacer ruído) para publicar textos con los que disfrutar y que me hacen mantener la esperanza en una profesión que siento más lejana que cuando no sabía pronunciarla.
Muchas gracias, de verdad.

Miguel Ángel Maya dijo...

...R., tu comentario es de verdad emocionante...
...Muchas gracias por lo que has escrito y por colarte por aquí de vez en cuando sin hacer ruido...
...Es curioso: me da una alegría inmensa cuando de pronto veo aparecer a alguien a quien no conozco y me dice que lleva tiempo pasando sin yo saberlo, como es tu caso. Siempre pienso que esto no lo lee nadie...
...Es bonito que tú como redactora que eres consideres que este texto debería haberse publicado. La verdad es que a mí me desilusionó mucho que todos lo rechazaran (sobre todo teniendo en cuenta que me han publicado otros textos que dejan mucho que desear), pero para eso voy a usar este blog a partir de ahora ;-). Creo que "Cómico Paco" tenía "algo" distinto porque daba una visión algo más íntima de alguien televisivo de quien siempre se escriben las mismas cosas. Y yo además tenía muchas ganas de dar a conocer todo eso, porque conozco a Paco desde que éramos pequeños y sé lo mucho que le ha costado todo y lo mucho que ha trabajado...
...Además, a Paco León le gustó mucho cuando lo leyó (y la verdad es que temía un poco su reacción, no sé por qué)...
...Muchas gracias de nuevo, R., y un abrazo...

trovador errante dijo...

Vaya tela con los del periódico...que poca vergüenza. Hace poco, me llamaron (terceras personas) para decirme que figuraba como docente en un curso "ilegal a efectos políticos" y del que tampoco me han avisado...¡¡¡país!!!...que diría Forges...

La entrevista es cojonuda, que bueno poder leerla aquí. A mí me gustaría conocer a más actores, músicos, etc. de la manera en que describes al primo Paco. No entiendo como no la publicaron.

Los que nacimos en barrio de "Luismas" y demás entrañables vecinos, jamás podremos evitar ser de calle, gracias al barrio, esa relación de amor y odio es puritita realidad.

Un abrazo y que cada uno utilice sus blogs como crea conveniente...dios los cría y el interne los junta.

PÁJARO DE CHINA dijo...

Ahhh ... ¡qué placer! Mañana me leo la entrevista a conciencia pero me precipito a sonreír y agradecerte está alegría de empezar a autopublicarte, para que los tesoros no se pierdan. Uno jamás imagina hasta dónde puede llegar esta isla de soberanía y resistencia que es un blog.

Y para escribir, siempre en pelotas. Los que vean tus tripas las acariciarán.

PÁJARO DE CHINA dijo...

P.S.: Te escribo en estos días sobre Crack-Up.

Miguel Ángel Maya dijo...

...Querido trovador errante, me inquietaría mucho estar sin comerlo ni beberlo en un curso "ilegal a efectos políticos"...
...Es curioso que hace unos días, varios directores de cine se decían sorprendidos al figurar sus nombres en el manifiesto de "Cineastas contra la orden" sin haberlo firmado y sin ni siquiera tener noticias de la historia...
...Gracias por lo que dices de la entrevista. Sí, yo viví mi infancia en Alcorcón, al sur de Madrid, los mismos que han eliminado al Madrid de la copa (jejeje) y cuando me mudé a Sevilla lo hice en Santa Aurelia: barrios de Luismas, como tú dices...
...Un abrazo...

Miguel Ángel Maya dijo...

...Querida Mariel, tienes razón: uno nunca imagina hasta dónde puede llegar esta isla de soberanía y libertad...
...Estoy deseando que me escribas para que me cuentes más de Crack-Up. Le he echado un vistazo (y he enlazado la página en el blog, para volver sobre ella y no precisamente con la frente marchita)...
...Besos...

claudia apablaza dijo...

miguel,
tienes muchos blogs
blogueándonos, entonces estaremos...
en silencio.
saludos desde bcna!

Miguel Ángel Maya dijo...

...Thanks, Claudia...
...Salvo éste, que es el mío personal, con todo lo que conlleva, los demás son "work-in-progess" literarios...
...De ahí que no sean tantos...
...Besos...

22 dijo...

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