miércoles, 9 de septiembre de 2009

Que viva la música



"Con una mano me sostengo
y con la otra escribo"*
Malcolm Lowry cruzando el Canal de Panamá

*(Cita con la que comienza Que viva la música de Andrés Caicedo)

...Anoche fue como si la lluvia no hubiera tocado el suelo: de los tejados provenía el olor de ciudad mojada apenas por las primeras gotas, pero en el suelo no había ni rastro de lluvia, ni rastro de cielo, ni siquiera deseo de tejados, de gatos...
...Me faltaba inspiración. Tampoco a mí (me) llegó la lluvia, por eso la música sonaba a todo volumen y se perdía por los tejados entrechocando como peonzas enloquecidas, encendidas por el fuego azul y perezoso e insolente del humo de los cigarrillos en las películas en blanco y negro. Por eso las teclas, por eso el rastreo de sabueso ansioso de sonidos que entrechocaran en mis tímpanos y me mordieran por dentro bien mordido, bien saciado...
...Con una mano me sostenía y con la otra escribía, o al revés, pero sólo la música lo sostenía todo: y ahí estaban, formando parte de los mismos sueños, de la misma tierra incógnita, la ropa extendida en el sofá, la mochila floja aún sin nada dentro, el piano, las teclas del piano, la piel estremeciéndose por las primeras gotas del verano terminal, y la música...
...Con que ella esté viva ya me basta a mí para latir...

Miguel Ángel Maya
Madrid, 9 septiembre 2009

5 comentarios:

Portinari dijo...

Wonderland y Molly: bello paraíso de lluvias.

Latir en cada pulsación de las melodías, caminar sobre el agua (lluvia) como un ente divinizado por la expresión del mundo, "bien mordido, bien saciado..."

Y si desaparece todo nos quedan las voces para vibrarnos por dentro.

¿Cómo era ese cementerio marino?

Carolink dijo...

La música rellena todos los espacios. Los del cuerpo que se marchó y los de la lluvia (de todo tipo) que no cayó.

Miguel Ángel Maya dijo...

...Mmmh, Portinari, el cementerio marino...
...Un día te haré una entrada entera contándolo...
...Un abrazo...

Miguel Ángel Maya dijo...

...Carolink, completamente de acuerdo, e incluso más...

MARIEL dijo...

La música nos sostiene (no es la Virgen de La Piedad, es la música). Por eso rastreamos sonidos como sabuesos ansiosos, que nos muerdan los tímpanos y los hagan sangrar dulcemente, de placer. La música nos sostiene en el caos urbano, en las escaleras mecánicas de los subterráneos y cuando nos secamos las lágrimas en los últimos asientos de los autobuses.