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sábado, 7 de noviembre de 2009

Noviembre y el otro lado del mundo


No soy quien escucha
ese trote llovido que atraviesa mis venas.

No soy quien se pasa la lengua entre los labios,
al sentir que la boca se me llena de arena.

No soy quien espera,
enredado en mis nervios,
que las horas me acerquen el alivio del sueño,
ni el que está con mis manos, de yeso enloquecido,
mirando, entre mis huesos, las áridas paredes.

No soy yo quien escribe estas palabras huérfanas.
Oliverio Girondo





...Ayer escribía con las manos frías y era noviembre. Tuve un sueño que tenía que ver con la película
Once; era uno de esos sueños poderosos que nos acompañan como una sombra pesada durante las primeras horas del día...

...Creo que ya escribí una vez que cuando era chico (unos cinco años) mis padres me llevaron a ver un eclipse de sol. Como para verlo nos pusimos delante los negativos de las fotografías, yo pensé que el eclipse era el negativo, y eso fue lo que yo estuve mirando durante el tiempo que la luna estuvo tapando el sol. A partir de ese día llamé eclipse a los negativos de fotos...

...Desde entonces tengo pasión por las latas de cine, por los negativos, por los fotogramas, por los eclipses... Por el otro lado del mundo, en general...




...Ahora un chico ha encontrado una película inédita de Chaplin en una lata que compró en e-bay... Yo creo que tiene que ser maravilloso encontrar los fotogramas de Chaplin en un zeppelín dentro de una caja. Tiene que ser maravilloso ese momento en que uno abre una caja y se encuentra unos eclipses y los pone a trasluz y ve a Chaplin moviéndose...

...Cuando era chico me pasaba el día delante del espejo: a veces imitaba a Charlot, porque decía que yo también quería ser director, productor, guionista, actor y compositor de mis películas. Porque decía que iba a hacer películas y me miraba en Chaplin. Me dibujaba un bigote con el lápiz de ojos de mi madre, y me enfadaba conmigo mismo porque no me quedaba realista, hasta el día que me di cuenta de que Groucho también lo tenía pintado. Y me reconfortó. Me pasaba el día interpretando películas que me decía que algún día tenía que escribir y rodar: recuerdo dos historias: la de un hombre minúsculo rodeado de gigantes, y la de un hombre que tenía en su cabeza una cáscara de nuez y una ciudad. Recuerdo que tenía más películas en mente, pero ahora no las recuerdo...

...También me miraba al espejo para mover los labios y decir palabras que no tuvieran que ver con el movimiento de mis labios: como en las películas dobladas, que a mí me fascinaban. Aprendía a hablar de ese modo y todavía hoy soy capaz de hablar así: los labios se mueven de un modo y mis palabras salen de mi boca sin nada que ver con los labios...

...Durante mucho tiempo esto fue una metáfora de mi vida: los labios tan desconcertados como descoordinados y hambrientos, y las palabras tan secas, tan frágiles, tan desorientadas, tan huérfanas...




...Ayer pensaba en eso. Anoche el cielo de Madrid estaba amarillento y ácido, pero protector a pesar de ser inhóspito. Me puse a pensar en el cielo de Nápoles, y en los cielos, en general, y en las palabras que a veces no son capaces de llegarle a los talones a ciertos cielos...

...Cuando tenía catorce años estaba enamorado hasta los tuétanos y me dormía siempre escuchando la radio. Me gustaban las voces cálidas, como la de Andrés Aberasturi o la de Juan Claudio Cifuentes ("Cifu" para los amigos), la voz que me acunaba con un programa que se llamaba
Jazz porque sí, y que ahora encuentro a veces en Radio 3...

...Escuchaba la radio en un walkman en el que siempre había un cassette, por si en la radio nocturna se decía algo maravilloso y yo necesitaba volverlo a oír. Pues una noche de verano Andrés Aberasturi se despidió de su programa con una canción de Tom Waits. Yo nunca había oído a Tom Waits y su voz me pareció espeluznante. Recuerdo que grabé la canción, que está intercalada con la voz de Aberasturi despidiéndose e invitándome a que me diera la vuelta y me abrazara a la almohada y pensara en punto, punto, punto...




...Cuando ví en el cine esa maravilla llamada Léolo volví a escuchar la voz de Tom Waits, hablando de la fría tierra. Me quedé hasta los títulos de crédito del final con un lápiz y un papel para apuntar el título y el intérprete de la canción. Ahí supe que se llamaba Tom Waits y cuando empecé a rastrear aquella voz de arena...



...Muchos años después conseguí la discografía entera, y buscando aquella canción del programa de Andrés Aberasturi encontré auténticas joyas sonoras, pero no encontré la canción...

...Ayer escribía, y era noviembre, y mientras escribo sin que me importe nada de lo que pasa ahí afuera pongo música en youtube, pongo las Variaciones Goldberg de Bach y escucho cómo Glenn Gould tararea las voces y su locura sonora, por ejemplo...
...Pero ayer me decidí a encontrar aquella canción...
...Y la encontré...




...La encontré porque antes encontré Noviembre, que nunca había escuchado, y pensé que si ahora acababa de llegar noviembre a mi vida y la voz de Tom Waits me acariciaba y mis manos estaban frías y había un vaso de vino al lado, y el piano yacía al lado del escritorio como un perro dócil, como una lágrima fácil, tenía que encontrar la canción de Tom Waits que llevo años buscando, aunque fuera en el otro lado del mundo...

...No paro de escribir, y me doy cuenta de que quisiera que mis palabras fueran capaz de conmover (conmover de conmoción, de terremoto, de escalofrío), como me conmueve la voz de Tom Waits, o como eso que decía Eric Clapton: que se había pasado la vida buscando esa nota, en ese momento justo, que hiciera llorar de emoción a todo un teatro...
...Y no...

...Esta mañana, mientras me bebía el café, más amargo que de costumbre, más triste, más con esa cosa que tengo en la garganta y no sale, por más que cante, por más que sienta, por más que necesite sentarme al piano y preguntarme qué me pasa, por qué este viento, por qué precisamente estas palabas, si precisamente ayer había encontrado la música que llevo buscando desde hace años...
...Pero no me siento al piano y no me pregunto qué me pasa, y lo necesito hasta el grito, carajo...
...Yo sé que lo que me pasa está en la música que hay al otro lado del mundo...
...Pero es que no encuentro esa música...
...No está, no se deja...

Miguel Ángel Maya
Madrid, 8 noviembre 2009.