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miércoles, 13 de enero de 2010

El aventurero


A Manu Leguineche

Aventura
(Del lat. adventūra, t. f. del part. fut. act. de advenīre, llegar, suceder).
1. f. Acaecimiento, suceso o lance extraño.
2. f. Casualidad, contingencia.
3. f. Empresa de resultado incierto o que presenta riesgos. Embarcarse en aventuras.
4. f. Relación amorosa ocasional.




...Cuando era chico devoraba libros de aventura, y los programas de Félix Rodríguez de la Fuente y de Miguel de la Quadra-Salcedo: que anduvo perdido en la selva, que fue deportista olímpico, que fue corresponsal de guerra... Era admirable un tipo capaz de enfrentarse a una boa, a unos militares corruptos, o a un récord olímpico...
...Después leí a Norman Lewis y recorrí su Nápoles después de la liberación, tan parecido al Nápoles de medio siglo después, y los libros de viaje de Luis Pancorbo o la África de Javier Reverte, y a los cronistas de Indias, esos tipos de dudosa reputación que se montaban en un barco y se inventaban narrativamente lo que veían y lo que hacían en aquellas tierras todavía desconocidas, y que eran heroicos y miserables; o vi las crónicas de los reporteros de la guerra de Yugoslavia (fue la primera en que reparé en ellos); o a Rosa María Calaf o Manolo Alcalá, a quien recuerdo retrasmitiendo bajo una lluvia de metralla, o incluso Pérez-Reverte...





...Yo quería ser aventurero, como ellos...
...De Miguel de la Quadra-Salcedo aprendí, por ejemplo, que el hígado ahumado nunca puede faltar en la mochila si uno piensa perderse en la selva a machetazo limpio
...




...Antes de ayer volví de Roma: el avión tenía que haber salido a las 8, pero había llegado de Lisboa con una pieza rota que tenían que traer de Milán, montarla y hacer las pruebas. Finalmente el avión partió pasada la media noche y llegó a Madrid (un blanco manto de nieve desde lo alto) hacia las 2:30. En el aeropuerto no había ni un solo taxi pero informaron de que habían puesto un servicio de metro hasta Nuevos Ministerios, de modo que hacia las 3 de la madrugada fui caminando desde la terminal 1 hacia el metro. Había gente acampada en el aeropuerto. Yo caminaba y junto a otras tres personas hasta la conexión con el metro...
...Entonces vi frente a mí a un hombre en una silla de ruedas que iba empujada por una mujer negra. El hombre llevaba un bolso de viaje en su regazo y miraba aguzando la vista hacia el final del pasillo. No me vio. Yo sí: era Manu Leguineche, el viejo corresponsal, el aventurero, el narrador delicado y bonachón, que a las tres de la madrugada avanzaba en su silla de ruedas por el desangelado Barajas para tomar un nuevo avión quién sabe hacia dónde...





...No pude evitar sentir una emoción profunda porque después de los avatares rocambolescos en el aeropuerto de Roma, la tensión sobre el estado del avión, y de Madrid nevado, la ausencia de taxis, y mis pasos nocturnos con mochila frente a la Cibeles nevada; después de todo, acababa de cruzarme con uno de los culpables de lo que ha sido mi vida: en una entrevista creo que con Jesús Quintero, hace más de una década, Manu Leguineche contaba que se había ido a Bolivia a buscar a un tipo que había sido nazi (no recuerdo bien el vínculo que había tenido con la Alemania nazi) y que se había refugiado en un lugar remoto de la selva, donde el gobierno le había dado un trabajo como contador de aves migratorias. Narró con suavidad, cinismo y humor cómo llegó al aeropuerto de La Paz y luego tomó un autobús hasta un lugar desde el que se internó en la selva hasta un poblado y de allí, tras seis horas en canoa llegó hasta aquel nazi y consiguió entrevistarlo..
...Me emocionó tanto su relato, y eran tan bonito y a la vez tan simple, que me dije: ¡yo quiero! ¡Yo también quiero eso, y que me pasen esas cosas, y salir a buscar aventuras y... y... y...!
...No se me olvida ese momento: yo, en el salón de casa, frente al televisor, con las espinas de las acedías y los boquerones en el plato, y ese cosquilleo en mi estómago: "quiero que mi vida sea así"...
...Dos años después conocí también la Selva Amazónica y cambió mi vida, y en parte se lo debo a él: a ese hombre algo aturdido, cegato y en silla de ruedas con quien me crucé antes de anoche a las tres de la madrugada en el aeropuerto de Barajas...

...No logré vencer mi timidez, y no me acerqué a él para contarle esto que ahora escribo. Sé que fui tonto, pero a mí me pasan a menudo estas cosas... Por eso lo digo ahora, por si alguna vez el señor Leguineche mete su nombre en Google y de casualidad llega hasta aquí: que sepa que gracias a aquel relato y a sus libros dejé de leer libros de aventuras y me puse una mochila a la espalda...

...Ayer me inquietaron un poco las predicciones de Ifá para este año... El terremoto de Haití quizás tenga algo que ver con mi inquietud: la brutalidad inesperada de la tierra nos hace ver que esto no está en nuestras manos, por eso hay que salir de la oficina, por eso hay que beber vino, por eso hay que colgarse una mochila a la espalda e ir a lugares remotos a buscar personajes pintorescos y aventuras...
...Como Manu Leguineche...
...Va por usted, maestro...
...Gracias...

Miguel Ángel Maya
Madrid, 13 enero 2010