Mostrando entradas con la etiqueta todo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta todo. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de enero de 2010

Yo sí que te cuidaré



Ti salverò da ogni malinconia
perché sei un essere speciale
ed io avrò cura di te.
Io sì che avrò cura di te.

Franco Battiato




...Cristina me escribió un email...
...Primero hubo un equívoco, y luego me escribió un email...





...Hay libros que empiezan con un derrumbe. Hay historias que se evaporan, o se desvanecen, o se escurren por entre los dedos, sólo porque en el momento en que suceden estamos mirando hacia otra parte...
...La historia de mi vida es esa un poco: estar mirando hacia otra parte cuando sucedían las historias y después correr detrás de un tren, o meterme las manos en los bolsillos, o acordarme de los fotogramas de los que pude escaparme, o donde quise vivir, o donde pude haber vivido y no me enteré de que me estaban diciendo que me quedara...
...Y yo ya estaba en la estación pensando que habría pasado si me hubiera quedado...





...Yo le conté un secreto, que en realidad no es un secreto, sino una huella dactilar o una llamada...
...A veces hay un empujón, una noche, en un bar con música, con cuerpos equidistantes moviéndose, entrechocando como peonzas encendidas o al menos leves fuentes de calor, y todo echa a rodar como fichas de dominó...





...Ella me escribió que, una vez, le dejó una nota a un chico en una biblioteca, y después se cambió de biblioteca porque le daba vergüenza. Yo sonreí, y quise saber más cosas, quise ponerme a preguntar como un loco, un manos arriba de preguntas y de pájaros en la cabeza: he hecho tantas veces esas cosas y han valido tan poco la pena, y he deseado tanto que alguien hiciera algo así conmigo, que me pareció emocionante...
...Me habría volcado en un asedio impúdico, pero no... Y le escribí, siempre pensando si no sería muy pesado, por eso todo quedó en un leve juego de manos, no se fuera a molestar...





...Antes no era así: me zambullía de cabeza apenas detectaba una historia posible. Ahora soy insoportablemente cauto con estas cosas. Temeroso, diría, como un animal con depredadores...
...Pero no, por mucho que quisiera saberlo todo de aquella historia me limité a un email que mostraba una leve sonrisa de complicidad y un jueguito de palabras o dos, que no fuera a hacer ruido, a despeinarse, a pensar que quién soy yo para tirar del hilo de una biografía...
...Y ahí quedó el breve viaje por un pequeño rostro, en palabras escritas en el ciberespacio, porque luego no es que digo: vamos, cuéntame esa historia. Por lo que sé de ti, que es nada, presiento que querría que me contaras tus historias...





...Una vez hice el amor con una chica cuya casa me dio pena. Me dio una tristeza descomunal que ni siquiera sus besos fueron capaces de abatir. Me besaba y yo transformaba sus besos en disparos encendidos, y los empujaba para que abatieran mi tristeza, pero no fue posible. Me daban pena sus sábanas, y me daba pena ella, a pesar de que durante mucho tiempo la había deseado como un loco...
...Ahora me estremezo cuando lo escribo y una pequeña alarma en mi pudor de pornógrafo me dice que estoy sobrepasando la línea roja de la parte de iceberg que puedo contar...
...Ahora me estremezco, pero sé que muchas de las pupilas que leerán lo que acabo de escribir lo harán sin despeinarse, pasando por alto el estremecimiento de mi hígado, y yo respiraré aliviado, pero a la vez bajaré los brazos y me preguntaré dónde está el fallo, por qué se saltan esas palabras como un mero obstáculo si están saturadas de pasado...





...Después no le daré importancia, y querré destensar la cuerda, y hablar de algo liviano, que no tenga la virtud de moverme mucho las cosas por dentro, aunque yo querría ser capaz de hablar, por ejemplo, del semen sobre mi abdomen, de su olor, del silencio, de mi tristeza, de su desconcierto, de un orgasmo que fue un telón de fondo, como la música ornitológica de Olivier Messiaen: maravillas inútiles, un esfuerzo sobrehumano y descomunal para hacer que un clarinete suene como un pájaro, y todo para que nuestro tímpano se quede en el divertimento helado y no se zambulla en el magma del volcán o para que algún entendido elitista aplauda mientras tiembla su papada...





...Sólo al escribir me tranquilizo. Quiero decir: sólo suspendido en el acto de escribir no me disparo. Sólo en un amasijo o remedo de palabras, sólo en esa música de setenta veces siete pianos como siete locos al final de mis manos, sólo ahí todo se vuelve suave, como cuando era chico y tenía una pesadilla en la que había gritos y luego me adentraba en un tacto suave y de pronto me sentía bien, provisionalmente bien...

...Pero necesito historias: necesito estar en ellas, gritarles miserias, acariciarlas como si fueran bestias, o al menos como si fueran salvajes, o como si pudieran hacerme daño, como si tuvieran la capacidad de descubrir mis disimulos y tuvieran la valentía de decirme: no, por aquí no, querido trompetista invisible, no es esto, no es esta música, no es esta piel. Una historia es otra cosa, pobre trompetista invisible, no este simulacro de gato por liebre...




...No se me da bien hablar: soy un caos, un desastre, me atropello, me pierdo, pierdo el hilo, se me olvidan las cosas, no sé por qué había empezado a decir lo que iba a decir...
...También a Manuel Puig le pasaba, por eso siento que él y yo habríamos sido grandes amigos: después de leer sus libros sabía exactamente cómo hablaba...
...Hubo un tiempo en que me daban ganas de darle un abrazo a gente que me estremecía, y de invitarlo a un café. Me refiero a gente como Puig, esa gente de quien me sentía muy cerca a pesar de que estuvieran muertos...
...Se me hacía fácil invitarle a un café por escrito, o fanfarronear escribiendo que había sido capaz de mirar a sus ojos diciéndole: eh, Roberto Bolaño, ¿un cafecito?...

...Palabras no dichas...





...Pero las historias también están ahí, sólo que esa palabra no dicha en ese momento lo echa todo por tierra...
...Tengo que aprender que las historias no sobreviven si uno no la impulsa con palabras, si uno no provoca el parto o conecta los hilos para que explote...
...Si las palabras no llegan o no están justo en el momento en que se necesita de su presencia como el comer, la historia se desvanece, imposible, cuando uno está ya acordándose de lo que podía haber sido, como ese día de lluvia que César Vallejo tenía ya en el recuerdo...
...De todas formas hay historias que sólo pueden ser escritas, o al menos supondría para mí un esfuerzo titánico decirlas...





...Eso es lo que muchas veces no entiendo de mí: esa libertad casi voladora cuando escribo, esa subversión deliciosa, y lo pobre y tristemente dandy que me vuelvo, las excusas que me busco, que me saco de la nada, con esa chistera tan mentirosa que me pongo cuando estoy deseando mirarte a los ojos y cubrirte de bla bla bla y que me cuentes tu vida...
...Siempre me acuerdo de lo que tenía que haber sido, o haber dicho, cuando estoy solo, en mitad de una música, jugueteando con las palabras como un gato...
...Por eso me gustaría estar perdido en un fotograma: ése fue el secreto que le conté: dentro de un fotograma un personaje es capaz de decir sin inmutarse la palabra adecuada, con el ritmo adecuado, quizás porque siempre vi el cine como un útero protector, como ese lugar reconfortante donde uno puede secarse los calcetines y vivir en una historia...





...Igual es porque el guión ha sido escrito en soledad por alguien que se acordaba de lo que tenía que haber dicho y se acuerda de ello en soledad, cuando ya ha dejado pasar sus historias y se pone a escribir otras...
...Como si Bill Evans estuviera en un andén viendo cómo se va para siempre el amor de su vida y luego se perdiera por las calles de Nueva York, se emorrachara o, peor aún, se sentara al piano y se pasara toda la noche tocando las dos o tres palabras que podían haber cambiado su historia...





...Me gustan las biografías, el iceberg de las biografías, los ases que se esconden las sonrisas en las mangas, el pasado que ha ido modelando un rostro, un rasgo, un dolor, los ojazos negros que brillan al reírse...
...Y no son sólo los ojazos que brillan y estremecen: es también el alboroto, por ejemplo, de esa risa, y el eco, y todo aquello que hace que la risa se detenga y los músculos se destensen y el rostro se vuelva de nuevo normal...
...Yo siempre pensé que mi mirada se parecía a la de Frank Zappa, y que Frank Zappa era un buen tipo, pero nunca habría tenido el valor de invitar a Frank a un café, ni siquiera por escrito, aunque en ese café hubiera más historias que en todas sus músicas...





...Hubo un tiempo en que pensaba mucho hasta dónde llega el pasado, en qué punto de la comisura de los labios termina el pasado, hasta cuándo se alarga esa sombra, cuándo una lengua deja de lamer una huella, cuándo se asume una cicatriz, cuándo deja de haber equívocos a la hora del beso, cuándo los labios dejan de resistirse a aceptar que el otro labio sigue siendo un territorio cálido e intenso donde encontrar cobijo...




...Mañana, quien fuera la mujer de mi vida, cumplirá años...
...Está por ver que la llame para oír su voz, con las ganas que tengo de oír su voz...
...Eso me reprocho, ésa es la historia de mi vida que me reprocho: el futuro en la punta de la lengua, y el pasado en la comisura de los labios, de refilón, como cuando uno baja los brazos, y se rinde...





...En Beberse la vida, Marcos Ordóñez cuenta que a Ava Gardner le daba miedo dormir sola. A veces me he imaginado durmiendo abrazado a ella, despeinada, sin sexo, mi pecho recostado en su espalda, oliendo su cuello. Cómo olería Ava Gardner...
...Pero la historia que me hizo estremecerme fue esa en la que cuenta que durante un tiempo vivió cerca de la estación de metro de Bilbao, y no podía dormir porque temblaba la mesita de noche...

...Ava durmió una noche con Luis Miguel Dominguín, y cuando despertó lo encontró de pie, sujetando con sus dos manos la mesita: al parecer se había pasado toda la noche despierto, para que Ava pudiera dormir...




...Ni siquiera sé por qué he escrito todo esto...
...Todo tenía que haberlo dicho, como cuando abrazo tu espalda en mitad de la noche, y pienso que sólo por esa espalda latiendo, por ese cuerpo respirando, cálido, contra el mío, merece la pena estar vivo...
...Yo sí que te cuidaré, pienso mudo, y sigo abrazado a ese oasis, y soñando historias...
...Dejando que se escapen...





Miguel Ángel Maya
Madrid, 21 enero 2010