Javier Aguirre: La segunda vez ya fui con el magnetofón y con la intención de grabarle, de viva voz, el poema de «Yo, que tantos hombre he sido, no he sido nunca/ aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach». Recuerdo que él estaba rodeado de periodistas y yo esperé apartado a que terminaran. Cuando se quedó solo me acerqué a la señora que le acompañaba, que no era todavía María Kodama, y le dije que quería hablar con Borges. Me debió de ver cara de buena persona (y eso que estábamos en tiempos en los que la ETA estaba dura) porque ella me dijo que si podía hacerle el favor de acompañar a Borges a su habitación, ya que ella quería ir a Galerías Preciados (que todavía existía). Fue una gozada tremenda. Estuvimos un par de horas en su habitación hablando de todo lo habido y por haber. Entre otras cosas tuve el acierto de decirle que el poema que yo quería grabar era perfecto y que si se cambiaba una palabra se estropeaba. Y Borges, que es (sic.) más cabezón que yo y que tenía el mismo espíritu de contradicción que yo, me dijo: No, no es perfecto. La palabra abrazo es un poco tosca. Sería más bonito amor. Y me grabó:
«Yo, que tantos hombre he sido, no he sido nunca aquel en cuyo amor desfallecía Matilde Urbach.»
Él quiso cambiar el poema. Fíjate que en todas las ediciones está la otra versión. A mí me pareció estupendo, estaba contribuyendo al cambio de algo que en todas las ediciones estaba de otra forma. El puñetero le cambió la palabra.
Roberto Terán: Y todo por llevarte la contraria...
Roberto Terán, Javier Aguirre, la primera negación, Plataforma de Nuevos Realizadores, junio 2014
Ladies & Gentlemen, con ustedes un muy buen libro para un verano de anticine, provocación y tiernas risas subversivas, de la mano de dos tipos geniales y outsiders, Mr Terán y Mr Aguirre, con Esperanza Roy como artista invitada. Se presenta hoy, en la Sala Berlanga de Madrid, a las 19:30.
Importa poco que el tigre sea grande o pequeño, que se aloje en una caverna o que se gane la carne en un circo, o que haga presencia de domesticidad en los jardines de un déspota. Su profesión es matar. Cuando nosotros examinamos a un tigre, en realidad remiramos al que mata. Al que nos puede matar.
Lo que el tigre piensa de las estrellas no puede influir en el destino de ciervo en el momento en que el ciervo cae bajo las garras del tigre. Correctamente, entonces, podemos definir que el carácter potencial de un bestia, e un hombre, o de un personaje novelesco, es definible por su profesión. La deducción de que un personaje es la expresión de su constante profesional es atinada.
En consecuencia, la profesión es anterior a la acción, y la acción es una consecuencia de la profesión. En una novela de bestias, un zorro jamás podrá desarrollar el mismo género de acción dramática que el tigre. Huelga que en las relaciones con los hombres, la constante profesional se disimula y es un poco distinguir al perro del león, y al lobo de la serpiente. De allí, que como una novísima definición del héroe podemos enunciar:
En el héroe, la constante profesional domina al cien por cien. Las pasiones colindantes subsisten como auxiliares y válvulas de escape de la energía, que no consume la actividad esencialmente profesional.
Es un poco difícil entenderse con héroes. Hay que comenzar por serlo. De allí que la mayoría de los novelistas contemporáneos trabajen con personajes que carecen de constante profesional. Incluso, en muchos casos, es un misterio para el lector establecer mediante qué procedimientos el personaje novelesco se gana la vida. Como las complicaciones de los tiempos han diferenciado más y más las profesiones y la técnica para describirlas, los autores, con diferencia cultural y creadora, componen sus juegos con personajes híbridos, que suplen cualquier acción con discontinuas emisiones de procesos subjetivos.
Si la acción es el límite de lo humano, y toda acción dramática es consecuencia estricta de una constante profesional, se hace evidente que trabajar con personajes que encierran una determinada constante profesional exige una capacidad de análisis y síntesis extraordinarios y una correcta subordinación de la inspiración a las canalizadas actividades del personaje.
En "El muelle de las brumas", obra maestra de la cinematografía francesa, un cantinero malogrado en Marsella se detiene, imperecederamente, tocándose el sombrero al recibir a un extraño y exclamando "Panamá, Panamá legítimo. Lo compré en Panamá en 1906". No dice más nada en toda la obra. Pero él queda presente con la nostalgia del trópico, en ese nebuloso rincón de agua, para toda la vida, en nuestro recuerdo. Y ha sido suficiente para ello un simple acto físico de señalamiento.
Al revés y mediante el auxilio de los procesos subjetivos, es que la mayoría de los deficientes novelistas y dramaturgos modernos tratan de eludir la responsabilidad que implica analizar a un tipo a través de sus actuaciones, ya que es evidente que los actos (y no los pensamientos) están legítimamente ligados con la constante profesional. Otro procedimiento con que se trata de disimular la falta de idoneidad, es el truco de los paisajes en movimiento, las tretas tipográficas y de puntuación, que constituyen el ABC del arte de presentar un guiso de liebre sin liebre. [...]
2 de octubre de 1941
Roberto Arlt, Aguafuertes porteñas: cultura y política
Insisto: ¡2 de octubre de 1941!
Miguel Ángel Maya
14 de noviembre de 2013
P.D. En la fotografía aparece un maestro llamado Jorge Luis Borges, que nunca escribió una novela y que decía que Roberto Arlt era un cretino, acompañado de un tigre. Está tomada de la Revista Jotdown.
lunes, 24 de junio de 2013
...Art Tatum me lleva por las teclas del piano, de la mano. Tú me devoras. Sueño con el desierto. No debería leer ciertos libros antes de ir a dormir; ciertas películas. No debería transitar por ciertas células. No debería oír ciertas músicas, ni dejarme llevar por ciertas sirenas, o por ciertos cantos...
...Me peleo con una novela. Está al final de un tunel, la novela, como yo. Me desnudo y escribo. También leo. Ambas cosas son insignificantes, como el orín de Borges. Me gusta escribir agazapado, escribir como una rata, escondido, nimio, masturbarme, llorar sin que nadie me vea. Me gusta que nadie me espere. Me peleo con Moby Dick pero nadie lo sabe. Te olvido y te echo de menos. Y nadie lo sabe. Pienso en todos los libros de Alan Pauls que no he leído, por ejemplo. Me saturo de alcohol y me cuento mentiras. Pienso en la marea baja, en la desidia, en el calor, en el olvido, en el suicidio, en perdernos de vista, en la vuelta al mundo, en el Transmongoliano, en Hiva Oa, en cómo me muerdes. Necesito el mar. Ahora lo necesito sin coartadas. Necesito dar palos de ciego hasta llegar lo más profundamente que pueda, al magma, a tu médula. ¿Existe "profundamente"? Tu médula se relame, pero tampoco me espera...
…Tiempo atrás me pasó algo… …Tengo varios personajes de ficción. No siempre aparecen en lo que escribo, pero están ahí, viven en una especie de mundo paralelo en el que yo también vivo, los sigo, los miro desde lejos, sé más o menos qué hacen, por dónde andan, en qué están. A veces hacen un cameo o se convierten en protagonistas de algún relato o capítulo de novela. Uno de los que más quiero se llama Ibrahím Bastiano: es un hombre fracasado, profesor de historia de la U.N.A.M., que ha dedicado su vida a investigar a un tipo del siglo XVII llamado Pedro Aljíar de Benfica, un náufrago que se quedó solo en una isla desierta y se inventó un idioma propio. Bastiano es un tipo misántropo y huraño, lleno de enemigos dentro de los departamentos universitarios, al que un azar cambió la vida: volvía de ver a su madre en Oaxaca (todavía no sé por qué su madre, centenaria, vive en Oaxaca), y, una vez aterrizado en Ciudad de México, en vez de coger su maleta de la cinta transportadora cogió la maleta de una chica muy joven. Cuando la abrió encontró las pertenencias de la chica (no puedo decir el nombre) y también encontró un diario íntimo: en él leyó cosas: la chica era una de las sirvientas de una señora de clase muy alta, y en el diario íntimo la chica describe con todo lujo de detalles cómo la fue envenenando hasta matarla. Bastiano buscó a la chica (teóricamente para devolverle la maleta) y se enamoró perdidamente de ella cuando se encontraron. Ella, obviamente, no quiso saber nada de un viejo misántropo y verde, entonces él le confesó que conocía su secreto y le hizo chantaje. Desde entonces son amantes, amantes tristes y grotescos…
…Bien, Ibrahím Bastiano tiene numerosas publicaciones, en su mayor parte de historia. Cuando vivía en Nápoles escribí un cuento titulado El final de esta historia, que presenté a varios concursos (nunca ganó nada). En una de mis visitas a España lo inscribí en el Registro de la Propiedad Intelectual de Sevilla. En el cuento hay párrafos enteros de libros de Ibrahím Bastiano (estoy al tanto de sus excéntricas novedades literarias en el mundo paralelo) sobre la Guerra Civil Española, tema que investigó con pasión durante unos años, siguiéndole el rastro a un boxeador que se convirtió en un asesino en serie durante el asedio de Madrid. Pasados unos meses recibí una kafkiana carta del Registro (membrete de la Junta de Andalucía) en la que se me advertía que en el cuento aparecían párrafos enteros cuya autoría pertenecía a Ibrahím Bastiano, y que la utilización de dichos de dichos párrafos necesitaban de la autorización firmada por parte del autor, no pudiendo hacer efectivo el registro de mi obra de ficción a menos que no adjuntara dicha autorización o bien dijera expresamente en una declaración firmada que yo, como autor del relato El final de esta historia, no tenía intención de registrar como de mi autoría los párrafos pertenecientes a los libros Horas muertas en un reloj de arena, La Oquedad Ediciones, México D.F., 1991; y Los últimos días de Madrid (crónica pugilística del fin de un asedio), Servicio de Publicaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México, México D.F., 1999, cuyo autor era el historiador mexicano Ibrahím Bastiano y que yo citaba debidamente al final de cada párrafo. Hasta que no resolviera la diligencia con número tal y tal, el registro paralizaría la inscripción de El final de esta historia en las oficinas del Registro de la Propiedad Intelectual de Sevilla…
…Leer esa delirante carta me supuso uno de los momentos más divertidos que recuerdo haber vivido en toda mi vida. Obviamente, escribí una borgiana carta de respuesta en la que explicaba, más o menos, que Ibrahím Bastiano era un personaje de ficción, y que los títulos de los libros y los párrafos escritos en cursiva eran ficción, y que mi relato de ficción tenía la forma de un artículo académico de un importante enemigo de Bastiano, era, en su ficción, un falso artículo académico. Terminaba mi carta diciendo, en resumen, que Ibrahím Bastiano, personaje de ficción, no podía autorizarme la utilización por mi parte de sus textos y menos firmarme una carta, a menos que no fuera una carta de ficción. Veladamente, les proponía jugar a ese juego, claro. Ya me relamía sólo de pensarlo: Burocracia Vs Ficción. Pero mi carta no recibió respuesta. Llegó el verano, y fui al Registro, con la copia de la kafkiana carta del Registro, la copia de mi borgiana carta de respuesta y mi número de incidencia o de diligencia. Un señor leyó ambas atentamente. Pensé que había entrado en razón, que sonreiría, y que se aclararía el malentendido… Pero para mi sorpresa no fue así… El señor me dijo secamente: “Aquí está bien claro lo que se le pide”, pero con aquí se refería a la carta kafkiana, “y usted no trae ni una cosa ni otra, por lo tanto no podemos registrar el relato”. Mis ojos se abrieron como platos y mi cara empezó a parecerse cada vez más al Grito de Munch. “¿Me está hablando en serio?”, pregunté. El tipo me miró con aire autosuficiente y no se molestó ni en contestar. “Esos párrafos que se citan, y esos libros, están escritos por un personaje que me he inventado yo, forman parte del relato”. No me podía creer que me viera obligado a explicar algo así… …La respuesta del burócrata fue demoledora y genial: “¿Y yo cómo sé que lo que me está diciendo es cierto si no trae ni la autorización del autor ni la renuncia expresa a registrar esos párrafos?”… …Obviamente, desistí para siempre de registrar, no los párrafos escritos por Bastiano, sino todo El final de esta historia. Esa misma noche le mandé un email a Ibrahím Bastiano para contarle la anécdota, y, claro, imagino que se descojonaría en su mundo paralelo de ficción. Los personajes son así…
…Bastiano suele aparecer en lo que escribo a través de lo que escribe. Lo cito a menudo. Casi nunca lo pongo a hacer cosas. Él tiene su vida, extraña y pobre, chantajea a su amante asesina, maquina contra sus enemigos, pero eso no suelo escribirlo. Sus excéntricos libros y sus particulares ensayos son, en cambio, una mina para explicar multitud de cosas, para fijar datos o fechas, cuando me documento para escribir. Bastiano es uno de esos personajes icebergs a quien algún día le dará un arrebato y querrá que cuente su historia y me pedirá protagonizarla. Sin embargo, mientras tanto, sólo es un mediocre escritor, un historiador ulceroso, un halitoso amante chantajista, un misántropo maquiavélico que me nutre de jugosos párrafos para mis ficciones…
…Cuando leo que María Kodama ha conseguido que se retiren de las librerías los ejemplares del libro-remake de Fernández Mallo (a partir de este momento, convertido obviamente en libro de culto) no puedo evitar pensar en lo mucho que habría disfrutado Borges con una carta como la que me llegó a mí, y no puedo evitar pensar en qué pensaría el propio Borges de semejante mamarrachada… Pienso en los inventores de la pólvora, en quién decide hasta dónde pueden llegar una conjunción de palabras y conceptos, dónde tienen que detenerse una combinación precisa de palabras que coinciden con otras si tienen otro sentido y otra intención y comparten otro ámbito. Pienso en las clases de interpretación, en lo mucho que cambiaba decir un texto de una forma o de otra, y pienso en la ironía, o en el humor: no sé, leer Mein Kampf de forma solemne o eructando, leer el Libro Rojo de Mao haciendo pedorretas o rascándose la barbilla con rostro circunspecto, escribir, como hace Héctor Abad Fanciolince en Basura: “Muchos años después había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer un muerto”…
…Pienso que lo que más me gusta de Borges es precisamente esa mezcla de erudita ficción, de citas falsas, de falsos autores, de desdibujados autores reales que se comportan como personajes de ficción o de personajes de ficción que se comportan como autores. Pienso que eso fue lo que me enseñó Borges, y eso es lo que adoro de Vila-Matas: para alguien con tantas lagunas literarias como yo es fascinante perderse en esa vorágine, en esa cuerda floja en la que uno no sabe si la ficción bebe de la realidad o al revés, en autores que no sé si existen en este mundo o en el de Ibrahím Bastiano… …Por cierto, Bastiano me dijo el otro día que uno de sus enemigos le ha vetado un artículo porque en él aparecen numerosas citas falsas atribuidas a personajes inexistentes: un tal Flavio Monteoliva o Monteverdi, no recuerdo; un tal Jong Swang, antropólogo y musicólogo; y un tal Miguel Ángel Maya…
"Cuando relato mis trashumancias, mis caídas, mis delirios y mis secretas orgías, lo hago únicamente para detener, ya casi en el aire, dos o tres gritos bestiales, desgarrados gruñidos de caverna con los que podría más eficazmente decir lo que en verdad siento y lo que soy" Maqroll el Gaviero. (Álvaro Mutis)
PARANOICA FIERITA (Editorial Carpe Noctem, 2022)
TEXTOS ENGORDADOS Y OTRAS ESPECIES
Proyecto literario digital
CRIMINALMENTE BELLA (Editorial Alegoría, 2016)
(Edición y prólogo)
MONSIEUR WITNESS (2015-2016)
Proyecto literario digital
FALSA ANTOLOGÍA COMPLETA DE LOS POETAS INCENDIARIOS (Editorial Alegoría, 2014) *
(Edición y prólogo)
EL HOMBRE QUE DECÍA HABER SALVADO A REBECA B. (Editorial Alegoría, 2013)
ÚLTIMAS 2 HORAS Y 58 MINUTOS (Lengua de Trapo, 2008)
Últimas 2 horas y 58 minutos. Primera (o segunda) parte.
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Últimas 2 horas y 58 minutos. Segunda (o primera) parte.
Nací el 2 de julio de 1978. Soy músico, escritor, viajero. Estudié en el Conservatorio de Sevilla. Me licencié en filosofía por la Universidad Oriental de Nápoles (Italia). He tocado todos los géneros literarios, incluido el curriculum vitae. Escribo novelas, relatos, poemas y guiones, compongo canciones y toco el piano. Mi espectáculo musical se llama Migue y el fabuloso trompetista invisible. He vivido en Alcorcón, Sevilla, Londres, La Habana, Ciudad de México, Bogotá, Buenos Aires, Nápoles y Madrid. Algunos de mis relatos han aparecido en antologías, revistas, fancines o rocambolescos folletines olvidados. Me gano la vida como buenamente puedo (casi siempre de forma legal). He publicado dos libros: "Últimas 2 horas y 58 minutos" y "El hombre que decía haber salvado a Rebeca B". Y he editado "Falsa antología completa de los poetas incendiarios". Para ser feliz me basta un piano, una playa desierta, buena compañía. Thelonious Monk ya inventó casi todo lo que se me ocurre. De mayor quiero ser Jacques Brel o Leonard Cohen.