miércoles, 10 de julio de 2013

BUTES


...La locura también tiene su sobredosis, su transporte, sus cuidados...
...He decidido hacer de mi coche mi hogar, he decidido arrepentirme, he decidido que la medicina y la literatura son el mismo nido de ratas, el mismo hogar inhóspito, he decidido consumir kilómetros mientras escribo y me entrego a lo grotesco y al erotismo y mientras dilapido todos mis sueños...


...Tiempo atrás, P. me preguntaba por qué había tardado tanto en publicar otro libro...
...Le contesté que no había escrito nada que viera medianamente claro, que nada me satisfacía, que no veía las cosas claras vitalmente, que me habían pasado cosas en la vida, que no todas las palabras que se me ocurrían tenían la legitimidad de pasar esa enorme criba que me impongo, esa enorme montaña que es necesario subir para tener perspectiva...


...Yo habría querido ser más ágil, tener más facilidad de palabra, jugarme más la vida literariamente, pero es mejor ser honesto y rumiar, rumiar las historias, rumiar la autobiografía, estar atento a posibles imposturas, a posibles trampas...
...A P. le hablaba un día del pavor que me da hacer trampas...


...Ahora estoy en pleno viaje...
...De todo, de absolutamente todo, lo único que me importa es estar en paz con el mar...
...Estar en paz con la literatura o con la música lo veo como un desacato o un capricho estúpido, que poco entiende de células o de cartas marcadas...
...Todas las historias me dan absolutamente igual menos mi historia con el mar o mi amor imposible con Marilyn...
...Me traigo una historia entre manos que apenas ha entrevisto el terror de las metáforas médicas o la historia de la locura, y la escribiré a orillas del mar y las olas se llevarán todos los ecos...


...Me hastía ver a los seres humanos tomando posiciones, enseñando músculo, llorando el pasado...
...Me recuerda a mi sobrina de año y medio dejando las palabras a medio terminar, y sorprendida cuando ve la última escena de la película King Kong...
...Le fascinan los monos, o al menos su sorpresa de recién llegada al mundo me indica que le fascinan los monos...


...Y vuelvo a la pregunta de P., a publicar, a hacer público aquello que se nos ocurre, que pasa de los impulsos eléctricos del cerebro según la autobiografía y uno, moviendo los dedos, lo pasa a documento word y considera que esta vez ese esfuerzo vale la pena, y se dedica a llamar la atención, a moverse, a enviarlo a unos o a otros monos...
...¿Por qué? Porque pensamos que lo demás deberían leer eso que se nos ha ocurrido...
...Pero a nadie, absolutamente a nadie le interesa lo que se nos ha ocurrido...
...Nadie nos echa de menos, ni en falta, porque dejemos de decir palabras o dejemos de escribir libros, o dejemos de seguir rastros para convertir esos rastros en historias o en libros...


...Nadie nos va a salvar del naufragio porque los discursos literarios son insignificantes salvo por razones que se nos escapan, salvo por razones de sonido amplificado: es el micrófono del canto de la sirena lo que nos vuelve locos y hace que queramos lanzarnos al mar, como el argonauta Butes, el único que se juega la existencia por el canto en sí, no por el micrófono, las ataduras al mástil o la cera en los oídos...
...En lo que a mí respecta, necesito ajustar cuentas con el mar, sin literatura, sin palabras, sin verbo...
...Necesito gruñir y respirar, beber vino, saciarme, olvidarme de asomarme y ver cómo todos esos seres pequeñitos toman posiciones como pavos reales...
...Sólo, como mucho, jugarme la vida por el canto de una sirena...



Miguel Ángel Maya
10 de julio de 1013

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