martes, 22 de mayo de 2012

¡¡MARIPOSA!!




Para Mari Paz 





...De pronto un día dejaste de escribir en tu muro de facebook y se convirtió en un muro de firmas y de abrazos y de besos y de gracias por haber existido y por habernos existido. Es una anónima recolección de fotos y de anécdotas, de vídeos donde bailas y cantas, de regalar sonrisas a mansalva. Te despediste de tu blog con una canción de David Bisbal. Hay que tener mucho arte para despedirte con una canción de Bisbal. No estás, pero yo no puedo dejar de sonreír por eso. No sé si detrás de la sonrisa están las lágrimas o al revés. Es todo muy raro. Es raro enterarse de tu muerte a través de metáforas. Quién me iba a decir que la última vez que te vi en el sofá de mi casa y te abracé y te besé las sienes iba a ser la última vez que iba a hacerlo. Entonces la protagonista era Julia, que recién acababa de llegar al mundo. Quién coño iba a pensar que poco después te irías de aquí. Tu sonrisa era tan contundente que parecía un salvoconducto para seguir viva. Sonreías y yo te veía inmortal. Es como si la sonrisa fuera más poderosa que cualquier pulmón, que cualquier injusticia, sí, que cualquier anécdota que amenazara tu voz rota, tu cabello agitado por el viento: me enamoré de ti jugando a la petanca en El Portil, un atardecer de hace catorce años. Me enamoré de tu voz y de tu sonrisa. Me enamoré de tus ojos y me enamoré de lo que veían tus ojos. Te recuerdo riendo y tosiendo. Te recuerdo poniéndote las manos formando un rectángulo con los dedos índice y pulgar de cada mano. Te recuerdo encontrándote por la ciudad sin decirte nunca lo mucho que me gustabas. Te recuerdo comiendo cabrillas a orillas del río, la noche en que se rompió el cristal trasero del Corsa y un caballo metió su enorme cabeza dentro del coche mientras estábamos parados. Te recuerdo disfrazada y recuerdo los vuelcos al corazón. Te recuerdo en el hospital de Córdoba, después del transplante, y te recuerdo descojonándote porque decías que con el nuevo pulmón "te salían toses mariconas". Te recuerdo contándome que el burro de la foto que hiciste para la película Polígono Sur se había añadido después y yo mirándote embelesado. Sobre todo me recuerdo siguiéndote los pasos por la India. El sábado supe por metáforas cada vez más incisivas y contundentes que te habías ido, que tu corazón había dicho que hasta aquí llegaba. Y pensé que no era justo. Siempre la justicia y la muerte tan juntitas en nuestras malditas mentes. No perdono a la muerte enamorada y menos la tuya. No me perdono haber pospuesto citas y haber pospuesto emails. No me perdono no haberte abrazado y besado como si no fuera a verte nunca más hace poco más de un mes. No me perdono no haberme reído más contigo. No haberte dicho en El Portil que me gustabas un huevo, mientras me ganabas a la petanca, y bebíamos vino, y el mar se iba enrojeciendo por la noche...
...Tengo una pena tan alegre por culpa de la inercia vital que has dejado, hija de puta, que no entiendo absolutamente nada de lo que le pasa a mi corazón, a mis vísceras, a mi amalgama de risas y lágrimas y jurársela a la puta muerte enamorada, a este no creerme que haga tres días que no estés y a la vez sentir que mañana te voy a encontrar en Plaza Nueva...
...Ah, y que te quiero...

Migue

6 comentarios:

Rejón de muerte dijo...

¿Y qué me dices, Miguelàngel, de un antepasado mío que, con diecisiete años, se clavó una daga en el costado y murió?
Sé que era de la guardia del divino Eneas, que huía de Ilión incinerada. Sé que lavaron su cadáver en un ribazo del Escamandro. Sé que se llamaba Aetos y que su dulce amiga, Euterpe, pereció sepultada bajo un montón de escombros del paño occidental de la muralla.
¿Acaso no era un antepasado mío, el noble Aetos? ¿No murió en la flor sin dejar hijos que fundaran Alba Longa?
Conservo la cartilla militar del buen troyano; es apenas un jirón de piel de oveja renegrido, que se me deshace entre los dedos. Se habla allí del arrojo de un joven lanzador de jabalina...
Y es el pariente que más quiero.

Miguel Ángel Maya dijo...

:_-)

Miguel Nebot dijo...

la última vez que vi a Mari Paz la bajábamos por las escaleras de casa de María en la sillita de la reina y nos moríamos de la risa pese a lo trágico del momento.
Recuerdo pensar que posiblemente era la última vez que la veía.
Semanas después le hicieron el trasplante.
No volví a verla, pero si a saber de ella a través de otros y de casualidades como esta.
Casi la había olvidado... un beso Migue

Miguel Ángel Maya dijo...

:-)

lu dijo...

Migue, conozco a Mari Paz por amigas comunes. Me ha impresionado esto que has escrito para ella, es precioso. Entiendo que has sido papá hace poquito, ¿no? Cuántas cosas pasan en la vida... Esto es una montaña rusa...
Un abrazo.

Miguel Ángel Maya dijo...

...Parece mentira casi todo, Lu: sobre todo estas casualidades inesperadas y estas putadas...
;-)
...No, no he sido papá exactamente, sino tío por tercera vez, y es como un milagro y, sí, un poco montaña rusa... :-)
...Un abrazo