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jueves, 26 de noviembre de 2009

Juguete rabioso

O carneiro sacrificado morre
o amor morre

só a arte nâo

Chico Cesar





...A las siete de la mañana los tejados ni siquiera parecen estar montados, ni las calles están puestas. La metamorfosis (o la metáfora o el síntoma) desde que abrazo su espalda en la calidez del colchón y huelo su cuerpo hasta el infame sonido del despertador y su repentina ausencia, y el café recién hecho, y los sueños todavía presentes, y el cuaderno listo con sus hojas en blanco para escribirlo todo, y el olvido, y un guión de cine, y las ideas que ayer no escribí en el cuaderno a orillas del colchón junto al agua y el oasis, porque abrazar una espalda y oler un cuello que duerme y respira y palpita, y la música de Nittin Sawhney y el día se va adentrando en mis ojeras se parece demasiado a un juguete rabioso...

...Después está todo lo demás: ese último eslabón perdido, esas pupilas todavía relamiéndose después de haber visto jugar al Barça, el piano agazapado, los juguetes rabiosos esparcidos por la alfombra, los papeles, los post-its con frases apresuradas antes de salir, la máscara, el revólver, que es el como el reverso de todas las palabras que tengo, que me quedan, y no me sale más lirismo, tengo un verso atragantado donde te mando a la mierda, después vuelvo a suplicar...



Miguel Ángel Maya
Madrid, 26 noviembre 2009