lunes, 14 de febrero de 2011

ESPEJITO, ESPEJITO



"A mí me gustaría encontrar
un editor que apueste
no por un libro mío,
sino por mí".

Sara Mesa





...Tiene algo de animalesco y de anacrónico...
...Todo el que cuenta las monedas en los bolsillos y hace cálculos mentales de lo que un envío por correos le va a suponer a su economía mientras lleva un paquete enorme con un manuscrito dentro, y cruza la calle por un paso de cebra con el paquete palpitándole en los brazos como un animal doméstico que uno lleva al veterinario, y entrega el paquete en correos, y no puede evitar soñar, como quien sella un boleto de lotería, como quien arriesga poniéndole en la quiniela un 2 al Barça en el Camp Nou, todo el que hace eso tiene algo de animalesco...
...Soñar de esa forma insensata es anacrónico...





...Es raro. Es algo como de otro tiempo: la copistería, la encuadernación de un manuscrito, domesticar un mamotreto bestial, ya no son de este tiempo los esfuerzos titánicos. El ritual: fui a la copistería a la que iba en mi primer año de facultad. En Madrid iba siempre a una copistería que había en San Bernardo, hasta que la tarde antes del último día de plazo del (lejano) premio que gané fui a una que había en Santa Isabel: es curioso, recuerdo mi espera en la copistería, la señora que bajó al sótano para encuadernar los manuscritos, la minifalda vaquera de su hija, y las medias gruesas marrón oscuro y las botas negras...
...Recuerdo cómo a la mañana siguiente busqué la maldita dirección en Palos de la Frontera donde entregar el manuscrito, y cómo llegué diez minutos antes de que se cerrara el plazo...
...Lo recuerdo como si fuera ayer...
...Para mí todo era como si todavía no supiera que los reyes son los padres, o que delante de Rick e Ilsa besándose había una cámara falsificándolo todo...





...Siempre que estoy en una copistería me da la sensación de que estoy en un sitio que tiene los días contados, como las escaleras de incendio en los edificios neoyorkinos, tan de West Side Story...
...Esta mañana, mientras me encuadernaban mis ladrillos y yo calculaba el precio de las fotocopias una vez superadas las 100 copias, y pensaba en las randes extensiones circulares de bosque pelado que vi cuando mi avión sobrevolaba la selva amazónica brasileña, la última vez que fui a Buenos Aires, pensaba que igual los editores también tenían los días contados, y los escritores, y las novelas, y la raza humana, y el cine, y los premios cinematográficos, y la vanidad y los agradecimientos a todos y cada uno de los familiares y amigos y mascotas, y los suplementos dominicales, y las reseñas cinematográficas, y los programas de radio: se me ocurrió, mientras veía entrar y salir niñas de primero de carrera sin un solo desengaño en la pupila y fotocopiando apuntes o imprimiendo trabajos de las pen-drives, que los escritores deberían batirse a duelo, que los seres humanos deberían batirse a duelo en unas eliminatorias delirantes y terribles, para acelerar nuestros días contados sin historias que contarnos...




...Estos pensamientos se desvanecían con el perfume, mientras se llevaban sus fotocopias al tiempo que les llegaban mensajes en los teléfonos móviles y seguían su curso... Y yo miraba de reojo cómo un tipo con dedos porrudos encuadernaba mecánicamente mi manuscrito mientras comentaba con su compañero que parecía que el Betis era otro equipo respecto al de hace un mes...
...Ajeno a todos los sueños inútiles, a todos los amores, trenes, años perdidos para verme, una vez más, por enésima vez, empezando de nuevo...
...Diciendo aquello de “espejito, espejito”, resucitando, otra vez, más cansado, con los mismos sueños, otra vez, y otra, y otra, y otra...

Miguel Ángel Maya
Sevilla, 14 febrero, 2011

4 comentarios:

Mnemea dijo...

Como un niño que mira los zapatos nuevos de otro, aún brillantes, impolutos. Las copisterías rezuman hormonas y sueños juveniles, mientras otros fotocopiamos nuestras ilusiones para multiplicar la belleza frente al espejo mágico.

Miguel Ángel Maya dijo...

;-)
...Gracias, Mnemea...

Arruillo dijo...

Pasa como en algunas librerías antiguas o en las imprentas, se huele la esencia de lo que por allí pulula y uno piensa en que alguna frase propia, algún pensamiento de otro momento puede que este cobijado por uno de esos recovecos de libros apilados o papel por estrenar.
Saludos, Migue.

Miguel Ángel Maya dijo...

...Y además, casi siempre sucede...
...Un abrazo, Arruillo...