miércoles, 12 de octubre de 2011

E AVRÀ I TUOI OCCHI





…Y tendrá tus ojos, te digo, y tengo que colgar, y arranco y sueño con irme lejos…
…Morir sepultado por un alud de palabras y darse cuenta de que esas palabras han perdido la brújula, o se parecen a la cambiante arena de las dunas, cuando deberían parecerse al suave vaivén del océano...







…Las palabras me salen ahora de la boca con el mismo cosquilleo de cuando se nos duerme un brazo. El mismo miedo, el mismo jazz, la misma calle solitaria. A veces pienso que últimamente sólo me salen palabras sushi, palabras sin botones, palabras pálidas, moribundas en las cunetas, palabras quesedeshacenenunsantiamén…







…Pienso en la muerte de Félix Romeo. Recuerdo a Romeo saliendo de la cárcel en cine mudo. Recuerdo a Romeo caminando y guiñándole el ojo a los Hermanos Lumière. Pienso en el año de cárcel de Félix Romeo, y se hace más macabro ese año ahora que sé que iba a vivir sólo 43 años. Pienso en el tiempo, en la libertad, y pienso en lo que decía Steve Jobs sobre lo que uno haría o no haría si fuera el último día de su vida…







Félix Romeo murió hace unos días. Su muro de facebook se convirtió en un campo minado de condolencias. Los que eran sus amigos en facebook lo etiquetaban en sus lamentos y pésames. Su muro se volvió un mosaico con su nombre en celeste. Era público. Cuando entré en él miré la pestañita de arriba y leí “Añadir a mis amigos”. Muchas veces me lo había sugerido el cacharro porque tenía casi ochenta amigos en común. Lo recorrí hasta donde pude…







…Había enlaces a sus artículos en Letras Libres que él mismo había colgado días atrás. Había fotos en las que aparecía él, vivo, haciendo el tonto. En las fotos parecía feliz, rodeado de amigos, feliz. Había un comentario en su muro de poco más de dos días antes, en el que una chica mexicana decía: “Gracias por aceptar mi solicitud de amistad”. Imaginaba a Félix Romeo vivo…







…Hace un año D. (Y la cama sin hacer) se preguntaba qué pasaba con los blogs y los perfiles y las cuentas de email cuando uno muere de repente. Qué pasa con los asuntos pendientes, con la ropa de la lavadora, con el libro a medio terminar, con la casa a medio barrer, con las cuentas del banco, con las contraseñas, con los demás…







…Qué pasa con los demás cuando de repente viene la muerte y tiene tus ojos, esa muerte que nos acompaña de la mañana a la noche, como una vana palabra o un vicio absurdo. A los demás se les queda faltando siempre algo que no se regenera, como los brazos de las estrellas de mar. Alguien les arrebata parte del tiempo y del espacio, y ese tiempo y ese espacio se convierten en un agujero negro imposible de llenar…







…La muerte, antes, me daba pánico. El sábado pasado conducía hacia el este. Durante el viaje oí un concierto de Chavela Vargas que había grabado de la televisión. En el concierto contaba cómo retaba a la muerte en las cantinas, y cómo sabía que un día la muerte iba a subirse al escenario e iba a abrazarla fuerte para llevársela. Decía que la muerte era como una bailaora de flamenco muy morena…







…Antes, ahora no me da pánico. Ahora convivo con ella. Pienso mucho dónde puede agazaparse, qué puede hacer uno para no encontrársela, como en esos cuentos del norte de Europa para niños, en los que los protagonistas construyen su vida para esquivar la muerte y ser inmortales, y ésta siempre termina encontrándolos porque nunca calcularon del todo bien…




…No sé, yo creo que este tema se trata mucho en los cuentos del norte de Europa. Igual imagino la antesala de la muerte parecida a la aurora boreal y eso me lleva a pensar que los nordeuropeos tienen particular querencia por los golpes de timón tanáticos…







…Cuando era chico me encantaban los golpes de timón. El día después de la muerte de Félix Romeo conduje hasta el hospital de Vila Joyosa para asistir a un nacimiento. Pensaba en eso. Pensaba en nacer, en abrir los ojos por primera vez. Pensaba en los animales que lamen a sus crías. Trataba de recordar/imaginar cómo es abrir los ojos, ver la luz, respirar, oler, estar en seco, por primera vez…







…El parto se fue adentrando en la madrugada. Dormí dentro del coche, en el aparcamiento del hospital. Hacía frío. Al fondo se veía la silueta de Benidorm. Benidorm siempre me ha recordado, desde fuera, a Ciudad de Panamá. Ciudad de Panamá me gusta. Dormía dentro del coche pendiente del teléfono. El aparcamiento estaba solitario y silencioso. En el hospital sólo funcionaban las urgencias. Me llamaron, tuve que entrar por Urgencias. Las urgencias son extrañas: la gente espera como si el tiempo se hubiera detenido, viste de forma improvisada. De madrugada, todo el silencio del aparcamiento del hospital era breve luz y movimiento dentro de la zona de Urgencias. La vida no se detiene en horario comercial o de atención o de, sino que sigue con sus percances y sus historias y sus accidentes…







…Me crucé con un hombre que salía con una venda en la cabeza y la camisa ensangrentada, con las miradas de la sala de espera, los rostros preocupados, los ojos repentinamente enfermos, la mano accidentada domésticamente. Saqué un café de la maquinita del café y fui hacia la sala de parto a seguir esperando una nueva vida a la que escribiré nanas y cuentos y a la que ya quiero incondicionalmente. Es extraña esa animalidad, pienso mientras remuevo el café. Siento que ya quiero a ese pequeño ser. Estoy deseando conocer su rostro. Pienso en los antílopes lamiendo a sus crías apenas nacen, en las frágiles patitas de los antílopes temblando para ponerse de pie antes de que los leones o los guepardos. Bebo el café, espero a una niña de tres kilos ochocientos que revivirá el origen del mundo, con su cosmogonía y sus miserias…







…Sucedió la cosmogonía, y tuvo la forma de un llanto agudo y de cansancio, y de ojos que ya contemplan el mundo y quién sabe qué ven. Así nacen los mundos. El amanecer me pilló en el tren de regreso a Alicante. El Mediterráneo iluminado, los pueblos costeros desperezándose, las playas desiertas, los acantilados solos. El cansancio extraño de no haber dormido en dos días y de la cosmogonía milagrosa de dos horas atrás. Parece mentira que en un cuerpecito minúsculo y llorón quepa ya todo un universo…
...Qué pena que los aviones no entiendan de estas cosas...




Miguel Ángel Maya
Sevilla - Vila Joyosa, 8 y 11 de octubre, 2011

* Las fotos las tomé en distintos cementerios de París durante el mes de septiembre.

5 comentarios:

kika... dijo...

Nacer, mi leitmotiv. Leitmotiv vital y literario.

Nace alguien, nos reconciliamos. Pero te lo advierto: no dura más que un minuto.

El mejor minuto.

(Y luego se puede renacer).

Estoy escribiendo. Estudiando danza india. Renaciendo. Es fantástico. Como este post. Gracias.

Un beso enorme,
K

evamarín dijo...

Precioso y emocionante, te ha salido un post lleno de olas, de mar. Desde las últimas de la tarde a las primeras de la mañana que rompen con fuerza y parece que tengan la arena por estrenar. A mí me has llevado mecida entre ellas, sin aliento, hasta la puerta del hospital y allí el llanto...Precioso, una vez más, Migue.
Abrazo fuerte,
if

Miguel Ángel Maya dijo...

;-)
...a ambas...
:-)

Aurélia Jarry dijo...

Por suerte, siempre habrán bocas rojas... para dar besos... Lo único: encontrarlas.

Miguel Ángel Maya dijo...

...Ay, qué nos vamos a contar, Aurélia...
:-)